{"id":2589,"date":"2021-08-24T10:05:54","date_gmt":"2021-08-24T13:05:54","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=2589"},"modified":"2021-08-23T15:06:46","modified_gmt":"2021-08-23T18:06:46","slug":"comentarios-a-gustave-caillebotte-hacia-una-ecfrasis-del-jardin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2021\/08\/24\/comentarios-a-gustave-caillebotte-hacia-una-ecfrasis-del-jardin\/","title":{"rendered":"Comentarios a Gustave Caillebotte: hacia una \u00e9cfrasis del jard\u00edn"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"2381\" height=\"1815\" class=\"aligncenter size-full wp-image-2593\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/1.jpeg\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/1.jpeg 2381w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/1-300x229.jpeg 300w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/1-1024x781.jpeg 1024w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/1-768x585.jpeg 768w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/1-1536x1171.jpeg 1536w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/1-2048x1561.jpeg 2048w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/1-1040x793.jpeg 1040w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/1-1200x915.jpeg 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 2381px) 100vw, 2381px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Garten en Trouville<\/em>, 1882<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los jardines son la expresi\u00f3n del orden; en cada flor, en cada tronco, en cada sendero, est\u00e1 la inteligencia, la voluntad del ser humano. Sembrar la tierra es dominar la naturaleza. De cada semilla brotan flores, \u00e1rboles, cuerpos f\u00e1licos que son como grandes edificios metropolitanos. Construir una ciudad es pavimentar la tierra de nadie, como jardines muertos que el tiempo ha ido sepultando. Los cercos de la capital, de los parques, son los l\u00edmites del mundo. Un libro proverbial es un jard\u00edn de palabras. Cada axioma es el l\u00edmite del pensamiento. Los jardines son formas del discurso, como grandes bosquejos arquitect\u00f3nicos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la tradici\u00f3n del Cor\u00e1n, algunos aseveran que en el mundo existe una rosa, un fruto, un ave que lleva su nombre inscrito en una de sus plumas. Son, digamos, palabras con forma de cuerpo. As\u00ed fueron concebidos, en principio, los objetos que repletan el universo. Del mismo modo, en el para\u00edso ad\u00e1nico, el primer hombre nomina f\u00e1cilmente a cada uno de los animales. Luego, los nombres originales se extrav\u00edan, as\u00ed como lo est\u00e1 el propio jard\u00edn. La relaci\u00f3n entre las palabras y las cosas solo es posible dentro del Ed\u00e9n. Un jard\u00edn es un inventario. El mundo sin pecado es un simulacro, una virtualidad de la naturaleza. Por el contrario, la selva es una expresi\u00f3n de la malicia. Por esto, la promesa mesi\u00e1nica constituye la fundaci\u00f3n de un nuevo jard\u00edn. Al final del camino, todos habitamos en un parque escatol\u00f3gico perfectamente delimitado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No puedo, me niego a estar de acuerdo con este conjunto de proposiciones. Los jardines son formas apol\u00edneas de la selva.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1800\" height=\"1372\" class=\"aligncenter size-full wp-image-2590\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/2-1.jpeg\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/2-1.jpeg 1800w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/2-1-300x229.jpeg 300w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/2-1-1024x781.jpeg 1024w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/2-1-768x585.jpeg 768w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/2-1-1536x1171.jpeg 1536w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/2-1-1040x793.jpeg 1040w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/2-1-1200x915.jpeg 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 1800px) 100vw, 1800px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Parterre de marguerites, <\/em>1893<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando pienso en los jardines, estoy obligado a pensar en todo lo bondadoso, en todo lo placentero, en todo lo que me satisface. Aun as\u00ed, s\u00e9 que en cada una de las flores existe una tentativa de la herida, de la rajadura. As\u00ed como en el Ed\u00e9n brot\u00f3, en medio de la rectitud, el \u00e1rbol del conocimiento, en los