{"id":3337,"date":"2022-03-14T10:55:56","date_gmt":"2022-03-14T13:55:56","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=3337"},"modified":"2022-03-14T00:15:58","modified_gmt":"2022-03-14T03:15:58","slug":"los-placeres-de-aqui-abajo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2022\/03\/14\/los-placeres-de-aqui-abajo\/","title":{"rendered":"Los placeres de aqu\u00ed abajo \u2013 Por Luis Bu\u00f1uel"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Yo he pasado en los bares horas deliciosas. El bar es para m\u00ed un lugar de meditaci\u00f3n y recogimiento, sin el cual la vida es inconcebible. Costumbre antigua, robustecida con los a\u00f1os. Al igual que san Sime\u00f3n el\u00a0<em>Estilista<\/em>\u00a0que, desde lo alto de su columna, hablaba con su Dios invisible, yo, en los bares, he pasado largos ratos de ensue\u00f1o, hablando rara vez con el camarero y casi siempre conmigo mismo, invadido por cortejos de im\u00e1genes a cual m\u00e1s sorprendente. Ahora, con tantos a\u00f1os como el siglo, apenas salgo de casa. Pero, a la hora sagrada del aperitivo, a solas en el cuartito en el que guardo mis botellas, me gusta recordar los bares que am\u00e9.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ante todo, debo puntualizar que para m\u00ed no es lo mismo el\u00a0<em>bar\u00a0<\/em>que el\u00a0<em>caf\u00e9<\/em>. Por ejemplo, en Par\u00eds nunca pude encontrar un bar c\u00f3modo. Por el contrario, es una ciudad abundante en admirables caf\u00e9s. Dondequiera que uno se encuentre, de Belleville a Auteuil, no debe temer que le falte una mesa a la que sentarse ni un camarero para tomar nota. \u00bfSe podr\u00eda imaginar Par\u00eds sin sus caf\u00e9s, sus maravillosas terrazas, o sin sus estancos? Ser\u00eda como vivir en una ciudad devastada por una explosi\u00f3n at\u00f3mica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una gran parte de la actividad surrealista se desarroll\u00f3 en el caf\u00e9 \u00abCyrano\u00bb de la place Blanche. A m\u00ed me gustaba tambi\u00e9n el \u00abS\u00e9lect\u00bb de los Campos El\u00edseos y fui invitado a la inauguraci\u00f3n de \u00abLa Coupole\u00bb de Montparnasse. All\u00ed me citaron Man Ray y Aragon para preparar el estreno de\u00a0<em>Un chien andalou.<\/em>\u00a0No podr\u00eda citarlos todos. S\u00f3lo quiero decir que el caf\u00e9 es charla, ir y venir y el trato, bullicioso a veces, de las mujeres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por el contrario, el bar es un ejercicio de soledad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tiene que ser, ante todo, tranquilo, m\u00e1s bien oscuro y muy c\u00f3modo. Toda clase de m\u00fasica, incluso m\u00fasica lejana, debe estar absolutamente desterrada (al contrario de la infame costumbre que hoy se extiende por el mundo). Una docena de mesas a lo sumo, a ser posible, con clientes habituales y poco comunicativos. Me gusta, por ejemplo, el bar del \u00abHotel Plaza\u00bb, de Madrid. Est\u00e1 instalado en el s\u00f3tano, lo cual es excelente, ya que hay que desconfiar de los paisajes. El\u00a0<em>ma\u00eetre<\/em>\u00a0me conoce bien y me lleva inmediatamente a mi mesa favorita, junto a la pared. La luz ambiente es discreta, pero las mesas est\u00e1n suficientemente iluminadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De Madrid me gustaba tambi\u00e9n mucho \u00abChicote\u00bb, lleno de preciosos recuerdos. Pero es m\u00e1s para ir con los amigos que para meditar en solitario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el \u00abHotel del Paular\u00bb, al norte de Madrid, instalado en uno de los patios de un magn\u00edfico monasterio g\u00f3tico, yo sol\u00eda tomar el aperitivo por la noche en una sala muy larga con columnas de granito. Salvo los s\u00e1bados y los domingos, siempre d\u00edas nefastos en los que los turistas y los chiquillos ruidosos