{"id":3205,"date":"2022-01-18T10:19:19","date_gmt":"2022-01-18T13:19:19","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=3205"},"modified":"2023-03-28T14:41:07","modified_gmt":"2023-03-28T17:41:07","slug":"los-anos-incluso-los-peores-pasan-muy-rapido-a-partir-de-no-soy-yo-de-luis-lopez-aliaga","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2022\/01\/18\/los-anos-incluso-los-peores-pasan-muy-rapido-a-partir-de-no-soy-yo-de-luis-lopez-aliaga\/","title":{"rendered":"&#8220;Los a\u00f1os, incluso los peores, pasan muy r\u00e1pido&#8221;. A partir de No soy yo, de Luis L\u00f3pez Aliaga \u2013 Por Maximiliano D\u00edaz"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Cuando ten\u00eda diecis\u00e9is a\u00f1os, un amigo, Diego Soto, me mand\u00f3 un cuento que acababa de escribir. Estaba narrado en primera persona, iba sobre un hombre sentado en un muelle que est\u00e1 teniendo una caldeada reflexi\u00f3n cuando, de pronto, epif\u00e1nicamente, se le aparece el nombre de la mujer a la que ama. Al leerlo reconoc\u00ed muchas cosas de inmediato: ese muelle era uno en el que hab\u00edamos estado juntos, hace poco m\u00e1s de un mes. Est\u00e1bamos de gira de estudios en el sur, y Diego, el We\u00f1o (que lamentablemente ya no est\u00e1 con nosotros para corroborar esta historia), y yo, nos tomamos unas cervezas sentados en un muelle mohoso a hacer lo que mejor hace la adolescencia con un fervoroso deseo de distinguirse del resto: contemplar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hablamos sobre infortunios amorosos: al Diego no lo pescaban, el We\u00f1o acababa de pelear con su polola, y yo sepa moya en qu\u00e9 andaba. Siempre fui un enamoradizo voraz y sufriente. Esas cosas no estaban en el cuento, pero s\u00ed reconoc\u00eda otras: tres personas sentadas en un muelle, el barullo de los adolescentes que est\u00e1n de fiesta atr\u00e1s, alrededor de una fogata, el deseo de silencio. Y el nombre de la mujer amada era el mismo que el de la muchacha que le gustaba a Diego. Sal\u00eda ah\u00ed, en el texto, con todas sus letras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por esa \u00e9poca yo tambi\u00e9n hab\u00eda comenzado a escribir, pero escrib\u00eda poemas sobre sensibilidades desbordadas o ficciones narradas desde personajes con voces inveros\u00edmiles, que terminaban corriendo de zombies o llevando un regalo a su madre que estaba por morir. La m\u00eda estaba vivita y coleando.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de leer el cuento, le dije que lo encontraba valiente. No recuerdo las palabras exactas. Esto pas\u00f3 el 2010. Pero fue algo as\u00ed. Diego me respondi\u00f3 que esa era la nueva manera que le acomodaba de escribir. Que de ahora en adelante escribir\u00eda textos completamente honestos, que ya bastaba del espect\u00e1culo de la ficci\u00f3n desmedida. Como si \u00e9l hubiese descubierto la p\u00f3lvora, y yo fuera un embajador que sue\u00f1a con hacer armas de fuego, tuve deseos de aplaudirlo. \u00abOsado\u00bb, pens\u00e9 para mis adentros. Para qu\u00e9 hablar, en este texto y en este momento, de todas las discusiones literarias que obvi\u00e1bamos con esas aseveraciones. Me quedo con esto: est\u00e1bamos impresionados por la capacidad de que la literatura pudiese ser sincera. Al menos lo m\u00e1s sincera posible.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A casi doce a\u00f1os de esa epifan\u00eda, le\u00ed <em>No soy yo<\/em>, de Luis L\u00f3pez-Aliaga. Un relato autobiogr\u00e1fico que comienza en los vertiginosos a\u00f1os \u201890. \u00c9poca en la que el autor comienza un proceso de educaci\u00f3n social y literaria que le resulta, a lo menos, movido: plata, talleres literarios, libros, teleseries, copete y amistades.