{"id":2596,"date":"2021-08-26T10:00:02","date_gmt":"2021-08-26T13:00:02","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=2596"},"modified":"2022-03-23T15:13:41","modified_gmt":"2022-03-23T18:13:41","slug":"los-afectos-del-rostro-cubierto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2021\/08\/26\/los-afectos-del-rostro-cubierto\/","title":{"rendered":"Los afectos del rostro cubierto"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><em>Nuestras calles, nuestros rostros, recuperar\u00e1n su aspecto normal<\/em>. Con estas palabras, el presidente de Espa\u00f1a, Pedro S\u00e1nchez, anunciaba a mediados de Junio el fin a la restricci\u00f3n que hac\u00eda obligatorio el uso de mascarillas en exteriores. La mayor parte de los diarios espa\u00f1oles e internacionales que reprodujeron la noticia, omitieron parte de la frase y la resumieron con el parafraseo, <em>nuestros rostros empezar\u00e1n a recuperar su aspecto normal<\/em>. De todas maneras, la relaci\u00f3n que trazan estas declaraciones, entre calles, rostros y normalidad, no deja de ser reveladora. La obligatoriedad del uso de mascarillas y la espera del cese de esta restricci\u00f3n parecen encarnar en s\u00ed mismas el signo del estado actual de la pandemia, cuyo efecto m\u00e1s visible es el ocultamiento de los rostros. Si la lucha que se lleva a cabo en la trinchera m\u00e9dica es una imagen inaccesible, y los medios no tienen inter\u00e9s en mostrar los efectos sociales de la combinaci\u00f3n entre pandemia y neoliberalismo: el hacinamiento, la precariedad y el hambre, entonces aquello que es puesto en primer t\u00e9rmino, como imagen de la pandemia, es el rostro cubierto por la mascarilla, en discursos p\u00fablicos, programas de televisi\u00f3n, eventos deportivos, en la calle y el transporte p\u00fablico. Pero tras la mascarilla, est\u00e1 siempre el rostro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Rostro y norma est\u00e1n profundamente conectados. La imagen del rostro es la imagen de la identidad a partir de la cual el Estado construye una serie de tecnolog\u00edas de identificaci\u00f3n y rastreo. La tecnolog\u00eda digital del reconocimiento facial, por ejemplo, no supone realmente una revoluci\u00f3n, sino apenas un eslab\u00f3n m\u00e1s de la cadena que surge con los documentos de identidad. En Chile, desde el 2013, la c\u00e9dula de identidad contiene un chip con datos biom\u00e9tricos tanto del rostro como de las huellas digitales. Esta biometr\u00eda corresponde a un conjunto de patrones y proporciones inherentes a cada rostro, o cuya variaci\u00f3n con el paso del tiempo es baja. Son justamente estos patrones los que otorgan al rostro una de sus funciones predominantes, la individuaci\u00f3n. No es coincidencia que, en medio de la revuelta chilena, hubiera una tentativa de penalizar el ocultamiento del rostro, con la infame Ley anti-encapuchados. Bajo la funci\u00f3n de individuaci\u00f3n, el rostro no est\u00e1 al servicio de su poseedor, sino de un circuito social de localizaci\u00f3n. La individuaci\u00f3n siempre sucede al nivel de las coordenadas espacio-temporales. No solo se es individuo, sino que se lo es en un lugar y tiempo espec\u00edficos. La calle llena de encapuchados, es (para el Estado) la invasi\u00f3n de los cuerpos ilocalizables, la pesadilla de una masa de cuerpos que se revelan como potencia, es decir, con su capacidad de estar y no estar, de estar ah\u00ed y en todas partes. De cierto modo, el abandono voluntario de la individuaci\u00f3n nunca fue, como algunos te\u00f3ricos de la conspiraci\u00f3n que igualan mascarilla y bozal sugieren, un resultado del control y el silenciamiento, sino al contrario, una condici\u00f3n fundamental para la revoluci\u00f3n en una sociedad de control cuyo refinamiento en las tecnolog\u00edas de localizaci\u00f3n y seguimiento de los cuerpos, a trav\u00e9s del rostro y la identidad, no tiene precedentes. Por esto el mandatario espa\u00f1ol est\u00e1 en lo correcto: espacios p\u00fablicos con rostros al descubierto no s\u00f3lo son un signo de lo normal, sino uno de los mecanismos necesarios de las estrategias de normalizaci\u00f3n de la sociedad, de recuperaci\u00f3n del orden establecido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero la individuaci\u00f3n, como constante biom\u00e9trica, no es la \u00fanica funci\u00f3n del rostro. Sabemos que nuestros rostros est\u00e1n en constante movimiento, no s\u00f3lo alterados por