{"id":2986,"date":"2021-11-23T12:55:59","date_gmt":"2021-11-23T15:55:59","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=2986"},"modified":"2021-11-24T00:26:15","modified_gmt":"2021-11-24T03:26:15","slug":"una-presencia-que-persiste-sobre-el-libro-de-los-muertos-de-muriel-rukeyser","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2021\/11\/23\/una-presencia-que-persiste-sobre-el-libro-de-los-muertos-de-muriel-rukeyser\/","title":{"rendered":"Una presencia que persiste. Sobre El libro de los muertos, de Muriel Rukeyser"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">1.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nac\u00ed y me cri\u00e9 en Rancagua, una ciudad minera. La mayor\u00eda de la gente vieja de ah\u00ed trabaj\u00f3 o tuvo alg\u00fan v\u00ednculo directo con la mina. Mis abuelos paternos, por ejemplo, son de Caletones. Un campamento que quedaba hacia la cordillera. En ese entonces, cuando ellos nacieron y mientras crec\u00edan, compa\u00f1\u00edas gringas administraban los yacimientos y las faenas. Mi abuela quer\u00eda mucho a los gringos. Dec\u00eda que ellos hac\u00edan casas para todos, y en las sedes sindicales, que ten\u00edan bares y mesas de pool, se celebraban fiestas enormes para a\u00f1os nuevos y navidades. Contaba que, para estas \u00faltimas, las ni\u00f1as y ni\u00f1os recib\u00edan juguetes coloridos y articulados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Eventualmente, los campamentos fueron cerrando y los gringos comenzaron a irse con el proceso de nacionalizaci\u00f3n del cobre. Las cosas cambiaron: los mineros y sus familias recibieron casas en barrios nuevos y relativamente c\u00e9ntricos. Mis abuelos vivieron en una casa de una poblaci\u00f3n llamada El Manzanal hasta que mi abuelo jubil\u00f3 y se fueron a vivir al campo. Mi pap\u00e1, mis t\u00edos y mis primos se criaron ah\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Manzanal no era el \u00fanico lugar que recibieron las personas dedicadas a la mina: para los jefes estuvo la Jard\u00edn Oriente; para otros obreros la Villa Teniente y eventualmente tambi\u00e9n se construy\u00f3 la Poblaci\u00f3n Las Viudas. Quien conozca Rancagua probablemente habr\u00e1 pasado por Las Viudas: una hilera de casas bajas, amarillas y de fachada continua, que est\u00e1n a un costado del ex regimiento \u2013ahora villa Los Poetas\u2013 casi llegando a Membrillar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ten\u00eda ocho o nueve a\u00f1os cuando le pregunt\u00e9 a mi pap\u00e1 por esas casas. \u00c9l me coment\u00f3 que las hab\u00edan hecho para las mujeres que hab\u00edan enviudado tras un accidente en el que murieron muchos mineros. La historia, como \u00e9l me la cont\u00f3, no me pareci\u00f3 muy intrigante. En las ciudades mineras se sabe que los mineros mueren todos los d\u00edas. Luego le pregunt\u00e9 a mi abuela. Ella me dijo que ese d\u00eda toda la ciudad se hab\u00eda llenado de humo, que sal\u00eda humo por las tapas del alcantarillado y que, en algunas zonas, tambi\u00e9n hab\u00eda fuego. \u00abMurieron cientos de personas\u00bb, me dijo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ese incidente, que despu\u00e9s bautizaron como <em>La tragedia del humo<\/em>, es el peor accidente que ha ocurrido en la historia de las minas metal\u00edferas. Los hechos son estos: era 1945 y la mina El Teniente todav\u00eda era propiedad de la Braden Copper Company, los gringos. El 19 de octubre, temprano en la ma\u00f1ana, hay un derrame de aceite en el nivel Teniente 1. Poco despu\u00e9s el aceite se prendi\u00f3 y se empez\u00f3 a comer un revestimiento. El fuego no fue el problema, fue el humo: se propag\u00f3 por varios niveles de la mina, que ten\u00eda un sistema de ventilaci\u00f3n