jardines brotan, para m\u00ed, todas las flores del mal, de la concupiscencia. En la plenitud absoluta del orden, bajo un \u00e1rbol frondoso, Ad\u00e1n y Eva exploran sus cuerpos sin saber lo que es el deseo. Luego, tras comer el fruto prohibido, cada uno huye del otro. El horror de la desnudez los rechaza, los expulsa hacia la profundidad de su propia anatom\u00eda. En los jardines, en los parques, en todos los pastizales se refleja lo pulcro, la ausencia del tiempo, la disposici\u00f3n geom\u00e9trica de los espacios. Pero en medio del orden, de pronto: un terremoto, una serpiente, una ventisca, una incontable cantidad de flores caen sobre mi cabeza. En cada una de las margaritas de Gustave Caillebotte, un ojo abyecto me observa. Algo me interrumpe, me separa de lo que alguna vez fue m\u00edo. El mundo es ahora objeto de mi deseo, recipiente de mi erotismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las margaritas pueblan mis sue\u00f1os, mis fantas\u00edas. Puedo ver un prado eterno por horas, repleto de flores silvestres. Digo en mi mente: este es un buen lugar para morir, no me importar\u00eda dejar atr\u00e1s todo lo que amo en este mundo, ahora ni nunca. Las flores son como los sue\u00f1os, me extrav\u00edo en ellas como lo har\u00eda un durmiente en plena siesta, pero la literatura me lo ha advertido desde siempre. En el dormir, en cada pesta\u00f1eo, en todas las ocasiones donde mis ojos son clausurados, existe un trozo, un fantasma de la muerte. Las flores son siniestras, perfectamente podr\u00eda suicidarme bajo un pretexto floral. En los espacios m\u00e1s rec\u00f3nditos de mi interior, quiero ser <em>Ofelia<\/em> (Millais, 1852). No me importa su piel an\u00e9mica, sus pulmones anegados por el agua de los r\u00edos. Su cad\u00e1ver est\u00e1 repleto de flores, esto es lo \u00fanico que me importa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los campos de margaritas pueblan tambi\u00e9n mis pesadillas. En el cuadro de Caillebotte creo estar viendo un campo cubierto por flores, luego, noto la ausencia de profundidad. No estoy seguro de lo que veo. Pienso: es una muralla, una cubierta, una imagen, como un tapete de primavera. No hay dimensiones, no hay distancias. Todo coexiste en un solo punto, en un solo plano. El purgatorio, el abismo, la no-existencia, quiz\u00e1, podr\u00eda lucir del mismo modo. En las margaritas que caen hay cierta pulsi\u00f3n de muerte. Una flor al viento es tambi\u00e9n un cad\u00e1ver, como un ni\u00f1o cayendo de los brazos de su madre. El v\u00e9rtigo me atropella como una multitud de animales ciegos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"610\" height=\"773\" class=\"aligncenter size-full wp-image-2592\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/3.jpeg\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/3.jpeg 610w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/3-237x300.jpeg 237w\" sizes=\"auto, (max-width: 610px) 100vw, 610px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Les tournesols, <\/em>1885<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y en medio del horror, de saberse pr\u00f3ximo a la desaparici\u00f3n, recuerdo, reconozco el camino que me llevar\u00e1 a casa. Me anima saber que, a pesar del desastre que es el mundo, tengo un lugar al cual regresar. En aquel sitio, que suele tener la forma de una casa, se encuentran todos los cuerpos, todas las formas de la amistad. Bajo la techumbre que asoma en el horizonte, est\u00e1 el descanso, el perd\u00f3n. En el para\u00edso mesi\u00e1nico, nuestro hogar est\u00e1 asentado en el coraz\u00f3n de un jard\u00edn infinito. El planeta entero vuelve a ser el lugar donde los dioses juegan a ser ni\u00f1os. Estoy a un paso de volver al lugar donde fui expulsado, pero de pronto el sendero se cierra bruscamente. Una fila de girasoles corta mi camino. Y as\u00ed como las margaritas son p\u00e1rpados, peque\u00f1as pupilas obscenas, los girasoles son como espejos terribles, como reflejos humanos, como rostros libidinales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Detr\u00e1s de la cabeza de los santos brilla una aureola dorada, un signo de iluminaci\u00f3n divina. Por el contrario, la aureola de los girasoles franceses parece tener, m\u00e1s bien, el color de una tierra bald\u00eda. Sus cabezas no apuntan hacia los cielos, no existe ning\u00fan rastro de lo sagrado en sus p\u00e9talos. Las lenguas de fuego de San Pentecost\u00e9s son como pesos insoportables, como profundas marcas de Ca\u00edn. Pienso en cierta escena b\u00edblica: