{"id":2085,"date":"2021-05-18T08:14:07","date_gmt":"2021-05-18T11:14:07","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=2085"},"modified":"2021-05-17T21:18:55","modified_gmt":"2021-05-18T00:18:55","slug":"la-maldicion-de-la-literatura-entrevista-a-carlos-droguett","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2021\/05\/18\/la-maldicion-de-la-literatura-entrevista-a-carlos-droguett\/","title":{"rendered":"La maldici\u00f3n de la literatura"},"content":{"rendered":"<p align=\"justify\">Carlos Droguett (1912) naci\u00f3 en Santiago, Chile y pronto se dedic\u00f3 al periodismo que altern\u00f3 con la creaci\u00f3n de novelas que en la actualidad han sido reeditadas en distintos pa\u00edses, as\u00ed como traducidas a varios idiomas:\u00a0<em>Los asesinados del Seguro Obrero<\/em>\u00a0(1940),\u00a0<em>60 muertos en la escalera<\/em>, (1953),\u00a0<em>Eloy<\/em>\u00a0(1959),\u00a0<em>100 gotas de sangre y 200 de sudor<\/em>\u00a0(1961),\u00a0<em>Patas de perro<\/em>\u00a0(1965),\u00a0<em>Supay, el cristiano<\/em>\u00a0(1967),\u00a0<em>El compadre<\/em>\u00a0(1967). En 1968 fue miembro del jurado de Casa de las Am\u00e9ricas que premi\u00f3 el libro de Antonio Sk\u00e1rmeta,\u00a0<em>Desnudo en el tejado<\/em>, y en la revista chilena,\u00a0<em>Punto Final<\/em>, levant\u00f3 un acta de acusaci\u00f3n acerca de Pablo de Rokha y sus asesinos. El cineasta argentino Humberto R\u00edos realiz\u00f3 en escenarios chilenos la versi\u00f3n cinematogr\u00e1fica de\u00a0<em>Eloy<\/em>\u00a0que incluye una canci\u00f3n con m\u00fasica y letra de \u00c1ngel Parra.<\/p>\n<p align=\"justify\">Hace alg\u00fan tiempo, Alberto Perrone convers\u00f3 con Carlos Droguett en Chile especialmente para\u00a0<em>Los Libros<\/em>.<\/p>\n<p align=\"justify\">*<\/p>\n<p align=\"justify\">En verdad, las palabras no son cosas sino signos. Pero, si esos signos que la literatura ordena, no llegaran a constituir una organizaci\u00f3n que por darse en el mundo lo contuviera, no ya por identificaci\u00f3n pero s\u00ed por homolog\u00eda, se caer\u00eda en una pretendida inocuidad de la fabulaci\u00f3n. Y es justamente el intr\u00ednseco poder referencial de los signos como la sobredeterminaci\u00f3n de la dependencia econ\u00f3mica de Latinoam\u00e9rica, lo que lleva al aislamiento a determinados escritores. Carlos Droguett es, en Chile, el escritor que luego de sufrir un general rechazo, un intencional olvido (<em>Panorama de la novela chilena<\/em>, R. Silva Castro, Ed. Fondo de Cultura Econ\u00f3mica 1956) adquiere una notoriedad imposible de soslayar.<\/p>\n<p align=\"justify\">\u2014Europa contin\u00faa consagrando. Cuando\u00a0<em>Eloy<\/em>\u00a0fue finalista del Premio Biblioteca Breve, de Seix-Barral, comenzaron mis compatriotas a interesarse en m\u00ed. Porque esta &#8220;consagraci\u00f3n&#8221; que &#8220;el mundo civilizado&#8221; reenv\u00eda sobre Sudam\u00e9rica, es tenida por la santificaci\u00f3n de una obra cuyas asperezas, es conveniente que sean asimiladas por el r\u00e9gimen, para lograr una digesti\u00f3n final del escritor en cuesti\u00f3n&#8230;<\/p>\n<p>Droguett, cronol\u00f3gicamente, pertenece a la llamada &#8220;generaci\u00f3n del 38&#8221;, que entendi\u00f3 la literatura como un compromiso social. Pero habr\u00e1 de distanciarse de ella al desentenderse del neutralismo y acentuar los conflictos con el lenguaje como una conciencia de la realidad.