{"id":2837,"date":"2021-10-21T12:14:42","date_gmt":"2021-10-21T15:14:42","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=2837"},"modified":"2021-10-22T13:30:45","modified_gmt":"2021-10-22T16:30:45","slug":"mientras-anochece","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2021\/10\/21\/mientras-anochece\/","title":{"rendered":"Mientras anochece"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Se me mezclan la memoria y las ganas. Lo que ahora deber\u00eda expresar es lo que sucede en medio de la falta completa de toda expresi\u00f3n. Por lo menos, no hay l\u00edquidos en el suelo: esa ausencia implica la presencia de un indicio que podr\u00eda ser tan alentador como extra\u00f1o. Por los o\u00eddos, por la boca y por la nariz me concentro en lo que tengo que hacer. Lo que pienso es que, en estos ba\u00f1os de micros de larga distancia, el pis cubriendo el suelo es algo tan esperable como la falta de papel higi\u00e9nico. Si de por s\u00ed los ba\u00f1os p\u00fablicos son un asco, no parece l\u00f3gico que \u00e9ste, que adem\u00e1s de p\u00fablico va circulando por la ruta, sea m\u00e1s decente que otra cosa. La luz se prende de manera aut\u00f3noma, qu\u00e9 bueno. El micro no puede resistirse al movimiento: no puede luchar contra los tirones que lo obligan a que, de manera continua y en cada uno de los segundos que componen este viaje, habite esas porciones del asfalto a las que parec\u00eda que no pod\u00eda llegar. El micro, con el ba\u00f1o y conmigo adentro, avanza como un l\u00e1piz afilado sobre los renglones de un cuaderno. Va r\u00e1pido. Lo siento desde ac\u00e1 adentro, aunque no tenga otra opci\u00f3n que intuirlo en base a c\u00f3mo se mueve el recipiente con jab\u00f3n sobre el lavamanos. Quiero desmentir esta idea con mi respiraci\u00f3n. Planeo exhalar con tranquilidad, para percibir sereno y volador al aire, pero no hay caso: se fuga de mi nariz, se exilia, se convierte en agua y corre como un r\u00edo. No tengo otro remedio que entender que el micro va a m\u00e1s de cien kil\u00f3metros por hora, que mi cuerpo se sintoniz\u00f3 a esa velocidad y, por eso, obliga a que el ox\u00edgeno y la sangre circulen aceleradamente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Me acuerdo de un sonido insoportable. Me acuerdo de que las im\u00e1genes transcurr\u00edan en mi mente mientras los segundos pasaban m\u00e1s breves que de costumbre, m\u00e1s breves y silenciosos. Estoy hablando de segundos sin voz que, de golpe, se hac\u00edan interminables, fatales y ruidosos en la memoria de quien debi\u00f3 padecerlos: mam\u00e1, pap\u00e1 y yo. Quiz\u00e1s, mi hermano tambi\u00e9n.\u00a0 <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este ba\u00f1o es mucho m\u00e1s de lo que sus paredes pueden soportar. Entro a este espacio de un metro por un metro e imagino que, as\u00ed, encuentro la respuesta a una de las tantas necesidades que me acechan. Sin embargo, s\u00e9 que a\u00fan quedan esas tantas otras, y me gustar\u00eda no haber encontrado este mini \u00e9xito. Me gustar\u00eda seguir en la necesidad absoluta, ver de lejos los consuelos y no caer en esta sensaci\u00f3n de que, muy cada tanto, llega el alivio. Ac\u00e1, inventando el equilibrio que se volvi\u00f3 nulo, tambaleando y agarr\u00e1ndome fuerte de las paredes con olor a desinfectante, puedo llevar la cuenta de mis desvelos y de todo lo que alguna vez fui. Este cuerpo m\u00edo es un estacionamiento enorme e inhabitado: la mugre le vuela por encima, mientras yo procuro que no se me pegue, inventando vientos. El espacio que conforma este ba\u00f1o es tan chico que todas las formas se condensan para poder permanecer. En cierto punto, se parece bastante a esas carpas chiquitas que arm\u00e1bamos con mi hermano las tardes de lluvia: nos la ingeni\u00e1bamos con un par de mantas de playa y s\u00e1banas que le daban forma a la infancia. El tiempo naranja y azul del atardecer est\u00e1 all\u00e1 afuera, mutando como yo misma, y en verdad me pregunto por qu\u00e9 me estoy perdiendo de esa vista, por qu\u00e9 me dieron ganas de hacer pis justo ahora. Creo que mi cuerpo me tendi\u00f3 una trampa, otra vez.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Me acuerdo de que, del otro lado de la puerta, estaba la realidad. De hecho, las \u00fanicas que parec\u00edamos irreales \u00e9ramos la puerta y yo. La evidencia temblaba tan alterada que no me animaba a mirarla. Yo estaba parada como una cr\u00eda animal: cre\u00eda que entend\u00eda, cre\u00eda que sab\u00eda, aunque no era as\u00ed. Ahora entiendo que no encontr\u00e9 regreso posible, no pude volver del todo despu\u00e9s de ese derrumbe fin\u00edsimo, de ese derrumbe con pelo casta\u00f1o oscuro y facciones fraternas.