{"id":2558,"date":"2021-08-17T12:52:04","date_gmt":"2021-08-17T15:52:04","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=2558"},"modified":"2021-09-09T14:02:11","modified_gmt":"2021-09-09T17:02:11","slug":"los-amigos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2021\/08\/17\/los-amigos\/","title":{"rendered":"Los Amigos"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Hace algunos a\u00f1os tuve un sue\u00f1o que nunca podr\u00e9 olvidar; tampoco me lo he propuesto, pero creo que, incluso si as\u00ed fuera, me resultar\u00eda imposible. En mi recuerdo cuesta pensarlo como algo disociado de la vida tangible de cada d\u00eda, del transcurrir ordinario de las cosas, de las cenizas de cigarro, las zapatillas, o las manchas de t\u00e9. Desde los tenues colores dispuestos por caridad de las luces, hasta los \u00e1ngulos desde donde se me presentaban dichas im\u00e1genes, todo sigue ah\u00ed, relativamente intacto. Es algo que rara vez me sucede, a pesar de lo breve que haya sido este o cualquier otro sue\u00f1o; la verdad es que me resulta muy dif\u00edcil recordar <em>mis <\/em>sue\u00f1os\u2026 me han dicho que es por fumar mucha yerba, pero lo ignoro realmente. En todo caso, lo m\u00e1s sorprendente de este, fueron las condiciones externas que influenciaron, a todas luces -y de eso no tengo la menor duda-, la naturaleza de aquel episodio. Voy a narrarles ahora c\u00f3mo se dio esta situaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nos hab\u00edamos juntado un grupo de diez o quince personas en la casa de mi primo Daniel. Ya era de noche cuando llegu\u00e9. Los saludos, largos y silenciosos, respond\u00edan al esp\u00edritu sepulcral de la reuni\u00f3n. Parec\u00eda existir una necesidad general por no desprenderse de ese instante \u00edntimo: el abrazo se alargaba por unos segundos m\u00e1s de lo habitual, deteni\u00e9ndose justo un instante antes de volverse algo verdaderamente inc\u00f3modo; sollozos m\u00e1s que palabras, asintiendo despacio y con la cabeza gacha. Varias horas antes, probablemente durante el mediod\u00eda, todos y cada uno, hab\u00edamos recibido el aviso de la muerte de nuestro amigo Efra\u00edn, desaparecido de hace ya unos cuantos d\u00edas. Supongo que para muchos era solo cosa de tiempo, s\u00e9 que para m\u00ed lo era, pero no hab\u00eda forma de aceptarlo. Durante esa misma ma\u00f1ana lo hab\u00edan encontrado, colgado de un \u00e1rbol en un bosque cordillerano, cercano a su ciudad de residencia. Cubierto de nieve su pelo y sus hombros, flotando tieso, ausente como otra rama partida meci\u00e9ndose con el viento; un gigante enredado all\u00e1 en la alta telara\u00f1a tejida por los robles y raul\u00edes. En mi caso, fue una llamada por tel\u00e9fono a mi viejo: entr\u00f3 a mi pieza y me lo dijo. Al principio no pude responder, luego, sigui\u00f3 una explosi\u00f3n iracunda y dolorosamente gutural. &#8211;<em>Tranquilo hijo, tranquilo<\/em>. &#8211; repet\u00eda mi viejo, sin saber qu\u00e9 decir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Solo un par conversaba t\u00edmidamente, el resto, en silencio, tomando caf\u00e9, fumando entre la oscuridad y la poca luz que nos escup\u00eda la \u00fanica ampolleta encendida, sobre la enorme mesa del comedor frente a la cual todos yac\u00edamos sin movernos, como calent\u00e1ndonos junto a un fuego inexistente, pero en el cual todos pens\u00e1bamos. Los dedos pose\u00eddos de algunos se mov\u00edan sin parar, revoloteando, luchando con la adicci\u00f3n de revisar el celular; me perd\u00ed mirando el humo del incienso, levant\u00e1ndose en bellas formas que no duraban ni un instante. Al centro de la mesa, adornando r\u00fasticamente, un gran pocillo de greda con vegetales de cer\u00e1mica en su interior. Por alguna raz\u00f3n, su opaca tonalidad -me pareci\u00f3- no hac\u00eda m\u00e1s que aumentar la profunda tristeza que se respiraba en silencio. Colores barrosos y podridos se fund\u00edan con el humo que nos envolv\u00eda, a medida que avanzaba sin rumbo la noche.