<\/p>\n<p>\u2014Mi primera novela,\u00a0<em>Sesenta Muertos en la Escalera<\/em>, es la proyecci\u00f3n de un cuento que escrib\u00ed con motivo de un crimen pol\u00edtico de los que caracterizan a nuestros &#8220;gobiernos democr\u00e1ticos&#8221;. Ocurri\u00f3 en 1938, bajo el gobierno de Arturo Alessandri, padre del actual candidato. Fue una matanza a base de estudiantes. Sesenta hombres que hab\u00edan vislumbrado la posibilidad de cambiar la situaci\u00f3n que corro\u00eda a todo el pueblo, fueron tomados prisioneros y&#8230;<\/p>\n<p>Se detiene, baja los ojos como buscando ciertos indicios que no se han borrado de su memoria y dice:<\/p>\n<p>\u2014En aquella \u00e9poca yo era un estudiante y muchos de los muertos fueron. compa\u00f1eros m\u00edos. La impresi\u00f3n de ese crimen cruel e injusto me oblig\u00f3 a escribir.<\/p>\n<p>Se sirve agua. Veo su cara angulosa, sus peque\u00f1os y vivaces ojos.<br \/>\n\u2014Pero hablemos de otros autores, no tanto sobre mi obra.<\/p>\n<p>Sonr\u00ede con iron\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014Me gustar\u00eda que me preguntara sobre Neruda o Nicanor Parra.<\/p>\n<p>Su voz se pierde acentuando una expectativa. Conozco sus animadversiones y trato de zafarme:<br \/>\nAl leer <em>Patas de perro<\/em>,\u00a0<em>Eloy<\/em>, sus cuentos, y como contraste con la narrativa de otros autores, podr\u00eda afirmar que el paisaje, la geograf\u00eda chilena pierde gravidez frente a la historia.<\/p>\n<p>\u2014Nuestra historia es riqu\u00edsima en sugerencias para un escritor. Creo que apegarse a la geograf\u00eda de Chile es una frivolidad.<\/p>\n<p>Mira hacia afuera. Es de noche, al fondo las estribaciones de los Andes han ido perdiendo su contorno. Como siguiendo su pensamiento agrega:<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, una frivolidad como toda la obra de Parra. Malas traducciones de Prevert. Adem\u00e1s, no s\u00e9 de qu\u00e9 se queja. Acept\u00f3 el Premio Nacional, y al mismo tiempo se dedica a hablar mal del premio, a justificar una aceptaci\u00f3n de algo que considera sin sentido, una mugre.<\/p>\n<p>Le ofrezco un cigarrillo y volvemos a hablar de su obra:<\/p>\n<p>\u2014Eloy no es un personaje canallesco. No creo que lo sea m\u00e1s que los &#8220;pacos&#8221;, los &#8220;<em>flics<\/em>&#8221; que lo persiguieron. En cambio digo que la sociedad inventa a los bandidos en los que trata de plasmar sus propias lacras. En la peripecia real, Eloy lleg\u00f3 a ser un hombre totalmente solo, totalmente derrotado, pero que pele\u00f3 su muerte hasta lo \u00faltimo, acorralado por treinta polic\u00edas. Eloy fue un poeta popular; cuando investigu\u00e9 su vida, result\u00f3 ser un hombre sin instrucci\u00f3n alguna.<\/p>\n<p>Y con un adem\u00e1n que quiere significar su admiraci\u00f3n, afirma:<\/p>\n<p>\u2014Y sin embargo se dio el lujo da enamorar, all\u00e1 por el a\u00f1o veinte, a la primera actriz de un importante teatro del centro de Santiago. La enamor\u00f3 y juntos huyeron para Buenos Aires. Un hombre as\u00ed no puede haber sido un simple canalla.<\/p>\n<p>Creo que su novela <em>Eloy<\/em>\u00a0es un salto en la literatura chilena.<\/p>\n<p>Droguett asiente y contin\u00fao: De este modo, \u00bfqu\u00e9 es lo que <em>Eloy<\/em>\u00a0cuestiona, impl\u00edcitamente como obra literaria a la literatura chilena?<\/p>\n<p>\u2014No quiero caer en lo de Neruda comentando las cr\u00edticas de Amado Alonso. Porque Neruda hac\u00eda el rid\u00edculo intentando explicar en t\u00e9rminos que le son ajenos, su propia creaci\u00f3n. Pero le dir\u00e9 que cuando yo ten\u00eda veinte a\u00f1os, ya pose\u00eda este estilo que luego en\u00a0<em>Eloy<\/em>\u00a0aparece m\u00e1s maduro. Si usted quiere, a lo mejor m\u00e1s apasionado. Cuando reci\u00e9n comenzaba a publicar, en una reuni\u00f3n una se\u00f1ora me dijo: &#8220;Me alegro de conocerlo, cre\u00eda que los cuentos publicados en el diario eran traducciones del franc\u00e9s&#8221;. Me sent\u00ed halagado al o\u00edr confirmada la intuici\u00f3n personal de que mis trabajos no ten\u00edan nada que ver con lo que se escrib\u00eda en Chile. Si el c\u00e1ncer es salud, yo me sent\u00eda un c\u00e1ncer en la literatura chilena.