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Procuro ir a lo importante: intento dejar de lado todas aquellas ideas o pensamientos que no sirven para nada en este momento, que deber\u00eda ser m\u00e1s pr\u00e1ctico que otra cosa. Hago una especie de sentadilla para no tocar el inodoro con ninguna parte de mi cuerpo: as\u00ed me lo ense\u00f1\u00f3 mi mam\u00e1 la primera vez que ped\u00ed de ir al ba\u00f1o en la ruta, y tuve que hacer en una estaci\u00f3n de servicio que dejaba much\u00edsimo que desear. El bot\u00f3n del inodoro est\u00e1 m\u00e1s oculto de lo que me imaginaba, pero lo encuentro de todas formas. Es igual a cuando no s\u00e9 c\u00f3mo traducir los recuerdos en palabras, y lo termino haciendo, con grata sorpresa. Logro apretar el bot\u00f3n con una facilidad que no suele ser caracter\u00edstica en m\u00ed. Otro mini triunfo, pienso. El ambiente, en cierto punto, me mastica el cuero inocente. Me siento sauce y quiero llorar. Hay un momento que ser\u00eda la infancia y que ya se ha ido para siempre, pero evito que se escape haciendo instant\u00e1neas las palabras. No quiero dejar de escuchar la cruel orden de quien muri\u00f3, pero antes vivi\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Esa noche se parec\u00eda a ninguna otra. Era igual a un perro viejo al que se le va el cuerpo para los costados y se confunde cuando lo llaman: las letras que conforman su nombre lo encierran cuando lo nombran. Sent\u00ed que a esa noche le iban a nacer hijos, peque\u00f1a noches infinitas donde la expectativa no se iba a retirar de la escena. Mi hermano huy\u00f3, y dej\u00f3 tras de s\u00ed una casa a la que se le acabaron los miedos.\u00a0 <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mi hermano, desde el piso de arriba del micro, me manda un mensaje pregunt\u00e1ndome si est\u00e1 todo bien. Quiero responderle con un audio, pero a mi voz le falta la certeza din\u00e1mica que otorga la conciencia, entonces le escribo y le digo que se quede tranquilo. Me lavo las manos mientras me observo en el espejo. Veo una boca que intenta curvarse hacia arriba, y alrededor de esa boca, una ambigua humanidad: parece una expresi\u00f3n de larga data, asentada hace a\u00f1os e imposible de desalojar de mi cara. El espejo desentona un poco en este ba\u00f1o: digamos que es demasiado moderno como para formar un conjunto con los dem\u00e1s elementos que hay ac\u00e1. Las paredes se cierran de manera gradual pero constante: este espacio se convierte en un pu\u00f1o apretado, y yo quedo en su interior por unos segundos mientras me gu\u00eda la inercia. Hago fuerza con mi mente para que mi hermano sepa que nada est\u00e1 bien, que en realidad necesito que me ayude, que me acompa\u00f1e. Como no creo en la telepat\u00eda, nada de esto funciona: mi hermano ya no me escucha. Estiro el borde de mi blusa negra, intento que las arrugas que la habitan se noten menos. Me la compraron mis pap\u00e1s ayer, de prepo. No porque ellos quisieran sino porque es lo que corresponde, porque en este tipo de viajes no podemos olvidarnos de nuestras ropas negras. Hoy la tengo que usar s\u00ed o s\u00ed: no importan las arrugas, pero s\u00ed el color. Dicen que el color negro atrae los rayos del sol: yo deseo su calor aunque ya se est\u00e9 por ocultar en el horizonte. Le pido al d\u00eda que mantenga la calidez y no la extinga. El d\u00eda, para este momento, ya no tiene calor, pero me lo da de todas formas. Con pocas fuerzas, le hago un gui\u00f1o de ojos a la estrella de las estrellas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Hay belleza en el mundo. A veces no la entiendo, pero est\u00e1 ah\u00ed. Se parece a esos sue\u00f1os donde nos caemos de una escalera y el v\u00e9rtigo es tan n\u00edtido que despertamos: hay algo en esa creaci\u00f3n de la mente que supera al mundo mismo. Esta blusa es tan negra como hermosa; esa noche fue muy triste pero nunca dej\u00f3 de ser linda. Mi hermano tampoco.\u00a0 <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora me siento preparada, as\u00ed que abro la puerta y salgo a ese espacio que est\u00e1 medio camino entre el exterior y el interior, es decir, al micro en s\u00ed mismo. Me detengo a observar, por un instante, c\u00f3mo mi ansiedad cierra la puerta de madera y metal con el movimiento de estas manos d\u00e9biles. Aunque hay poca gente en el piso de abajo del micro, no solamente porque los pasajes en esta ubicaci\u00f3n son m\u00e1s caros, sino porque este micro est\u00e1 yendo a un pueblo sin atracciones en pleno mayo, siento que una multitud me mira. Siento que me lleno de pupilas ajenas mientras reconozco las voces infantiles que emprendieron este viaje. Tengo las pesta\u00f1as y la piel afligidas, como si me despertara de la siesta en un barco que se est\u00e1 hundiendo en el medio de un oc\u00e9ano desconocido. Me creo parte de un silencio abismal o de un abismo silencioso: mi presencia es tan tajante en ese espacio abstracto que s\u00f3lo puedo salir de ah\u00ed cuando alguien me pide, sin