{"id":2869,"date":"2021-10-29T12:12:09","date_gmt":"2021-10-29T15:12:09","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=2869"},"modified":"2021-10-29T12:24:26","modified_gmt":"2021-10-29T15:24:26","slug":"la-huella-imposible-de-la-infancia-perspectivas-de-la-memoria-en-la-narrativa-chilena-contemporanea","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2021\/10\/29\/la-huella-imposible-de-la-infancia-perspectivas-de-la-memoria-en-la-narrativa-chilena-contemporanea\/","title":{"rendered":"La huella imposible de la infancia: perspectivas de la memoria en la narrativa chilena contempor\u00e1nea"},"content":{"rendered":"<p class=\"p3\" style=\"text-align: justify;\">Como ya habr\u00e1n notado, el t\u00edtulo de este ensayo se arrastra a cierta experiencia que relata Walter Benjamin en su libro <i>Infancia en Berl\u00edn hacia 1900<\/i>. En uno de los tantos fragmentos que le componen, el narrador ni\u00f1o nos habla de su relaci\u00f3n intima con los libros. El recuerdo es fat\u00eddico, angustiante, en tanto su experiencia de lectura se enmarca en una b\u00fasqueda imposible, a prop\u00f3sito de las huellas que ha dejado, en \u00e9l, la totalidad del mundo: \u201cfrente a la ventana en el cuarto caliente, los remolinos de la nieve, all\u00ed fuera, me contaban cosas en silencio. Lo que me contaban no lo pude comprender nunca (\u2026) hab\u00eda llegado el momento de buscar, en el torbellino de las letras, las historias que se me hab\u00edan escapado\u201d (Benjamin 50). Naturalmente, para un adulto, siempre es dificultoso recordar con exactitud los pasos de la ni\u00f1ez. Los pedazos de la memoria suelen aparecer de forma difusa. Pero lo curioso aqu\u00ed es que, el propio ni\u00f1o narrador, en el mismo instante de la infancia, no logra comprender en qu\u00e9 consiste el lenguaje que le atraviesa. As\u00ed como alguna vez se\u00f1al\u00f3 San Agust\u00edn, la muerte, el nacimiento y, particularmente, la infancia, nos est\u00e1 velada, prohibida por la propia divinidad. Aquel Cristo ni\u00f1o, ciertamente, no existe m\u00e1s all\u00e1 del horizonte iconogr\u00e1fico. Su relato ha quedado sepultado, como la mayor\u00eda de los detalles de nuestra propia ni\u00f1ez.<\/p>\n<p class=\"p3\" style=\"text-align: justify;\">De todos modos, la imposibilidad de la memoria le permite a la literatura modelarse como aquella respuesta, o m\u00e1s bien como aquel paliativo capaz de apagar la angustia del olvido. Esto es, que frente al vac\u00edo que constituye a la infancia, solo queda la escritura, su trazado ficticio por el cual no solo intentamos rescatar aquel tiempo extraviado, sino tambi\u00e9n establecer ciertas condiciones para la felicidad. En la reconstrucci\u00f3n de la infancia no solo rescato escenas, m\u00e1s bien, las produzco, las imagino. Juego, entonces, a ser nuevamente aquel ni\u00f1o fascinado por el mundo: \u201cNuestra infancia nos fascina porque es el momento de la fascinaci\u00f3n, ella misma est\u00e1 fascinada, y esa edad oro parece ba\u00f1ada por una luz espl\u00e9ndida porque irrevelada, pero porque es extra\u00f1a a la revelaci\u00f3n, no tiene qu\u00e9 revelar, puro reflejo, rayo que no es sino la irradiaci\u00f3n de una imagen.&#8221; (Blanchot 28). En la escritura de la infancia intentamos simular la desaparici\u00f3n repentina de la consciencia. La relaci\u00f3n con los objetos es org\u00e1nica, muy pocas cosas est\u00e1n mediadas por la raz\u00f3n. Nuestros pies enterrados en el barro no sufren el rechazo del asfalto, m\u00e1s bien, se enlazan con la extensa profundidad de lo <i>otro<\/i>, as\u00ed como una mano se enlaza con la superficie de un juguete.