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La nota preliminar del libro aborda directamente las ideas de la autor\u00eda, y la idea expuesta en el t\u00edtulo sobre no ser esa persona que se est\u00e1 describiendo, que se mueve y vive en esas p\u00e1ginas en que se parece prometer un texto arrojado, de una sinceridad arrolladora. \u00abEl artificio del narrador \u2013asegura L\u00f3pez-Aliaga\u2013 es un refugio que exculpa solo a medias\u00bb. Desde el apartado que abre el texto, el autor sabe que una sola aseveraci\u00f3n es insuficiente para desmarcarse del compromiso de fidelidad que se establece con el lector al posicionar a cierto narrador en el relato de una historia. En este caso, la suya propia desde otro tiempo. Por eso en <em>No soy yo<\/em>, no es \u00e9l. Es otro. Uno que se mantiene suspendido en las p\u00e1ginas, que se mira desde otro tiempo y con otro lente. El autor no es \u00e9l, sin embargo, est\u00e1 dispuesto a revisarlo y hacerse responsable de sus desaciertos. L\u00f3pez-Aliaga cierra la nota preliminar asegurando que imagina ese libro como \u00abla trama de alguien que duda, arranca, se resiste y, finalmente, termina por aceptar lo inevitable\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La idea de la <em>joven promesa literaria<\/em> es esquiva en su definici\u00f3n y sus consecuencias, pero parece repetirse con los a\u00f1os con la misma arisca intensidad. El relato parte hablando sobre una fiesta llena de asistentes que forman parte de ese club de nombres promisorios. En el primer p\u00e1rrafo, el narrador se encuentra con Alejandra Costamagna y le declara su amor, por ejemplo. Hay una risa incipiente en ese gesto que parece imp\u00fadico en una primera lectura. El cahu\u00edn como motor que motiva avanzar en el libro: re\u00edrse del muchacho osado y borracho que trata de conquistar a una joven que hoy es una narradora admirada, con una obra robusta. De la burla se pasa al patetismo y, sin embargo, de ese humor que parece ir agarrando vuelo en las primeras p\u00e1ginas, se aborda el v\u00ednculo personal del narrador con Ren\u00e9 Arcos. Ambos asistieron al mismo taller. Se propone que tuvieron algo cercano a una buena amistad, de esas que se diluyen por el paso implacable del tiempo y, para el apartado doce del primer cap\u00edtulo, se relata la muerte de Arcos en su departamento. Su cuerpo esperando ser encontrado propone el quiebre del tono potencialmente jocoso que entrega el\u00a0 libro en sus primeras p\u00e1ginas. Frente a la contraposici\u00f3n de una de las narradoras mejor posicionadas de las \u00faltimas d\u00e9cadas, y un autor que fue publicado p\u00f3stumamente, tras morir por un derrame en la ves\u00edcula el a\u00f1o 2011, ambos propuestos como j\u00f3venes promesas, cae una primera pregunta: \u00ab\u00bfla promesa de qu\u00e9?\u00bb. Lo promisorio se revela como un estado suspendido del desarrollo literario. Una potencia que puede no llegar a agarrar vuelo jam\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La experiencia de lo promisorio y sus potenciales desavenencias se estudian m\u00e1s en profundidad conforme avanza la primera parte del libro: el narrador de L\u00f3pez-Aliaga, ese que no es \u00e9l, es seleccionado en el taller de Sk\u00e1rmeta, impartido en el Instituto Goethe, en Providencia, que fue una especie de peque\u00f1o semillero de narradores posteriormente publicados y ganadores de premios.