{"id":2161,"date":"2021-06-04T10:07:04","date_gmt":"2021-06-04T13:07:04","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=2161"},"modified":"2021-06-03T01:25:41","modified_gmt":"2021-06-03T04:25:41","slug":"no-soy-erostrato","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2021\/06\/04\/no-soy-erostrato\/","title":{"rendered":"No soy Er\u00f3strato"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Un hombre se levanta al alba. La madrugada es fr\u00eda, y el sol tenue comienza su ascenso lento sobre el cielo gris. Lava su cara con agua helada para luego vestirse calmadamente. Su cara permanece inexpresiva, y sus ojos recorren la habitaci\u00f3n con la indiferencia de la cotidianidad. Ordena la cama, dej\u00e1ndola en perfectas condiciones, sin pliegues en las s\u00e1banas y frazadas que desbaraten la imagen de pulcritud que reina en aquel espacio. Las paredes blancas est\u00e1n desprovistas de fotograf\u00edas o cuadros, y sobre la peque\u00f1a mesa de noche ubicada a contados siete cent\u00edmetros de la cama, domina un cuaderno de notas con tapas de cuero negro. Un l\u00e1piz perfectamente alineado con el bloc descansa intacto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El hombre se dirige a la cocina y prepara caf\u00e9. Mientras hierve el agua, enciende un cigarro que saca del bolsillo izquierdo de su chaqueta. Se sienta. Sobre la mesa de la cocina est\u00e1 dispuesto un cenicero que encaja de forma prolija en los cuadros rojos del mantel de tela que la cubren. Cada bocanada es profunda, y el cigarro quem\u00e1ndose resuena en la silenciosa habitaci\u00f3n; la p\u00f3lvora crepita mientras el tabaco se consume junto al papel que lo envuelve.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Afuera el ruido de los autos se deja sentir a intervalos cada vez menos espaciados. Mientras toma el caf\u00e9 recuerda unos versos enigm\u00e1ticos que no sabe con certeza de d\u00f3nde han salido. Los versos hablan de la desesperaci\u00f3n y la distancia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se levanta y se dirige hacia la puerta de entrada; de la percha de madera pegada a la pared cuelga un abrigo largo. El hombre se inclina levemente y agarra el malet\u00edn pardo. Luego sujeta entre sus dedos la gabardina \u00e1spera y abre la puerta, baja las escaleras y se interna en la ma\u00f1ana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los tonos pasteles dominan el horizonte, y la sensaci\u00f3n de estar en un sue\u00f1o se hace cada vez m\u00e1s real. El vaho brota de su boca en cada respiraci\u00f3n, en cada movimiento inevitable de sus pulmones. Inm\u00f3vil frente a la calle, con el malet\u00edn bien firme entre sus largos dedos, espera. Pasa un auto con los vidrios empa\u00f1ados y las luces prendidas. La escarcha del roc\u00edo brilla en el asfalto. Dirige su mirada hacia el cielo, con los ojos cerrados; inhala por las fosas nasales el alba g\u00e9lida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un taxi se detiene justo enfrente. El chofer abre la puerta desde el asiento del conductor. \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 han enviado un taxi?\u00bb se pregunta. \u00abPens\u00e9 que <em>ellos<\/em> vendr\u00edan a recogerme, y me dar\u00edan las instrucciones finales\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin hacer preguntas sube al auto y cierra la puerta. La calefacci\u00f3n esta encendida, y se quita el abrigo dej\u00e1ndolo a un costado, doblado con un cuidado extremo. El auto atraviesa la ciudad que empieza a iniciar su actividad. Los locales comerciales abren sus puertas y levantan las rejas met\u00e1licas; las personas crecen poco a poco en los paraderos y veredas. No distingue rostros, s\u00f3lo observa contornos y siluetas. El viejo que maneja el taxi le dirige miradas silenciosas a trav\u00e9s del espejo retrovisor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La radio va encendida a medio volumen, y las noticias con las que amanece el pa\u00eds son desalentadoras. La voz profunda del locutor flota en el interior del taxi. \u00abEste pa\u00eds se