{"id":2840,"date":"2021-10-22T13:30:16","date_gmt":"2021-10-22T16:30:16","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=2840"},"modified":"2021-10-22T13:30:34","modified_gmt":"2021-10-22T16:30:34","slug":"cuerpo-animalidad-y-conatus","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2021\/10\/22\/cuerpo-animalidad-y-conatus\/","title":{"rendered":"Cuerpo, animalidad y conatus"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u201cToma el sue\u00f1o por realidad y la realidad por sue\u00f1o, constantemente. No hay pasadizos l\u00f3gicos. Entre el sue\u00f1o y la realidad solamente hay <u>un \u00ednfimo movimiento f\u00edsico<\/u>: el de cerrar o abrir los ojos. En el sue\u00f1o despierto, ni siquiera existe ese movimiento\u201d<\/em> Jan Svankmajer<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u201cSi pusi\u00e9ramos en suspenso al hombre en cuanto representaci\u00f3n \u00fanica y exclusiva de la vida, si la vida estuviera hecha de la misma materia que el cuerpo, lo que se abre <u>es un agujero<\/u> por donde puede ingresar como un animal invertebrado -hecho de carne, porque la carne no se fosiliza, no tiene mundo al que trascender ni mundo por el que ser trascendido-, al salvaje reino de lo desconocido, donde vivir y morir queden abiertos a las im\u00e1genes por venir\u201d<\/em> Paz L\u00f3pez<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u201cUn humano y un animal se abrazan en <u>el lugar preciso<\/u> en que la comprensi\u00f3n se retira\u201d <\/em>Julieta Marchant<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u201cEl otro d\u00eda me di cuenta que el animal a veces se asoma por los ojos. Aparece en <u>el peso del p\u00e1rpado<\/u>. Como cuando tenemos alergia o picamos cebolla. Me refriego a ver si se pasa el malestar. Pero el animal tambi\u00e9n necesita exudar lo que tiene dentro, y su opci\u00f3n es hacerlo por los ojos\u201d<\/em> Katherine Hoch<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\">\n<li>La mirada y la experiencia del cuerpo no est\u00e1n necesariamente escindidas. Partir, entonces, de nuestras sensibilidades y armarnos desde all\u00ed un pensamiento, saberes o entendimientos que est\u00e1n emparentados con una <em>er\u00f3tica<\/em>, una sensualidad, una re-sensibilizaci\u00f3n de aquello que permanec\u00eda entumecido. Hacernos <em>carne<\/em> las enso\u00f1aciones pol\u00edticas, raja el velo que divide lo imaginario de lo animal: <em>re-flexi\u00f3n er\u00f3gena<\/em> entonces, donde la sensibilizaci\u00f3n corporeo-an\u00edmica permite re-activar un pensamiento de los sentidos, es decir, un <em>presentimiento<\/em>.<\/li>\n<\/ol>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"2\">\n<li>\u00bfPrioridad de lo t\u00e1ctil por sobre la mirada? Habr\u00eda que ver. Y es que hay un mirar que activa a\u00fan m\u00e1s las sensibilidades, una fascinaci\u00f3n que se incrusta a los ojos y <em>en-carnando<\/em> las enso\u00f1aciones pol\u00edticas -eso que no podemos dejar de mirar, puesto que precisamente <em>atravesamos la noche despiertos porque tenemos sue\u00f1os<\/em>&#8211; opera un <em>pasaje al acto<\/em> del deseo, acci\u00f3n er\u00f3tico directa que desentumece la singularizaci\u00f3n de la <em>lingua-\u00f3rgano<\/em> ah\u00ed donde la descentramos de su funci\u00f3n kapital: elaboraci\u00f3n y circulaci\u00f3n de signos\/mercanc\u00edas.<\/li>\n<\/ol>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"3\">\n<li>La investigaci\u00f3n, experimentaci\u00f3n y usos de las formas de la potencia abren un tiempo <em>por-venir<\/em>, que es siempre inmanente: un aqu\u00ed y ahora que ampl\u00eda su campo de acci\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 de los proyectos, planes y representaciones program\u00e1ticos. Y al mismo tiempo un <em>m\u00e1s ac\u00e1<\/em> hacia infraestructuras, gram\u00e1ticas y l\u00f3gicas, ensamblajes y anudamientos que logran siempre ser imprevisibles y sorpresivas a las funciones kapital\u00edsticas.