{"id":3350,"date":"2022-03-17T10:08:31","date_gmt":"2022-03-17T13:08:31","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=3350"},"modified":"2022-03-21T12:00:56","modified_gmt":"2022-03-21T15:00:56","slug":"de-imagenes-falsas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2022\/03\/17\/de-imagenes-falsas\/","title":{"rendered":"De im\u00e1genes falsas: F for Fake (1973) \u2013 Por Agustina Cabrera"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Esta pel\u00edcula dirigida por Orson Welles comienza con un experimento, un truco, quiz\u00e1s un enga\u00f1o. Aplicando operaciones sutiles cual prestidigitador, el cine de este vasto director supo experimentar y enga\u00f1ar con im\u00e1genes hasta su l\u00edmite posible, y <strong><em>F for Fake<\/em><\/strong> es un ejemplo de ello. En los primeros minutos del largometraje, la cantidad de planos y movimientos de c\u00e1mara se tornan innumerables, tanto que resulta complejo discernir qu\u00e9 est\u00e1 tratando de decirnos, si es que hay algo para decir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay un equipo de filmaci\u00f3n que graba hacia donde el ojo del espectador se encuentra situado; hacia donde el verdadero equipo de filmaci\u00f3n se encontraba antes de que la pel\u00edcula fuese un producto terminado. Ya comienza, entonces, a desdibujarse la l\u00ednea que se traza entre realidad, verdad y ficci\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 hace la c\u00e1mara all\u00ed? \u00bfA qui\u00e9n mira? Orson no duda en mirar directo a nuestros ojos, rompiendo la <em>cuarta pared<\/em>, para advertir una vez m\u00e1s que esto es ficci\u00f3n. <em>-No lo olviden!-<\/em> parece que gritan sus ojos. Como si, para poder ingresar en esta ficci\u00f3n, fuese menester recordar constantemente que estamos en el orden de lo enga\u00f1oso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201c<em>Una pel\u00edcula acerca de los trucos y el fraude\u201d<\/em>, dice. E inmediatamente promete que todo lo que dir\u00e1 es verdad. Tal vez, al enunciar que uno va a mentir, est\u00e1 manifestando alguna clase de verdad. Filmada al estilo de falso documental, nos introduce en un universo incierto, enigm\u00e1tico, que no cesa de sostener un tono ir\u00f3nico, como si, escondi\u00e9ndonos nosotros tambi\u00e9n detr\u00e1s de la c\u00e1mara, pudi\u00e9semos espiar algo de lo que se mantiene oculto, como un secreto. La historia se sustenta en una serie de personajes, falsificadores de pinturas famosas. Lo m\u00e1s llamativo es que no interesa ocultar la mentira, sino que la pintura sea lo m\u00e1s honesta posible, que la pieza falsificada sea una buena falsificaci\u00f3n. No hay sustituci\u00f3n de lo original, de la obra verdadera. Aquello verdadero ya est\u00e1 dado por perdido, ese momento de creatividad aconteci\u00f3 una sola vez. Esto es meramente una copia, y la historia sobre c\u00f3mo se vive de falsedades est\u00e1 puesta aqu\u00ed en escena.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No obstante, no s\u00f3lo aparecen estos personajes, falsos artistas, sino que tambi\u00e9n Welles, con su constante voz en off, comienza a llevarnos por un laberinto en el cual se torna en vano reflexionar sobre si lo que se est\u00e1 viendo es efectivamente una pel\u00edcula o no. Probablemente se trate de esto, de mantenernos en un estado de ignorancia, pero tambi\u00e9n de apertura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los di\u00e1logos son tan absurdos, pero a la vez ingeniosos, que en un punto uno no puede evitar re\u00edrse y sorprenderse ante el hecho de que ya ha ca\u00eddo en la trampa, y espera alguna respuesta, absorbiendo escena tras escena lo que ellas pueden ofrecer, como si fuera una puerta que se abre sigilosamente. Para ejemplificar lo mencionado, Orson incluso osa en detener las im\u00e1genes, pausando los dichos de los falsificadores, analizando all\u00ed mismo lo que est\u00e1 aconteciendo, desmenuzando la imagen, buscando alguna ranura, lo no dicho, la verdad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Reconozco haber mencionado muchas veces el <strong><em>como si<\/em><\/strong> en este escrito. Tal vez es lo que m\u00e1s representa a esta pel\u00edcula. El como si. Querer hacerse pasar por una ficci\u00f3n sin serlo, sin explicitarlo. Y sin embargo, a\u00f1adir variados recursos documentales para dispersarnos, jugando con el espectador.