{"id":2778,"date":"2021-10-13T12:46:50","date_gmt":"2021-10-13T15:46:50","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=2778"},"modified":"2024-09-12T12:01:34","modified_gmt":"2024-09-12T15:01:34","slug":"el-viejo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2021\/10\/13\/el-viejo\/","title":{"rendered":"El viejo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Lo observo por la ventana del trabajo, est\u00e1 en slip, debe tener alrededor de ochenta a\u00f1os. Cada ma\u00f1ana se levanta a eso de las diez. Yo me apuro a agarrar mi taza e ir a la cocina a espiarlo, aquel es el \u00fanico lugar desde donde llego a verlo. Siempre es la misma rutina: levanta la persiana, que al elevarse deja ver el cristal repleto de calcoman\u00edas que deben haber pegado sus nietos o sus hijos hace unos cuantos a\u00f1os. Yo solo veo rect\u00e1ngulos blancos de diversos tama\u00f1os, donde est\u00e1 el pegote que las adhiere a la ventana. Las figuras dan hacia la habitaci\u00f3n. Despu\u00e9s desaparece de mi vista por unos minutos, y vuelve, mate en mano y todav\u00eda en calzoncillos. Algo en la escena me hace sonre\u00edr, pienso en que es el vecino de alguien, o el padre, o el t\u00edo, y solo yo tengo el privilegio de verlo as\u00ed: reci\u00e9n levantado, casi desnudo. S\u00ed, soy una privilegiada, porque ni siquiera tengo que preguntarme algo sobre \u00e9l, est\u00e1 ah\u00ed como un palad\u00edn de lo genuino, de la honestidad del ser: el mate, el slip, las calcoman\u00edas, la cama de una plaza contra la pared. Es aquel viejo que describi\u00f3 Hemingway, el que lucha con los tiburones, es mi h\u00e9roe de la honestidad y, quiz\u00e1s, solamente m\u00edo, porque lo es tan solo en ese rato, no cuando dice algo inteligente, o recuerda alguna proeza de anta\u00f1o, o cuando discute de f\u00fatbol con el due\u00f1o del kiosco de diarios, tampoco lo es mientras supongo que hace todas aquellas cosas. Es mi h\u00e9roe de lo aut\u00e9ntico en este cub\u00edculo artificial. Y \u00e9l salva la desaz\u00f3n de las primeras horas del d\u00eda con su verdad en calzoncillos y sus arrugas y sus carnes que tan bien describen el contorno de sus huesos. Es fuerte porque es viejo y porque alguna vez supo ser menos d\u00e9bil y sin embargo ensarta tiburones y navega en esa habitaci\u00f3n, deshaciendo la yerba de a poco.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Logro alejar la mirada de la ventana y disponerme a hacer lo que se supone que vine a hacer a la cocina. La cafetera, vac\u00eda, manchada de restos mohosos, reposa en su base. Es raro que nadie haya hecho caf\u00e9 hoy. Abro las alacenas con cierta premonici\u00f3n: el tarro de vidrio, de tapa naranja, que deber\u00eda estar lleno del caf\u00e9 m\u00e1s econ\u00f3mico del mercado, est\u00e1 vac\u00edo. Al lado, el tarro de tapa verde, con la yerba m\u00e1s econ\u00f3mica del mercado: lleno. Cambio mis planes. Tomo una bombilla del segundo caj\u00f3n y la meto en la taza. Busco mi termo en la alacena de abajo. Ah\u00ed est\u00e1, quieto y colorido, abrazado por decenas de calcoman\u00edas. Lo lleno con el agua caliente del <em>dispenser<\/em>. Vuelco la yerba en la taza y me envuelve una nube de polvo. Chupo el mate y doy el primer trago amargo. Chupo una vez m\u00e1s y miro por la ventana. Ah\u00ed est\u00e1 la joven que, cada ma\u00f1ana, me distrae de la soledad en las primeras horas del d\u00eda. Que apacigua este silencio con su vitalidad. Hoy es uno de esos d\u00edas excepcionales, en los que toma mate en su taza de caf\u00e9.<\/p>\n<p>Por<strong> Marisol Carbajal<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fotograf\u00eda por Elliot Erwitt<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lo observo por la ventana del trabajo, est\u00e1 en slip, debe tener alrededor de ochenta a\u00f1os. Cada ma\u00f1ana se levanta a eso de las diez. 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