subidas y bajadas de peso, maquillajes, cicatrices y cirug\u00edas est\u00e9ticas, sino tambi\u00e9n, por una incidencia permanente de los afectos que los recorren y que los utilizan como medio de expresi\u00f3n. Estos movimientos, a veces m\u00ednimos pero perceptibles, otras veces intensos hasta el l\u00edmite de la mueca y el horror, ocurren sobre una suerte de placa inm\u00f3vil, constituida por esas constantes biom\u00e9tricas que dotan de individuaci\u00f3n al rostro, y en funci\u00f3n de su intensidad son capaces de desorganizarlo hasta desvanecer estos par\u00e1metros individuantes. Esto es lo que sucede cuando decimos que afectos como la ira o la tristeza han vuelto a alguien irreconocible.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un rostro que mantiene los contornos de nuestra individualidad, y que es recorrido por afectos que tienen la potencia de volverlo irreconocible. Esta doble articulaci\u00f3n fue propuesta por Gilles Deleuze en sus estudios sobre cine, a prop\u00f3sito del primer plano cinematogr\u00e1fico y de la posibilidad del cine de llevar las funciones del rostro al l\u00edmite de sus capacidades expresivas. La teor\u00eda cinematogr\u00e1fica de Deleuze toma como base las ideas de Bergson sobre la relaci\u00f3n entre el cuerpo y el esp\u00edritu, proponiendo a partir de ellas una taxonom\u00eda de las im\u00e1genes del cine. Esto considerando que, en el pensamiento de Bergson, la relaci\u00f3n entre cuerpo y mundo se produce justamente a trav\u00e9s de im\u00e1genes. Por esto, los paralelos entre vida y cine, como los mecanismos de la percepci\u00f3n, la memoria y el montaje, con sus construcciones espacio-temporales, son parte fundamental de los planteamientos de Deleuze sobre un conjunto de pel\u00edculas que clasifica dentro de lo que llama el r\u00e9gimen de la imagen-movimiento, es decir, un sistema de im\u00e1genes construido en torno a una conexi\u00f3n sensoriomotora, un proceso que va de la sensaci\u00f3n al movimiento del cuerpo como finalidad \u00faltima. Seg\u00fan esta parte de la concepci\u00f3n te\u00f3rica Deleuziana, nuestro funcionamiento cotidiano, en tanto cuerpos y conciencia en el mundo, es profundamente similar, sino paralelo al del cine.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para desarrollar su teor\u00eda del primer plano, Deleuze realiza primero una definici\u00f3n del rostro, cuya caracter\u00edstica principal radicar\u00eda en la presencia de dos polos. Primero, un polo contorno-cualitativo: justamente estas invariantes biom\u00e9tricas que conforman, como en un contorno, una relaci\u00f3n de rasgos que, organizados, otorgan individualidad al rostro. Segundo, un polo intensivo: al interior del contorno, una cantidad enorme de peque\u00f1os movimientos, microsignos de los m\u00faltiples m\u00fasculos faciales, reaccionan, de manera consciente o inconsciente ante las afecciones, produciendo la aparici\u00f3n de rasgos que, a menudo, entran en series intensivas hasta producir un estallido, como en el caso del llanto o un grito de terror.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La oposici\u00f3n entre organizaci\u00f3n limitante y desorden creador es una constante de la filosof\u00eda de Deleuze, y tiene tambi\u00e9n su aplicaci\u00f3n en el rostro. El polo individuante del rostro aparece m\u00e1s fuertemente cuando se trata de un rostro que piensa. El rostro de quien piensa se organiza en torno a su pensamiento, por lo que podemos ver claramente emerger el pensamiento en \u00e9l. El proceso a trav\u00e9s del cual ponderamos las cosas ralentiza el rostro, y es esa lentitud lo que cristaliza la identidad de quien piensa. Consideremos, por ejemplo, que al tomarnos la foto para el documento de identidad se nos pide una expresi\u00f3n de seriedad. Esta seriedad es una forma de organizar el rostro, evidentemente ligada a la organizaci\u00f3n de un contorno. A nivel burocr\u00e1tico, se considera que nuestro rostro es m\u00e1s propio cuando no expresa nada, una especie de grado cero del rostro, una identidad fija a partir de la cual se producen algunas variaciones, como una sonrisa o un bostezo, pero que es en s\u00ed la forma <em>original<\/em> del rostro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero luego tambi\u00e9n el rostro siente, y en el rostro que siente comienza a florecer el desorden. Los m\u00fasculos que se contraen y se expanden, ya sea por sorpresa, horror o alegr\u00eda, sacuden