{"id":3113,"date":"2021-12-28T13:31:25","date_gmt":"2021-12-28T16:31:25","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=3113"},"modified":"2021-12-28T13:49:34","modified_gmt":"2021-12-28T16:49:34","slug":"control-de-pestes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2021\/12\/28\/control-de-pestes\/","title":{"rendered":"Control de pestes"},"content":{"rendered":"<div class=\"page\" title=\"Page 1\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Look at Dionysos, plucked prematurely from his doomed mother\u2019s womb and sewn up in the thigh of Zeus to be born again later. Life is a rehearsal for life<\/em>.<br \/>\nAnne Carson, I wish I were two dogs then I could play with me<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"layoutArea\" style=\"text-align: justify;\">\n<div class=\"column\">\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La temporada de coyotes estaba por terminar y la mayori\u0301a de los cazadores se habi\u0301an retirado con la llegada del fri\u0301o; adema\u0301s, solo quedaban unos di\u0301as para que se acabara el permiso municipal. Alli\u0301 en la llanura apenas se escuchaba el forcejeo seco de las plantas y del polvo que intentaba remolinos quebrados, insuficientes. Como la mayori\u0301a de los cazadores saben, el llamado de los coyotes tiene la particularidad de ser engan\u0303oso, pues dada su extran\u0303a frecuencia y amplitud de onda, hace parecer que el animal esta\u0301 en otro lugar del que realmente se encuentra. De esta manera, una manada dispersa puede ser omnipresente, llegando incluso a volar por los aires o sumergirse en cavernas imaginarias. Por supuesto, las disposiciones de a\u0301nimo en un escenario como este pueden llegar a ser, por decirlo de alguna manera, complejas.<\/p>\n<p>Un di\u0301a cualquiera comenzaba cuando la luz atravesaba la carpa y la iluminaba en todos sus costados. Si bien es cierto que es una manera tranquila de despertar, al cabo de un tiempo la ausencia de sombras en madrugada terminaba en una indiferencia hacia el inicio del di\u0301a, tan plano y sin anuncios ni sinuosidades. Adema\u0301s, los coyotes suelen ser animales de crepu\u0301sculo o incluso nocturnos, por lo que las man\u0303anas de un cazador suelen ser aburridas. En esas horas uno ma\u0301s que nada observa sin mirar, recuerda logros y hazan\u0303as futuras, afila cuchillos que nunca usara\u0301, prepara desayunos en hornillas cansadas. A veces, a la distancia, uno quiere creer que una humareda proviene de otro cazador, pero la verdad es que nunca podra\u0301 comprobarlo. Los cazadores debemos ser solitarios; la amistad genera ruidos, olores, inconveniencias y silencios que solo alejan a la presa. En otras palabras, ante la presencia del otro, ambos debieran dar la vuelta, ya que un enfrentamiento solo conlleva el ahuyentar.<\/p>\n<p>Para muchas culturas indi\u0301genas norteamericanas, el coyote es un ser mitolo\u0301gico que posee cualidades antropomo\u0301rficas y forma parte de la creacio\u0301n del mundo. Los Navajo hablan incluso de que existe una \u201cenfermedad coyote\u201d que afecta a quien mata alguno de estos animales o tan solo llega a observar el cada\u0301ver de uno de ellos. Para dar solucio\u0301n a la afeccio\u0301n, uno debe participar de un ritual en donde se canta y se conoce al dios Coyote en persona, quien es un avieso embaucador y suele forzar jugarretas a sus interlocutores. El fin de toda esta discusio\u0301n divina radica en pedir perdo\u0301n por el dan\u0303o provocado a las \u201cPersonas Coyote\u201d, quienes son representados por su aparicio\u0301n tote\u0301mica. No tengo claro si es que esto siempre funciona, pero me imagino que no.