andaban por todas partes, yo estaba pr\u00e1cticamente solo, rodeado de reproducciones de cuadros de Zurbar\u00e1n, uno de mis pintores favoritos. A lo lejos, de vez en cuando, pasaba la silenciosa sombra de un camarero, respetando mi recogimiento alcoh\u00f3lico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Puedo decir que llegu\u00e9 a querer aquel lugar tanto como a un viejo amigo. Al fin de una jornada de paseo y de trabajo, Jean-Claude Carri\u00e8re, que colaboraba en el gui\u00f3n, me dejaba solo durante tres cuartos de hora. Luego, puntualmente, sus pasos sonaban en el suelo de baldosas de piedra, se sentaba frente a m\u00ed y yo ten\u00eda la obligaci\u00f3n \u2014as\u00ed lo hab\u00edamos acordado, pues estoy convencido de que la imaginaci\u00f3n es una facultad de la mente que puede ejercitarse y desarrollarse al igual que la memoria\u2014, dec\u00eda que yo ten\u00eda la obligaci\u00f3n de contarle una historia, corta o larga, que hubiera inventado durante mis cuarenta y cinco minutos de enso\u00f1aci\u00f3n, que pod\u00eda o no tener relaci\u00f3n con el gui\u00f3n en que est\u00e1bamos trabajando y ser c\u00f3mica o melodram\u00e1tica, sangrienta o ser\u00e1fica. Lo importante era contar algo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A solas con las reproducciones de Zurbar\u00e1n y las columnas de granito, esa piedra admirable de Castilla y con mi bebida favorita (en seguida vuelvo sobre esto), me abstra\u00eda sin esfuerzo, abri\u00e9ndome a las im\u00e1genes, que no tardaban en desfilar por la sala. A veces, mientras pensaba en asuntos familiares o en proyectos prosaicos, de repente ocurr\u00eda algo extra\u00f1o, se perfilaba una escena sorprendente, aparec\u00edan personajes que hablaban de sus problemas. Alguna vez, solo en mi rinc\u00f3n, me echaba a re\u00edr. Cuando me parec\u00eda que aquella inesperada situaci\u00f3n pod\u00eda ser \u00fatil para el gui\u00f3n, volv\u00eda atr\u00e1s, procurando poner orden y encauzar mis errantes ideas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Guardo excelente recuerdo del bar del \u00abHotel Plaza\u00bb, de Nueva York, a pesar de que era un punto de reuni\u00f3n muy frecuentado (y vedado a las mujeres). Yo sol\u00eda decir a mis amigos, algo que ellos han podido comprobar varias veces: \u00abSi pasas por Nueva York y quieres saber si estoy all\u00ed, ve al bar del \u201cPlaza\u201d a las doce del d\u00eda. Si estoy en Nueva York, all\u00ed me encontrar\u00e1s.\u00bb Desgraciadamente, este bar magn\u00edfico, con vistas a Central Park, ha sido invadido por el restaurante. Del bar propiamente dicho no quedan m\u00e1s que dos mesas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por lo que respecta a los bares mexicanos que frecuento, me gusta mucho, en M\u00e9xico capital, el de \u00abEl Parador\u00bb, pero es para ir con amigos, como \u00abChicote \u00bb. Durante mucho tiempo pasaba muy buenos ratos en el bar del hotel de \u00abSan Jos\u00e9 Pur\u00faa\u00bb, en el Michoac\u00e1n, adonde sol\u00eda retirarme a escribir mis guiones durante m\u00e1s de treinta a\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El hotel est\u00e1 situado en el flanco de un gran ca\u00f1\u00f3n semitropical. Por tanto, las ventanas del bar se abr\u00edan a un paisaje espl\u00e9ndido, lo cual, en principio, es un inconveniente. Por suerte, delante de la ventana, tapando un poco el paisaje, crec\u00eda un zirando, \u00e1rbol tropical de ramas ligeras, entrelazadas como una mara\u00f1a de largas serpientes. Yo dejaba vagar la mirada por aquel inmenso amasijo de ramas, resigui\u00e9ndolas como si fueran los sinuosos hilos de m\u00faltiples historias y viendo posarse en ellas ora un b\u00faho, ora una mujer desnuda, etc.