<\/li>\n<\/ol>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"4\">\n<li>Cierta <em>objeci\u00f3n ofensiva<\/em> que opera una habitabilidad pagana, terrenal con lo ominoso, es esa sensaci\u00f3n de lo extra\u00f1o que nos hace decir <em>\u201cya no m\u00e1s\u201d<\/em>. Pero no s\u00f3lo por impotencia e inadecuaci\u00f3n, sino <strong>porque ya se est\u00e1 en funci\u00f3n de otras coordenadas y en la elaboraci\u00f3n de otro plan<\/strong>: un <em>respirar-con<\/em> que es siempre una pausa que busca prolongar el deseo; un respirarnos boca a boca, m\u00e1s all\u00e1 de los llamados al \u201cauto-cuidado\u201d y al aislamiento. Como dir\u00eda Deleuze, una objeci\u00f3n <em>\u201cviene siempre de afuera, proviene de un punto irreductible al sistema de coordenadas en el que estamos\u201d<\/em>; es decir una insuficiencia, un extra\u00f1amiento de s\u00ed y un presentimiento que imprime una tonalidad diferente al conflicto contra la dominaci\u00f3n, la explotaci\u00f3n y la <em>\u201cextorsi\u00f3n de potencia\u201d<\/em> (Suely Rolnik) de todo organismo vivo. Este <em>estar-mal<\/em> que en su conflictividad nos hace <strong>presentir que estamos fuera del sistema de coordenadas<\/strong>, pero m\u00e1s ac\u00e1 de eso que se comienza a elaborar.<\/li>\n<\/ol>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"5\">\n<li>Y es que se trata de implicarse siempre: aceptar la posibilidad de armar, de hacer mundo, configurar saberes y epistemes con lo ominoso: la rotura que viene emparejada al percibir un mundo -el mundo del kapital- en todo su desastre y locura. Y all\u00ed observar los puntos donde nosotrxs nos organizamos para habilitar otros modos de habitar fuera del sistema de coordenadas del <em>anthropos moderno<\/em>. Pero tambi\u00e9n, al romper con aquello no necesariamente el movimiento o agitaci\u00f3n siguiente sea <em>componer-con<\/em>, porque puede ocurrirnos que nos alejemos para reencontrarnos en otros nudos, preguntas, paisajes. Como las amistades de estrellas, que tanto gustaban a Nietzsche. Y en ese otro aislamiento ir repoblando con nuestras manadas.<\/li>\n<\/ol>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"6\">\n<li>Lo ominoso, lo extra\u00f1o, aquello que es al mismo tiempo lo m\u00e1s desconocido y lo m\u00e1s \u00edntimo, <strong>remiten siempre a algo salvaje, ind\u00f3mito y animal<\/strong>. Se convocan entre s\u00ed diferentes formas de habitar los territorios, las lenguas, los cuerpos y \u00e1nimos que nos hacen chocar y salir del mundo del kapital. Y es que ah\u00ed radica la mayor trampa del sistema de coordenadas del <em>anthropos moderno<\/em>: el hombre como medida de toda existencia, de la Vida con may\u00fasculas. Presentimos, entonces, que <strong>la modificaci\u00f3n permanente de la vida a la que nos estamos abriendo, no se reduce al organismo-humano<\/strong>. Y es parecido a una fiesta, a un carnaval. Incluso cuando debamos volver a mirar de frente al horror, ese horror que parece nunca detenerse y acumularse hacia el infinito.<\/li>\n<\/ol>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"7\">\n<li>Dinamitado el sistema de coordenadas moderno, el <em>querer-vivir<\/em> ya no es propiedad \u00fanica del <em>anthropos moderno<\/em>. Y es que quiz\u00e1s nunca lo haya sido, y esa sea la mayor trampa del kapital.