<\/p>\n<p class=\"p3\" style=\"text-align: justify;\">Pero \u00bfC\u00f3mo fue que este periodo pudo acabarse? \u00bfEn qu\u00e9 momento tuvimos que abandonar aquel pa\u00eds de la infancia? Naturalmente, en el preciso instante en que descubrimos nuestra capacidad de hacer memoria. Esta tragedia, me parece, es lo que recorre tanto la escritura como la trama de las siguientes novelas. Estas son <i>Crin <\/i>(2021) de Rodolfo Reyes Macaya y <i>Ella estuvo entre nosotros<\/i> (2021) de Bel\u00e9n Fern\u00e1ndez Llanos. La raz\u00f3n por la cual escog\u00ed estas novelas es que, adem\u00e1s de que ambas descansan en la experiencia infantil, tambi\u00e9n proponen el mismo horizonte ineludible que est\u00e1 sugerido en Benjamin. Esto es que, sin importar los esfuerzos, en el instante en que nos sumergimos en la infancia, las cosas, en vez de aproximarse, se alejan como verdaderos animales asustados. La infancia, como tal, pareciera convertirse en la imagen absoluta de Blanchot: una dimensi\u00f3n imposible de alcanzar, en tanto todo lenguaje queda expulsado irrevocablemente.<\/p>\n<p class=\"p3\" style=\"text-align: justify;\">Tanto <i>Crin<\/i> como <i>Ella estuvo entre nosotros<\/i> comienzan sus respectivas narraciones desde el confort del n\u00facleo familiar, pero de inmediato, al continuar la lectura, nos damos cuenta de que este espacio est\u00e1 profundamente trastornado. En ambas novelas, el concepto de familia es puesto a la deriva por alguna especie de crisis. Es decir, aquello que da pie al colapso de la infancia es la interrupci\u00f3n de lo cotidiano: &#8220;lo cotidiano (\u2026) constitu\u00eda la materia prima de la experiencia que cada generaci\u00f3n le transmit\u00eda a la siguiente (&#8230;) Cada acontecimiento (\u2026), se volv\u00eda as\u00ed la part\u00edcula de impureza en torno a la cual la experiencia condensaba, como una perla, su propia autoridad.&#8221; (9). Lo que nota Agamben en esta cita es algo elemental para nuestro an\u00e1lisis, en tanto lo cotidiano es el territorio donde el ni\u00f1o ejerce su poder. En la repetici\u00f3n constante de los d\u00edas, el lenguaje como tal no debe mediar incisivamente la experiencia, ya que la relaci\u00f3n con el mundo est\u00e1 automatizada. Para hablar en t\u00e9rminos literarios, en lo cotidiano, el mundo est\u00e1 desprovisto de su extra\u00f1eza, aunque esto no significa, precisamente, que lo cotidiano sea un lugar seguro. M\u00e1s bien, aquel orden ilusorio se constituye como el escenario perfecto para que lo traum\u00e1tico haga su aparici\u00f3n.<\/p>\n<p class=\"p3\" style=\"text-align: justify;\">En <i>Cr\u00edn, <\/i>aquel evento fat\u00eddico consiste en lo siguiente: &#8220;Silvana (madre de la protagonista) se fue sin despedirse (&#8230;) Su rastro se perdi\u00f3; ninguna visita, ninguna llamada. S\u00ed un espacio en blanco que Cintia tuvo que llenar sin saber c\u00f3mo.\u201d (Reyes 12). Ahora, cabe hacer algunas acotaciones. El abandono de la madre no es, en estricto rigor, un fen\u00f3meno absoluto de la crueldad. Antes de que se marche, Cintia, su hija, la descubre por la noche llorando, desconsoladamente. Silvina desea volverse, a toda costa, una estilista famosa, pero al descubrir que el sistema laboral la rechaza por su maternidad, esta es empujada, forzosamente, al colapso. De todos modos, el secreto que guarda Silvana est\u00e1 velado para todos y, particularmente, est\u00e1 terriblemente prohibido para Cintia, no solo porque nadie se lo ha contado, sino porque el mundo como tal est\u00e1 estructurado de modo que todos conozcamos e ignoremos una ilimitada cantidad de cosas. Entonces, de pronto, Cintia descubre que en la cotidianidad existe una herida profusa, horrorosa, que apenas ha comenzado a sangrar. La herida es el hecho de que, a pesar de todos los esfuerzos, ella nunca podr\u00e1 comprender la interioridad del otro. Este es, de alg\u00fan modo, el leitmotiv que atraviesa toda la trama de la novela.<\/p>\n<p class=\"p3\" style=\"text-align: justify;\">Este advenimiento de la destrucci\u00f3n es aquello que Nestor Braunstein entiende como el <i>espanto<\/i>, aquel evento fundacional donde el ni\u00f1o se ve expulsado de aquel lugar sin memoria: &#8220;as\u00ed el instante en que el ni\u00f1o, saliendo de una lactancia que pertenece al Otro antes que a \u00e9l mismo, oye el canto del gallo y queda anonadado por esa intrusi\u00f3n de lo real (\u2026) y lo lleva a sentir su indefensi\u00f3n ante lo ignoto, lo innominado.