m\u00e1s que deficiente, y murieron 355 obreros asfixiados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hoy mi abuela est\u00e1 muy enferma, y ya no puedo recurrir a su palabra para que me cuente m\u00e1s sobre el d\u00eda del accidente, pero s\u00ed hay algunos registros antiguos. En esas im\u00e1genes en blanco y negro se ve desde lejos un cerro lleno de hoyos. Por todos escapa un humo negro y denso. La gente, dicen, miraba esa Babel humeante desesperada. Pasaron horas y pasaron d\u00edas, y cuando el di\u00f3xido de carbono fue, por fin, totalmente ventilado, la gente volvi\u00f3 a la mina. Entraban con carros de carga vac\u00edos y los sacaban llenos de cuerpos. Casi todos salieron por los sectores Punta de rieles y Romana. Mientras los sobrevivientes iban ordenando los cad\u00e1veres en el piso, las personas hac\u00edan fila en la entrada y preguntaban por sus maridos, hermanos, amigos, padres e hijos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dicen que, para sobrevivir, algunos mineros m\u00e1s cercanos al exterior corrieron por rutas que se sab\u00edan de memoria, o abrieron accesos de aire que ayudaron a ventilar peque\u00f1os sectores de la mina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de sacar todos los cuerpos, los subieron hasta Sewell, donde viv\u00eda la mayor\u00eda. Sub\u00edan los cuerpos, tapados con s\u00e1banas, entre cuatro personas por esa ciudad de escaleras nevadas. En Sewell se celebraron homenajes y se hicieron transmisiones donde se relataba la tragedia. Despu\u00e9s de las largas ceremonias de despedida, volvieron a bajar a los muertos hasta el cementerio N\u00ba2 de Rancagua, donde muchos de ellos siguen enterrados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A pesar de haber registros de la tragedia, son m\u00e1s bien pocos: lo primero que uno encuentra al googlear es una p\u00e1gina de Wikipedia, y un video hecho el 2001 por el sindicato de trabajadores de El Teniente. En el video muestran la historia de la mina: hombres con trajes maltrechos y sombreros de ala ancha que, en 1905, comenzaban a llenar carretas con tierra, mientras excavaban en el yacimiento. El relato llega hasta el 2001, donde entrevistan a las pocas viudas a\u00fan vivas, y a un sobreviviente de La tragedia del humo. Las viudas buscan significados inusuales en todo lo que recuerdan de ese d\u00eda: \u00ab\u00e9l me dio la mano y me dijo que me quer\u00eda. Yo le dije que no hablara leseras. Pero al final no volvi\u00f3. Yo no sab\u00eda, pero se estaba despidiendo\u00bb. Gestos de otro tiempo que, ellas creen, dan cuenta de lo que estaba por venir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El sobreviviente describe el d\u00eda con una naturalidad y una practicidad escalofriantes: \u00abyo sab\u00eda que estaba cerca de una salida, as\u00ed que con unos colegas corrimos para all\u00e1 no m\u00e1s. Pero s\u00ed, se muri\u00f3 harta gente\u00bb. En una transmisi\u00f3n radial que se hizo el d\u00eda de los funerales, el locutor dice: \u00ab355 almas que se re\u00fanen rumbo al cementerio, que se multiplican en miles de l\u00e1grimas revueltas, en miles de corazones desgarrados por la p\u00e9rdida de alg\u00fan esposo, padre, amigo, hijo, compa\u00f1ero. Sewell entero se visti\u00f3 de negro. Ahora es un mero recuerdo, y Sewell ahora est\u00e1 en silencio. Pero el infierno no se ha ido. Est\u00e1 all\u00e1 adentro, esperando\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El esc\u00e1ndalo, por supuesto, se supo en todo Chile, y el \u00fanico m\u00e9todo de reparaci\u00f3n de parte de la Braden Copper Company fue comprometerse a reforzar los protocolos. Ahora hacen, cada cierto tiempo, capacitaciones para enfrentar crisis de seguridad. Eso, y unas casas