{"id":2615,"date":"2021-08-31T10:43:01","date_gmt":"2021-08-31T13:43:01","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=2615"},"modified":"2021-08-31T10:52:27","modified_gmt":"2021-08-31T13:52:27","slug":"el-puerto-que-habito","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2021\/08\/31\/el-puerto-que-habito\/","title":{"rendered":"El puerto que habito"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Desembarcar en un libro de fotograf\u00edas, abordar un libro de poes\u00eda, naufragar en la lectura de un dif\u00edcil ensayo escrito en otra \u00e9poca y traducido en un lenguaje fuera de uso, encallar en una narrativa ripiosa, avanzar a toda m\u00e1quina por un cuento perfecto que termina abruptamente su viaje en un gran remolino. Met\u00e1foras de viaje y libros que nos remiten a esa primigenia forma de llegar a lo desconocido: atravesar <em>las interminables llanuras l\u00edquidas<\/em> de Jacob, <em>la mar<\/em> de los pescadores, llegar a puertos de otros mundos con la curiosidad abierta donde a\u00fan es posible lo maravilloso bajo el cuerpo de lo extra\u00f1o.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los primeros recuerdos personales que tengo son de Castro, mi familia viv\u00eda en una calle frente al muelle. Im\u00e1genes borrosas de hombres y mujeres llegando de las islas en lanchones, apilando su producci\u00f3n; sacos de papas, ajos, tiras de cholgas secas, chicha de manzana, lana cruda con su olor a cordero mojado. Esa calle ten\u00eda varios bares. Recuerdo un rumor de conversaciones y sonido de vasos, olor a chicha, humedad que se desprende de las ropas. En la calle camiones retro y charcos con nubes reflejadas. En muchas fotograf\u00edas de <em>El puerto que habito<\/em> sent\u00ed esa humedad gris de Chilo\u00e9, ya que Puerto Montt se construy\u00f3 un poco a imagen y semejanza de esa isla de reputados carpinteros, buenos para irse por los caminos del mar a probar suerte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Rafael Arenas es el nombre del fot\u00f3grafo de este libro llamado <em>El puerto que habito<\/em> enfocado en el barrio mar\u00edtimo de Puerto Montt, ciudad que no tiene m\u00e1s de 170 a\u00f1os pero que ha sido clave en los procesos de colonizaci\u00f3n del sur de Chile, ya que el antiguo tr\u00e1nsito de lanchas de pioneros de toda raza y nacionalidad, desde el territorio fragmentado de islas, desembocaban con frecuencia en el barrio que registran las fotograf\u00edas, de ah\u00ed que abunden ferreter\u00edas, ventas de repuestos, insumos para motosierras, motores y otras m\u00e1quinas del emprendimiento extractivista o de la sobrevivencia en el monte. En ese barrio abundan peluquer\u00edas, locales de pintura industrial, imprentas, bares y toda esa Babilonia que se forma en los puertos a la espera de los aventureros de ultramar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Harry Vollmer, poeta de Puerto Montt, interpela las fotograf\u00edas, desarrollando la mirada sobre alg\u00fan punto de fuga de la imagen y da cuenta de ese mundo de casas viejas y personas que sobreviven mediante duros oficios. El poeta es autor de varias obras, entre las cuales su libro <em>Con ajo<\/em>, da cuenta de la violencia y ciertos c\u00f3digos de los pueblos h\u00famedos del sur. Para quien <em>escribir poes\u00eda es solo picar le\u00f1a para el invierno<\/em>, ahora toma astillas de las im\u00e1genes de esos barrios que albergan a sus hablantes y enciende las evocaciones a mundos impregnados de abandono.