{"id":2109,"date":"2021-05-26T08:18:18","date_gmt":"2021-05-26T11:18:18","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=2109"},"modified":"2021-05-24T18:48:27","modified_gmt":"2021-05-24T21:48:27","slug":"coraje-y-el-gotico-americano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2021\/05\/26\/coraje-y-el-gotico-americano\/","title":{"rendered":"Coraje y el g\u00f3tico americano"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Ignoro si alg\u00fan artista contempor\u00e1neo se ha preguntado por el modo en que los dibujos animados influenciaron o constituyeron un primer acercamiento masivo a ciertos modos de representaci\u00f3n. Salvo el texto de Ariel Dorfman sobre Disney o algunos textos de Jorge Montealegre o Enrique Lihn, no conozco acercamientos cr\u00edticos a esos hijos pr\u00f3digos de la gran industria del entretenimiento norteamericano o japon\u00e9s, seg\u00fan corresponda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cierto es que no todos los <em>cartoons<\/em> a los que un ni\u00f1e o adolescente chileno pod\u00eda acceder a mediados de los noventa o principios de los dos mil ten\u00edan diseminados de forma m\u00e1s o menos secreta referencias intertextuales al cine, la pintura o la literatura. Quiz\u00e1 el caso m\u00e1s emblem\u00e1tico son Los Simpsons, donde Matt Groening se ha permitido trastocar las estructuras de lo sensible para filtrar citas pop y gui\u00f1os a la alta cultura (sic): transitan a lo largo de sus temporadas homenajes a Poe, al cine de Carpenter, adem\u00e1s de una mir\u00edada de cameos de m\u00fasicos pop yanquis como los Smashing Pumpkins o los Ramones. El resto de las series enfocadas en un p\u00fablico infantil parecen estar hechas desde la m\u00e1s absoluta ingenuidad est\u00e9tica, como si el campo del entretenimiento tuviera licencia para existir fuera de la Historia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un caso marginal es una serie que transmit\u00eda Cartoon Network a principios de lo d\u00e9cada del dos mil. Fue dirigida por John R. Dilworth y se llamaba <em>Coraje, el perro cobarde<\/em>. La premisa es sencilla: cada cap\u00edtulo pone en escena a esta mascota que vive junto a sus due\u00f1os \u2014Muriel y Justo\u2014 en el poblado de Ning\u00fan Lugar. En medio de ese vasto y desolado p\u00e1ramo, que parece fundir los paisajes del western con los cuadros surrealistas de Giorgio de Chirico, Coraje y sus due\u00f1os son asediados por toda clase de seres extra\u00f1os y perturbadores: patos que viajan en platillos voladores, tornados y un sinf\u00edn de peque\u00f1as cat\u00e1strofes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ese gui\u00f1o hacia lo sobrenatural es quiz\u00e1 una de las razones por las que se ha transformado en una serie de culto, llegando a ser comentada incluso por ese mit\u00f3mano maravilloso llamado Dross.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero me interesa un cap\u00edtulo en particular y vuelvo sobre la idea con la que part\u00ed este merodeo. Supongo que Dilworth sab\u00eda muy bien que la mejor animaci\u00f3n es aquella que dialoga con la cultura de su \u00e9poca o con las obsesiones personales de su director. Recurrir a la cita es una forma de ajustar cuentas con la biblioteca personal y Dilworth parec\u00eda estar consciente de eso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El cap\u00edtulo que me interesa se llama \u00abRomance en el Louvre\u00bb. Los personajes viajan a Francia gracias a un cup\u00f3n encontrado en una caja de cereales y deciden visitar el Louvre. El problema: el museo cierra en cinco minutos. Muriel insiste en entrar y tomarse una foto con la Mona Lisa. \u00abAmericanos est\u00fapidos\u00bb, dice el portero del museo, un enano ominoso que seguro es una parodia de Napole\u00f3n. El problema: pasan los cinco minutos y los personajes aun no abandonan el museo. Cuando cierran las puertas, Coraje y sus due\u00f1os quedan atrapados en el Louvre y se las arreglan para pasar la noche.