\u00a0 A esto le sigue la publicaci\u00f3n de <em>Cuesti\u00f3n de Astronom\u00eda<\/em>, que lo deja en un sitio c\u00f3modo para repensar en las posibilidades que dan la literatura y la contenida fama del campo cultural durante la d\u00e9cada de los \u201890. Sin embargo, la promesa, ese deseo de <em>hacerla<\/em>, para ponerlo en palabras del narrador, no parece traer consigo m\u00e1s que una satisfacci\u00f3n pasajera. L\u00f3pez-Aliaga es severo en el juicio a ese muchacho que acaba de publicar, tiene relativo \u00e9xito y, antes de comenzar a escribir un libro encargado por una editorial, ya se ha gastado todo el adelanto. No hay nostalgia ni condescendencia al hablar de las peleas con sus pares, de su altaner\u00eda patol\u00f3gica para con los otros y las otras escritoras, ni sus viajes al extranjero, su ansiedad por conocer el mundo, reci\u00e9n llegada la democracia. Viajes en los que parece buscar alguna especie de verdad. Inspiraci\u00f3n o reencuentro con una inteligencia, un instinto con el que ese joven desea reconciliarse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hacia el final de la primera parte, el autor comenta con generosidad y desapego en qu\u00e9 estaban las y los otros autores de la \u00e9poca. Narra, sin la c\u00ednica sorpresa con que se comenta hoy en d\u00eda, que Bola\u00f1o y Lemebel estaban fuera del mapa de las lecturas oficiales: fuera del circuito de escritores rese\u00f1ados, tomados como ejemplo en talleres ni referentes del \u00e9xito a partir de su colecci\u00f3n de trofeos locales. Aquellos autores a los que llaman parte de una <em>generaci\u00f3n<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un par de p\u00e1ginas antes de terminar la primera parte, el narrador trae a colaci\u00f3n un verso de un amigo de apellido Cabrera: \u00abel pasado se hizo para torturarnos\u00bb. Y contin\u00faa con su propia cosecha: \u00abPuede ser. Pero los a\u00f1os, incluso los peores, pasan muy r\u00e1pido\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El a\u00f1o 2016 trabaj\u00e9 en la librer\u00eda de un hombre que, a ratos, sent\u00eda deliberada, voluntariosamente triste. La librer\u00eda no era una mina de oro, pero le alcanzaba para tener una vida relativamente acomodada, y sus amigos lo visitaban constantemente. El mensaje principal, sin embargo, siempre era que est\u00e1bamos funcionando con lo justo. Nunca us\u00f3 la expresi\u00f3n <em>a punto de quebrar<\/em>, pero tal vez en su coraz\u00f3n est\u00e1bamos muy cerca de hacerlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El due\u00f1o de la librer\u00eda pagaba particularmente mal, creo que es el trabajo peor pagado que he tenido. Una de las formas de paliar un poco la desaz\u00f3n que produc\u00eda la miseria, era dejar que los empleados sali\u00e9ramos a dar una vuelta todas las tardes, tipo seis o siete. La otra \u2013y la mejor\u2013 era regalarnos un libro a elecci\u00f3n cada fin de mes. En una de esas escog\u00ed uno de Jos\u00e9 Emilio Pacheco, una antolog\u00eda del Fondo de Cultura Econ\u00f3mica llamado <em>Elogio de la fugacidad<\/em>. Mientras lo hojeaba, mi jefe lleg\u00f3, y me dijo: \u00ab\u00e9chale un ojo a uno que se llama <em>Antiguos compa\u00f1eros se re\u00fanen<\/em>\u00bb. Lo encontr\u00e9. El poema dec\u00eda:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abYa somos todo aquello<br \/>\ncontra lo que luchamos a los veinte a\u00f1os\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pacheco parece ser algo irregular en cuanto a sus retratos sobre la adolescencia, temprana o tard\u00eda, pues L\u00f3pez-Aliaga tambi\u00e9n lo cita antes de cerrar la primera parte de su libro. Habla sobre <em>Las batallas en el desierto<\/em> y, refiri\u00e9ndose a la adolescencia, trae al mexicano diciendo \u00abde ese horror qui\u00e9n puede tener nostalgia\u00bb. En ese momento se revela un motor que resulta crucial en el desarrollo de <em>No soy yo<\/em>, pues no es