&#8221; (33). En este caso, lo real se expresa por medio de la incomprensi\u00f3n. En el otro, en la figura de la madre, no solo hay una serie de motivos desconocidos, sino tambi\u00e9n el abismo de lo irrepresentable, y si alguna vez existi\u00f3 alg\u00fan atisbo de legibilidad, este fue destruido apenas lo cotidiano se derrumb\u00f3 junto con la infancia.<\/p>\n<p class=\"p3\" style=\"text-align: justify;\">Por su parte, <i>Ella estuvo entre nosotros<\/i> se instala derechamente en la cat\u00e1strofe de la enfermedad. La novela comienza relat\u00e1ndonos cierto programa horario donde la madre vomita d\u00eda tras d\u00eda, estableciendo as\u00ed una especie de cronograma de lo abyecto. Aparentemente, el pre\u00e1mbulo de la muerte, en tanto tab\u00fa, debe construirse como aquella normalidad insostenible que antecede al fin de todas las cosas. La madre de la protagonista morir\u00e1, sin lugar a duda, en las pr\u00f3ximas p\u00e1ginas, pero a\u00fan as\u00ed, el texto debe simular que lo ignora, o al menos, que no le importa. De aqu\u00ed entonces que la protagonista, al enterarse de la muerte de su madre, siente un alivio liberador. Pero \u00bfEs realmente as\u00ed?<\/p>\n<p class=\"p3\" style=\"text-align: justify;\">Durante la lectura, el libro nos enfrenta a una de las terapias que la protagonista mantiene, luego de la desastrosa pero premeditada muerte de su madre: \u201cElla siempre dorm\u00eda de lado, como un feto, entonces yo me acurrucaba en la cavidad que hac\u00eda su cuerpo encogido y me quedaba ah\u00ed, respirando su olor.&#8221; (88). Al leer este fragmento recuerdo, de inmediato, aquella fe irracional que Freud depositaba en los territorios perdidos de la memoria infantil. Si los sujetos, por medio de la asociaci\u00f3n libre, lograban recordar su infancia, estos podr\u00edan sanarse muy f\u00e1cilmente de todos los traumas que les aquejaban. Ahora, la terapia que mantiene la protagonista no es, ciertamente, de tipo psicoanal\u00edtica, o al menos el pasaje no nos da los suficientes detalles. Aun as\u00ed, es interesante notar que los primeros alcances de la memoria se aproximan a lo uterino o al menos a su simulaci\u00f3n.<\/p>\n<p class=\"p3\" style=\"text-align: justify;\">Pero m\u00e1s importante aun es la fijaci\u00f3n que la paciente establece con el aroma de su madre, y particularmente, con un perfume barato que la protagonista, hasta el momento, aun guarda. \u00bfNo es esta, tambi\u00e9n, la relaci\u00f3n que establecemos con nuestra propia infancia? Todo protegemos un conjunto de juguetes, de colores, de prendas, a modo de fetiche. Entonces, en alg\u00fan instante secreto, no detallado por la trama, el aroma que desprende el recipiente desaparece, y con ello, todo recuerdo residual de su madre: \u201cEl otro d\u00eda, en el mall, (&#8230;) pas\u00f3 una se\u00f1ora que usaba el mismo perfume (&#8230;) Yo quise seguirla, abrazarla, colgarme de su cuello, y me dio tanta pena no tener ni el olor de mi mam\u00e1, que me hinqu\u00e9 en el suelo, me enrosqu\u00e9 en la cer\u00e1mica y me puse a llorar.&#8221; (89). En el desastre de la memoria, el cuerpo de la protagonista pareciera adoptar, nuevamente, aquella postura \u201cenroscada\u201d de la infancia, aunque sin ser consciente del todo. M\u00e1s bien, es el cuerpo el que recuerda, empujado por la terrible crisis del espanto representada en la consciencia de la muerte. Nuevamente, una fuerza avasalladora arrasa con todo el orden cotidiano donde la infancia transcurr\u00eda. La experiencia de lo infantil, v\u00edctima de un cataclismo, termina por desaparecer sin dejar ning\u00fan rastro, ninguna huella de su existencia.<\/p>\n<p class=\"p3\" style=\"text-align: justify;\">Por \u00faltimo, me parece que la estrategia de escritura que escogen ambos textos dialoga directamente con toda la cat\u00e1strofe narrativa que he estado sugiriendo. Ambas novelas est\u00e1n desarrolladas a modo de fragmentos, aunque no optando por la forma del par\u00e1grafo, ni tampoco por la modulaci\u00f3n afor\u00edstica, sino que est\u00e1n compuestos por p\u00e1rrafos disimiles entre s\u00ed, instalados a modo de collage. No existe ninguna norma reguladora en la inscripci\u00f3n de las palabras. El orden de la escritura est\u00e1 disociado de s\u00ed mismo, en tanto &#8220;el habla como fragmento tiene relaci\u00f3n con el hecho de que el hombre desaparezca.