{"id":2476,"date":"2021-07-30T08:43:51","date_gmt":"2021-07-30T11:43:51","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=2476"},"modified":"2021-07-30T15:22:50","modified_gmt":"2021-07-30T18:22:50","slug":"navegares","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2021\/07\/30\/navegares\/","title":{"rendered":"Navegares"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">En el \u00faltimo asiento de la micro, las puertas traseras devuelven el reflejo de mi rostro cada vez que se abren. En el largo trayecto que recorre el bus desde el trabajo a la casa, todos los paraderos amenazan con mi semblante fantasmag\u00f3rico flotando ante mis ojos. Tras algunas cuadras de traqueteo, la micro comienza a bajar la velocidad; s\u00e9 que atacar\u00e1 el golpe fuerte y repentino de las puertas abri\u00e9ndose. Intento alejar el rostro de la baranda que separa los \u00faltimos asientos de los pelda\u00f1os posteriores. He visto borrachos dormidos perder los dientes en micros como esta, tel\u00e9fonos celulares caer con violencia de las manos de personas perdidas en los abismos de la luz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las puertas se abren. Me quedo viendo mi propia cabeza sostenida en el nudo simple de una corbata. Lo hago sin planearlo, sin pensarlo. Cuando me descubro intento mirar hacia otro lado. La expresi\u00f3n desprevenida, sin la contenci\u00f3n del espejo me inquieta, es como que una persona desconocida descubra que la miramos. En las detenciones m\u00e1s largas, hay mayores posibilidades de caer en los detalles. Desde hace un tiempo ya no me reconozco. Mi imagen mental no cuadra con lo que me regala la micro: el presente constantemente al borde del desbarranco. Las cicatrices se aferran como producto hist\u00f3rico. Las arrugas son desfiladeros por los que corren los vientos del futuro, profetizando en silbidos el derrumbe. Un canto a\u00f1ejo y obvio: eres un humano menguante. Arrastras un par de palabras atoradas en la garganta que no ser\u00e1n m\u00e1s que saliva perdida en la atm\u00f3sfera. Eres un humano que mengua, un barrial que se seca bajo el sol.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para evadirme del lado de ac\u00e1 de la ventana, me hago el dormido, hasta que me duermo. Dormir es una forma de rechazar la realidad. Mientras sue\u00f1o pegado al vidrio, el lenguaje va echando latigazos que abren la carne de la existencia de forma sorpresiva. Se desatan palabras en tormentas oscuras que suenan como una piedra arrojada al r\u00edo. Sopas de letras y crucigramas en el lenguaje de los sue\u00f1os. Al otro d\u00eda lo mismo. Recrudecer los padecimientos, cosechar dificultades. En esta ciudad todo queda cuesta arriba. En ocasiones solo miro. O duermo y sue\u00f1o que miro. A veces dormir es solo cerrar los ojos y luego abrirlos. Ya est\u00e1. Sentado en la micro puedo derretirme. Hay veces en la que me subo a una, cualquiera, vaya a donde vaya y completo el recorrido sin ning\u00fan motivo. Llego a la garita, fumo un cigarro, escupo al suelo, estiro las piernas y vuelvo en otra micro. Disfrazado de pasajero puedo derretirme a mis anchas, hacer del extra\u00f1amiento una coraza. Sentado en la micro me asumo como ameba. La copia es mi primer y \u00faltimo escal\u00f3n. Fagocito todo lo que veo para transformarlo en combinaciones de palabras. Cada palabra tiene su peso, cada palabra tiene su masa, cada palabra tiene una gravedad que acerca o rechaza a las otras. Mis ojos son tent\u00e1culos con los que escruto todo lo que est\u00e1 tras la membrana de mi habla interior. De tanto ver y del esfuerzo de intuir lo que me pierdo, las palabras se tornan extranjeras. Un derretimiento de alquitr\u00e1n en la carretera solitaria del pensamiento arrojado a la velocidad que se cuela por la ventana. Una existencia tel\u00farica, pero casi imperceptible. Un derretimiento del pensamiento en los extremos del alquitr\u00e1n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A veces sucede un crepitar de piedra henchida en calor; una peque\u00f1a figurilla de barro alcanza a sostenerse, no son m\u00e1s que palabras suspendidas en la vegetaci\u00f3n de los d\u00edas como gotas de roc\u00edo, destinadas a desaparecer en la brevedad, mezcl\u00e1ndose en la cantera de los sue\u00f1os con recuerdos borrosos, imprecisos, improbables, de vidas ajenas \u00bfEsas cosas me pasaron a m\u00ed o las vi en televisi\u00f3n? Otras veces una sombra merodea en la superficie de las conexiones, una sombra que pondera la posibilidad de descubrirse a ojos u o\u00eddos ajenos, que tienta a abandonar todo lo dicho hasta ahora, que eval\u00faa el riesgo de volverse n\u00edtida, fr\u00e1gil, como todo lo que abandona su escondite. Solo hay que meterse bien adentro en los sue\u00f1os, despellejar nuestro animal salvaje interno para vestirnos con su piel. Ser la rata que ro\u00eda las paredes de mi pieza cuando cabro chico, marcar mi presente en mi pasado para explicar algo que no es necesario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque lo intento, yo no soy el due\u00f1o de mi tiempo. Eventualmente todos los recorridos se terminan y hay que volver a estar pendiente de las irregularidades del suelo, de las inclemencias del clima. Por eso me aferro a los viajes y sus avalanchas de im\u00e1genes, que recojo con la red de las palabras que repito en voz baja. Soy una retrograbadora, una retroexcavadora de mi futuro pr\u00f3ximo, marcado por la obsesi\u00f3n de un par de palabras que se repiten.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mi cabeza vibra apoyada en la ventana de la micro. La pobreza ofrece la promesa de los largos recorridos inevitables, atochamientos, accidentes, derrumbes, descampados donde los choferes bajan a mear. La \u00faltima garita es solo el comienzo del camino. En esta ciudad todo est\u00e1 cuesta arriba. Es inevitable hablar solos, ensayar negaciones, gestos de sorpresa, excusas, peticiones y amenazas de muerte; el pasado de otras palabras dichas y no dichas se desanda de las huellas y atosiga con un revisionismo in\u00fatil. Palabras que se escapan del influjo de los vivos y que ahora ensayan con los o\u00eddos sordos de mis muertos, amparadas en la baja definici\u00f3n del recuerdo. El viento me devuelve las palabras, las arroja contra mi cuerpo. Su poca organicidad, el tufo a falsedad duele. Mejor me callo, mejor no pienso, las palabras no son meg\u00e1fonos, ni instrumentos de mis deseos. Mejor habito los m\u00fasculos de mis piernas que se empiezan a agarrotar. En el patio de la casa, a la que me acerco sudando con lentitud, las hormigas se encarnan en la pulpa de las frutas que caen tibias al suelo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>Miguel Mas\u00edas<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el \u00faltimo asiento de la micro, las puertas traseras devuelven el reflejo de mi rostro cada vez que se abren. En el largo trayecto que recorre el bus desde el trabajo a la casa, todos los paraderos amenazan con mi semblante fantasmag\u00f3rico flotando ante mis ojos. 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