{"id":3146,"date":"2022-01-05T10:33:19","date_gmt":"2022-01-05T13:33:19","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=3146"},"modified":"2023-03-28T14:42:32","modified_gmt":"2023-03-28T17:42:32","slug":"dios-con-minuscula-tres-historias-de-roberto-ibanez-ricouz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2022\/01\/05\/dios-con-minuscula-tres-historias-de-roberto-ibanez-ricouz\/","title":{"rendered":"\u201cdios\u201d, con min\u00fascula: Tres historias de Roberto Ib\u00e1\u00f1ez Ric\u00f3uz \u2013 Por Daniel Ahumada"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>\u00a0No recordamos. Reescribimos la memoria tanto como se reescribe la historia.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>\u00a0<\/em>Chris Marker<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\">\n<li><\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Leo el t\u00edtulo de la primera secci\u00f3n de <em>Tres historias<\/em>, nombrado sutilmente como \u201cLas cosas\u201d, e inevitablemente se me adelantan las premisas de Williams Carlos Williams, su acercamiento estricto y m\u00ednimo frente a la materia de la vida, ese intento honesto de sostener por un segundo la imagen real de los objetos. Luego leo los primeros versos de Roberto en este libro: \u201cDicen las noticias\/ que el verano quiere extenderse hasta abril\/ Yo no s\u00e9\u201d. El verso inaugural de un poemario que inicia su duraci\u00f3n en m\u00ed, edificando una ciudad llena de ruidos y calor mientras la voz del poema recorre sus pasos con el debido alejamiento. Roberto re\u00fane materiales con un tono que, por su parte, tambi\u00e9n me recuerda a Mill\u00e1n. Quiz\u00e1s suene como un gesto agresivo nombrar la cantidad de otros autores que la memoria retoma en m\u00ed durante esta lectura, y as\u00ed mismo me lo reclamo mientras leo a Roberto, hasta que avanzo con sus poemas y entiendo qu\u00e9 es lo que se va construyendo en cada cuadro, en cada cita de voces ajenas en esta disposici\u00f3n abierta frente a la memoria: lo que veo es a un ni\u00f1o.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un ni\u00f1o que quiz\u00e1s se divierte dibujando ciudades de verano, que utiliza los afectos de la infancia para disponer de estas im\u00e1genes y as\u00ed, generar para s\u00ed mismo una escena de la que \u00e9l es due\u00f1o. Sin duda, la operaci\u00f3n que se moviliza aqu\u00ed es una escritura desde el recuerdo. O m\u00e1s bien, una escritura que hace uso del recuerdo como materia prima, materia que reclama como suya y solo suya. La cartograf\u00eda de la memoria que se edifica en estas p\u00e1ginas goza de la distancia de aquel ni\u00f1o enfrascado en la repetici\u00f3n: \u201cAlgo hace que me olvide\/ del ritmo com\u00fan de las cosas\/En la radio suena la canci\u00f3n del verano\/ y es la misma canci\u00f3n del verano anterior\u201d. La duraci\u00f3n de los objetos y sus formas se cruzan en los montajes que Roberto hace de esta ciudad saturada de im\u00e1genes. Mirando desde una ventana que separa al ni\u00f1o del mundo, el mundo aparece y desaparece a su disposici\u00f3n, al mismo tiempo en que \u00e9l se esconde y desaparece del mundo, dej\u00e1ndose ambos mutuamente vac\u00edos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"2\">\n<li><\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Creo que el aparecer y el desaparecer son los movimientos que m\u00e1s atraparon mi atenci\u00f3n durante la lectura de <em>Tres historias<\/em>. En alg\u00fan momento, quiz\u00e1s en la profundidad en que Roberto decide \u201cBuscar en Google Saturno devorando a su hijo Goya\u201d, pienso en este t\u00edtulo: <em>Tres historias<\/em>. El impulso narrativo se dibuja con el recorrido del ojo, la idea de un juego que debe tornarse cruel para las im\u00e1genes mismas. Este ni\u00f1o solitario juega a la repetici\u00f3n, como en \u201cDinosaurios\u201d, donde se nos expone a la revelaci\u00f3n del infante: \u201cLos l\u00edmites de la imaginaci\u00f3n\/ son insospechados\/ As\u00ed lo intuye el ni\u00f1o\/ que en su habitaci\u00f3n\/ recrea el pleistoceno\u201d. En el marco del cuarto oscuro donde el ni\u00f1o observa durante la noche si las figuras de pl\u00e1stico \u201cgru\u00f1en por cuenta propia\u201d, est\u00e1 la edificaci\u00f3n de esta narrativa sobre la autonom\u00eda de la memoria y la exigencia que la imagen de uno mismo ejerce sobre estos poemas (una operaci\u00f3n que Roberto advierte en un verso particularmente te\u00f3rico, al indicar un estadio posterior a esta relaci\u00f3n entre la imagen y el ni\u00f1o: el juego que inicia \u201cincluso antes de poder masticar el lenguaje\u201d).