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lamentablemente, y sin raz\u00f3n v\u00e1lida alguna, el bar se cerr\u00f3. A\u00fan nos veo a Silberman, a Jean-Claude y a m\u00ed, en 1980, vagando por el hotel como almas en pena, en busca de un lugar aceptable. Es un mal recuerdo. Nuestra \u00e9poca devastadora que todo lo destruye no respeta ni los bares.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora me gustar\u00eda hablar de bebidas. Puesto que se trata de un tema del que comienzo a contar y no acabo \u2014nuestras conversaciones con el productor Serge Silberman pueden durar horas enteras\u2014, procurar\u00e9 ser conciso. Los que no est\u00e9n interesados \u2014por desgracia, los hay\u2014 pueden saltarse varias p\u00e1ginas, Yo pongo en lo m\u00e1s alto el vino, especialmente el tinto. En Francia se encuentran el mejor y el peor (nada m\u00e1s deleznable que el\u00a0<em>coup de rouge<\/em>\u00a0de los\u00a0<em>bistrots\u00a0<\/em>de Par\u00eds). Siento gran cari\u00f1o por el Valdepe\u00f1as espa\u00f1ol, que se bebe fr\u00edo, en bota de piel de cabra, y por el Yepes blanco, de la provincia de Toledo. Los vinos italianos me parecen trucados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En los Estados Unidos hay buenos vinos californianos, como el \u00abCabernet \u00bb y otros. A veces bebo un vino chileno o mexicano. Y eso viene a ser todo. Desde luego, nunca bebo vino en el bar. El vino es un placer puramente f\u00edsico que no excita en modo alguno la imaginaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En un bar, para inducir y mantener el ensue\u00f1o, hay que tomar ginebra inglesa. Mi bebida preferida es el dry-martini. Dado el papel primordial que ha desempe\u00f1ado el dry-martini en esta vida que estoy contando, debo consagrarle una o dos p\u00e1ginas. Al igual que todos los c\u00f3cteles, probablemente, el dry-martini es un invento norteamericano. B\u00e1sicamente, se compone de ginebra y de unas gotas de vermut, preferentemente \u00abNoilly-Prat\u00bb. Los buenos catadores que toman el dry-martini muy seco, incluso han llegado a decir que basta con dejar que un rayo de sol pase a trav\u00e9s de una botella de \u00abNoilly-Prat\u00bb antes de dar en la copa de ginebra. Hubo una \u00e9poca en la que en Norteam\u00e9rica se dec\u00eda que un buen dry-martini debe parecerse a la concepci\u00f3n de la Virgen. Efectivamente, ya se sabe que, seg\u00fan santo Tom\u00e1s de Aquino, el poder generador del Esp\u00edritu Santo pas\u00f3 a trav\u00e9s del himen de la Virgen \u00abcomo un rayo de sol atraviesa un cristal, sin romperlo\u00bb. Pues el \u00abNoilly-Prat\u00bb, lo mismo. Pero a m\u00ed me parece una exageraci\u00f3n. Otra recomendaci\u00f3n; el hielo debe ser muy duro, para que no suelte agua. No hay nada peor que un martini mojado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Perm\u00edtaseme dar mi f\u00f3rmula personal, fruto de larga experiencia, con la que siempre obtengo un \u00e9xito bastante halag\u00fce\u00f1o. Pongo en la nevera todo lo necesario, copas, ginebra y coctelera, la v\u00edspera del d\u00eda en que espero invitados. Tengo un term\u00f3metro que me permite comprobar que el hielo est\u00e1 a unos veinte grados bajo cero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al d\u00eda siguiente, cuando llegan los amigos, saco todo lo que necesito. Primeramente, sobre el hielo bien duro echo unas gotas de \u00abNoilly-Prat\u00bb y media cucharadita de caf\u00e9, de angostura, lo agito bien y tiro el l\u00edquido, conservando \u00fanicamente el hielo que ha quedado, levemente perfumado por los dos ingredientes. Sobre ese hielo vierto la ginebra pura, agito y sirvo. Eso es todo, y resulta insuperable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En Nueva York, durante los a\u00f1os cuarenta, el director del Museo de Arte Moderno me ense\u00f1\u00f3 una versi\u00f3n ligeramente distinta, con pernod en lugar de angostura. Me pareci\u00f3 una