los cimientos organizadores del rostro individuado. Comienzan a aparecer nuevos rostros en potencia, expresiones que pueden llegar a parecer ajenas a una identidad que se desvanece r\u00e1pidamente bajo este movimiento intensivo. Es aqu\u00ed donde los afectos se apoderan del rostro, y su portador, el individuo, pasa a un plano secundario. La mayor capacidad afectiva del rostro aparece cuando este ya no es visto como porci\u00f3n de un individuo o un rol social, sino como un afecto que se apodera del rostro para obtener su expresi\u00f3n. Deleuze utiliza el t\u00e9rmino <em>fantasma<\/em>, para referirse a este afecto, que no existe si no es expresado, y que aparece para poseer al rostro. La existencia del afecto es virtual. No podemos mostrar el horror, la angustia o la pena, a menos de que apuntemos a un rostro en el cual estos afectos, en esencia virtuales, se actualizan y se expresan. La desaparici\u00f3n de los rostros no ser\u00eda la desaparici\u00f3n de los afectos, sino su condena a una condici\u00f3n virtual y latente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo interesante y an\u00f3malo del planteamiento de Deleuze, es que pone en pugna al individuo y el afecto. La aparici\u00f3n de uno implica la desaparici\u00f3n del otro. No es el individuo, identificable, localizable, el que est\u00e1 en posesi\u00f3n del afecto, sino al contrario. Es el afecto, que justamente por su car\u00e1cter virtual, es ilocalizable e imposible de volver identitario, el que posee al rostro y lo vuelve su expresi\u00f3n. La superaci\u00f3n de la identidad es, en la filosof\u00eda de Deleuze, lo que nos conecta con la cara virtual de la existencia, el plano desde el cual es capaz de emerger lo nuevo, lo diferente. La identidad es un requerimiento de la estructura social, que necesita trazar los l\u00edmites y la posici\u00f3n de un individuo. El afecto es la expresi\u00f3n de algo que viene <em>del m\u00e1s all\u00e1<\/em>, algo que emerge de las sensaciones y las potencias que recorren el mundo, y que es capaz de revelar nuestro car\u00e1cter m\u00faltiple, ya no individuos, sino seres atravesados y transformados por las corrientes afectivas siempre cambiantes y ocultas. Cuando el afecto se apodera de nosotros, se nos abre la posibilidad de devenir otros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Podr\u00eda pensarse que en una \u00e9poca de rostros cubiertos, los afectos est\u00e1n condenados a no ser expresados. Por otra parte, tanto la identificaci\u00f3n como la legibilidad del rol social se ven obstruidas, al menos en lugares p\u00fablicos. Una dr\u00e1stica divisi\u00f3n entre la calle y el hogar es delimitada por los rostros, que se descubren al entrar y se cubren al salir. Antes de las mascarillas, la calle era el lugar del rol social y el espacio de los individuos, de las identidades. Las c\u00e1maras de seguridad y otros mecanismos de vigilancia del exterior registran los rostros en busca de identidades. Estas m\u00e1quinas son, al mismo tiempo, incapaces de registrar afectos. Pero basta con que alguien mire al rostro enmascarillado de otro transe\u00fante para que un afecto aparezca. As\u00ed como un afecto com\u00fan, colectivo, recorr\u00eda los rostros encapuchados durante las revueltas del 2019, otro afecto colectivo se expresa en las mascarillas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al cubrirse parte de ellos, los rostros se vuelven potenciales. Aquello que el rostro oculta puede ser a\u00fan m\u00e1s expresivo que lo que muestra. Sobre la parte virtual del rostro aparece otro afecto, el de la mascarilla. Todos los afectos singulares de las mascarillas, blancas, de colores, con dise\u00f1os, gastadas o nuevas, etc. Al mismo tiempo, parte de ese afecto singular de la mascarilla siempre tendr\u00e1 que ver con la potencia de la enfermedad, con la invisibilidad del virus, con el cumplimiento de la ley y el reglamento sanitario; es el aspecto colectivo de ese afecto. Ante la obligatoriedad de la mascarilla en el lugar p\u00fablico, r\u00e1pidamente aparecieron los dise\u00f1os personalizados, los diferentes estilos y materiales, como un intento de conservar la individuaci\u00f3n. As\u00ed, el afecto puro y colectivo que atraviesa todas las mascarillas, convive con tentativas de individuaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A diferencia de las mascarillas, mayoritariamente producidas en masa, las capuchas y las bandanas de la revuelta