<\/li>\n<\/ol>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"8\">\n<li>Frente a la fragmentaci\u00f3n que sigue a la dinamitaci\u00f3n de las coordenadas del mundo moderno, ahora nos toca hacernos de y armarnos los dispositivos t\u00e9cnicos, las pr\u00e1cticas an\u00edmicas, la defensa de los territorios y la autodeterminaci\u00f3n, que nos permitan comprender y habitar otras temporalidades, otras espacializaciones singulares, otros calendarios, otros pliegues. Y as\u00ed prepararnos para el encuentro con lo imprevisto que es siempre el <em>querer-vivir<\/em>, pero esta vez en <em>composici\u00f3n con<\/em> lo extra\u00f1o, lo ind\u00f3mito y lo salvaje, lo animal.<\/li>\n<\/ol>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"9\">\n<li>Ninguna esperanza, ninguna utop\u00eda a realizar: querr\u00edamos siempre decir insuficiencia. Osea, una promesa siempre insatisfecha ante la cual no cabr\u00eda ninguna espera, sino m\u00e1s bien toda sospecha y una experimentaci\u00f3n de\/con aquello que est\u00e1 <em>siempre-por-venir<\/em>.<\/li>\n<\/ol>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"10\">\n<li>A partir de la d\u00e9cada del &#8217;60, se produce una desvalorizaci\u00f3n de la \u00e9tica protestante, en tanto \u201crepresi\u00f3n del deseo\u201d, y su reemplazo por una <em>\u00e9tica del cuerpo<\/em>; \u00e9tica que tendr\u00eda en cuenta todo un proceso pol\u00edtico y un campo abierto de disputa de la potencia que porta cada cuerpo. <strong>Este proceso de corporeizaci\u00f3n, de (re)sensibilizaci\u00f3n del cuerpo, se convierte en un elemento central y fundamental tanto para los procesos de subjetivaci\u00f3n pol\u00edtica, como para los procesos de experimentaci\u00f3n y (re)descubrimiento de una pol\u00edtica colectiva<\/strong>. Para Bifo, <em>\u201clo posible est\u00e1 contenido en el colapso de la potencia de la abstracci\u00f3n y en el dram\u00e1tico retorno del cuerpo concreto como portador de necesidades\u201d<\/em>.<\/li>\n<\/ol>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"11\">\n<li>Para Spinoza, la idea de \u201cforma\u201d en relaci\u00f3n al <em>alma<\/em>, no es otra cosa que la <em>existencia pr\u00e1ctica de un cuerpo en acto<\/em>. El gran m\u00e9rito de Spinoza, nos dice Catherine Malabou en <em>Ontolog\u00eda del accidente<\/em>, no es solamente haber concebido al organismo biol\u00f3gico y sus emociones, sino tambi\u00e9n <em>\u201chaber inscrito en el ser mismo el <\/em>conatus<em>: la tendencia de todo viviente a perseverar en su ser\u201d<\/em>.<\/li>\n<\/ol>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"12\">\n<li>No se puede ser <em>sin-ser-afectado<\/em>. Algo as\u00ed como una <em>\u201cfisura fenom\u00e9nica\u201d<\/em>, una brecha que abre toda existencia en relaci\u00f3n a cierto <em>aqu\u00ed-y-ahora<\/em> que no deja de escapar. Una relaci\u00f3n fisurada con el mundo, un <em>des-coincidir<\/em> con la realidad que configura el kapital: una apertura radical hacia otra cosa.<\/li>\n<\/ol>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"13\">\n<li>Para Foucault, <em>\u201cla abertura hacia un lenguaje del que el sujeto queda excluido, la puesta al d\u00eda de una incompatibilidad tal vez sin recurso entre la aparici\u00f3n del lenguaje en su ser y la conciencia de s\u00ed en su identidad, constituyen hoy una experiencia que se anuncia en puntos bien diferentes de la cultura. (&#8230;) Nos encontramos as\u00ed ante una abertura que ha permanecido invisible para nosotros durante largo tiempo: el ser del leguaje no aparece por s\u00ed mismo m\u00e1s que en la desaparici\u00f3n del sujeto\u201d<\/em>. Desaparici\u00f3n que nombramos como <em>\u201cextra\u00f1amiento de s\u00ed\u201d<\/em>, ruptura identitaria que abre a la <em>multiplicidad de experiencias y sensibilidades <\/em>como efectos pr\u00e1cticos de la deriva del fin del sujeto moderno: una nueva sensibilidad y una nueva experiencia de lo pol\u00edtico: una nueva piel. Para Foucault, esta <em>\u201cinsuperable ausencia\u201d<\/em> no busca captar alg\u00fan fundamento o justificaci\u00f3n, sino m\u00e1s bien componer la espacialidad en la cual se despliega la multiplicidad de sensibilidades, <em>\u201cel vac\u00edo que le sirve de lugar, constituyendo lo que podr\u00eda llamarse el pensamiento del afuera\u201d<\/em>.