amarillas y de fachada continua que pusieron cerca de Membrillar. Bautizaron al barrio como Poblaci\u00f3n Fundaci\u00f3n O\u2019Higgins, pero r\u00e1pida y naturalmente pas\u00f3 a ser conocido como Poblaci\u00f3n las Viudas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Braden Copper Company sigui\u00f3 al mando m\u00e1s de veinte a\u00f1os despu\u00e9s de la tragedia, hasta que esos yacimientos de cobre se nacionalizaron el \u201867. No hubo nada cercano a una ira colectiva, ni a una escandalosa paralizaci\u00f3n que pusiera en jaque a los due\u00f1os de la mina. Tampoco libros, pel\u00edculas o documentales que hagan que ese suceso persista fuera de las capacitaciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esto no se deb\u00eda, sin embargo, a una falta de inter\u00e9s sobre las paup\u00e9rrimas condiciones laborales de los trabajadores chilenos (apenas siete a\u00f1os antes hab\u00eda ocurrido la Matanza de seguro obrero), sino \u2013me atrevo a aventurar\u2013 a que no se conceb\u00edan los m\u00e9todos de producci\u00f3n art\u00edstica como una forma de registro y resistencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De haber tenido en Chile a una Muriel Rukeyser, el caso se habr\u00eda mantenido suspendido en la memoria colectiva. Habr\u00eda tomado esa reverberaci\u00f3n, esa latencia que ofrece un dispositivo como el poema. Dejando de lado la afectaci\u00f3n sensible que define a algunos autores, ella hubiese sido capaz de poner por delante la tragedia, el testimonio y el ojo que, con la precisi\u00f3n de un lente pulido, hace un paneo sobre los restos del campo donde ocurrieron los hechos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es 1930. A\u00fan quedan quince a\u00f1os para que ocurra La tragedia del humo. La compa\u00f1\u00eda Union Carbide &amp; Carbon comienza con la construcci\u00f3n de una planta electrometal\u00fargica en Gayley Bridge, West Virginia. La planta necesita un suministro generoso de s\u00edlice para el electroprocesamiento del acero, as\u00ed que deciden hacer un t\u00fanel que permita extraer esos materiales. Los inicios de una crisis que durar\u00e1 una d\u00e9cada lleva a cientos de obreros negros a viajar desde el sur para pedir trabajo en la obra. All\u00ed cavan un agujero de cerca de cinco kil\u00f3metros de largo, donde respiran s\u00edlice con la nariz desnuda entre 10 y 15 horas al d\u00eda. Pasan los d\u00edas y, de a poco, van enfermando. Por esa \u00e9poca ya hay una idea, un peque\u00f1o esbozo sobre los peligros y consecuencias de la silicosis, pero no tienen permiso para dejar de trabajar. Tampoco hay mascarillas para los obreros, que tienen una paga de 25 centavos la hora, pero s\u00ed para la gerencia, que hace visitas de inspecci\u00f3n al t\u00fanel. A los obreros, adem\u00e1s, se les niegan los descansos y a veces los obligan a trabajar a punta de pistola.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A seis meses de iniciadas las obras, cerca de un 80% de los obreros que comenzaron con la excavaci\u00f3n ya est\u00e1n muertos, incapacitados o han renunciado. Los primeros en caer, unos 48 aproximadamente, son enterrados en fosas comunes. No tienen permitido ser enterrados en cementerios para blancos. Bautizan al suceso como <em>El desastre del t\u00fanel de Hawks Nest<\/em>. De manera paulatina comienzan a levantarse demandas, las familias de los obreros logran llevar a juicio a la Union Carbide &amp; Carbon. La noticia recorre el pa\u00eds y el desastre se gana la infame categor\u00eda de \u00abel peor desastre industrial en la historia de Am\u00e9rica\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s del juicio, la Union Carbide &amp; Carbon instala una placa conmemorativa que lamenta la muerte de 106 trabajadores