<\/p>\n<p align=\"justify\">Es decir que, mientras por un lado orienta su b\u00fasqueda tem\u00e1tica, por el otro delimita una necesidad diferencial de formalizaci\u00f3n&#8230;<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, porque al elaborar mis historias incorporo, inconscientemente, a todos los personajes dentro de mi pasado real. Pero cuando siento que estos personajes, sus vivencias, se alejan por la imprescindible mediaci\u00f3n del lenguaje, me debato para que suprimiendo convenciones de la escritura, permanezcan cerca de mi. Y para que estos personajes emerjan de su profundidad en la que se consumen in\u00fatilmente, lucho con las p\u00faas del lenguaje y mediante un estilo angustioso, logro, en parte, retenerlos.<\/p>\n<p align=\"justify\">Es tarde. El silenci\u00f3 abre un espacio, el humo de los cigarrillos se aquieta en el cenicero. Droguett ha partido cuando recuerdo algo que afirm\u00f3 con convicci\u00f3n:<\/p>\n<p align=\"justify\">&#8220;Si pienso y ara\u00f1o y busco y me pierdo en mis recuerdos, no podr\u00eda decir cu\u00e1ndo se me ocurri\u00f3 escribir&#8230; Me parece, me pareci\u00f3 desde que sent\u00ed mis primeros terrores, mis primeras angustias impregnadas de dudas, que la literatura es una maldici\u00f3n que se debe asumir hasta las \u00faltimas consecuencias, como un vicio atroz, esperando todo de ella, entreg\u00e1ndoselo todo, pero conservando siempre una cuota de lucidez, si se quiere, una lucidez tambi\u00e9n contaminada&#8221;<\/p>\n<p align=\"justify\">Por\u00a0<strong>Alberto M. Perrone<br \/>\nRecuperado del n\u00ba10 de la extinta revista argentina\u00a0<em>Los Libros,\u00a0<\/em>conservada y archivada gracias al invaluable trabajo del Archivo de Revistas Argentinas (AHIRA) que recomendamos encaricidamente consultar.\u00a0 <\/strong><cite class=\"iUh30 Zu0yb tjvcx\">https:\/\/ahira.com.ar<\/cite><\/p>\n<p align=\"justify\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carlos Droguett (1912) naci\u00f3 en Santiago, Chile y pronto se dedic\u00f3 al periodismo que altern\u00f3 con la creaci\u00f3n de novelas que en la actualidad han sido reeditadas en distintos pa\u00edses, as\u00ed como traducidas a varios idiomas:\u00a0Los asesinados del Seguro Obrero\u00a0(1940),\u00a060 muertos en la escalera, (1953),\u00a0Eloy\u00a0(1959),\u00a0100 gotas de sangre y 200 de sudor\u00a0(1961),\u00a0Patas de perro\u00a0(1965),\u00a0Supay, el [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":2089,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[10],"tags":[],"class_list":["post-2085","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-literatura"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2085","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2085"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2085\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2090,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2085\/revisions\/2090"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2089"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2085"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2085"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2085"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}