{"id":2396,"date":"2021-07-11T21:41:15","date_gmt":"2021-07-12T00:41:15","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=2396"},"modified":"2021-07-13T12:22:38","modified_gmt":"2021-07-13T15:22:38","slug":"habitar-la-casa-habitar-el-cuerpo-un-dialogo-entre-silvina-ocampo-y-ziqian-liu","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2021\/07\/11\/habitar-la-casa-habitar-el-cuerpo-un-dialogo-entre-silvina-ocampo-y-ziqian-liu\/","title":{"rendered":"Habitar la casa, habitar el cuerpo: un di\u00e1logo entre Silvina Ocampo y Ziqian Liu"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">De ni\u00f1o, los lugares en los que puedo jugar son: el patio, el living, algunos pasillos de la casa, pero nunca lo puedo hacer en la cocina, en el ba\u00f1o o en la pieza de mis padres. En cada uno de estos cuartos est\u00e1 el peligro. De alg\u00fan modo, comienzo a entender que el riesgo y el horror son una misma cosa. Es en la cocina donde mi madre quem\u00f3 su mano con aceite, es en el ba\u00f1o donde pap\u00e1 vomit\u00f3 por horas, luego, es en el cuarto de mis padres donde los adultos discuten, y luego, donde escucho ruidos, gemidos, muebles que se mueven de un ladro a otro sin ning\u00fan tipo de sentido. La casa se configura, desde la infancia, entre lo sacro y lo profano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"820\" height=\"1024\" class=\"aligncenter size-large wp-image-2399\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/c21f6ee4-9a4c-479b-b808-3736b757ad87-820x1024.jpg\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/c21f6ee4-9a4c-479b-b808-3736b757ad87-820x1024.jpg 820w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/c21f6ee4-9a4c-479b-b808-3736b757ad87-240x300.jpg 240w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/c21f6ee4-9a4c-479b-b808-3736b757ad87-768x959.jpg 768w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/c21f6ee4-9a4c-479b-b808-3736b757ad87-1040x1298.jpg 1040w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/c21f6ee4-9a4c-479b-b808-3736b757ad87.jpg 1080w\" sizes=\"auto, (max-width: 820px) 100vw, 820px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A\u00f1os m\u00e1s tarde, ya adulto, repito esta secuencia. En cierto lugar de mi habitaci\u00f3n est\u00e1 mi billetera, las cartas que acumulo desde la adolescencia, algunos objetos que aprecio, las fotograf\u00edas que miro antes de dormir. Nadie puede entrar en este lugar, es aqu\u00ed donde, de alg\u00fan modo, soy. Curiosamente, Silvina Ocampo escrib\u00eda que el cuerpo se distribuye del mismo modo: zonas prohibidas, territorios felices, lugares del horror, cuevas donde me oculto hasta que la tormenta se acaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>El miedo<\/em>, una especie de cuento-ensayo, propone la siguiente pregunta: \u201c\u00bfEn qu\u00e9 parte del cuerpo se localiza el miedo? \u00bfEn qu\u00e9 parte se multiplica? \u00bfEn el centro del pecho? (\u2026) Yo aconsejar\u00eda no consultar ning\u00fan espejo cuando el miedo coloca la mano sobre la garganta.\u201d (Ocampo, 855). La recomendaci\u00f3n tiene que ver con la misma problem\u00e1tica de lo obsceno. Hay ciertas cosas que est\u00e1n mejor ocultas, otras, mejor no saberlas. Respecto al cuerpo, el ejercicio es el mismo. Ignoramos los componentes de la saliva durante un beso. Los fluidos del cuerpo desaparecen durante el sexo, y luego, en su reaparici\u00f3n, tomamos una ducha. Cierta malformaci\u00f3n en alguna extremidad, una u\u00f1a, una cicatriz, un mont\u00edculo de pelos, algunas manchas, todas est\u00e1n ocultas estrat\u00e9gicamente bajo la ropa. Pero, aun as\u00ed, al mirarnos al espejo, todo se hace m\u00e1s claro: a excepci\u00f3n de Narciso, el reflejo suele ser una experiencia catastr\u00f3fica. \u00bfD\u00f3nde se concentran los miedos? En mi versi\u00f3n plastificada, en todo lo que soy resumido frente a un espejo. Artefacto mal\u00e9fico, origen de la mala suerte, de una serie de patolog\u00edas psiqui\u00e1tricas. En la superficie del cristal florecen los demonios, los fantasmas, todo aquello que he evitado mirar a lo largo de mi vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"819\" height=\"1024\" class=\"aligncenter