cortes\u00eda, que me corra de la puerta porque necesita ir al ba\u00f1o. Es extra\u00f1o que los pasillos del micro s\u00ed est\u00e9n mojados, de hecho parecen reci\u00e9n baldeados. Miro por las ventanillas, aprovechando los \u00faltimos rayos del sol. En lo que dura un minuto, pasan m\u00e1s de diez autos que parecen frenar con levedad cuando est\u00e1n a la par del micro. Me gustar\u00eda reconocer a los conductores y hablarles, ac\u00e1, en el medio de la nada: me gustar\u00eda que me expliquen qu\u00e9 es lo que pas\u00f3. Quiz\u00e1s me est\u00e1n observando, quiz\u00e1s envidian mi equilibrio y la falta de obligaci\u00f3n que tengo de manejar. Todav\u00eda cerca de la puerta del ba\u00f1o, me preocupa no reconocer a ninguno de los conductores de esos autos y a ninguna de las personas que los acompa\u00f1an.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Las horas eran de acero pero se quemaban. Mam\u00e1 pens\u00f3 que, si eso le pasaba a las horas, qu\u00e9 les quedar\u00eda a los hijos. Esa noche pap\u00e1 se qued\u00f3 en las orillas de su silencio, y quiz\u00e1s nunca pueda salir de ah\u00ed. Yo era un camis\u00f3n que atravesaba la casa sin encontrar respuestas y temblaba de fr\u00edo. Mi hermano, nada m\u00e1s que un derrumbe mortal.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La atm\u00f3sfera tiene olor a d\u00edas pasados, a d\u00edas que corren tan para atr\u00e1s que no saben lo que significa la palabra ma\u00f1ana, d\u00edas de calesitas y de hacer pociones con barro, coquitos y hojas con mi hermano. La escalera para subir hasta el segundo piso tiene siete escalones, aunque me parece infinita. Me siento un punto m\u00ednimo en un micro que rueda sobre un mundo sin final. Cada momento es provisorio, claro: intento grabarlo en mi cabeza. De todas formas, nunca pierdo la fe de que nada haya acontecido, aunque lo \u00fanico que no aparece es la calma. Los escalones se iluminan con unas luces led de color azul que indican el camino y est\u00e1n puestas, a prop\u00f3sito, para evitar ca\u00eddas. Me da risa la idea porque yo me ca\u00ed hace rato, m\u00e1s precisamente ayer a la noche, cuando mam\u00e1 entr\u00f3 llorando y gritando el nombre de mi hermano a mi pieza y yo no entend\u00eda nada de nada. Ella abri\u00f3 la puerta sin ning\u00fan tipo de cuidado y, como no la cerr\u00f3, entr\u00f3 algo as\u00ed como un viento que no pertenec\u00eda a este mundo. Ese viento era, en realidad, una p\u00e9rdida que nos agarraba de las manos, de los brazos, del cuerpo entero, y nos hac\u00eda ir para abajo en un segundo. La misma b\u00fasqueda de siempre me motiva, mientras me caigo para dentro de m\u00ed misma y pego un salto que me indica que necesito un impulso donde sea lo que no es.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el piso de arriba del micro, el aire es m\u00e1s c\u00e1lido. <em>Todo cambia una vez que se sube sin retorno.<\/em> Estoy segura de que los \u00faltimos rayos del sol me van a lavar la cara con persistencia durante lo que resta de este viaje. <em>Mi blusa negra, mi blusa que simboliza ausencia y atrae el calor, me va a ayudar a lograrlo.<\/em> Pienso en mi hermano, en su falta de llanto y en la cadencia serena de sus pesta\u00f1eos esa noche: hasta la luna hace que su lado oscuro sea imperdible y la desaparezca. <em>Vuelvo a estar a la intemperie cuando llego a mi asiento y la veo a mi mam\u00e1, que me nombra y deja caer una l\u00e1grima. Est\u00e1 conversando con mi hermano. Quiz\u00e1s la que se muri\u00f3 fui yo.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Por\u00a0<strong>Almendra Arteca<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La foto es de Katherine Hepburn en el set de Long Days Journey Into Night<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se me mezclan la memoria y las ganas. Lo que ahora deber\u00eda expresar es lo que sucede en medio de la falta completa de toda expresi\u00f3n. Por lo menos, no hay l\u00edquidos en el suelo: esa ausencia implica la presencia de un indicio que podr\u00eda ser tan alentador como extra\u00f1o. Por los o\u00eddos, por la [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":2838,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-2837","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cuento"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2837","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2837"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2837\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2839,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2837\/revisions\/2839"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2838"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2837"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2837"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2837"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}