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La memoria sostiene este juego. En la primera secci\u00f3n, la traves\u00eda del ojo impone un paralelo constante entre el despliegue de la ciudad y la imagen de la memoria. Mientras los objetos encontrados generan postulados sobre los mecanismos que se movilizan en sus poemas: durante el libro se va ejecutando la b\u00fasqueda de algo (pero, \u00bfde qu\u00e9?). Pienso en poemas como \u201cEros p\u00e1lido (objeto encontrado)\u201d o \u201cEsta flor se esfuerza en ser\u201d. Estos objetos ocupan el espacio del poema y reconstruyen el mosaico de la experiencia manufacturada por Roberto, esta din\u00e1mica de aparecer y volverse a esconder (\u201cHe observado aquellos movimientos\/ la direcci\u00f3n de la mirada\/ aunque esquiva\/ guarda el brillo de las lunas ambulantes\/ p\u00e1lidas).\u00a0 Estos objetos son las materias del juego, las cimientes en que se sostiene la voz del ni\u00f1o que, en ocasiones, adopta la voz adulta del creador. Supongo que esta dicotom\u00eda tampoco sobrevive la velocidad de la mirada: hay poemas que no responden a la potencia de este crecimiento.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"3\">\n<li><\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">El segundo momento de <em>Tres historias<\/em> elige otro nombre m\u00ednimo: \u201cLo familiar\u201d. Este libro propone diferentes registros de s\u00ed mismo, y puedo decir con seguridad que la obra de Roberto alcanza sus momentos de mayor lucidez cuando abarca estos espacios \u00edntimos del di\u00e1logo. En \u201cTeatro de una desaparici\u00f3n\u201d, la edificaci\u00f3n de la mesa familiar sufre el mismo proceso en su g\u00e9nesis que el espacio urbano en la primera secci\u00f3n y es curioso porque, \u00bfqu\u00e9 podemos entender de este mundo cuando una mesa familiar se construye de la misma forma que una ciudad? Creo que Roberto est\u00e1 consciente de la frialdad tierna de su propio mecanismo, y esto lo refleja en algunos versos de disruptiva claridad cuando habla de \u201cun colgajo en la pared que siempre refleja la mesa llena\/ esta mesa que todos miran y admiran\/ pero en la que nadie quiere sentarse\u201d. Otro punto me detiene, por alg\u00fan motivo, en este primer poema. Pienso en esta m\u00e1scara que la voz del poema usa de avatar para establecer la imagen de la mesa familiar (\u00bfqu\u00e9 rostro tiene aquel que pide \u201cQue dios me guarde de las variaciones de la belleza de este lugar\u201d?). Y luego pienso, \u00bfqui\u00e9n es este \u201cdios\u201d con min\u00fascula al que le rogamos? \u00bfEs el mismo ni\u00f1o que construye ciudades de memoria? \u00bfEstamos acaso en su cuarto oscuro mientras nos observa ensombrecidos para comprobar si nos movemos sin que \u00e9l est\u00e9?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u201cTres variaciones\u201d responde, para m\u00ed, a una duda que surgi\u00f3 previamente: \u00bfqu\u00e9 est\u00e1 buscando el dios con min\u00fascula? Era simple quiz\u00e1s: busca formas de entrar. La primera variaci\u00f3n observa desde afuera y, yo pienso, esta es la posici\u00f3n privilegiada de la voz po\u00e9tica, por lo menos hasta ahora: la del ojo que construye ciudades con recuerdos y objetos encontrados. Creo entender esta posici\u00f3n del mirar hacia adentro, pero \u201cde no entrar jam\u00e1s en la calidez de la conversaci\u00f3n\/ por estar espiando el tiempo fuera\u201d. Entrar en el hogar que desaparece, entrar por las ventanas, gritar desde afuera, tocar las puertas y tener miedo de que el Otro aparezca, que abra el espacio (\u201cpensado en qu\u00e9 decir cuando abriera\/ con cara de qui\u00e9n cresta es este y qu\u00e9 quiere\u201d). Pero, \u00bfpor qu\u00e9 las maniobras para ingresar? La voz se encuentra con otra revelaci\u00f3n: la inexistencia de un registro originario. Este anclaje siempre fugitivo, siempre abierto a la intromisi\u00f3n, la repetici\u00f3n de las voces donde la memoria se desborda: \u201cuno siempre entra por la ventana\/ y a la misma casa\u201d. Pero \u201cla casa\u201d en la que siempre entramos no es el punto fijo de la identificaci\u00f3n, es este origen vac\u00edo que se repite eternamente. El adentro y el afuera desaparecen, el exiliado del hogar y el que exilia, ambos penetran en el recuerdo del otro y su diferencia es superada: \u201cNo abro la puerta\/ pero de todas formas van a entrar\/ por la ventana\/ como todo lo que ocurre verdaderamente\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ante la imposibilidad de identificarse, el ni\u00f1o dios busca otra soluci\u00f3n: \u201ccamino hacia la habitaci\u00f3n de mis padres\/ hasta que reconozco los \u00e1rboles a los cu\u00e1les me encaram\u00e9\/ las casas m\u00e1s bonitas de la cuadra\/ el grafiti que nadie