size-large wp-image-2401\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/refexion-2-ziqian-liu-819x1024.jpg\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/refexion-2-ziqian-liu-819x1024.jpg 819w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/refexion-2-ziqian-liu-240x300.jpg 240w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/refexion-2-ziqian-liu-768x960.jpg 768w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/refexion-2-ziqian-liu-1229x1536.jpg 1229w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/refexion-2-ziqian-liu-1040x1300.jpg 1040w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/refexion-2-ziqian-liu-1200x1500.jpg 1200w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/refexion-2-ziqian-liu.jpg 1536w\" sizes=\"auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero a pesar de la cat\u00e1strofe, aquel reflejo, aquel resplandor humanoide sobre el cristal, soy yo, no es otro. Esto es, sin duda, mi pecho, mi pierna, mi mano. \u00bfNo es esta, acaso, la misma sensaci\u00f3n que nos recorre cuando llegamos a nuestra casa? No se puede huir del propio cuerpo, de la casa, si no es con la muerte. \u201cEl coraz\u00f3n late, \u00fanico signo de vida que no deja de respirar. Las maderas crujen, suena un timbre. \u00bfQui\u00e9n es? Al aproximarme a la puerta, el timbre deja de sonar. \u00bfQui\u00e9n? Nadie contesta.\u201d (855). Los crujidos de la madera son los latidos de la casa. El viento entrando por una ventana, las cortinas movi\u00e9ndose, su boca, su lengua gesticulando un lenguaje dom\u00e9stico. Luego, las temperaturas, el fr\u00edo o el calor que desprende el techo. Estos son sus humores, sus estados de \u00e1nimo. Pero la casa no es otro, no es alguien con quien se pueda conversar. Voy a la puerta, la abro, no es nadie. \u00bfQui\u00e9n la hab\u00eda tocado? Yo mismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo mi cuerpo est\u00e1 dibujado en la casa, la contamino, la ensucio, la mancho como una herida abierta que no deja de sangrar. Aunque es cierto, he ca\u00eddo en un error. S\u00ed puedo hablar con la casa. Le pregunto: \u00bfQu\u00e9 son estas marcas, estas huellas? \u00bfPor qu\u00e9 el polvo, por qu\u00e9 tal disposici\u00f3n de cuadros, de libros, de plantas? \u00bfQu\u00e9 significan estas cosas? De alg\u00fan modo, conozco todas las respuestas, pero no las puedo pronunciar. Sin notarlo, mi cuerpo se ha organizado de forma aut\u00f3noma. Del mismo modo, la casa se ha articulado espont\u00e1neamente como un reflejo, como un cuerpo doble que se mimetiza con las luces el\u00e9ctricas, los colores de las paredes, las frutas y los ornamentos que Ziqian Liu fotograf\u00eda una y otra vez, como si fueran exoesqueletos, como extensiones org\u00e1nicas de su propia piel.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"828\" height=\"1024\" class=\"aligncenter size-large wp-image-2400\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/E1lZp4IXEAQhoke-828x1024.jpg\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/E1lZp4IXEAQhoke-828x1024.jpg 828w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/E1lZp4IXEAQhoke-243x300.jpg 243w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/E1lZp4IXEAQhoke-768x950.jpg 768w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/E1lZp4IXEAQhoke-1040x1287.jpg 1040w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/E1lZp4IXEAQhoke.jpg 1080w\" sizes=\"auto, (max-width: 828px) 100vw, 828px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Visitar una casa ajena es visitar al otro. Entrar en sus cuartos, en las graduaciones de lo sacro y lo profano, es aproximarse, ser invitado al otro. Tocar la piel se parece a la entrada de un pantano, de una arena movediza: mi mano se pierde en una profundidad sin fondo. En tal muralla, en tal puerta, en tal despensa, est\u00e1 la piel del otro desplegada en su totalidad. Da\u00f1ar una casa, irrumpir en ella, destruirla, es tambi\u00e9n destruir al otro. De aqu\u00ed el modo en que nos solemos relacionar: tal grado de confianza equivale al acceso parcial o total de la casa. Entonces, finalmente, habitar una casa es habitar en uno mismo, esta es la m\u00e1xima