va por el barranco\u00bb piensa el hombre. En ning\u00fan momento ha soltado el malet\u00edn recostado sobre el asiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u00abEn otras noticias, el presidente regresa hoy de su viaje por China. Las delegaciones de ambos pa\u00edses se reunieron en Beijing, donde se realizaron m\u00faltiples reuniones bilaterales, destacando como elemento principal la cooperaci\u00f3n para asegurar el crecimiento econ\u00f3mico, en \u00e9pocas de tanta volatilidad del mercado. Se le pregunt\u00f3 con respecto al apag\u00f3n pero evit\u00f3 cualquier comentario\u00bb<\/em>. El hombre pide al viejo que apague la radio. El taxista obedece sin titubear.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Enfilan por la carretera dejando atr\u00e1s el centro y los carteles de color verde que pueblan la autopista indican distintos sectores de la ciudad. Desde el asiento posterior divisa la se\u00f1alizaci\u00f3n hacia el aeropuerto. El taxista enciende el intermitente y se mete en el carril para tomar el desv\u00edo. La curva es abierta y desembocan en otra carretera menos congestionada. De pronto una frase comienza a dar vueltas en su cabeza, y no puede dejar de pensar en ella. Decide anotarla, pero olvid\u00f3 la libreta en la mesa de noche. No es una persona supersticiosa, pero el presagio de un mal augurio se cuela y repta por su espina dorsal. A\u00f1os de experiencia lo han fortalecido, como la pierna de un monje golpeada repetidas veces contra el tronco grueso de un cedro. \u00abSeguro que <em>ellos<\/em> no van a aparecer. Quiz\u00e1 sea mejor as\u00ed. Al menos yo s\u00e9 cu\u00e1l es mi parte en todo este asunto. No fallar\u00e9\u00bb, se dice a s\u00ed mismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mira por la ventanilla, y ve reflejado su rostro cansado en el cristal, mientras a lo lejos los aviones se elevan trazando una curva ascendente. Una gota de sudor surca su semblante apolillado. Siempre se pregunt\u00f3 c\u00f3mo esas aves de metal gigante logran elevarse sobre la tierra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tiene la certeza de que el movimiento de la historia se teje en todo momento, simult\u00e1neamente. Cada acci\u00f3n tiene una reacci\u00f3n. Causalidad, aunque tambi\u00e9n cree en la casualidad. Si pudi\u00e9ramos dominar todas las variables en el universo que confluyen en un momento determinado no habr\u00eda azar, pero nadie es capaz de anticiparse al detalle \u00ednfimo que da vuelta la tortilla. Las motivaciones llevan a los hombres a tomar decisiones; a cruzar una calle alterando el curso normal de una caminata, a iniciar una batalla que creemos innecesaria y poco esperanzadora, o simplemente a jalar el gatillo sin mirar a los ojos del blanco.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De pronto se percata que est\u00e1n afuera de la entrada del terminal y baja del autom\u00f3vil con el malet\u00edn en una mano y el abrigo en la otra. El taxi emprende el rumbo de vuelta a la ciudad perdi\u00e9ndose en el ajedrez de calles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El aeropuerto est\u00e1 m\u00e1s vac\u00edo de lo que esperaba. Gente camina con maletas por todas partes, azafatas atraviesan con su min\u00fasculo equipaje el \u00e1rea de llegadas mientras sus tacones repican contra las baldosas lustrosas, la voz apagada de los altoparlantes anuncia la llegada de un vuelo proveniente desde M, el murmullo indescifrable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando cruza la puerta de cristal busca con un r\u00e1pido movimiento de ojos alguna mirada conocida. No ve absolutamente nada. El mapa trazado que le entregaron tres noches atr\u00e1s en un pasaje de la periferia indica el camino que recorrer\u00e1 el objetivo. Introduce su mano en el bolsillo derecho del pantal\u00f3n, lo saca y echa un vistazo por \u00faltima vez. Lo arruga y bota en un basurero al costado de una tienda donde venden diarios, bebidas y dulces. \u00abTodo tiene que ser r\u00e1pido, no tienes que ser atrapado\u00bb, dijeron aquella noche. \u00abAlguien estar\u00e1 