&#8221; (Blanchot 33). Ahora, la desaparici\u00f3n que atraviesa las dos obras es, con toda importancia, una desaparici\u00f3n femenina, lo cual es elemental a la hora de reflexionar a prop\u00f3sito de la escritura fragmentaria. La idea del texto atomizado es la misma que Mallarm\u00e9 puso en practica a lo largo de su producci\u00f3n po\u00e9tica: esto es, que m\u00e1s all\u00e1 de la graf\u00eda, hay todo un vac\u00edo significante que afecta la lectura del texto. Entre los p\u00e1rrafos y los enunciados, existe una hoja en blanco abismal, que posee, de forma violenta, las mismas caracter\u00edsticas discursivas que se le han impuesto al cuerpo femenino, particularmente, desde la noci\u00f3n psicoanal\u00edtica de la ausencia del falo.<\/p>\n<p class=\"p3\" style=\"text-align: justify;\">Y continuando en clave psicoanal\u00edtica, en <i>Crin<\/i>, la figura impotente del padre va siendo desplazada por la protagonista, quien debe enfrentar todos los horrores del mundo en soledad. Tal escenario se sublima en el instante en que, un grupo de cuatreros intenta robar sus caballos en medio de una noche tormentosa: &#8220;La luz difuminada por las nubes apenas dibuja las siluetas de los cuatreros. (&#8230;) Sus pies con calcetines, pero sin zapatos, est\u00e1n mojados por el barro cuando carga, apunta y dispara contra las sombras.&#8221; (86). Aquellas siluetas ennegrecidas, apuntadas por la boca de la escopeta, podr\u00edan ser, quiz\u00e1, homologaciones del mismo vac\u00edo que hemos mencionado. La hoja, que a pesar de su intensa claridad est\u00e1 repleta de sombras, de baches profundos, es atacada por la escritura de la pluma, pero sin mayores resultados. Los rastros de las balas quedan dispersos a modo de manchas en la superficie del libro, como \u201cfragmentos\u201d, y mientras tanto, los cuatreros se llevan irremediablemente a los caballos de Cintia, animales portadores, quiz\u00e1, de los significados secretos e imposibles que contienen las terribles huellas perdidas de la infancia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por <strong>V\u00edctor Gonz\u00e1lez Astudillo<\/strong><\/p>\n<p>Fotogaf\u00eda de Mario Giacomelli (1925-2000) de la serie Le mie Marche<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-2870 alignleft\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/aedd0be11ff4e4d3d28167c160f9a64c.jpeg\" alt=\"\" width=\"284\" height=\"419\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/aedd0be11ff4e4d3d28167c160f9a64c.jpeg 244w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/aedd0be11ff4e4d3d28167c160f9a64c-203x300.jpeg 203w\" sizes=\"auto, (max-width: 284px) 100vw, 284px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Crin<br \/>\nRodolfo Reyes Macaya<br \/>\n2021<br \/>\nOverol Ediciones<br \/>\nSe puede comprar en: https:\/\/edicionesoverol.cl\/producto\/crin\/<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-2871 alignleft\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/belen_fdez_llanos1-4e3a5748c5e523028216016064464026-640-0.jpeg\" alt=\"\" width=\"287\" height=\"424\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/belen_fdez_llanos1-4e3a5748c5e523028216016064464026-640-0.jpeg 592w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/belen_fdez_llanos1-4e3a5748c5e523028216016064464026-640-0-203x300.jpeg 203w\" sizes=\"auto, (max-width: 287px) 100vw, 287px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ella estuvo entre nosotros<br \/>\nBel\u00e9n Fern\u00e1ndez Llanos<br \/>\n2021<br \/>\nOverol Ediciones<br \/>\nSe puede comprar en: https:\/\/edicionesoverol.cl\/producto\/ella-estuvo-entre-nosotros\/<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Como ya habr\u00e1n notado, el t\u00edtulo de este ensayo se arrastra a cierta experiencia que relata Walter Benjamin en su libro Infancia en Berl\u00edn hacia 1900. 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