la nostalgia la que mueve el \u00e1nimo de recordar, sino la responsabilidad y la b\u00fasqueda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la segunda parte del libro, L\u00f3pez-Aliaga se entrega a la generosidad de sus maestras y maestros: vivos y muertos. Conocidos y desconocidos. Elabora sobre la muerte, cuenta an\u00e9cdotas infantiles que lo mantuvieron ligado de manera ficticia a ese espacio virtual al que preferimos llamar <em>m\u00e1s all\u00e1<\/em>. Hace una conexi\u00f3n entre las ideas que no son adquiribles en la inmediatez y el ejercicio de la escritura. Elabora, lenta y progresivamente, sobre la figura del escritor como un m\u00e9dium: alguien que recibe y ejecuta. El origen del est\u00edmulo es indetectable. En sus palabras, sin embargo, no se trata de la verdad, de la verosimilitud. La entrega para con ese ejercicio se trata de creer. Para hablar y transmitir es necesario, antes, escuchar. L\u00f3pez-Aliaga propone, bajo ese prisma, que para escribir primero hay que escuchar. La escritura es una redistribuci\u00f3n de la informaci\u00f3n que hemos recibido. Es una nueva manera de entregar lo que somos a los otros, y cerrarse a eso anula el potencial sensible en lo transmisible de la escritura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En sus <em>Poemas de Maximus<\/em>, Charles Olson asegura que \u00abuno corrige lo que puede corregirse\/ y cuando el coraz\u00f3n de un hombre\/ es incapaz de ver esto,\/ la puerta de su inteligencia divina se cierra\u00bb. Le\u00ed ese poema por primera vez a los veinte a\u00f1os y nunca termin\u00f3 por cerrarme del todo el concepto de la inteligencia divina. Siempre lo uso a conveniencia en conversaciones, o lecturas que me revierten el sentido del verso, como es este caso. Me pregunto, tal vez, si esa inteligencia divina ser\u00e1 una especie de recepci\u00f3n de lo que ser\u00e1 escrito despu\u00e9s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abEl literario es el terreno del conflicto\u00bb, se interrumpe el narrador entre las revisiones de sus lecturas, su pasado y aquellos con quienes mantiene una deuda intelectual o ideol\u00f3gica. Asegura que sospecha del juicio, de las cr\u00edticas laudatorias y de la mala leche que siempre logra distinguirse a lo lejos como una segunda intenci\u00f3n en las aproximaciones superficiales que ofrece la literatura. Abre, con esto, un apartado en el que termina de comentar la experiencia formativa como lector de ciertas autor\u00edas, y pasa lentamente a las proyecciones e ideas sobre su propia escritura. La segunda parte cierra diciendo que \u00abLa autobiograf\u00eda es apenas parte del proceso, en tanto exterioridad de un inconsciente que adquiere forma de relato en la introspecci\u00f3n sistem\u00e1tica que lleva a que aflore la \u201cotra\u201d persona que escribe. Se requieren t\u00e9cnicas apropiadas. Repetir, repetir, repetir. La escritura como insistencia, como obsesi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si la sospecha sobre el medio literario, su naturaleza social y los ejes que lo componen queda levemente suspendida tras el enunciado anterior, se retoma con fuerza al inicio de la tercera y \u00faltima parte del libro. En el cap\u00edtulo <em>Taller para pichiciegos<\/em>, L\u00f3pez-Aliaga escarba en el sentido de los talleres literarios. Tras asegurar que el literario es el terreno del conflicto, asegura sin temor, con inquebrantable sospecha, que tal taller literario es una manera decente de ganarse la vida, s\u00ed, pero que cada tallerista deber\u00eda ser advertido, desde el principio, que la promesa del taller podr\u00eda no llegar a cumplirse. Esto abre otras preguntas: desde la vereda de lectores y talleristas, \u00bfpor qu\u00e9 tomamos talleres literarios?, \u00bfdesconfiamos de la l\u00f3gica de la cantera que proponen algunos autores, o solo en la medida en que eso no nos resulte conveniente? Pues, como se\u00f1ala el narrador, lo complejo de estas estructuras, en ocasiones innecesariamente verticales, es la b\u00fasqueda de un posicionamiento a partir de la obtenci\u00f3n de los disc\u00edpulos. Esas corren el riesgo de ser estrategias para posicionarse en el campo cultural.