{"id":2091,"date":"2021-05-19T08:24:00","date_gmt":"2021-05-19T11:24:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=2091"},"modified":"2022-09-22T12:25:57","modified_gmt":"2022-09-22T15:25:57","slug":"soy-la-muerte-dios-me-envia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2021\/05\/19\/soy-la-muerte-dios-me-envia\/","title":{"rendered":"Soy la muerte, Dios me env\u00eda"},"content":{"rendered":"<p>I.<\/p>\n<p>Entre ambos hay un hilo de seda blanco con letras negras que no alcanzo a distinguir. Mientras m\u00e1s me concentro en el mensaje escrito en la seda, m\u00e1s nos hundimos. Justo antes de quedar completamente enterrado, abro los ojos.<\/p>\n<p>El perro est\u00e1 inconsciente, pero a\u00fan respira. Tiene los pa\u00f1os que us\u00e9 para tratar de contener la hemorragia pegados a la piel, oscuros de sangre. Acerco el plato con agua, pero fracaso en el intento de depositar el l\u00edquido dentro de su boca. El agua se desliza a trav\u00e9s de su hocico y se desparrama, inevitablemente, en el suelo. Acaricio con suavidad su cabeza y me pongo de pie, como puedo. Me duele todo. Me arrastro hasta el ba\u00f1o. Apoyo justo a tiempo mi cabeza sobre la tasa. Un fluido oscuro y espeso brota de mi boca durante trece minutos. Exhausto, me derrumbo sobre las baldosas blancas.<\/p>\n<p>Entonces lo veo. Un cuerpo en el mar. Una cabeza, los hombros, el torso. La mano derecha hundida. La izquierda flotando sobre la superficie oscura del agua. El rostro, id\u00e9ntico a mi rostro, contra\u00eddo. La boca cerrada, los ojos llorosos, centelleantes. Plateados sobre la luz de la luna plateada.<\/p>\n<p>Cierro los ojos.<\/p>\n<p>El ahogado tiene las cejas cubiertas de un polvo blanquecino que lo hace parecer viejo, como si la luz de la luna regara su piel con un brillo \u00e1cido, mientras su cuerpo, a la deriva, se deshace en un tanque inmenso. Sobre la superficie del agua el \u00fanico incidente soy yo, es \u00e9l. Ni una ola, ni un \u00e1nima. El silencio es un espiral que me envuelve. Me aleja, me acerca, me despedaza.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>II.<\/p>\n<p>Abr\u00ed los ojos.<\/p>\n<p>Cinco u\u00f1as se incrustaban en mi pecho. Una mata de pelo negro, con el cielo de fondo, se mov\u00eda fren\u00e9ticamente hacia adelante, hacia atr\u00e1s, en c\u00edrculos, sub\u00eda, bajaba. Al centro de las mechas la boca entreabierta de una mujer, sus cachetes rojos, un hilo de baba cayendo sobre mi boca. Mis manos en sus caderas, protegidas por la tela de una minifalda a cuadritos. En mis tobillos mis pantalones como un saco de arena. Su respirar tibio en una de mis orejas. Un grito de placer sofocado. Todo el peso de su cuerpo sobre mi entrepierna. Despu\u00e9s, un beso en la frente, la humedad del cond\u00f3n en mis muslos, el \u00faltimo vistazo de su culo blanco y una botella de vodka casi vac\u00eda sujeta por los mismos dedos que se incrustaban en mi pecho. El adi\u00f3s. Yo me llevo esto.<\/p>\n<p>Cerr\u00e9, entonces, los ojos.<\/p>\n<p>El cuerpo que flota, mi cuerpo, no est\u00e1 solo. A su lado un objeto peque\u00f1o. \u00bfUn animal? \u00bfUn p\u00e1jaro? \u00bfUna sombra? La oscuridad del agua se intensifica en su quietud, y en el contraste la luna revela el misterio: lo que flota al lado de mi cuerpo es un pie, un pie humano. Pienso en mis pies, pero no los siento. S\u00ed el rostro, mi rostro, que se desfigura en una expresi\u00f3n de dolor. Como sal resplandece el polvo blanco de la luna y deja de ser solo un pie y un cuerpo los que flotan en el agua. Manos, piernas, brazos. Un mont\u00f3n de extremidades, una ronda sobre el mar.