esperando por ti en los estacionamientos\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La ansiedad aparece de soslayo. Tiene ganas de fumar. \u00abMejor no pensar en nada, mantener la mente en blanco\u00bb, reflexiona. Observa una pareja que se despide en la puerta de embarque. Se abrazan, se miran a los ojos; los ve re\u00edr, aunque es f\u00e1cil percatarse de que la separaci\u00f3n no ser\u00e1 como ellos piensan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Camina hacia a los ba\u00f1os ubicados al fondo de la zona de llegadas. El malet\u00edn se bambolea con el movimiento de sus piernas. De reojo ha visto pasar un par de guardias despreocupados. En el servicio, un joven con bigote de cantante de boleros o de actor mexicano de pel\u00edculas en blanco y negro se echa agua con ambas manos, mir\u00e1ndose fijamente en el espejo. El hombre se mete en una de las cabinas, pone el pestillo, se baja los pantalones hasta los tobillos, y posa el malet\u00edn sobre el inodoro. \u00abNo soy Er\u00f3strato\u00bb piensa, mientras lentamente pone todas las piezas en su lugar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Escucha salir a la persona de bigote del lavabo, dej\u00e1ndolo todo en una extra\u00f1a calma. Se sube los pantalones, tira de la cadena y abandona el cub\u00edculo. Frente al espejo alargado, su tez se ve p\u00e1lida, pero el pulso permanece p\u00e9treo. Una vez ocurridos los hechos ya no podr\u00e1n ser desanudados. No se puede dar marcha atr\u00e1s. Cuando acontece lo que acontece, nada se puede hacer al respecto. Y justamente los ejecutores y conspiradores de todas las \u00e9pocas estaban al tanto de ese detalle.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una vez afuera de los ba\u00f1os, el hombre decide volver al \u00e1rea de llegadas. El arma est\u00e1 escondida en uno de los bolsillos del abrigo, y la empu\u00f1a con todas sus fuerzas, como tratando de romperla en mil pedazos. A lo lejos divisa la comitiva. Recorren el camino previsto. Ve varios guardias de traje negro, moviendo la cabeza en todas las direcciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los disparos retumban en el vest\u00edbulo. Se oyen gritos de desesperaci\u00f3n, gente corriendo; es el efecto en cadena, la causalidad. Es la historia en movimiento; en ning\u00fan momento suelta el malet\u00edn. Cuando tumbamos la primera ficha de domin\u00f3 en una hilera de piezas, es imposible detener la ca\u00edda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El olor a p\u00f3lvora lo envuelve fugaz. El dejo de acidez y de combusti\u00f3n es la bocanada inicial de que el acto ha sido cometido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entre medio de la histeria desatada por los balazos, alcanza a divisar a su objetivo tirado en el suelo, sobre un charco espeso de sangre. Los guardaespaldas apuntan sus pistolas de grueso calibre, buscando entre el gent\u00edo el origen de las balas parapetadas tras la multitud informe. La confusi\u00f3n generalizada hace la tarea imposible. El hombre se escurre de forma camale\u00f3nica entre el descontrol y el p\u00e1nico. Son las nueve de la ma\u00f1ana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una vez fuera del aeropuerto bota el arma en un basurero al costado del ascensor que da acceso a los estacionamientos. Las sirenas de polic\u00eda se aproximan a la entrada del terminal. Nadie lo sigue.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nubarrones plomizos dominan el cielo. \u00abNo soy Er\u00f3strato\u00bb se repite una y otra vez. Sus divagaciones se transmutan en un mantra de tranquilidad que logra aplacar el nerviosismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Sus pasos calmados contrastan con el caos general. Saca un cigarro del bolsillo interior de la chaqueta, lo enciente con cuidado, fijando la vista en la llama y absorbiendo el humo con \u00edmpetu. Al levantar la vista, se percata del auto policial y los oficiales apunt\u00e1ndolo. No han pronunciado ninguna palabra, pero al cruzar las miradas se nota que brotar\u00e1n ordenes draconianas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No hay miedo en su semblante, s\u00f3lo confusi\u00f3n, como si estuviera borracho, o saliendo de un trance alucin\u00f3geno. Le ordenan con un grito tembloroso que deje el malet\u00edn en el suelo y coloque las manos sobre la cabeza. Obedece con serenidad. \u00abTodo ha terminado\u00bb piensa, mientras ejecuta al pie de la letra la orden.