herej\u00eda. Adem\u00e1s, ya ha pasado de moda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si bien el dry-martini es mi favorito, yo soy el modesto inventor de un c\u00f3ctel llamado \u00abBu\u00f1ueloni\u00bb. En realidad, se trata de un simple plagio del c\u00e9lebre \u00abNegroni\u00bb; pero, en lugar de mezclar \u00abCampari\u00bb con la ginebra y el \u00abCinzano\u00bb dulce, pongo \u00abCarpano\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ese c\u00f3ctel lo tomo preferentemente por la noche, antes de sentarme a cenar. Tambi\u00e9n en este caso, la presencia de la ginebra, que domina en cantidad sobre los otros dos ingredientes, es un buen est\u00edmulo para la imaginaci\u00f3n. \u00bfPor qu\u00e9? No lo s\u00e9. Pero doy fe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como seguramente habr\u00e1n comprendido ya, yo no soy un alcoh\u00f3lico. Desde luego, toda mi vida ha habido veces en las que he bebido hasta caerme; pero casi siempre se trata de un ritual delicado que no te lleva a la aut\u00e9ntica borrachera, sino a una especie de beatitud, de tranquilo bienestar, acaso semejante al efecto de una droga ligera. En algo que me ayuda a vivir y a trabajar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si alguien me preguntara si alguna vez en toda mi vida he conocido el infortunio de carecer de alguna de mis bebidas, le dir\u00eda que no recuerdo que eso me haya ocurrido. Siempre he tenido algo que beber, ya que siempre he tomado precauciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por ejemplo, viv\u00ed cinco meses en los Estados Unidos en 1930, durante la \u00e9poca de la Ley Seca y, que yo recuerde, nunca hab\u00eda bebido tanto. Ten\u00eda en Los \u00c1ngeles un amigo traficante \u2014lo recuerdo muy bien, le faltaban tres dedos de una mano\u2014 que me ense\u00f1\u00f3 a distinguir la ginebra verdadera de la falsificada. Bastaba agitar la botella de un modo especial: la ginebra verdadera hac\u00eda burbujas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n se encontraba whisky en las farmacias, con receta, y en determinados restaurantes se serv\u00eda vino en tazas de caf\u00e9. En Nueva York, yo conoc\u00eda un buen\u00a0<em>speak-easy<\/em>\u00a0(\u00abhablen bajo\u00bb). Llamabas a la puerta de un modo especial, se abr\u00eda una mirilla, entrabas r\u00e1pidamente y, dentro, encontrabas un bar como cualquier otro, en el que hab\u00eda de todo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Ley Seca fue realmente una de las ideas m\u00e1s absurdas del siglo. Bien es verdad que, en aquella \u00e9poca, los norteamericanos se emborrachaban como unas cubas. Despu\u00e9s, creo yo, aprendieron a beber.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ten\u00eda tambi\u00e9n debilidad por los aperitivos franceses, el pic\u00f3n-cervezagranadina, por ejemplo (la bebida predilecta del pintor Tanguy) y, sobre todo, el mandar\u00edn-cura\u00e7ao-cerveza, que en seguida se me sub\u00eda a la cabeza, m\u00e1s aprisa que el dry-martini. Desgraciadamente, estos admirables combinados est\u00e1n en trance de desaparecer. Estamos asistiendo a una espantosa decadencia del aperitivo, triste signo de los tiempos. Uno m\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por supuesto, de vez en cuando tambi\u00e9n bebo vodka con el caviar y aquavit con el salm\u00f3n ahumado. Me gustan los aguardientes mexicanos, la tequila y el mezcal; pero \u00e9stos no son sino suced\u00e1neos. Por lo que respecta al whisky, nunca me interes\u00f3. Es un alcohol que no comprendo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un d\u00eda, en uno de esos art\u00edculos m\u00e9dicos que vienen en las revistas francesas \u2014<em>Marie-France<\/em>, si mal no recuerdo\u2014, le\u00ed que la ginebra es un excelente calmante y un ant\u00eddoto eficaz contra la angustia producida por los viajes a\u00e9reos. Decid\u00ed comprobar inmediatamente la veracidad de esta afirmaci\u00f3n. El avi\u00f3n siempre me hab\u00eda dado miedo, un miedo constante e irreprimible. Si uno de los pilotos pasaba por nuestro lado con cara seria, pensaba. \u00abSe acab\u00f3, estamos perdidos. Se lo leo en la cara.