<\/li>\n<\/ol>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"14\">\n<li>Una vez llevado al acto el extra\u00f1amiento de s\u00ed, ese vaci\u00f3 potencial en que queda a la intemperie la subjetividad, y conectando con lo que dice Malabou, <em>\u201cla \u00fanica salida posible ante la imposibilidad de huir parece ser, precisamente, la constituci\u00f3n de una <\/em>forma<em> de huida. Es decir, la constituci\u00f3n de un g\u00e9nero o de un <\/em>ersatz<em> de huida y, a la vez, la constituci\u00f3n de una identidad que huye, que huye de la imposibilidad de huir. Identidad desertada y disociada. (\u2026) La plasticidad destructiva hace posible la aparici\u00f3n o la formaci\u00f3n de la alteridad en donde el otro falta absolutamente. La plsticidad es la forma de la alteridad en donde falla toda trascendencia, sea a la manera de una huida o de una evasi\u00f3n. El \u00fanico otro que existe entonces es el otro por s\u00ed mismo\u201d<\/em>.<\/li>\n<\/ol>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"15\">\n<li>Para Malabou la transformaci\u00f3n es una forma de redenci\u00f3n, <em>\u201cuna extra\u00f1a salud, pero al fin y al cabo una salud\u201d<\/em>. A la inversa, la identidad de huida forjada por la <strong>plasticidad destructiva<\/strong> huye primero de s\u00ed misma -extra\u00f1amiento de s\u00ed-, ella no reconoce salud ni redenci\u00f3n y no est\u00e1 all\u00ed para nadie, y sobre todo no est\u00e1 para s\u00ed misma. Ella no tiene cuerpo de corteza, ni armadura no ramas. Al conservar su piel, ella se vuelve irreconocible para siempre. Formas de subjetividad postraum\u00e1tica, figuras in\u00e9ditas del vac\u00edo, de la deserci\u00f3n identitaria, figuras del afuera, que escapan a toda terap\u00e9utica. <em>\u201cLa plasticidad destructiva como procesos de (des)subjetivaci\u00f3n, invita a reflexionar sobre un sufrimiento, sobre la emergencia de una nueva forma de ser, extra\u00f1a a la antigua. Dolor que se manifiesta como indiferencia al dolor, imposibilidad, olvido, p\u00e9rdida de referentes simb\u00f3licos\u201d<\/em>. Esta mutaci\u00f3n radical que es la plasticidad destructiva pone en juego un arte pl\u00e1stico emparentado con la pulsi\u00f3n de muerte, a saber, como emergencia de una nueva forma a partir de una desidentificaci\u00f3n, de una desterritorializaci\u00f3n, un \u201cextra\u00f1amiento de s\u00ed\u201d.<\/li>\n<\/ol>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"16\">\n<li>Toda herida traum\u00e1tica, sea cual sea su naturaleza, provoca de una forma u otra comportamientos como son la ausencia de emociones o la incomunicabilidad sensitiva. En Malabou, <em>\u201cla cuesti\u00f3n es precisamente saber c\u00f3mo pensar el vac\u00edo de la subjetividad, el alejamiento del individuo que se convierte en ap\u00e1tridaontol\u00f3gico, intransitivo, sin correlato, sin genitivo y sin pa\u00eds al cual llegar. Una nueva persona, cuya novedad no se inscribe en ninguna temporalidad. <strong>Las personas con da\u00f1o cerebral no est\u00e1n locas, sino que desertan de la locura misma<\/strong>\u201d<\/em>.