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nadie levantaba la voz, nadie estaba dispuesto a ser el centro de atenci\u00f3n, cargar con el peso de la palabra y decirles a todos: <em>bueno amigos, fracasamos<\/em>. Es dif\u00edcil saber qu\u00e9 decir en ese tipo de situaciones, o siquiera convencerse de que quiz\u00e1 haya algo que realmente valga la pena escuchar. Hay algunos que est\u00e1n dispuestos a romper aquel sacro enmudecimiento, l\u00e1stima que solo sea con alguna broma -generalmente cargada de velada ternura-, un salto ciego y desesperado invocando a lo mundano, incapaces de aceptar la severidad del ocaso. Para ser sincero he aprendido a valorar ese impulso, y admito que incluso a veces lo necesito; nunca he pensado que se haga con mala intenci\u00f3n, en lo absoluto, hasta me parece bien para funerales <em>normales<\/em>, donde es el azar y el absurdo mismo quienes condenan al difunto, un asunto que de por s\u00ed ya tiene un ligero humor oscuro -sin contar los infortunios desgraciadamente divertidos en casi cualquiera de aquellos funerales: un comentario inoportuno, una mosca gorda, o ceniza humana limpiada del zapato con servilleta h\u00fameda-. Re\u00edr para no llorar. Pero cuando es el mismo muerto quien ha decidido su destino, las palabras se vuelven inconexas, inconcebiblemente superficiales, y pareciera que ning\u00fan comentario es apropiado para interrumpir el extendido dolor del fallecido, o a la verg\u00fcenza y la culpa autoimpuesta por sus seres queridos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfC\u00f3mo poder siquiera referirse al abdicar de un hermano, de un hijo, al sin sentido enfermizo de la autodestrucci\u00f3n, sin sentirse impotente y est\u00fapido? La culpa se reparte, qui\u00e9rase o no, entre los vivos. No hay palabras, ni miradas siquiera, solo caf\u00e9, y cigarros. Tragar y soltar, es una especie de llanto disimulado, entrecortado por el recuerdo que se revela en esos ojos extraviados, que aun miran, sin poderlo aceptar del todo, la forma humana de quien ya se ha ido para siempre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mi t\u00eda apareci\u00f3 de repente caminando desde la sombra, con un pucho clavado entre los labios, y sosteniendo una copa de vino que a cada paso salpicaba unas cuantas gotas. Se hab\u00eda mantenido deambulando entre un pasillo interior y el living por casi una hora, advertida su presencia solo por los lloriqueos que se escapaban de la cueva profunda en que se hab\u00eda convertido la casa enlutada. Con el maquillaje corri\u00e9ndole en l\u00edneas negras por las mejillas como pintura de guerra, se movi\u00f3 lentamente entre algunos de los convocados, convertida en una santa espectral, envuelta en unos pa\u00f1os negros que, a pesar de lo teatral que resultara, podr\u00eda haber estado ocupando en un d\u00eda cualquiera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-Mis ni\u00f1os\u2026 -nos dijo cari\u00f1osamente, agarr\u00e1ndose el coraz\u00f3n en el acto -tan locos mis cabros, siempre. Y Efra\u00edn\u2026bueno, al menos, ahora est\u00e1 donde \u00e9l quer\u00eda, libre de todo <em>esto<\/em>. Puede descansar por fin.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sus palabras fueron respondidas con movimientos de cabezas y sonidos vagos, afirmando que s\u00ed y que no, todo al mismo tiempo. La luz de la cocina se encendi\u00f3, en seguida una joven hippie apareci\u00f3 cargando una gran tetera. Algunos se acercaron y rellenaron sus tazas, las peque\u00f1as cucharas revolviendo parec\u00edan un coro de campanillas tocadas en la lejan\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; \u00bfLibre de qu\u00e9? -le pregunt\u00e9 entonces, despu\u00e9s de un largo silencio, y sin poder ocultar la franca desilusi\u00f3n ante sus palabras. Pude notar que algunas miradas se asomaron de entre el silencio y el vapor del agua