\u00bb Si, por el contrario, pasaba sonriendo amablemente, me dec\u00eda: \u00abLa cosa debe de estar muy mal. Quiere tranquilizarnos.\u00bb Todos mis temores desaparecieron como por arte de magia el d\u00eda en que decid\u00ed seguir los consejos de\u00a0<em>Marie-France<\/em>. En cada viaje, tom\u00e9 la costumbre de prepararme una bota de ginebra, que envolv\u00eda en papel de peri\u00f3dico para que no se calentara. Mientras esperaba en la sala de embarque que llamaran a los pasajeros, echaba disimuladamente varios tragos de ginebra y en seguida me sent\u00eda tranquilo y contento, dispuesto a enfrentarme con las peores borrascas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si tuviera que enumerar todas las virtudes del alcohol, no acabar\u00eda nunca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1978, en Madrid, cuando desesperaba de poder continuar el rodaje de\u00a0<em>Ese oscuro objeto del deseo<\/em>, a consecuencia de un mal entendido con una actriz, y Serge Silberman, el productor, estaba decidido a suspender la pel\u00edcula, lo cual supon\u00eda una p\u00e9rdida considerable, est\u00e1bamos una noche los dos en un bar, bastante alica\u00eddos, cuando, de repente \u2014aunque, eso s\u00ed, despu\u00e9s del segundo dry-martini\u2014 se me ocurri\u00f3 la idea de hacer interpretar un mismo papel por dos actrices, algo que nunca se hab\u00eda hecho. Serge recibi\u00f3 con entusiasmo la idea, que yo le propuse como una broma, y la pel\u00edcula se salv\u00f3, gracias a un bar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En Nueva York, en los a\u00f1os cuarenta, cuando era muy amigo de Juan Negr\u00edn, hijo del que fuera presidente de Gobierno de la Rep\u00fablica, y de su esposa, la actriz Rosita D\u00edaz, entre los tres tuvimos la idea de poner un bar que se llamar\u00eda \u00abEl Ca\u00f1onazo\u00bb y que ser\u00eda escandalosamente caro, el m\u00e1s caro del mundo. En \u00e9l no se encontrar\u00edan m\u00e1s que bebidas exquisitas, incre\u00edblemente refinadas, llegadas de las cinco partes del mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ser\u00eda un bar \u00edntimo, muy confortable, de un gusto sublime, por supuesto, con una decena de mesas a lo sumo. En la puerta, para justificar el nombre, habr\u00eda una vieja bombarda, provista de mecha y p\u00f3lvora negra, que se disparar\u00eda a cualquier hora del d\u00eda o de la noche, cada vez que un cliente hubiera gastado mil d\u00f3lares.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este proyecto, atractivo pero poco democr\u00e1tico, no lleg\u00f3 a ser puesto en pr\u00e1ctica. Ah\u00ed queda la idea. Resulta interesante imaginar al modesto empleado de la casa de al lado que se despierta a las cuatro de la madrugada al o\u00edr el ca\u00f1onazo y le dice a su mujer: \u00ab\u00a1Otro sinverg\u00fcenza que se ha gastado mil d\u00f3lares! \u00bb<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Imposible beber sin fumar. Yo empec\u00e9 a fumar a los diecis\u00e9is a\u00f1os y a\u00fan no lo he dejado. Desde luego, pocas veces he fumado m\u00e1s de veinte cigarrillos al d\u00eda. \u00bfQu\u00e9 he fumado? De todo. Tabaco negro espa\u00f1ol. Hace unos veinte a\u00f1os, me acostumbr\u00e9 a los cigarrillos franceses: los \u00abGitanes\u00bb y, sobre todo, los \u00abCeltiques\u00bb son los que m\u00e1s me gustan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El tabaco, que casa admirablemente con el alcohol (si el alcohol es la reina, el tabaco es el rey), es un amable compa\u00f1ero con el que afrontar