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">L\u00f3pez-Aliaga pone una sospecha recurrente sobre la mesa. La sospecha del taller, de la l\u00f3gica canterana y del tejemaneje del posicionamiento son cosas que se comentan en varias mesas y conversaciones de pasillo, sin embargo, en este libro se plantea la duda dejando un espacio silente para la reflexi\u00f3n tras su cierre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No parece haber en esas palabras un \u00e1nimo de armar pol\u00e9mica. No hay un gesto de provocaci\u00f3n, sino un revisionismo: deseos de desgranar, poco a poco, las pr\u00e1cticas comunes en el medio del que el narrador forma parte, y que comparte de manera cercana y abierta con muchas de las personas que aparecen en su libro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace no mucho tiempo, andando nuevamente en bicicleta con Diego -el mismo que aparec\u00eda al principio de este texto y que se hab\u00eda decidido a escribir con una demoledora sinceridad- hablamos sobre la idea de la \u00abpol\u00e9mica\u00bb. En m\u00e1s de alguna ocasi\u00f3n hab\u00edamos escuchado a alguien decir que su obra, su idea o una propuesta en la que estaba trabajando era <em>pol\u00e9mica<\/em>. Diego, sin embargo, no estaba de acuerdo con que esa categor\u00eda fuese conferida por parte de sus propios gestores. \u00abUna idea no es pol\u00e9mica \u2013me dijo\u2013 si uno cree y est\u00e1 comprometido con lo que se est\u00e1 diciendo. Se acerca m\u00e1s a la idea de la verdad, aunque no sea compartida\u00bb. Las palabras que cruzamos ese domingo me sirven hoy para leer <em>No soy yo<\/em>, pues el autor, a esas alturas del texto, ya ha dejado m\u00e1s que demostrado que el pacto silencioso que se establece al momento de abrir el libro es m\u00e1s de confianza que de verosimilitud. La pol\u00e9mica no es pol\u00e9mica si es una idea aut\u00e9ntica. Lo es si est\u00e1 calculada, si es infantilmente provocadora, si no es capaz de navegar sus propios baches ideol\u00f3gicos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>No soy yo<\/em> cierra revis\u00e1ndose desde fuera. Mediante menciones a otros libros que, en un gesto desesperado de alivio, buscaron la autoficci\u00f3n para encontrar el origen de una herida, revisarla y tratar de ponerle un cierre a esos episodios no selectivos de su memoria. Habla de <em>El desierto y su semilla<\/em>, de Jorge Bar\u00f3n Biza, o de <em>Correr el tupido velo<\/em>, de Pilar Donoso (que aparece en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n). Hace un contrapunto en la desafortunada frivolidad que, en ocasiones, puede encontrar el sincero arrojo en la escritura. En palabras de L\u00f3pez-Aliaga \u00abla impudicia renta casi siempre, literariamente hablando\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El texto cierra con ideas ya no tanto sobre el ejercicio de recordar, sino de olvidar. Con una verg\u00fcenza que podr\u00eda ser, tal vez, el \u00fanico gesto algo m\u00e1s sarc\u00e1stico o calculado que pueda encontrarse en el libro, L\u00f3pez-Aliaga baja el mo\u00f1o para entregarle el testimonio a la siguiente generaci\u00f3n, no sin antes reflexionar abiertamente sobre la verg\u00fcenza y sus