Cristo, a la mitad de la noche en Getseman\u00ed, suda gotas de sangre. A un costado, Satan\u00e1s lo tienta por \u00faltima vez. Pero lo m\u00e1s importante: el jard\u00edn, expresi\u00f3n del orden, y en su coraz\u00f3n sacro, una flor imp\u00eda brota entre la hierba. Frente a los ojos de Eva, Satan\u00e1s brota de un \u00e1rbol en forma de serpiente. \u00bfY ahora, cu\u00e1l es la forma que toma la maldad? Me gusta pensar que lo demoniaco pudo haber tomado la apariencia de los girasoles. Su rostro coronado, su estatura noble, como un cuerpo angelical. Hermosos girasoles, im\u00e1genes falsas, \u00eddolos blasfemos. En el primer asesinato, en el primer enga\u00f1o, en la primera aberraci\u00f3n sexual, un girasol serv\u00eda de testigo. En el campo yermo donde Humbert y Annabella se besan (<em>Lolita<\/em>, Nabokov), un brote de girasoles, quiz\u00e1, los oculta de la mirada de los adultos. Desde la ventana m\u00e1s alta de la casona, se hace imposible ver el cuerpo de los ni\u00f1os amantes. El ojo omnisciente de dios atraviesa todas las cosas de este mundo, menos la cabeza de un girasol. Bajo el cuidado de estas flores, la perversi\u00f3n se ha vuelto un horizonte posible.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1200\" height=\"962\" class=\"aligncenter size-full wp-image-2591\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/4.jpeg\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/4.jpeg 1200w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/4-300x241.jpeg 300w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/4-1024x821.jpeg 1024w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/4-768x616.jpeg 768w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/4-1040x834.jpeg 1040w\" sizes=\"auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>La plaine de Gennevilliers, champs jaunes<\/em>, 1884<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero, aun as\u00ed, s\u00e9 que el para\u00edso tendr\u00e1 la siguiente apariencia. La pintura me provoca nostalgia, un grado de melancol\u00eda. Pero \u00bfPor qu\u00e9? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el motivo? Siempre he vivido en la ciudad, incluso cuando decid\u00ed alejarme de la capital durante un par de a\u00f1os. Nunca he pasado m\u00e1s de un mes en el campo, no podr\u00eda, no lo resistir\u00eda. Entonces, \u00bfDe d\u00f3nde proviene esta sensaci\u00f3n, como si mi vida se repitiera una y otra vez en esta imagen?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Barthes mencion\u00f3, alguna vez, que la fotograf\u00eda de paisajes no debe provocar el deseo de la visita. Eso corresponde m\u00e1s bien a la foto tur\u00edstica. Al contrario, la fotograf\u00eda debe provocarnos el deseo de habitar la imagen. En tal casa, en tal colina, en tal pradera: yo quisiera vivir ah\u00ed para siempre, o al menos hasta que mis d\u00edas se acaben. Pero los jardines, y los cuadros de Caillebotte en particular, me dicen otra cosa. En otro tiempo, en otra \u00e9poca, en alg\u00fan sitio inalcanzable de la memoria, yo, indudablemente, viv\u00ed en ese campo de flores por mucho tiempo. Aquel prado interminable, aquella Francia a principios de mayo, s\u00e9 que no existe y que no ha existido nunca. Caillebotte pint\u00f3, sin querer, un retazo de la felicidad que nos fue prohibida, apenas abandonamos la forma del barro primigenio. Antes de que alcanzara mi ruta evolutiva, s\u00e9 que fui feliz en este lugar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">S\u00e9 que las flores del campo pueden ser o son, derechamente, mi perdici\u00f3n, que nunca m\u00e1s encontrar\u00e9 el camino a casa. Puedo ver, desde aqu\u00ed, los enormes girasoles amurallando el horizonte. Aun as\u00ed, quien sea que me haya separado de este lugar, por favor, hazme regresar con todo lo que alguna vez me perteneci\u00f3. Hazme regresar, como lo hacen las almas atrapadas en este plano de la existencia. Hazme regresar, como lo hacen los animales enfermos a la casa de sus due\u00f1os. Hazme regresar, como lo hacen las aves primaverales.<\/p>\n<p>Por <strong>V\u00edctor Gonz\u00e1lez Astudillo<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Garten en Trouville, 1882 Los jardines son la expresi\u00f3n del orden; en cada flor, en cada tronco, en cada sendero, est\u00e1 la inteligencia, la voluntad del ser humano. Sembrar la tierra es dominar la naturaleza. De cada semilla brotan flores, \u00e1rboles, cuerpos f\u00e1licos que son como grandes edificios metropolitanos. 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