hirviendo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-Bueno, pues, de toda esta mierda\u2026 -dijo sin pensar, y esta me son\u00f3 como una respuesta instintiva, un reflejo involuntario ante el filo de un cuchillo. &#8211; \u00a1Ay! de esta vida, llena de tragedias. Al menos, ahora ya est\u00e1 descansando de todo esto. &#8211; reafirm\u00f3, bebiendo un buen sorbo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Supongo que mi cara se descompuso, porque Luis, que beb\u00eda caf\u00e9 en silencio junto a m\u00ed, me tirone\u00f3 de la chaqueta haci\u00e9ndome sentar (yo me hab\u00eda mantenido todo el tiempo de pie, fumando sin descanso), sin mirarme, con la vista clavada en el ocre terroso de las cer\u00e1micas, \u00e9l se manten\u00eda calmado, tir\u00e1ndose los bigotes. Apenas me hall\u00e9 sentado este sonri\u00f3 y apoy\u00f3 su mano sobre mi hombro, me ofreci\u00f3 unos sorbos de caf\u00e9 y al beberlos not\u00e9 que estaba mezclado con wiski. Este volvi\u00f3 a sonre\u00edr.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Yo sab\u00eda que Luis entend\u00eda mi reproche ante aquella postura tan f\u00e1cil de concebir. La aprobaci\u00f3n irreflexiva del escape kamikaze ante las desventuras de la vida, la inhibici\u00f3n absoluta del dolor, solo con un segundo de sufrimiento. No es que quisiera negar la posibilidad de tal atajo, pero me preguntaba \u00bfAcaso no hab\u00eda nada m\u00e1s que se hubiera podido hacer? \u00bfRealmente era tan abrumadora su tragedia personal como para haber seguido por ese camino? No era ese el asunto, nunca lo es. Para esas preguntas no hay respuesta alguna, ni hay reflexi\u00f3n que sirva frente al qu\u00e9 pudo ser. Aun as\u00ed, hay lecciones que sacar, y conformarse repitiendo una y otra vez que, alguna forma abstracta de libertad se ocultara detr\u00e1s de aquel salto hacia el vac\u00edo, me parec\u00eda un insulto, o al menos una pereza. Pero tambi\u00e9n comprend\u00eda que, no contamos con las herramientas apropiadas para levantarnos ante el suicidio, c\u00f3mo, si ni siquiera conocemos la muerte, solo sabemos que existe, que nos espera inevitablemente, pero evadimos mirarla, o pensar en ella, como un mito urbano que solo estamos dispuestos a aceptar cuando ya est\u00e1 de frente sobre nosotros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">He llegado a pensar que el suicidio se hereda a trav\u00e9s de las generaciones, en la sangre, o en alg\u00fan otro el\u00e9ctrico rinc\u00f3n desconocido, por ah\u00ed entre los huesos y el alma. Hay estudios psiqui\u00e1tricos que afirman la posibilidad de que, en ciertos genes espec\u00edficos, puede alojarse un problema de conexi\u00f3n neurol\u00f3gica que repercuta en pensamientos de este tipo, sin embargo, la gen\u00e9tica no es capaz de reducir algo tan complejo a unas cuantas muestras en una probeta. En mi familia el suicidio ha sido -por no decir una tradici\u00f3n- una salida usualmente frecuentada: el t\u00edo R colg\u00e1ndose desnudo en el lavadero, el bisabuelo V saltando de un risco, totalmente ebrio, o el joven t\u00edo T, encerrado de pies y manos en el manicomio de Playa Ancha. Creo que, a todos mis parientes, conocidos o no, nos parece haberlo sentido en su momento, como un llamado lejano, un murmullo lun\u00e1tico que se atesora en secreto. Es posible que aquel deseo pueda, de alguna forma, traspasarse hacia los hijos de modo inmaterial, una especie de costra espiritual que nunca san\u00f3 del todo, y se revela de vez en cuando, igual que se hereda un gesto o una mirada particular. Quiz\u00e1, el eco eterno de alg\u00fan ancestro africano que a\u00fan no para de llorar, arrodillado frente al Dios de la guerra, mientras un cuchillo afilado le corta las venas\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero, en fin, no iba a discutir con mi t\u00eda ni con nadie por ello, no en medio de aquella tormenta de sombras. Es m\u00e1s f\u00e1cil decirnos que, ante la constante incertidumbre de la existencia, o