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entonces comienza lo sobrenatural: la conjunci\u00f3n de Marte y Venus produce una suerte de hechizo y los cuadros y esculturas cobran vida. Dilworth y el guionista de la serie se permiten jugar y homenajear cuadros cl\u00e1sicos como los <em>Nighthawkers <\/em>de Hopper, agregando una variaci\u00f3n m\u00e1s a las muchas que existen a partir del ic\u00f3nico cuadro. Como es usual en los cap\u00edtulos de la serie, se suceden una serie de gags. El principal es el que pone en aprietos al perro: Muriel, su due\u00f1a, queda atrapada en el cuadro de la Gioconda, mientras que la retratada por Da Vinci se da el lujo de ingresar en otras pinturas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El cap\u00edtulo es pionero y uno podr\u00eda encontrar un \u00e9mulo en <em>La telenovela errante<\/em> de Ra\u00fal Ruiz, donde vemos a los personajes pasearse a trav\u00e9s de distintas teleseries, o <em>La hip\u00f3tesis del cuadro robado<\/em>. La puesta en abismo, en el caso del cap\u00edtulo que comento, permite deformar los significantes y trastocar los presuntos significados de cada una de las obras, multiplic\u00e1ndolos. Todo esto ocurre, por cierto, en una serie pensada para ni\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Antes de que la conjunci\u00f3n de planetas rompa el hechizo y los cuadros vuelvan a su estado natural, Coraje debe hacer que la Gioconda vuelva a su lugar. \u00abPara Plinio el Viejo, el prop\u00f3sito del arte es confundir a la naturaleza, y dedica sus mayores elogios a quienes alcanzaron tal proeza: Zeuxis, que enga\u00f1\u00f3 a los p\u00e1jaros con un racimo de uvas pintadas; Apeles, que pint\u00f3 un caballo que hac\u00eda relinchar a los verdaderos caballos, y Parrasio, que pint\u00f3 una cortina capaz de enga\u00f1ar a Zeuxis, quien le pidi\u00f3 que la corriera para dejarlo ver la pintura que supuso cubr\u00eda. El arte alcanza la perfecci\u00f3n cuando es un reflejo de la naturaleza. Y la propia naturaleza es el juez\u00bb, nos recuerda Derek Jarman en uno de sus ensayos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Coraje \u2014dec\u00eda\u2014 debe evitar que Muriel pase a tomar el puesto de la Gioconda. Por supuesto que lo logra. Hasta ah\u00ed todo bien. Lo interesante ocurre hacia el final del cap\u00edtulo: Muriel se queda observando una reproducci\u00f3n del famoso cuadro de Grant Wood, \u00abAmerican Gothic\u00bb. La reproducci\u00f3n, por supuesto, coloca a los personajes del cuadro con un fondo distinto: los personajes no posan frente a una casa rural de la Norteam\u00e9rica de principios del siglo XX, sino frente a la casa en la que vive Coraje con sus due\u00f1os. \u00abMira, eso me recuerda a casa\u00bb dice Muriel. Nuestro antropomorfo y cobarde amigo toma a su due\u00f1a e ingresa al cuadro. Coraje y su due\u00f1a llegan al Louvre y en el Louvre descubren que en realidad viven en un cuadro de Grant Wood. O algo as\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No tengo recuerdo de alguna otra serie infantil que, en la mejor tradici\u00f3n de un Godard desmontando el relato cinematogr\u00e1fico o los procedimientos metaliterarios que, desde Cervantes hasta ac\u00e1, juegan con la obra como artificio, se permita fantasear a ese nivel con sus referentes est\u00e9ticos. Dilworth coloca sobre la mesa su mapa de referencias. Sin ir m\u00e1s lejos, la escenograf\u00eda de la serie est\u00e1 inspirada en una fotograf\u00eda de Dorothea Lange, que recorri\u00f3 la Norteam\u00e9rica poscrisis del veintinueve para retratar los estragos de una sequ\u00eda que transform\u00f3 gran parte de su pa\u00eds en un enorme peladero. Es en ese mismo periodo hist\u00f3rico cuando Grant Wood pinta sus obras que vindican los paisajes rurales de su pa\u00eds y escribe un ensayo intitulado \u00abRevolt against the City\u00bb, demandando la necesidad de un arte alejado de las grandes capitales financieras.