consecuencias en los v\u00ednculos que establecemos con los otros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En marzo o abril del 2022 se cumplen tres a\u00f1os en que llevo tratando de hacer que un poema cuaje. Ha tenido cinco o seis nombres distintos y lo he reescrito tres o cuatro veces. El poema, o lo que intento hacer con \u00e9l, es un retrato sobre los a\u00f1os de mi adolescencia rapera. Un intento de condensaci\u00f3n de la dificultad de cierta \u00e9poca familiar (los d\u00edas del Odio, en el lenguaje de Jos\u00e9 \u00c1ngel Cuevas), y un intento de rescatar v\u00ednculos que ya no tengo, porque el tiempo nos distanci\u00f3 o porque, desafortunadamente, despu\u00e9s de la adolescencia comenzamos a desaparecer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No he podido, sin embargo, aproximarme a la memoria de una manera que pueda percibir como aut\u00e9ntica o sincera. O m\u00e1s all\u00e1 de eso, de una forma que pueda resultar confiable para quien me lea. La memoria no es selectiva: hay momentos que quedan grabados en nosotros, en ocasiones con infortunio y en otros con un calor gozoso; agradezco haberme encontrado con <em>No soy yo<\/em> en la b\u00fasqueda de esa rigurosa imparcialidad en el ejercicio del recuerdo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En <em>Matadero cinco<\/em>, la novela de Kurt Vonnegut (quien tambi\u00e9n sale al baile en <em>No soy yo<\/em> en medio de elogios a Rodolfo Enrique Fogwill y Hebe Uhart), hay una raza de extraterrestres llamada tralfamadorianos. Para los tralfamadorianos, nuestra idea de la muerte es rid\u00edcula, pedestre y anticuada. Ellos, gracias a su conciencia y su sistema de visi\u00f3n, pueden ver c\u00f3mo suceden todas las l\u00edneas de tiempo, de manera simult\u00e1nea. Ellos alivian la idea de la muerte asegurando que quien vive un buen momento una vez, lo vivir\u00e1 por siempre. Al cerrar <em>No soy yo<\/em> me quedo con esta idea, la del ejercicio de la memoria como uno lleno de voluntad, con poca inclinaci\u00f3n al secreto, mas no hundida en el lamento. Tomar las cosas como fueron, tratar con cari\u00f1o a esa muchacha o a ese muchacho que no es uno, pero que uno, indudablemente, lleva consigo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>Maximiliano D\u00edaz<\/strong><\/p>\n<p>Foto de Elliott Erwitt<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-3209 alignleft\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/Hueders-Nosoyyo-1_d7f92de3-ad6f-485a-812e-ab50ea5b40ec_1800x-300x300.jpeg\" alt=\"\" width=\"408\" height=\"408\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/Hueders-Nosoyyo-1_d7f92de3-ad6f-485a-812e-ab50ea5b40ec_1800x-300x300.jpeg 300w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/Hueders-Nosoyyo-1_d7f92de3-ad6f-485a-812e-ab50ea5b40ec_1800x-150x150.jpeg 150w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/Hueders-Nosoyyo-1_d7f92de3-ad6f-485a-812e-ab50ea5b40ec_1800x-768x768.jpeg 768w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/Hueders-Nosoyyo-1_d7f92de3-ad6f-485a-812e-ab50ea5b40ec_1800x-80x80.jpeg 80w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/Hueders-Nosoyyo-1_d7f92de3-ad6f-485a-812e-ab50ea5b40ec_1800x.jpeg 1000w\" sizes=\"auto, (max-width: 408px) 100vw, 408px\" \/><\/p>\n<p>No soy yo<br \/>\nLuis L\u00f3pez-Aliaga<br \/>\n2021<br \/>\nHueders<br \/>\nM\u00e1s informaci\u00f3n en <a href=\"https:\/\/tienda.hueders.cl\/products\/no-soy-yo\">https:\/\/tienda.hueders.cl\/products\/no-soy-yo<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando ten\u00eda diecis\u00e9is a\u00f1os, un amigo, Diego Soto, me mand\u00f3 un cuento que acababa de escribir. 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