eran improvisadas, personalizadas, precarias, aunque a la vez, recorridas por otro afecto com\u00fan. El afecto de la confrontaci\u00f3n, de lo comunitario, pero tambi\u00e9n de la suciedad, de las lacrim\u00f3genas, del sudor y la contingencia. Su individuaci\u00f3n, en la mayor\u00eda de los casos, no surg\u00eda de una b\u00fasqueda identitaria consciente, sino de una necesidad urgente de cubrirse el rostro con lo que hubiera a mano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cabe recordar las ideas de Spinoza sobre los afectos. Los habr\u00edan de dos tipos: los afectos tristes, que disminuyen nuestra potencia y capacidad de actuar, y los afectos alegres, que por el contrario, aumentan nuestra potencia. Es cierto que el afecto revolucionario de las capuchas de la revuelta es pura potencia, un llamado a la acci\u00f3n, expresado en rostros virtuales, enmascarados por la colectividad del afecto. Por otro lado, lo que los rostros con mascarilla expresan es un afecto triste, aunque no menos colectivo. De cierto modo, la doble condici\u00f3n de medida de cuidado personal y de colaboraci\u00f3n colectiva, produce que la mascarilla sea un lugar de intersecci\u00f3n de todos los afectos posibles de la pandemia, desde el miedo hasta la indiferencia, desde la obediencia hasta la desconfianza. Sobre un rostro que expresa, con la mirada, despreocupaci\u00f3n y relajo, sigue estando la mascarilla que, entrando en el dominio afectivo del rostro, proyecta sobre \u00e9l el signo de un estado de emergencia y alerta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo que las mascarillas ocultaron no fue el polo afectivo del rostro, sino al individuo. En su lugar, aparece un afecto colectivo y triste, como el sustrato de todo lo que el orden establecido lucha por ocultar: un estado de cat\u00e1strofe que no es un tropiezo azaroso, sino el fracaso de un proyecto de civilizaci\u00f3n global. La premura por recuperar los rostros <em>en su aspecto normal<\/em>, no har\u00e1 desaparecer estos afectos tristes. Solo retornar\u00e1 su aspecto identitario y su rol social, algo que parece importar tremendamente a los mandatarios europeos que, en el primer mundo, intentan nuevamente simular un regreso a la normalidad. Los nuevos rostros descubiertos ser\u00e1n los verdaderos afectos enmascarados. Algo estar\u00e1 oculto bajo esos rostros desnudos. Tras un proceso de normalizaci\u00f3n se esconde siempre un ansia de organizaci\u00f3n, y cada anomal\u00eda de la historia humana nos demuestra que lo normal es un orden \u00fanicamente posible al nivel de las apariencias. Podemos fingir seriedad moment\u00e1neamente frente al fot\u00f3grafo del registro civil, pero debajo del rostro inm\u00f3vil siempre hay algo que busca emerger. Una vez dejamos de posar como identidades y roles sociales, volvemos a abrirnos al afecto, con su capacidad de transformarnos, de producir algo nuevo, conectado con aquello contingente y que nos recorre colectivamente.<\/p>\n<p>Por <strong>Diego Soto<\/strong><\/p>\n<p>Fotograf\u00eda por\u00a0<strong>Dylan del Valle\u00a0<\/strong>(@dylaaanalogo)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nuestras calles, nuestros rostros, recuperar\u00e1n su aspecto normal. Con estas palabras, el presidente de Espa\u00f1a, Pedro S\u00e1nchez, anunciaba a mediados de Junio el fin a la restricci\u00f3n que hac\u00eda obligatorio el uso de mascarillas en exteriores. La mayor parte de los diarios espa\u00f1oles e internacionales que reprodujeron la noticia, omitieron parte de la frase y [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":63,"featured_media":2597,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[447,379],"tags":[],"class_list":["post-2596","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ensayo","category-politica"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2596","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/63"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2596"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2596\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2603,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2596\/revisions\/2603"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2597"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2596"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2596"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2596"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}