borr\u00f3\u201d. Es interesante porque el registro de la memoria con la que este ni\u00f1o crea el principio del libro, a trav\u00e9s de la ventana en movimiento, ahora es la ventana inm\u00f3vil del hogar impenetrable, pero del que es imposible salir. El exilio permanente (\u201cY aunque estuve en trece ciudades distintas\/ cada una con sus propias goteras\u201d) es aquel de la no identificaci\u00f3n, la imagen de s\u00ed mismo que se resguarda en la memoria (\u201cy es que nunca me pude ir\u201d). \u00a0Mientras leo estas escenas que se montan una sobre otra, mientras un hogar se construye uno sobre otro, veo la verdadera fuerza de esta secci\u00f3n, que para m\u00ed es la m\u00e1s interesante del poemario: el principio de honestidad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"4\">\n<li><\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con honestidad me refiero al momento en que <em>Tres historias<\/em> muestra los andamiajes de su propia operaci\u00f3n: el poema escrito sobre borrado. \u201cRescritura de un poema de a\u00f1os atr\u00e1s\u201d es un momento alto en este libro, ya que se permite a s\u00ed mismo exponer la ejecuci\u00f3n de su propia mirada en la figura del padre como palimpsesto. Este poema funde en una sola p\u00e1gina dos versiones de un escrito dedicado a la figura del padre. Es interesante ver c\u00f3mo la versi\u00f3n actualizada del poema, mediante un proceso de elisi\u00f3n de ciertas im\u00e1genes y palabras adjudicadas al padre, reprime y contrae su figura. Pasa de expresar la voz ajena del progenitor a solo la reacci\u00f3n ante el regalo que este le hace: \u201c\u00c9l insist\u00eda en regalarme\/ ventanas rotas para mi cumplea\u00f1os\/ tierra in\u00fatil dec\u00eda\u201d en el poema actualizado, cuando en su versi\u00f3n original, la imagen del padre tiene un rol de voz presente, due\u00f1o de su propia primera persona: \u201cMira, dec\u00eda, mira, hay mil ventanas que son de oro. \/Qui\u00e9bralas, pues son lo \u00fanico que tengo\u201d. La figura de la ventana es crucial, cabe en la insistencia de la barrera entre la imagen y la representaci\u00f3n, es aquello que separa el afuera del adentro, de sujeto y el objeto y de la experiencia real del mundo con este registro del recuerdo. Decir que el padre es quien moviliza la imagen de las ventanas, como heredando una mirada, podr\u00eda ser una de varias lecturas. Considerando tambi\u00e9n que, en el poema anterior, la ventana era la \u00fanica entrada de lo real.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luego, aparece la serie de \u201cPoema a mi madre\u201d, una composici\u00f3n de seis poemas titulados de la misma manera y los cuales, a mi parecer, ser\u00edan el momento m\u00e1s fuerte del libro. Estos poemas lidian con la confesi\u00f3n y el di\u00e1logo, y su belleza recae en el hecho de que las im\u00e1genes del recuerdo desbordan el af\u00e1n creador de la voz en las primeras partes del poemario. Con esto me refiero a que la intimidad de su registro (y hay que decirlo, Roberto escribe estas intimidades con una delicadeza admirable) permite que el recuerdo ocupe su lugar no como un material o como propiedad del ni\u00f1o, sino como una irrupci\u00f3n de una imagen concreta del conflicto afectivo que exige la repetici\u00f3n constante del ejercicio: \u201cRecuerdo algunas cosas\/ mam\u00e1\/ la textura del papel sobre las paredes\/ esas flores porosas a\u00f1o a a\u00f1o\/ perdiendo color en vez de hojas\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La repetici\u00f3n actualiza sus im\u00e1genes, es la construcci\u00f3n constante de una diferencia y de la imposibilidad de esta identificaci\u00f3n. La fuerza de estos poemas est\u00e1 en que est\u00e1n escritos en voz baja. Son marcas de un tiempo fr\u00edo e indiferente que hace de campo para las expresiones del afecto, sea cual sea la forma que estas tomen (\u201c\u00bfc\u00f3mo haces para ser tan muda y ruidosa?\u201d).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya sea en el padre, en la madre o en el silencio que queda entre ambos, en este punto del poemario la memoria y el tiempo aparecen como cosas distintas. Una memoria fundacional de s\u00ed, pero que no se confunde con el tiempo de los objetos: cada identidad es contingente y responde a la voz donde hace eco. En este sentido, vemos como el tiempo satura el registro de la memoria, haciendo el encuentro con este origen algo imposible: \u201cYo me voy pensando estas cosas mientras\/ abandono una casa\/ me pregunto\/ qu\u00e9 se deja cuando se deja una casa\/ tu voz atr\u00e1s: no entiendo por qu\u00e9 te gusta repetir dos veces\/ las cosas\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">5.