a causa de la silicosis. Una audiencia del Congreso, en cambio, asegura que fueron m\u00e1s de 470. Hasta el d\u00eda de hoy no hay cifras exactas. Muchos trabajadores volvieron al sur tras enfermarse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Seis a\u00f1os despu\u00e9s de que los obreros comenzaran a enfermarse de silicosis, una Muriel Rukeyser de 22 a\u00f1os lleg\u00f3 junto a la fot\u00f3grafa Nancy Naumburg a Gauley Bridge. Su objetivo era obtener un registro de lo que pas\u00f3 en el t\u00fanel de Hawks Nest. Encauzar la historia a partir del poema. As\u00ed es como nace <em>El libro de los muertos<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abEstas rutas te llevar\u00e1n a tu propio pa\u00eds\u00bb, dice el poema <em>El camino<\/em>, que abre <em>El libro de los muertos<\/em>. Rukeyser da cuenta, de manera temprana, de que la voz de la poeta es una herramienta que guiar\u00e1 a los lectores en el enfoque de la mirada. Un dedo que apunta el lugar donde ocurrieron los hechos, como queriendo decir \u00abesto es Hawks Nest. Esta es la historia de este t\u00fanel\u00bb. Sin embargo, con la misma seguridad con que apunta, Rukeyser tambi\u00e9n da a entender que su voz no es un veh\u00edculo para la denuncia, el reclamo, ni una voz que adopta el dolor enajenante de las familias de los muertos ni sus sobrevivientes. Es, m\u00e1s bien, el espacio virtual donde las voces pueden comenzar a dialogar entre s\u00ed. Arma una carpeta a partir de fragmentos. <em>El libro de los muertos <\/em>es un mapa que traza los caminos de ese pa\u00eds en que los obreros mor\u00edan de silicosis mientras intentaban sobrevivir a la Gran Depresi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De manera prolija, dial\u00e9ctica, y con constantes referencias a <em>El libro egipcio de los muertos<\/em>, Rukeyser ampl\u00eda lo que es usualmente catalogado como <em>lenguaje po\u00e9tico<\/em>. Los primeros poemas del libro pueden leerse como una especie de enso\u00f1aci\u00f3n: el origen del viaje de los obreros hasta West Virginia mientras buscan trabajo durante la crisis. Sin estetizar sus dificultades o miserias, el terreno les ofrece a los obreros r\u00edos que desembocan, libres, hacia un mar que parece desconocido. Un trabajo entre prados verdes, donde la luz se filtra entre los \u00e1rboles, y las piedras alisadas permiten que el agua caiga rauda hacia las pozas. Hasta parece una especie de contrapunto: en esa tierra que pretende belleza y bondad tambi\u00e9n ocurre la desgracia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Basta avanzar un poco para que ese terreno se plague de nombres. El relato de <em>El libro de los muertos<\/em> no pertenece a la poeta, ni al espacio, ni siquiera a los sucesos ocurridos en el t\u00fanel de Hawks Nest. El relato pertenece a los muertos que lo pueblan. Desde ese momento, Rukeyser enmarca la acci\u00f3n en la duda y el dolor de sus protagonistas: los siguientes poemas se arman en base a testimonios y transcripciones literales de di\u00e1logos que ocurrieron al mismo tiempo que el juicio en contra de la Union Carbide &amp; Carbon. La poeta transcribe, hace pausas. Sin la necesidad de que sea ella quien revele contextos dolorosos y desgarradores, permite que el relato se abra a partir de la conversaci\u00f3n. Rukeyser posiciona a sus lectores en las grader\u00edas del di\u00e1logo, mueve las piezas necesarias para dilucidar lo que el poema y el testimonio, como unidades convalidantes, exigen que deba revelarse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las im\u00e1genes desoladoras de <em>El libro de los muertos <\/em>nacen a partir de la sobriedad de la palabra hablada, recogida y reproducida, no del \u00e1nimo creativo ni el temple sensible de