burguesa. Habitar al otro es habitar su hogar. Freud mencion\u00f3 alguna vez que por esta raz\u00f3n amamos, irracionalmente, a nuestra madre. No hay otro lugar en el cual podamos decir, con tanta certeza, que vivimos y habitamos en \u00e9l. En la muerte de la madre desaparece tambi\u00e9n la totalidad de la genealog\u00eda dom\u00e9stica. Podemos, satisfactoriamente o en la plenitud del desastre, abandonar la casa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"819\" height=\"1024\" class=\"aligncenter size-large wp-image-2398\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/87302178_311078203183261_7739156265139649573_n-819x1024.jpg\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/87302178_311078203183261_7739156265139649573_n-819x1024.jpg 819w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/87302178_311078203183261_7739156265139649573_n-240x300.jpg 240w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/87302178_311078203183261_7739156265139649573_n-768x960.jpg 768w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/87302178_311078203183261_7739156265139649573_n-1040x1300.jpg 1040w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/87302178_311078203183261_7739156265139649573_n.jpg 1080w\" sizes=\"auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y en la mudanza, en la entrada al nuevo cuarto, algo vuelve a nacer. Yo reaparezco en todos los espejos que son las murallas de la casa nueva. Otra vez el cuerpo toma forma, otra vez la casa se contamina, otra vez la decoraci\u00f3n se propaga como el resplandor de una linterna dentro de la cueva tenebrosa, de la boca del lobo, de la habitaci\u00f3n de los padres, del ba\u00f1o de mis pesadillas, de la cocina donde las manos hierven con el aceite.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando no hay miedo no hay ganas de morir y lo atroz se vuelve hermoso, de modo que todo lo que no me hab\u00eda gustado antes empez\u00f3 a gustarme. La felicidad naci\u00f3. Todo es felicidad porque lo abstruso gobierna el mundo, lo imposible tambi\u00e9n. Decime ahora si vale la pena morir. (857).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Negarle la casa a otro ser humano, prohibir que habite el mundo, cancelar su propagaci\u00f3n, su cuerpo que es territorio arquitect\u00f3nico. No hay mayor crimen que este. Negar la casa es negar la felicidad, la vida digna de alg\u00fan otro. Es condenarlo a lo fantasm\u00e1tico, a la desaparici\u00f3n, a deambular por el mundo sin tener un lugar en el cual mirarse, por horas, por a\u00f1os, por vidas enteras, a s\u00ed mismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"819\" height=\"1024\" class=\"aligncenter size-large wp-image-2397\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/5f320dfda3108348fce3ed91-819x1024.jpeg\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/5f320dfda3108348fce3ed91-819x1024.jpeg 819w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/5f320dfda3108348fce3ed91-240x300.jpeg 240w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/5f320dfda3108348fce3ed91-768x960.jpeg 768w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/5f320dfda3108348fce3ed91-1040x1300.jpeg 1040w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/5f320dfda3108348fce3ed91.jpeg 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"text-decoration: underline;\">Referencias<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ocampo, Silvina. \u201cEl miedo\u201d en: <em>Cuentos completos<\/em>. Buenos Aires: Emec\u00e9, 2017.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Liu, Ziqian. <em>Fotograf\u00edas sin nombre<\/em>. Website: <a href=\"https:\/\/www.ziqianqian.net\/\">https:\/\/www.ziqianqian.net\/<\/a> Instagram: @ ziqianqian<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por\u00a0<strong>V\u00edctor Gonz\u00e1lez Astudillo<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De ni\u00f1o, los lugares en los que puedo jugar son: el patio, el living, algunos pasillos de la casa, pero nunca lo puedo hacer en la cocina, en el ba\u00f1o o en la pieza de mis padres. En cada uno de estos cuartos est\u00e1 el peligro. 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