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el t\u00e9rmino de la segunda secci\u00f3n, mediante la articulaci\u00f3n de diferentes objetos y espacios, da la sensaci\u00f3n de que la madre envejece, que depende cada vez m\u00e1s del hijo. Por su lado, leo un tono de resignaci\u00f3n aparente en esta simbiosis. Lo que fue elidido del padre, en la madre se sostiene en la estela que ella deja en los objetos que se crean en la mirada del hijo. El dios con min\u00fascula pierde el control de la narrativa y termina la secci\u00f3n con una silueta mucho m\u00e1s vulnerable que al inicio. El umbral entre esta etapa del libro y la que sigue, \u201cHistoria de amor\u201d, es el momento donde entiendo una de las dimensiones m\u00e1s notables del texto. Me parece, mientras leo, que el poema se levanta entre los lindes de una voz y otra. Cuando Roberto toma estas palabras y las enfoca con el af\u00e1n de conformar la imagen de un ser querido, pienso en las formas en que Frank O\u2019Hara manifestaba sus poemas como \u201centremedio de dos personas en vez de entre dos p\u00e1ginas\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al mismo tiempo, el estadounidense dice que esta operaci\u00f3n no tiene nada que ver con la intimidad. Pienso que con el primer verso de esta secci\u00f3n (\u201cPartir decidido a que estas palabras vayan a una \u00fanica persona\/ es el enga\u00f1o\u201d) anuncia el artificio: el Otro como reproducci\u00f3n de uno mismo. Este otro puede gozar del nombre propio, de la dedicatoria, pero en el ejercicio mismo de la imagen, lo que queda es la repetici\u00f3n de la distancia inefable que supera el fin de la personalidad y la convierte en aparici\u00f3n y desaparici\u00f3n (\u201centrar y salir\/ primer paso del amor\u201d). La ventana que reviste la mirada es la memoria misma. Como una pantalla que reproduce los andamios de las relaciones, se articula un sistema de s\u00ed y algo como la producci\u00f3n del ego se moviliza constantemente: \u201c[\u2026]- que importa\/ pues para los efectos de esta pintura que sugiere una repetici\u00f3n\/ \u00fanica en sus detalles\/ todo d\u00eda comienza con el sol y se plastifica en el movimiento\u201d). Y as\u00ed como \u201cTodos estos peque\u00f1os videos\/son los materiales de una pel\u00edcula\/ que en la torpeza del montaje\/ permite ver a los actores fumando\/ y comentando el clima\u201d, la desnudez de este sistema nos permite entender la conclusi\u00f3n de su operaci\u00f3n: la fatalidad del origen, de la identidad y finalmente, del recuerdo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por\u00a0<strong>Daniel Ahumada<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"356\" height=\"552\" class=\"alignleft size-full wp-image-3147\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/Captura-de-Pantalla-2022-01-02-a-las-20.52.58.png\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/Captura-de-Pantalla-2022-01-02-a-las-20.52.58.png 356w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/Captura-de-Pantalla-2022-01-02-a-las-20.52.58-193x300.png 193w\" sizes=\"auto, (max-width: 356px) 100vw, 356px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tres historias<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Roberto Ib\u00e1\u00f1ez Ric\u00f3uz<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2020<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">C\u00e1stor y P\u00f3lux<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0No recordamos. Reescribimos la memoria tanto como se reescribe la historia. \u00a0Chris Marker Leo el t\u00edtulo de la primera secci\u00f3n de Tres historias, nombrado sutilmente como \u201cLas cosas\u201d, e inevitablemente se me adelantan las premisas de Williams Carlos Williams, su acercamiento estricto y m\u00ednimo frente a la materia de la vida, ese intento honesto de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":56,"featured_media":3150,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[443],"tags":[],"class_list":["post-3146","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-resena"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3146","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/56"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3146"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3146\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4354,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3146\/revisions\/4354"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3150"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3146"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3146"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3146"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}