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desciende sobre su cuerpo para posar el malet\u00edn sobre el cemento del estacionamiento. Los polic\u00edas no han dejado de apuntarle, siguiendo todos sus movimientos como si lo estuvieran grabando, s\u00f3lo que en vez de c\u00e1maras hay armas de servicio. Se nota que es una de las pocas veces que han tenido que apuntar a un sospechoso. Las sirenas del auto policial est\u00e1n apagadas. \u00ab\u00bfC\u00f3mo saben que soy la persona a la que andan buscando? \u00bfEs posible que me hayan delatado?\u00bb \u00abQuiz\u00e1 los hijos de puta me tendieron una trampa. \u00bfPero c\u00f3mo iban a correr el riesgo de que si era capturado vivo no los delatar\u00eda?\u00bb<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los nombres est\u00e1n condenados a desaparecer, mientras que los hechos perviven en la memoria y en los libros. No hay ignominia m\u00e1s grande que sepan su nombre, y no se dejar\u00e1 amedrentar por el fervor pasajero de unos novatos. Por eso son los enemigos de Er\u00f3strato: frente a la trascendencia de un nombre, el anonimato.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sus brazos siguen en alto, y tiene la c\u00e1psula en su mano derecha. El murmullo intrascendente en los o\u00eddos, la palpitaci\u00f3n en su pecho, desenfrenadamente. \u00abNunca estaremos preparados para saltar al otro lado\u00bb, piensa. M\u00e1s de una vez se pregunt\u00f3 por lo que vendr\u00eda. La \u00faltima reminiscencia de conciencia, el estertor breve de lucidez donde entendemos que todo acaba ah\u00ed \u00bfo es que no lo es? Sabe que pasar\u00e1 a la historia como el asesino sanguinario o el fan\u00e1tico irracional. Pero es mentira. \u00c9l es el chivo expiatorio que armoniza las tonalidades impuras. Ellos s\u00f3lo creer\u00e1n saber cu\u00e1l es su nombre, como el de Brutus Ceapio, o Avelino Arredondo, o Lee Harvey Oswald, o John Wilkes Booth o Gravilo Princip.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La c\u00e1psula se encuentra aprisionada entre los dedos \u00edndice y pulgar. Los dos polic\u00edas comienzan a gritarle que se detenga, que no mueva un m\u00fasculo m\u00e1s. Un zumbido de radio del auto policial suena y muchas voces intercaladas se superponen. La situaci\u00f3n se asemeja a un cuadro rematado en colores vivos. Los agentes tienen los m\u00fasculos agarrotados. Los segundos se detienen. En cualquier momento el hombre estar\u00e1 rodeado y lo sabe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Muerde la c\u00e1psula y desciende por su es\u00f3fago. Es solo cuesti\u00f3n de minutos. Los dos polic\u00edas comienzan nuevamente a gritar, pero ya no escucha nada. Las fichas han sido puestas en juego una vez m\u00e1s. Un escozor sube por la garganta y siente como si el est\u00f3mago le fuera a reventar. La visi\u00f3n se nubla. Su mente alcanza a captar el temblor moment\u00e1neo de la realidad. Las pulsaciones se agotan. Los ojos comienzan a pesar. El cielo esta borroso, las figuras irreconocibles, los autos alrededor son manchas difuminadas. Las extremidades pesan, y un cansancio en ascuas lo envuelve. \u00abNo soy Er\u00f3strato, no soy Er\u00f3strato, \u2026 \u00bb.<\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>Pablo Jara<\/strong><\/p>\n<p>Foto por Luis Felipe Toledo<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un hombre se levanta al alba. La madrugada es fr\u00eda, y el sol tenue comienza su ascenso lento sobre el cielo gris. Lava su cara con agua helada para luego vestirse calmadamente. Su cara permanece inexpresiva, y sus ojos recorren la habitaci\u00f3n con la indiferencia de la cotidianidad. 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