de cara al dolor m\u00e1s intenso de la noche, una salida trasera, un bot\u00f3n de eyecci\u00f3n, no parece una opci\u00f3n tan alocada. No puedo negar que entiendo el sentido de aquella oferta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al cabo de un par de horas la mayor\u00eda de los convocados se hab\u00eda retirado, dejando su p\u00e9same en la puerta, despidi\u00e9ndose con la mano y una torpe sonrisa enchuecada por la tristeza. Solo unos cinco de nosotros nos quedar\u00edamos a alojar, con la intenci\u00f3n de planear al d\u00eda siguiente, el viaje al sur para asistir al funeral. La petaca de wiski pronto apareci\u00f3 en la mesa, tambi\u00e9n una pipa resinosa y sucias an\u00e9cdotas de Efra\u00edn haciendo barbaridades, la mayor\u00eda en situaciones incomprensibles. Ahora en un c\u00edrculo de mayor confianza, la conversaci\u00f3n se alarg\u00f3 hasta altas horas, a medida que el trago soltaba la lengua y los corazones. En alg\u00fan punto se hab\u00eda incorporado la m\u00fasica desde un celular, con un volumen bajo se manten\u00eda como el tel\u00f3n de fondo en el que se estrellaban nuestras mentes agobiadas, carcomidas ya por el humor negro y la absoluta desilusi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De un momento a otro, el tema que sonaba se me clav\u00f3 en el pecho, sin advertencia alguna. Un dolor terrible me inund\u00f3 desde la espalda, deform\u00e1ndome el rostro igual que arcilla entre los dedos, empapadas las mejillas, calientes por las l\u00e1grimas. Disculp\u00e1ndome, e intentando no parecer demolido por el alcohol y la pena, sub\u00ed, acompa\u00f1ado por Luis, a la habitaci\u00f3n de mi primo, donde este ya hab\u00eda dejado un colch\u00f3n para m\u00ed bajo una pila de frazadas. Recostado boca abajo, con la cara incrustada en un viejo coj\u00edn, pude desahogar los \u00faltimos resoplidos intermitentes, exhalados con fuerza y los ojos cerrados. Era todo, luego qued\u00e9 suspendido entre el sue\u00f1o y la memoria, pase\u00e1ndome por escenarios que por razones obvias nunca se repetir\u00edan: la elocuente descripci\u00f3n por tel\u00e9fono de un gato muerto, tardes de re\u00edr y fumar hasta el desmayo, todo, hundi\u00e9ndose en el oc\u00e9ano de la nada; pens\u00e9 en la muerte, en su presencia imperturbable, majestuosamente desoladora.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Escuch\u00e9 murmullos en la habitaci\u00f3n, Luis y mi primo conversaban bien despacio, pens\u00e1ndome dormido, y adivin\u00e9 que el resto probablemente hab\u00eda partido tambi\u00e9n a acostarse. Quiz\u00e1 cu\u00e1nto hab\u00eda estado all\u00ed, echado boca abajo contra el colch\u00f3n. Me incorpor\u00e9, aligerado en parte de la carga, pero asediado ahora por un cansancio mortal. El acto de llorar constituye un duro gasto de energ\u00eda, cuando se realiza correctamente; a esas alturas, yo ya estaba exhausto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-Rub\u00e9n, mira ven. -dijo Luis girando sobre su hombro sin aires de misterio, a pesar de que \u00e9l y mi primo, con sospechosa malicia, yac\u00edan encorvados sobre una peque\u00f1a mesita a los pies de la cama de este. Me acerqu\u00e9 sin ganas, revis\u00e1ndome los bolsillos en busca de cigarros. Alumbrados con una peque\u00f1a lampara de velador, y haciendo uso del carnet de alguno de ellos, estiraban delgadas l\u00edneas en un peque\u00f1o espejo en el cual se reflejaban sus rostros, ahora cruzados notoriamente por la desgracia y un perturbador destello de excitaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La escena, particularmente decadente, me pareci\u00f3 la encarnaci\u00f3n m\u00e1s gr\u00e1fica de la tragedia que nos atravesaba a los tres como una gran lanza. Una clara representaci\u00f3n de todo lo que nos manten\u00eda en la cuerda floja en que resultaran nuestras vidas: la confusi\u00f3n mediocre respecto a un cotidiano incierto, y la b\u00fasqueda dolorosa de placer instant\u00e1neo, a cualquier costo. Una sensaci\u00f3n de repugnancia me invadi\u00f3 por asalto y por un segundo solo pude pensar en Efra\u00edn, ahorcado del cuello en plena asfixia, con la cara hinchada de sangre y los ojos muy abiertos. Pero no pod\u00eda enojarme, no all\u00ed, no con ellos. Rechac\u00e9 la invitaci\u00f3n y volv\u00ed a echarme sobre el colch\u00f3n, esta vez cubierto por un par de frazadas, dispuesto a dormirme. As\u00ed fue.