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El barrio retratado parece hoy lucir dos caras, por un lado el antiguo casco fundacional, los caserones construidos por carpinteros chilotes con su virtuosismo de tejuelas y ventanas, y por otro lado el puerto moderno, de grandes maquinarias, que generan trabajo obrero en la navegaci\u00f3n, en la desforestaci\u00f3n a escala industrial y la explotaci\u00f3n del mar. Rafael Arenas tuvo la buena idea de no solo retratar la arquitectura \u2014que probablemente tenga sus d\u00edas contados\u2014, en especial a sus habitantes, los rostros del barrio, almaceneros, vecinas, parroquianos de bar, cocineras, modistas, mec\u00e1nicos, torneros, esos oficios de puerto antiguo que de alguna manera emparenta este libro con uno de otro poeta austral, hijo de chilotes en Magallanes: <em>Personajes de mi ciudad<\/em> de Rolando C\u00e1rdenas, en ese libro C\u00e1rdenas retrata a personas de oficios callejeros, junto a grabados de Guillermo Deisler. Han pasado casi sesenta a\u00f1os desde entonces y las t\u00e9cnicas de reproducci\u00f3n son otras, en este libro de gran formato, las im\u00e1genes en blanco y negro revientan la p\u00e1gina para que uno entre con la panor\u00e1mica del cine en las atm\u00f3sferas sure\u00f1as.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>El viento empuja al bajar y te contiene en la subida \/ as\u00ed son estas colinas maternas en leche que escurre \/ y sus calles o callejuelas en abismo o para\u00edso<\/em>, comenta Harry, acompa\u00f1ando fotograf\u00edas de casas que se encumbran en cerros y quebradas, a la manera de un Valpara\u00edso sure\u00f1o, una extra\u00f1a mezcla de ventanas que se elevan buscando la luz en cuerpos de madera y lata, como robots hechos por un ni\u00f1o con remaches y maderas, caserones puestos al aguante de la lluvia y el viento que de vez en cuando reciben la caricia del sol con una promesa de d\u00edas luminosos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace algunos a\u00f1os conoc\u00ed a Vollmer en Arica, en el contexto de un encuentro de escritores dedicamos el \u00faltimo d\u00eda, ya sin actividades, para recorrer con \u00e9l y una poeta de Santiago, una zona antigua del puerto, recuerdo enormes m\u00e1quinas varadas en un soleado d\u00eda que parec\u00eda deshabitado, la figura delgada de Harry aparec\u00eda y desaparec\u00eda entre las instalaciones de ese lejano norte, entre galpones enormes, viejos cascos desarmados de embarcaciones y palomas que insist\u00edan en su cucurrucucu arriba de las panderetas. Deambulaba, imagino ahora, comparando esas ruinas con las de su propio puerto. Yo andaba tras la pista de un falucho llegado desde el Maule, que seg\u00fan la literatura se conservaba en alg\u00fan lugar de Arica. Ahora comprendo el silencio de esa tarde, cuando leo sus versos dedicados a las m\u00e1quinas del muelle de Puerto Montt: <em>Solo un valiente puede montar a diario \/ el poder de ara\u00f1as gigantes que todo lo pueden \/ las penas del hombre y sus alegr\u00edas pasajeras \/ las gr\u00faas que tuertas miran de lejos \/ esperando las luces que llegan de noche \/ y sus cargas de las bodegas y el alma<\/em>, para continuar en otra p\u00e1gina: <em>Ya partiremos a otros sistemas \/ otras constelaciones \/ con el peso de nuestras cargas \/ que nos aferran al ser humano \/ y sus creaciones<\/em>. As\u00ed, como si se tratara de m\u00e1quinas espaciales, las grandes gr\u00faas se convierten en una m\u00e1quina de evocaciones en los versos de Vollmer, quiz\u00e1s como esas naves que se van a otros planetas mientras el l\u00e1rico bebe el \u00faltimo sorbo de cerveza en un palomar, hab\u00eda una nostalgia de futuro tambi\u00e9n en esas embarcaciones sin tripulantes de un domingo vac\u00edo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace poco estuve en Puerto Montt y pude caminar por el barrio retratado en este libro e ir un poco m\u00e1s all\u00e1, hacia Angelm\u00f3 y Chinquihue, que es una especie de planeta de obreros mar\u00edtimos, con camiones de alto tonelaje que resbalan en las cuestas con derrame de aceite. Todo en ese cord\u00f3n industrial mar\u00edtimo que se expande desde la ciudad, gira en torno al pescado, sean jotes o ejes de camiones cargados con huevos de salm\u00f3n, sean gaviotas, astilleros, o naves oxid\u00e1ndose junto a boyas en estado de ruina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pienso en esa ruralidad habitable que crece entre la franja