{"id":3370,"date":"2022-03-30T10:08:41","date_gmt":"2022-03-30T13:08:41","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=3370"},"modified":"2022-03-31T11:14:32","modified_gmt":"2022-03-31T14:14:32","slug":"pequenos-ruidosos-y-hematofagos-por-mariana-ortiz-navarro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2022\/03\/30\/pequenos-ruidosos-y-hematofagos-por-mariana-ortiz-navarro\/","title":{"rendered":"Peque\u00f1os, ruidosos y hemat\u00f3fagos \u2013 Por Mariana Ortiz Navarro"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Siempre he cre\u00eddo de una manera casi religiosa que me persigue la muerte. Digo casi, porque quiz\u00e1s mi creencia es una \u201cvoz de la conciencia\u201d que sentada sobre mi hombro, pone su boca cerquita a mi o\u00eddo para decirme con suavidad \u2013m\u00edrala, ah\u00ed est\u00e1 de nuevo\u2013. Pasando por la Calle 100, veo desde la ventana del Transmilenio lo que queda de un motociclista atropellado por un cami\u00f3n de carga larga y ancha. M\u00e1s adelante, llegando a la Avenida Caracas, hacia la estaci\u00f3n de la Calle 72, vi que pasaba un carro rojo al que le removieron los asientos traseros para transportar montones de ramos de peque\u00f1as flores blancas. Mientras lo observaba quise creer que el auto, al cual le crec\u00eda follaje en el interior, ven\u00eda detr\u00e1s de m\u00ed desde la vista del accidente a modo de presagio. \u00c9l avanzaba persiguiendo a la muerte como en una especie de velorio m\u00f3vil, en el cual, los pasajeros de todos los medios de transporte celebraban, sin saberlo, las exequias de un difunto an\u00f3nimo en los vestigios de su coche f\u00fanebre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hugo Simberg, artista finland\u00e9s, realiza en 1896 la pintura <em>Kuoleman puutara. <\/em>En esta obra lo primero que vemos es un paisaje repleto de materas, algunas en el suelo, otras sobre paneles de madera, hay plantas con flores negras en forma de estrellas, otras son erguidas con puntas rojas y tallos en espiral. Al fondo de la escena se alcanzan a percibir algunos troncos enraizados a ambos lados de un camino, que qui\u00e9n sabe a d\u00f3nde nos llevar\u00eda si lo pudi\u00e9ramos transitar. La traducci\u00f3n del nombre de esta obra es \u201cJard\u00edn de la muerte\u201d, aunque parad\u00f3jico, en la pintura el personaje principal, qui\u00e9n hace el trabajo de jardiner\u00eda de este paisaje primaveral es un abrigado esqueleto que, con dulzura, abraza un tallo con algunos p\u00e9talos azules, riega las flores y de seguro remueve la tierra. Hablar de la vida es hablar de la muerte, o m\u00e1s bien, de la irrevocable posibilidad de morir cada d\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es inevitable no pensar en la fragilidad de un cuerpo aun cuando comprendemos -o no- todo lo que este puede resistir. Me gusta imaginarnos como seres peque\u00f1itos, ruidosos, hemat\u00f3fagos, transmisores de la malaria a los que cada noche la hora de comer se les convierte en una carrera contra su extinci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El lugar donde resido, un conjunto de apartamentos al norte de la ciudad es el epicentro de los saltos al vac\u00edo. La ley de la fuerza gravitacional define que todo cuerpo material es atra\u00eddo por la tierra y responde a un principio de acci\u00f3n-reacci\u00f3n, por ejemplo: mi vecino del s\u00e9ptimo piso, del bloque que queda justo frente al que vivo, decide salir al balc\u00f3n del apartamento en la madrugada, supongo que luego de pensarlo varios d\u00edas y aumentar la masa de su cuerpo con tristeza -porque aunque la ciencia no lo dice, si bien la tristeza est\u00e1 lejos de\u00a0 engordar, s\u00ed pesa- \u00e9l salt\u00f3 \u201ccomo alguien que siente v\u00e9rtigo y que solo, para escapar al v\u00e9rtigo espantoso, que ya resulta insoportable se arroja desde lo alto de la torre\u201d*. Unas horas despu\u00e9s, al salir del edificio donde vivo, me encuentro de frente no con una alegor\u00eda de la muerte, sino con la reacci\u00f3n de un cuerpo que aterriza sobre el jard\u00edn de la entrada de otro edificio. Meses antes en el sexto piso de la misma torre, dejaron las ventanas abiertas y un perro cay\u00f3 al vac\u00edo. Ver lo que queda del cuerpo de mi vecino occiso y pensar en la ca\u00edda de una animal sin alas, me hace creer que la muerte, m\u00e1s all\u00e1 de una met\u00e1fora continuada de la vida, es la sensaci\u00f3n de precipitarse al vac\u00edo sin que realmente exista, un desmayo inminente. Quiz\u00e1s mi creencia es solo un exceso de conciencia dici\u00e9ndome que: ante la inmensidad del mundo somos mosquitos a los que cualquier fuerza superior puede aniquilar, ya sea la gravedad o la de un cami\u00f3n a toda velocidad. La diferencia es que nosotros no podemos volar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Texto por\u00a0<strong>Mariana Ortiz Navarro<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Foto de portada: Jard\u00edn de la muerte-Hugo Simberg, 1896 (Fotograf\u00eda de la pintura original en acuarela)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ednref1\" name=\"_edn1\"><\/a><\/p>\n<p>* Nietzsche<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Siempre he cre\u00eddo de una manera casi religiosa que me persigue la muerte. Digo casi, porque quiz\u00e1s mi creencia es una \u201cvoz de la conciencia\u201d que sentada sobre mi hombro, pone su boca cerquita a mi o\u00eddo para decirme con suavidad \u2013m\u00edrala, ah\u00ed est\u00e1 de nuevo\u2013. 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