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-2111 size-large\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Portada-gringa-2-1024x984.jpeg\" alt=\"\" width=\"600\" height=\"577\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Portada-gringa-2-1024x984.jpeg 1024w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Portada-gringa-2-300x288.jpeg 300w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Portada-gringa-2-768x738.jpeg 768w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Portada-gringa-2-1536x1475.jpeg 1536w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Portada-gringa-2-2048x1967.jpeg 2048w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Portada-gringa-2-1040x999.jpeg 1040w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Portada-gringa-2-1200x1153.jpeg 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero ese ensayo es tambi\u00e9n una reflexi\u00f3n cruda sobre la precariedad que sucede a la crisis de la segunda d\u00e9cada del siglo veinte. \u00abLa Gran Depresi\u00f3n nos ha ense\u00f1ado muchas cosas [\u2026] Tir\u00f3 por el suelo la Torre de Babel erigida en a\u00f1os de falsa prosperidad; devolvi\u00f3 a hombres y mujeres a la tierra; nos ha llevado a redescubrir las virtudes de la vieja frontera\u00bb, escribe Wood en ese panfleto. Lo que hay de conservador respecto a unos supuestos valores esenciales encarnados en la provincia es discutible, y quiz\u00e1 el trabajo de Dilworth como animador es a su manera una forma de jugar con esa seriedad militante con la que se fund\u00f3 el movimiento regionalista yanqui. \u00bfC\u00f3mo? Retratando a una familia rural que vive en medio de la nada y, aun as\u00ed, es asediada por toda clase de fen\u00f3menos irrisorios y sobrenaturales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quien firma este texto vio la serie cuando ten\u00eda diez a\u00f1os. Eran los a\u00f1os del Chupacabras y la proliferaci\u00f3n de la ufolog\u00eda. Televisi\u00f3n Nacional, nuestra BBC fonola, transmit\u00eda un programa llamado <em>Ovni, <\/em>conducido por Patricio Ba\u00f1ados. Visto a la distancia, podr\u00edamos arriesgarnos a sugerir que fue el primer programa de ciencia ficci\u00f3n chileno. Con mucho menos entusiasmo, puede leerse como un desfile de outsiders, \u00f1o\u00f1os y hombres solteros con mucho tiempo libre. Chilenos tristes mirando el cielo. Heterosexuales que viven o intentar vivir forzosamente fuera de una \u00e9poca que consideran ajena a sus valores. Hace no mucho, Herm\u00f3genes P\u00e9rez de Arce, viejo vinagre y fascista, public\u00f3 un libro llamado <em>Confieso que creo en los ovnis. <\/em>Chilenos tristes, rancios, que miran el cielo buscando un platillo volador que les traiga de vuelta a Pinochet.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una \u00faltima cuesti\u00f3n para terminar: la foto que acompa\u00f1a este texto es una reproducci\u00f3n hecha por Rodrigo Arroyo para ilustrar la portada de <em>Canciones gringas<\/em> de Mario Verdugo, un libro que en mi modesto parecer juega precisamente con las cuestiones que ac\u00e1 comento: la recepci\u00f3n de lo for\u00e1neo, encarnada en ese poeta yanqui \u2014Keith Duncan\u2014 cuyos poemas son traducidos con todas las ma\u00f1as de las peores traducciones espa\u00f1olas; los juegos de espejos y la intertextualidad, etc\u00e9tera. Que el libro de marras haya sido publicado por una editorial llamada Inubicalistas tuerce todav\u00eda m\u00e1s la trama: el Ning\u00fan Lugar donde vive Coraje es tan inubicable como los poetas que la editorial publica.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>Jonnathan Opazo<\/strong><\/p>\n<p>Fotograf\u00eda de Dorothea Lange<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ignoro si alg\u00fan artista contempor\u00e1neo se ha preguntado por el modo en que los dibujos animados influenciaron o constituyeron un primer acercamiento masivo a ciertos modos de representaci\u00f3n. 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