industrial y el mar, donde el paisaje de verde furioso contrasta con el juego de luces de las nubes sobre el mar y con esa retroexcavadora en la cima de una colina de harina de pescado, con jotes revoloteando. Llueve, a ratos sale el sol y hay barro en todos los caminos, las m\u00e1quinas operan, los jotes parecen felices, la retro de cuello largo a la manera de un saurio met\u00e1lico rasca, remueve, reordena el aserr\u00edn de salm\u00f3n, su silueta se recorta contra las nubes. La econom\u00eda circular consiste en renovar los residuos. Es la zona de sacrificio, islas de chips, el barrio industrial crecido a la orilla de un mar mecanizado, sembrado de salmoneras y procesadoras de tripas, con cementerios de conteiners y lanchones desguazados. <em>Solo un valiente puede montar a diario \/ el poder de ara\u00f1as gigantes <\/em>nos dec\u00eda Harry, <em>para trabajar en esas faenas de mitolog\u00eda industrial hay que tener el cuero bien duro<\/em>, agregar\u00eda yo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Recuerdo una revista ilustrada que miraba de ni\u00f1o, all\u00ed hab\u00eda un dibujo a colores a doble p\u00e1gina, lo que hoy llamar\u00edan infograf\u00eda, donde se imaginaba c\u00f3mo podr\u00eda ser el mar del futuro, un mar granja con instalaciones modernas tipo Futurama y todo tipo de cultivos submarinos: crust\u00e1ceos, bivalvos y peces creciendo en jaulas, hombres rana (as\u00ed se los nombraba por entonces), con modernos equipos trabajando bajo las aguas transparentes, obreros manejando submarinos personales. Ese colorido panorama que me hipnotizaba como una pel\u00edcula congelada, en poco se parece a las micros con vidrios empa\u00f1ados en que transitan obreros abrigados, ya serios o euf\u00f3ricos seg\u00fan el turno, pensando en las deudas o carretes, en una familia quiz\u00e1s, con botas de goma y olorosos a lluvia, con sus parkas t\u00e9rmicas y gorros de lana. Algo pas\u00f3 entre la expectativa del progreso y la cultura de la sobreexplotaci\u00f3n y consumo que se teje en torno al mar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fotograf\u00eda y poes\u00eda han tenido innumerables experimentos de colaboraci\u00f3n, complemento, intervenci\u00f3n, \u00e9cfrasis, dise\u00f1o, hermen\u00e9utica, y cuanta cosa se halla imaginado en ese cruce de im\u00e1genes y palabras, en este caso se asocia adem\u00e1s a una interpretaci\u00f3n territorial, a un modo de vida que oscila entre la crudeza del clima y la conquista del mar y la selva fr\u00eda. Llegar entonces finalmente a puerto, descansar de la aventura y la incertidumbre del viaje, y llegar para evocar una ciudad y las personas que le dan car\u00e1cter, todo ello sucede en el libro, al dejar que sus im\u00e1genes y textos delineen una ciudad, que quiz\u00e1s solo exista en la mirada de sus autores, y desde ah\u00ed, habite en la memoria de lejanos lectores.<\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>Felipe Moncada Mijic<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"512\" height=\"353\" class=\"aligncenter size-full wp-image-2616\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/unnamed.jpeg\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/unnamed.jpeg 512w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/unnamed-300x207.jpeg 300w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/unnamed-510x353.jpeg 510w\" sizes=\"auto, (max-width: 512px) 100vw, 512px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Fotograf\u00edas de Rafael Arenas &amp; poemas de Harry Vollmer (Puerto Montt 2021)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desembarcar en un libro de fotograf\u00edas, abordar un libro de poes\u00eda, naufragar en la lectura de un dif\u00edcil ensayo escrito en otra \u00e9poca y traducido en un lenguaje fuera de uso, encallar en una narrativa ripiosa, avanzar a toda m\u00e1quina por un cuento perfecto que termina abruptamente su viaje en un gran remolino. 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