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De pronto me encontr\u00e9 en un lugar muy diferente. No fue nada f\u00e1cil concientizar aquel extra\u00f1o espacio, articular los dedos, parpadear \u00bfD\u00f3nde mierda estoy? El velo se disipaba lentamente. Primero escuch\u00e9 ruidos: vidrios, risas, copas chocando, conversaciones amenas. Mir\u00e9 a mi alrededor y not\u00e9 que estaba en alg\u00fan bar de la clase alta, todo bien fino como nunca lo hab\u00eda visto, un ambiente totalmente ajeno para m\u00ed. Sentado en un piso de confortable cuero negro, de frente a la barra; vest\u00eda un traje largo y oscuro, y sujetaba en mi mano un vaso de alg\u00fan trago dorado, seguramente wiski; un par de enormes hielos cruj\u00edan en el fondo, despu\u00e9s de mirarlos un momento, me gir\u00e9 a inspeccionar el lugar. Era un local muy amplio, cerrado y templado, cubiertas sus orillas con enormes cortinas color mostaza con encajes, y tras ellas se pod\u00eda sentir la presencia del cristal, un ventanal enorme que -pod\u00eda intuirse- se te\u00f1\u00eda con los reflejos de la alguna ciudad desconocida. Estaba lleno de mesas rodeadas de personas conversando con ligereza; observando atentamente, me pareci\u00f3 que todos se ve\u00edan felices y eso era suficiente para transmitir el buen \u00e1nimo; todos disfrutando un aperitivo, tomando un trago y riendo con ganas. Ya me estaba contagiando de aquella distensi\u00f3n, cuando, entre medio del bullicio, sentado solo en una mesa de la orilla del bar, distingo a Efra\u00edn, mir\u00e1ndome, con un vaso en su mano, sonriendo genuinamente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; \u00a1Efra\u00edn! -le grit\u00e9, saltando de mi asiento, desliz\u00e1ndome por entre las sillas y entre la gente. Llegu\u00e9 hasta \u00e9l y este ya se hab\u00eda puesto de pie para recibirme con sus gigantes brazos abiertos, lo abrac\u00e9 con toda la fuerza que me era posible. Intent\u00e9 sin \u00e9xito explicar mi excitaci\u00f3n, balbuceando interrogantes miles y palabras dolidas que brotaban inconexas. Un sue\u00f1o, me dije, pero \u00bfy c\u00f3mo? si \u00e9l estaba aqu\u00ed y yo pod\u00eda sentirlo\u2026es <em>\u00e9l<\/em>, me dije, su esencia misma, resultaba tan evidente, tan incuestionable, como si de alg\u00fan modo hubiera logrado escabullirse y penetrar aquel umbral metaf\u00edsico que desde ayer nos separaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En otras circunstancias s\u00f3lo me habr\u00eda parecido una terrible incongruencia, solo una bizarra pesadilla, pero a pesar de esto no sent\u00ed temor ni dudas, todo resultaba evidentemente claro, coherente en su propia l\u00f3gica. Efra\u00edn me miraba atentamente, estudi\u00e1ndome, sonriendo en todo momento bajo el pelo largo que le colgaba hasta el cuello sin marca; entonces habl\u00f3 con ternura, y dir\u00eda que, hasta un poco de burla, sabi\u00e9ndome incapaz de comprender: -Estoy bien, Rub\u00e9n, ya no te preocupes. Estoy bien. -reafirm\u00f3 pausadamente. Luego, apoyando su mano sobre mi hombro, me invit\u00f3 a sentarme a la mesa. Eso fue todo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>Mateo Espinoza<\/strong><\/p>\n<p>Foto por\u00a0<strong>Janine Niepce, (Old Paris, 1983)<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace algunos a\u00f1os tuve un sue\u00f1o que nunca podr\u00e9 olvidar; tampoco me lo he propuesto, pero creo que, incluso si as\u00ed fuera, me resultar\u00eda imposible. 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