todos los acontecimientos de una vida. Es el amigo de los buenos y de los malos momentos. Se enciende un cigarrillo para celebrar una alegr\u00eda y para ahogar una pena. Estando solo o acompa\u00f1ado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El tabaco es un placer de todos los sentidos: de la vista (es bonito ver bajo el papel de plata los cigarrillos blancos, alineados como para la revista), del olfato, del tacto&#8230; Si me vendaran los ojos y me pusieran entre los labios un cigarrillo encendido, me negar\u00eda a fumar. Me gusta sentir el paquete en el bolsillo, abrirlo, palpar la consistencia del cigarrillo, notar el roce del papel en los labios, gustar el sabor del tabaco en la lengua, ver brotar la llama, arrimarla, llenarme de calor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un hombre llamado Dorronsoro, ingeniero espa\u00f1ol de origen vasco y republicano, exiliado en M\u00e9xico al que conoc\u00eda desde la Universidad, muri\u00f3 de un c\u00e1ncer de los llamados \u00abde fumador\u00bb. Fui a verle al hospital en M\u00e9xico. Ten\u00eda tubos por todas partes y llevaba una mascarilla de ox\u00edgeno que \u00e9l se quitaba de vez en cuando, para dar una chupada a un cigarrillo, a escondidas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fum\u00f3 hasta las \u00faltimas horas de su vida, fiel al placer que le estaba matando. Por tanto, respetables lectores, para terminar estas consideraciones sobre el alcohol y el tabaco, padres de firmes amistades y de fecundos ensue\u00f1os, me permitir\u00e9 darles un doble consejo: no beban ni fumen. Es malo para la salud. A\u00f1adir\u00e9 que el alcohol y el tabaco acompa\u00f1an muy gratamente al acto del amor. Por regla general, el alcohol viene antes, y el tabaco, despu\u00e9s. No esperen de m\u00ed extraordinarias confidencias er\u00f3ticas. Los hombres de mi generaci\u00f3n, espa\u00f1oles por a\u00f1adidura, padec\u00edamos una timidez ancestral con las mujeres y un deseo sexual que, como dec\u00eda antes, tal vez fuera el m\u00e1s fuerte del mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Deseo, por supuesto, que era fruto de largos siglos de un catolicismo emasculador. La prohibici\u00f3n de toda relaci\u00f3n sexual extramatrimonial (y a\u00fan gracias si se toleran las otras), la exclusi\u00f3n de toda imagen y toda palabra que, aun de lejos, pudiera relacionarse con el acto del amor, todo ello contribu\u00eda a robustecer extraordinariamente el deseo. Cuando, a despecho de todas las prohibiciones, este deseo pod\u00eda ser satisfecho, el placer f\u00edsico era incomparable, pues siempre se asociaba a \u00e9l ese goce secreto del pecado. Sin asomo de duda, un espa\u00f1ol experimentaba en la c\u00f3pula un placer muy superior al de un chino o un esquimal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En Espa\u00f1a, cuando yo era joven, salvo raras excepciones, no se conoc\u00edan m\u00e1s que dos posibilidades de hacer el amor: el burdel y el matrimonio. Cuando, en 1925, llegu\u00e9 por primera vez a Francia, me parec\u00eda extraordinario y hasta de mal gusto que un hombre y una mujer se besaran en la calle. Tambi\u00e9n me asombraba que un chico y una chica pudieran vivir juntos sin estar casados. Era algo inaudito. Estas costumbres me parec\u00edan obscenas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde aquellos tiempos lejanos han ocurrido muchas cosas. De modo particular durante los \u00faltimos a\u00f1os, he comprobado la progresiva y, finalmente, total desaparici\u00f3n de mi instinto sexual, incluso en sue\u00f1os. Me alegro, pues me parece haberme liberado de un tirano. Si se me apareciera Mefist\u00f3feles, para proponerme recobrar eso que se ha dado en llamar virilidad, le contestar\u00eda: \u00abNo, muchas gracias, no me interesa; pero fortal\u00e9ceme el h\u00edgado y los pulmones, para que pueda seguir bebiendo y fumando.