<\/p>\n<p>Cuando abr\u00ed los ojos ten\u00eda los pies fr\u00edos y h\u00famedos. Y un mareo con la forma de mil estrellas brillantes. Al lado m\u00edo estaba el perro, mir\u00e1ndome fijo. Su hocico podrido se abr\u00eda y su lengua hediond\u00edsima se deslizaba una y otra vez sobre mi cara. La cola, mojada, me golpeaba cada vez que iba, cada vez que volv\u00eda. Al incorporarme un dolor agudo se instalaba entre mis cejas. Mi tercer ojo como un taladro en el cerebro. Con angustia tanteaba mis bolsillos y confirmaba lo que ya tem\u00eda, que la caja de cart\u00f3n estaba vac\u00eda, llena de arena. El perro se sacud\u00eda y el roc\u00edo de gotas con el que me ba\u00f1aba me produc\u00eda un escalofr\u00edo. Lo miraba, a trav\u00e9s de mi m\u00e1scara de pena, y le preguntaba \u00bfpor qu\u00e9 no tengo ganas de llorar? \u00c9l me miraba, indiferente, y se daba media vuelta, pero yo lo sujetaba con firmeza de la cola. Lo atra\u00eda hacia m\u00ed. Le dec\u00eda <em>no te vayas<\/em> y me arrepent\u00eda al instante. Lo liberaba, lo espantaba, le rogaba que me dejase solo. Pero se quedaba. Y yo tambi\u00e9n quer\u00eda quedarme. Ah\u00ed, sentados en la playa hasta que el sol iluminara y secara para siempre nuestros cuerpos, hasta que con su calor nos devolviera la vida. Pero no pod\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>III.<\/p>\n<p>Cierro los ojos. La cabeza del ahogado, mi cabeza, vara en la orilla, con los ojos abiertos. \u00a0Me pongo de pie y me hundo, pierdo el equilibrio, siento que me desplomo. Solo el perro me contiene, me gu\u00eda, me alienta.<\/p>\n<p>Se me cierran los ojos y el pelo, mi pelo, se entierra de nuevo en la arena, como si quisiera echar ra\u00edces. Y la sangre, mi sangre, brota a borbotones por el cuello abierto de mi cabeza, como si quisiera alcanzar el cielo.<\/p>\n<p>Cuando abro los ojos me encandila un mar de luces, amarillas y rojas, que inundan a toda velocidad la carretera.<\/p>\n<p>Entonces parpadeo.<\/p>\n<p>S\u00e9, que del otro lado, m\u00e1s all\u00e1 del ruido incesante de los motores contra el cemento, una promesa aguarda por mi cuerpo entumecido.<\/p>\n<p>Cierro los ojos, quiero confiar, pero la cabeza, mi cabeza sin patas para arriba, me saca la lengua con una mueca, la m\u00e1scara ca\u00edda. Entonces corro, adelantando la tragedia, escapando de antemano del aullido.<\/p>\n<p>A pesar de que escucho el estruendo, no abro los ojos. Es el pavor el que me abre los ojos. Es el color rojo el que me abre los ojos. Son los huesos quebrados los que me abren los ojos. Es el mareo el que me abre los ojos. Y es tambi\u00e9n el fr\u00edo el que me abre los ojos.<\/p>\n<p>Yo, por el contrario, los cierro, quiero cerrarlos, creo cerrarlos, pero aun as\u00ed veo cuando se suelta el hilo de seda y mis pies caen, arrastrando tras de s\u00ed a todo mi cuerpo, que se desparrama sobre la arena enrojecida.<\/p>\n<p>En la que nos hundimos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>Javier Villagr\u00e1n<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. Entre ambos hay un hilo de seda blanco con letras negras que no alcanzo a distinguir. Mientras m\u00e1s me concentro en el mensaje escrito en la seda, m\u00e1s nos hundimos. Justo antes de quedar completamente enterrado, abro los ojos. El perro est\u00e1 inconsciente, pero a\u00fan respira. 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