<\/p>\n<p>Si bien admito que no he cazado muchos coyotes en mi vida, en el intento si\u0301 me he enfermado en varias ocasiones. Las heladas son cambiantes y la soledad del cazador esta\u0301 llena de resfri\u0301os y resacas; horas sin nombre en que la voluntad se apena de los logros incumplidos, pero que secretamente tambie\u0301n se alegra de ello, descansando en su inutilidad momenta\u0301nea, llena de mocos. En ese estado he mirado a muchos coyotes pasar de largo, ellos mira\u0301ndome por algunos segundos con sus ojos amarillos, intuye\u0301ndome con indiferencia, descartando peligros como se despreocupa uno de un cactus lejano. Las nubes suelen ser escasas en esos di\u0301as. La luz del atardecer las vuelve viola\u0301ceas y sangrientas, temerosas ante aullidos lejanos que surgen junto a la completa confusio\u0301n de sus ubicaciones.<\/p>\n<p>Fue en unas de esas tardes en que lo vi, a lo lejos.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"page\" style=\"text-align: justify;\" title=\"Page 3\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>&#8230;<\/p>\n<p>La municipalidad paga trescientos pesos por coyote macho y quinientos por hembra. Los cachorros no suelen valer mucho y solo sirven para sumar un par de botellas de cerveza al boti\u0301n; desde que los lobos ahuyentaron a los coyotes de Norteame\u0301rica y estos arrancaron hacia el sur, muchas personas se han convertido en cazadores. De un momento a otro, los trabajos de oficina se habi\u0301an acabado y la agricultura estaba dominada por las grandes corporaciones, por lo que quedaba probar suerte con la muerte, siempre amable proveedora. Declarados como \u201cpeste\u201d, los coyotes se estaban comiendo mascotas, destrozando basureros y volviendo loca a la gente con sus aullidos interdimensionales. Nadie sabi\u0301a que\u0301 hacer. Animalistas de todo el mundo llamaban a adoptarlos, a crear instancias de convivencia con ellos, pero la sangre de un par de nin\u0303os cerro\u0301 el acuerdo: el hecho ocurrio\u0301 en un conjunto inmobiliario ubicado dentro de un club de golf que quedaba en medio de las praderas suburbanas y en donde un par de hermanos gemelos jugaban a los vaqueros en el patio trasero de su casa, cuando fueron acorralados por una manada que se comio\u0301 sus tripas ahi\u0301 mismo, mientras su madre cocinaba un pastel de papa. La conmocio\u0301n fue inmediata, esto teni\u0301a que terminar ahora mismo y la gente comenzo\u0301 a cazarlos por todos lados, se reuni\u0301an en multitudinarias hordas para perseguirlos por la ciudad, por la estepa e incluso ma\u0301s alla\u0301. Desde temprano se escuchaban los can\u0303onazos de las escopetas, los arranques y carreras de autos todoterreno, los gritos de los victimarios y el silencio de los animales. Todo hasta que los coyotes escaparon al desierto y comenzaron un aullido polie\u0301drico que duro\u0301 por semanas, quiza\u0301 meses. Los cazadores nunca supieron lo que los golpeo\u0301, o ma\u0301s bien disparo\u0301. Para sorpresa de varios, los millares de cazadores amateurs que poblaron la vastedad del desierto terminaron mata\u0301ndose entre si\u0301. Era como si los coyotes supieran perfectamente donde se escuchari\u0301a su aullido y lo pusieran justo sobre quienes los asechaban, los cuales disparaban a mansalva, orgullosos de su necesario e inminente e\u0301xito, para tan solo luego darse cuenta de que habi\u0301an asesinado a su vecino. Muchos terminaron muertos o mutilados y otros tras las rejas, mientras el problema de los coyotes segui\u0301a en pie para el municipio, por lo que emitieron un gran llamado oficial para cazadores profesionales disponibles, entre los que me encontraba yo. La historia de co\u0301mo me converti\u0301 en uno no tiene importancia, asi\u0301 como la historia de co\u0301mo alguien termina de leer un cuento tampoco.