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Paulatinamente, F for Fake se enlentece y vuelve a la figura de Orson, a su trayectoria, repasando algunos aspectos notables de la misma, como la controvertida transmisi\u00f3n radial de <strong><em>The War of The Worlds<\/em><\/strong> (1938) o la creaci\u00f3n de<strong><em> Citizen Kane<\/em><\/strong> (1941).\u00a0 Esta pausa no significa en absoluto un distanciamiento de la tem\u00e1tica principal del largometraje, a saber, la posibilidad de enga\u00f1ar. Ambos hitos de nuestro director implican un antes y un despu\u00e9s en la forma de contar historias, en c\u00f3mo llegan a quien las oye o las ve. El relato resulta una adaptaci\u00f3n del libro hom\u00f3nimo de H.G.Wells, y por aquel entonces la voz de Orson lo visti\u00f3 de una similitud inusitada, tanto que caus\u00f3 un revuelo y temor in\u00e9ditos en los oyentes, quienes cre\u00edan que aquello que escuchaban estaba sucediendo efectivamente. En cuanto a Citizen Kane, a veces olvidamos que esta obra no es sino una parodia sobre la vida de uno de los grandes magnates de Hollywood. Welles se encarg\u00f3 de ayudar en ese olvido, en borrar lo suficiente las asociaciones posibles. Aunque s\u00f3lo basta con rasgar apenas la superficie para notarlo. Notar que es casi una biograf\u00eda, pero tambi\u00e9n notar la operaci\u00f3n de enga\u00f1o de Orson. Puede que sea como Deleuze (1983-1984) manifiesta, quiz\u00e1s toda la obra de Orson sea una serie de falsarios, de falsificaciones. Una filmograf\u00eda que <em>\u201chace salir lo imposible de lo posible\u201d<\/em> (p. 85), articulada de enga\u00f1os y contradicciones que coexisten inventando nuevos escenarios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En <strong><em>F for Fake<\/em><\/strong> las dudas se sostienen hasta el final, momento en que emergen representaciones e imitaciones de situaciones que bien podr\u00edan haber sucedido o no. \u00c9l no lo dice: es una <strong><em>recreaci\u00f3n<\/em><\/strong>. No lo sabemos. No lo sabremos. Orson se fue, y con ello dej\u00f3 un legado todav\u00eda inconmensurable. Cada plano de cada pel\u00edcula suya sostiene detr\u00e1s una decisi\u00f3n indecible, una capacidad de invenci\u00f3n que pocas veces existi\u00f3. Sigamos honrando sus enga\u00f1os cinematogr\u00e1ficos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>Agustina Cabrera<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Obra citada:<\/p>\n<ul>\n<li style=\"text-align: justify;\">Deleuze, G. (1983-1984) <em>Cine III. Verdad y tiempo. Potencias de lo falso.<\/em> Editorial Cactus.<\/li>\n<\/ul>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Esta pel\u00edcula dirigida por Orson Welles comienza con un experimento, un truco, quiz\u00e1s un enga\u00f1o. Aplicando operaciones sutiles cual prestidigitador, el cine de este vasto director supo experimentar y enga\u00f1ar con im\u00e1genes hasta su l\u00edmite posible, y F for Fake es un ejemplo de ello. En los primeros minutos del largometraje, la cantidad de planos [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":62,"featured_media":3351,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[9],"tags":[],"class_list":["post-3350","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cine"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3350","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/62"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3350"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3350\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3353,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3350\/revisions\/3353"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3351"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3350"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3350"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3350"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}