<\/li>\n<\/ol>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"17\">\n<li>Malabou nos da una definici\u00f3n contempor\u00e1nea del <em>conatus<\/em> spinozista: <em>\u201cEl conjunto de disposiciones establecidas en los circuitos cerebrales que, una vez activadas por condiciones internas o ambientales, buscan tanto la supervivencia como el bienestar\u201d<\/em>. Ante un episodio traum\u00e1tico vivido ocurre un estado de apat\u00eda e indiferencia a la propia subsistencia. Aqu\u00ed el extra\u00f1amiento de s\u00ed afecta de manera que solo hay pasiones tristes e irreacci\u00f3n y el conatus ha dejado de buscar la supervivivencia y el malestar.<\/li>\n<\/ol>\n<ol start=\"18\">\n<li style=\"text-align: justify;\">Un cambio de identidad no es s\u00f3lo la consecuencia de un acontecimiento exterior, que sobreviene de manera puramente azarosa para afectar y alterar una identidad originariamente estable. Para Malabou y la plasticidad destructiva, <em>\u201cla identidad &#8216;normal&#8217; es desde un principio una entidad mutable y transformable, siempre susceptible de fallarse a s\u00ed misma o de decirse adi\u00f3s\u201d<\/em>. El reconocimiento de la plasticidad destructiva es para Malabou <em>\u201cpermitir radicalizar la deconstrucci\u00f3n de la subjetividad e imprimirle un nuevo giro\u201d<\/em>. Este reconocimiento muestra que en el coraz\u00f3n mismo de la constituci\u00f3n misma de una identidad, <em>\u201cse esconde una potencia de aniquilaci\u00f3n, y que se trata de la firma de una ley del ser que siempre parece estar a punto de abandonarse a s\u00ed mismo y esquivarse\u201d<\/em>. Un extra\u00f1amiento de s\u00ed, cierto desplazamiento que comporta rasgos de un arma hermen\u00e9utica para comprender los rostros contempor\u00e1neos de la violencia y sus traumas, ya sean \u00e9stos biol\u00f3gicos o pol\u00edticos: asimilaci\u00f3n del ser del sujeto a la formaci\u00f3n pl\u00e1stica constructiva de su identidad. <em>\u201cLa inscripci\u00f3n de una pulsi\u00f3n de muerte en el cerebro a la manera de una frialdad emocional no s\u00f3lo es visible en quienes tienen lesiones cerebrales, los esquizofr\u00e9nicos, los asesinos en serie, los traumatizados o todos los excluidos, ella est\u00e1 virtualmente presente en cada uno de nosotros como una amenaza\u201d<\/em>. De nuevo, no sabemos lo que puede un cuerpo.<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>Nicol\u00e1s Gonz\u00e1lez<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cToma el sue\u00f1o por realidad y la realidad por sue\u00f1o, constantemente. No hay pasadizos l\u00f3gicos. Entre el sue\u00f1o y la realidad solamente hay un \u00ednfimo movimiento f\u00edsico: el de cerrar o abrir los ojos. En el sue\u00f1o despierto, ni siquiera existe ese movimiento\u201d Jan Svankmajer \u201cSi pusi\u00e9ramos en suspenso al hombre en cuanto representaci\u00f3n \u00fanica [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":20,"featured_media":2842,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[447],"tags":[],"class_list":["post-2840","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ensayo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2840","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/20"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2840"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2840\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2843,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2840\/revisions\/2843"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2842"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2840"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2840"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2840"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}