<\/p>\n<p>La tarde en que lo vi, la noche se demoro\u0301 en llegar. La luna entregaba una visibilidad insuficiente y los coyotes lo sabi\u0301an, silenciando la llanura con sus llamados. El secreto para cazarlos era no pensar en ellos, confiar en la casualidad de un encuentro, del camino truncado para alguna de las partes. Si\u0301 uno los persegui\u0301a, si acechaba sus pisadas en el polvo e intentaba adivinar grun\u0303idos entre las yaretas, el fracaso era inevitable. Los coyotes siempre estara\u0301n donde se olvide la ausencia, en donde el extravi\u0301o permita la conclusio\u0301n. En este caso no fue distinto.<\/p>\n<p>Salvo en la e\u0301poca de cri\u0301a, los coyotes suelen dormir a cielo abierto. Sus manadas llegan a alcanzar hasta seis integrantes adultos y son liderados por una pareja de alfas, con quienes la mayori\u0301a mantienen algu\u0301n tipo de parentesco; solo cuando buscan alimentos es que se separan y cazan en solitario, comunicando sus posiciones a trave\u0301s de los aullidos. Nadie tiene muy claro co\u0301mo es que leen la confusio\u0301n. Los estudios cienti\u0301ficos arrojan que las tonalidades y vibraciones son las mismas cuando avisan su ubicacio\u0301n a su grupo que cuando intentan confundir a sus depredadores. Mediante una especie de sentido comu\u0301n coyote, logran conocer un lenguaje subterra\u0301neo e indefinido que les permite sobrevivir ante su hambre y la ajena. En otras palabras, los coyotes conocen las sombras. De hecho, lo primero que vi en esa u\u0301ltima tarde fue una sombra. En un principio pense\u0301 que se trataba de alguien ma\u0301s, quiza\u0301 hasta de un coyote humano, esos que cruzan inmigrantes entre las fronteras, pero lo que era inidentificable emitio\u0301 entonces una serie de sonidos distintivos que me dio a entender de que se trataba de un coyote (aparte de sus aullidos ubicuos, estos animales emiten hasta once tipos de sonidos distintos, utilizados para diversas situaciones). Mi estupor era tal que me provoco\u0301 un segundo estupor ante el primero. Tras semanas o quiza\u0301s meses esperando en medio de la nada, por fin vei\u0301a un ejemplar. Si todo sali\u0301a bien, podri\u0301a cazarlo y obtener una recompensa que me permitiri\u0301a volver a la ciudad, por lo menos por algunas semanas: lo primero que hari\u0301a seri\u0301a pagar algunas deudas, renovar mi carpa y disfrutar de un buen pedazo de carne con papas fritas y una botella de vino. Quiza\u0301 hasta pediri\u0301a postre. Luego de eso me iri\u0301a caminando por las calles de la ciudad, tranquilo, indiferente a todo, con una sonrisa de oreja a oreja, conocedor de una pequen\u0303a victoria ano\u0301nima.<\/p>\n<p>Con el mayor sigilo posible, levante\u0301 el arma y apunte\u0301 hacia el coyote. Las nubes se dispersaron con dramatismo mientras la incipiente luz lunar ten\u0303i\u0301a todo con un halo intermitente, chirriante. El desierto temblaba con ecos subterra\u0301neos, imperceptibles. El viento esperaba expectante y la tierra oli\u0301a meta\u0301lica, quemada. El disparo fue seco, acortado por la inminencia. Solo cuando todo volvio\u0301 a la normalidad y los aullidos continuaron a lo lejos, pude ver que una bala habi\u0301a atravesado mi pie izquierdo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por <strong>Pablo Reyes<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Look at Dionysos, plucked prematurely from his doomed mother\u2019s womb and sewn up in the thigh of Zeus to be born again later. Life is a rehearsal for life. 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