\u00bb<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Libre de las perversiones que acechan a los viejos impotentes, recuerdo con serenidad y sin nostalgia a las putas madrile\u00f1as, los burdeles parisienses y las\u00a0<em>taxis girls<\/em>\u00a0de Nueva York. Dejando aparte algunos cuadros pl\u00e1sticos, de Par\u00eds, creo que no he visto en toda mi vida m\u00e1s que una sola pel\u00edcula pornogr\u00e1fica, deliciosamente titulada\u00a0<em>Soeur Vaseline<\/em>. Sal\u00eda una monjita en el jard\u00edn del convento que se tiraba al jardinero, el cual, a su vez, era sodomizado por un fraile y acababan los tres formando una figura de conjunto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A\u00fan me parece estar viendo las medias negras de algod\u00f3n de la monja, unas medias que terminaban por encima de la rodilla. Jean Mauclair, de\u00a0<em>Studio 28<\/em>, me regal\u00f3 la pel\u00edcula, pero la he perdido. Con Ren\u00e9 Char, f\u00edsicamente tan vigoroso como yo, hicimos un plan para introducirnos en un cine para ni\u00f1os, atar y amordazar al operador y proyectar\u00a0<em>Soeur Vaseline<\/em>\u00a0para el p\u00fablico infantil.\u00a0<em>O tempora, o mores<\/em>! La perversi\u00f3n de la infancia nos parec\u00eda una de las formas de subversi\u00f3n m\u00e1s atractivas. Por supuesto, no lo hicimos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n deseo hablar de mis org\u00edas frustradas. En aquella \u00e9poca, la idea de participar en una org\u00eda nos entusiasmaba. Un d\u00eda, en Hollywood, Charlie Chaplin organiz\u00f3 una para m\u00ed y dos amigos espa\u00f1oles. Llegaron tres muchachas preciosas, de Pasadena, pero en seguida empezaron a pelearse porque las tres quer\u00edan a Chaplin, hasta que, por fin, se fueron.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otra vez, en Los \u00c1ngeles, mi amigo Ugarte y yo invitamos a mi casa a Lya Lys, que sal\u00eda en\u00a0<em>La Edad de oro<\/em>\u00a0y a una amiga suya. Hab\u00eda flores y champa\u00f1a, todo estaba preparado. Otro fracaso. Las dos mujeres se fueron antes de una hora.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por la misma \u00e9poca, un director sovi\u00e9tico cuyo nombre no recuerdo, que hab\u00eda recibido permiso para ir a Par\u00eds, me pidi\u00f3 que le organizara una peque\u00f1a org\u00eda parisiense. Me dirig\u00ed a Aragon, que me pregunt\u00f3: \u00abY bien, mi querido amigo, \u00bfes que quieres que te&#8230;?\u00bb Aqu\u00ed, con la mayor delicadeza del mundo, Aragon utiliz\u00f3 la palabra que el lector adivinar\u00e1, pero que yo no puedo escribir. Nada me parece tan despreciable como esa proliferaci\u00f3n de palabras mal sonantes que desde hace varios a\u00f1os se observa en las obras y las charlas de nuestros escritores. Esta pretendida liberalizaci\u00f3n no es m\u00e1s que una vil adulteraci\u00f3n de la libertad. Es por lo que rechazo toda insolencia sexual y todo exhibicionismo verbal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De todos modos, a la pregunta de Aragon respond\u00ed con un rotundo: \u00abEn absoluto.\u00bb Aragon me aconsej\u00f3 que me dejara de org\u00edas y el ruso tuvo que volver a Rusia sin estrenarse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por\u00a0<strong>Luis Bu\u00f1uel<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Del libro Mi \u00faltimo suspiro, publicado originalmente en 1982 por \u00c9ditions Robert Laffont en Par\u00eds, luego traducido por Ana Mar\u00eda de la Fuente para Mondadori.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Yo he pasado en los bares horas deliciosas. El bar es para m\u00ed un lugar de meditaci\u00f3n y recogimiento, sin el cual la vida es inconcebible. Costumbre antigua, robustecida con los a\u00f1os. 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