Rukeyser. Ella permite que en sus poemas dialoguen a sus anchas los testimonios de las viudas, sobrevivientes y expertos del juicio contra la compa\u00f1\u00eda. As\u00ed, ella convierte al documento en la materia prima del poema. En el caso de <em>El libro de los muertos<\/em>, lo que echa a andar la imaginaci\u00f3n no es el lenguaje, sino el imaginario al que se accede a trav\u00e9s de este. La propuesta de Rukeyser exhibe una intenci\u00f3n voluntariosa y apasionada de exhibir los hechos, incluso cuando el poema es creado en base a la transcripci\u00f3n de un documento legal o los antecedentes m\u00e9dicos de uno de los obreros del t\u00fanel. Para esto, la poeta hace uso de un montaje y signos ling\u00fc\u00edsticos at\u00edpicos en la construcci\u00f3n formal de un testimonio. Rukeyser fricciona las voluntades de sus protagonistas sin comprometerlas con los hechos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con la sensibilidad y el tacto del montaje f\u00edlmico, <em>El libro de los muertos<\/em> dispone libremente de una sencillez natural, a pesar de la densidad de su contenido. El lente, al final, se mueve hacia los lugares del suceso. Para esto, la poeta se vale de los usos de la imagen: quien lee ya no se expone solamente a un suceso, sino a una serie de capas donde sus protagonistas se mueven, dicen y desdicen. Rukeyser propone, mediante esta estructura, una nueva manera de concebir la experiencia a trav\u00e9s de una escritura que tiene un v\u00ednculo directo y claro con las formas variadas de percibir los sucesos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gracias a su propuesta sobre las posibilidades de la imagen, que se mantiene fresca casi un siglo despu\u00e9s, Rukeyser construye un entramado donde los sucesos se presentan ante el lector con una claridad emocionante. En <em>El libro de los muertos<\/em>, el poema no es un espacio de indeterminaci\u00f3n que est\u00e1 mediado por la disposici\u00f3n sensible que se genera entre productor y lector. Es un lugar virtual que, a partir de personas e im\u00e1genes vivas, genera un entramado de relaciones. Este entramado, a su vez, puede llegar de manera demoledora a quien se enfrente al libro de manera directa y llana, pero tambi\u00e9n ofrece las mismas posibilidades discretas de los otros lenguajes po\u00e9ticos. Est\u00e1 plenamente presente, por ejemplo, el remez\u00f3n de las im\u00e1genes enrarecidas. Un ejemplo de esto es el poema <em>Absalom<\/em>, que expone el entrecortado testimonio de una mujer que ha perdido a su esposo y a sus tres hijos por culpa de la silicosis, y est\u00e1 determinada a demandar a la compa\u00f1\u00eda que los meti\u00f3 a una mina sin una sola mascarilla. En el poema, asegura: \u00abHe ganado el dominio sobre mi coraz\u00f3n\/ He ganado el dominio sobre mis dos manos\/ He ganado el dominio sobre las aguas\/ He ganado el dominio sobre el r\u00edo\u00bb. Las voces de Rukeyser y la entrevistada conversan para dar cabida a una nueva forma de di\u00e1logo po\u00e9tico. Esta conversaci\u00f3n se ve beneficiada por la decisi\u00f3n de la poeta de exhibir los nombres de las v\u00edctimas en el libro, pues los aleja de la posibilidad de una caricaturizaci\u00f3n o una ficci\u00f3n lastimera. Aqu\u00ed las v\u00edctimas tienen nombre, rostro e historia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las posibilidades de la imagen po\u00e9tica se ampl\u00edan cuando la poeta propone ese panorama extendido de testimonios y sucesos, junto a los participantes que lo componen. Uno, como lector, ve a los obreros cavando el t\u00fanel con movimientos que revelan el v\u00ednculo entre el agotamiento del trabajo f\u00edsico y la enfermedad. Rukeyser, sin embargo, abre a\u00fan m\u00e1s esa lectura al asegurar que \u00abParec\u00eda que alguien rociaba harina por los parques y arboledas,\/ se impregnaba y la lluvia no pod\u00eda sacarla y centelleaba\/ ese polvo blanco se ve\u00eda realmente notable sobre nuestros tobillos\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No importa si estas im\u00e1genes est\u00e1n introducidas o no alrededor de los testimonios, ni si tienen un v\u00ednculo directo con la realidad, pues lo real en estos poemas no es lo importante. Rukeyser no propone en <em>El libro de los muertos<\/em> una denuncia escrita en clave po\u00e9tica, sino la exhibici\u00f3n de un espacio y de una larga lista de sensibilidades que son capaces de conversar entre s\u00ed para construir un suceso, con sus luces y sus sombras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">5.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alguna vez George Oppen, poeta contempor\u00e1neo a Rukeyser, asegur\u00f3 que la poes\u00eda en clave pol\u00edtica no funcionaba, pues no serv\u00eda al motivo de su combate. Para dar un ejemplo, dec\u00eda que uno no tocar\u00eda el viol\u00edn mientras la casa del vecino se quema. Y, en caso de hacerlo, tocarlo mal har\u00eda que todo fuese a\u00fan peor. Rukeyser se enfrenta indirectamente a estas ideas. Ella logra en <em>El libro de los muertos<\/em> una poes\u00eda que es \u00fatil en la vida civil, pues funciona como un testimonio suspendido de quienes viven un suceso. Rukeyser no toca el viol\u00edn, porque no es su incre\u00edble desplante t\u00e9cnico, ni su capacidad de reproducci\u00f3n lo que hace que el lector se quede en el poema, lo desgrane, vuelva a \u00e9l y busque los nombres de sus protagonistas en internet. Lo que ella hace es integrar la experiencia ajena y la escritura, y les permite convivir en un espacio al que ella ha llamado poema. Para ella, la imagen es la experiencia palpable de la realidad, cuyo \u00fanico compromiso es ser compartida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">6.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Vuelvo a abrir <em>El libro de los muertos<\/em>. Pienso en Rancagua y los testimonios perdidos de todas las personas, sobrevivientes y cercanas, de quienes murieron en La tragedia del humo, y qu\u00e9 tan dispuestos estamos a que las l\u00e1pidas institucionales cuenten las historias de nuestros territorios. Preocupados de nuestro propio p\u00e1lpito sensible, creo que muchas y muchos escritores hemos dejado escapar al di\u00e1logo y al testimonio como esa ventana abierta al poema. El formato, a\u00fan novedoso que propone Rukeyser, funciona en base al o\u00eddo que un o una poeta pueden tener para la conversaci\u00f3n. A su manera de cabalgar los imaginarios ajenos y volverlos habitables para los otros. Algo que hemos podido reproducir muy poco, a pesar de que la poes\u00eda, a fin de cuentas, es una larga conversaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por\u00a0<strong>Maximiliano D\u00edaz<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"438\" height=\"650\" class=\"size-full wp-image-2989 alignleft\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/el_libro_de_los_muertos_tapa.jpeg\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/el_libro_de_los_muertos_tapa.jpeg 438w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/el_libro_de_los_muertos_tapa-202x300.jpeg 202w\" sizes=\"auto, (max-width: 438px) 100vw, 438px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El libro de los muertos<br \/>\nMuriel Rukeyser<br \/>\nEditorial USACH<br \/>\n2021<br \/>\n144 pp.<br \/>\nM\u00e1s informaci\u00f3n en https:\/\/libreria.editorialusach.cl\/el-libro-de-los-muertos<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. 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