{"id":2057,"date":"2021-05-13T10:18:54","date_gmt":"2021-05-13T13:18:54","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=2057"},"modified":"2021-05-24T18:48:49","modified_gmt":"2021-05-24T21:48:49","slug":"formas-breves-de-moreno-a-mouat","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2021\/05\/13\/formas-breves-de-moreno-a-mouat\/","title":{"rendered":"Formas breves: de Moreno a Mouat"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Son imborrables las primeras im\u00e1genes. Un animal muerto, la violencia de la marea, o el ata\u00fad que contemplamos con ojos infantiles, se vuelven fotograf\u00edas que nos acompa\u00f1an a lo largo de nuestra vida. Flashes a las que volvemos buscando revivir esa primera emoci\u00f3n. Algo similar sucede con los referentes culturales. Nunca podr\u00eda olvidar, por ejemplo, al primer escritor que conoc\u00ed: don Mario, un tipo rubicundo, bromista y amante de los pataches. Se jactaba de tener la colecci\u00f3n m\u00e1s grande de revistas viejas de todo Valdivia y seg\u00fan pude ver, la tarde en que me permiti\u00f3 conocer el lugar donde guardaba en cajas miles de publicaciones, no ment\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su obra, como \u00e9l la llamaba, consist\u00eda en escribir todos los viernes de forma religiosa, una \u201ccarta al director\u201d, una especie de columna semanal. Cuando lo conoc\u00ed llevaba m\u00e1s de diez a\u00f1os haci\u00e9ndolo. O eso aseguraba. Lo m\u00e1s memorable era su m\u00e9todo de escritura. En vez de caer en los t\u00edpicos lugares comunes del autor ensimismado, absorto por la \u201cinspiraci\u00f3n\u201d, se limitaba a comentar sus ideas con cualquiera que estuviera en frente. Un par de veces, incluso, me narr\u00f3 en detalle su columna venidera mientras almorz\u00e1bamos. Sondeaba sus palabras, probaba material. Y luego, sin darle muchas vueltas, las escrib\u00eda de una sentada y comenzaba a rumiar la carta\/columna siguiente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A Mario, seg\u00fan recuerdo, no le generaba inter\u00e9s el acto de publicar. Le bastaba simplemente que su obra apareciera cada viernes en un peri\u00f3dico provinciano, que como todo peri\u00f3dico se olvidar\u00eda al d\u00eda siguiente. De alguna manera visualizaba en ese acto mec\u00e1nico, una f\u00f3rmula para llevar una bit\u00e1cora personal. Un diario de ideas: un cuerpo que se hac\u00eda p\u00fablico con el \u00fanico fin de existir. Y en su gesto, quiero creer, radica una clave de lectura. Porque en una sociedad obsesionada por las obras maestras, por los listados de lo mejor de lo mejor, suele ser en los textos cotidianos, en los textos urgentes, donde se alberga una mayor sinceridad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un libro que puede leerse bajo esa clave es la antolog\u00eda <em>Escala t\u00e9cnica<\/em>, de Francisco Mouat. Compuesta por treinta y cuatro textos de diversa especie, que aparecieron originalmente en medios de prensa y revistas, esta necesaria miscel\u00e1nea se deja leer de forma fluida y voraz. Mientras surfeamos las cr\u00f3nicas, semblanzas biogr\u00e1ficas y columnas, el car\u00e1cter antol\u00f3gico se diluye. Como existe un di\u00e1logo subterr\u00e1neo entre sus textos, el montaje consigue que el libro cobre vida propia y que la distancia con la contingencia, con el siempre feble &#8220;tiempo del periodismo&#8221;, se anule por completo. Estas p\u00e1ginas se vuelven as\u00ed un exquisito merodeo por rostros, lugares y jirones de historia, que hipnotizan al lector con una sutil mezcla de vivencias personales y robadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pese a que la naturaleza de estos textos aspiraba a la inmediatez, a la lectura r\u00e1pida, hay pasajes donde resulta imposible no detenerse. En \u201cLa agenda de Dolores\u201d por ejemplo, Mouat describe su relaci\u00f3n con Dolores Ezcurra, que conoci\u00f3 de casualidad en Cucao, Chilo\u00e9, \u201cel mismo d\u00eda en que se muri\u00f3 Julio Cort\u00e1zar\u201d. La entra\u00f1able amistad que se forja entre el periodista y la directora de fotograf\u00eda (entre otros oficios), se refleja con precisi\u00f3n mediante una mara\u00f1a de recuerdos, cartas y los apuntes que ella escribe en su agenda antes de morir. El efecto es preciso y hermoso. Logramos conocer a Dolores y su caligraf\u00eda, su documento de identidad e incluso leemos un poema de Teillier que el amigo nost\u00e1lgico lee en su tumba a seis a\u00f1os de su muerte. Y tan cercana nos resulta, que terminamos atesorando las reflexiones que destila en sus cartas: \u201cLo que te dec\u00eda del amor truncado me sucedi\u00f3 por no haber aprendido que la raza de sicoanalistas es deleznable. Se cuidan y preservan tanto que no tienen problemas de joder a quien sea. La vida pasa por los vers\u00edculos de la Biblia freudiana\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La muerte es quiz\u00e1 el fantasma que recorre con mayor propiedad estas p\u00e1ginas. En una columna memorable titulada \u201cNo dispares\u201d, Mouat narra la tr\u00e1gica historia de Sergio Lagos Le\u00f3n. Un vendedor de <em>retail<\/em> que, obligado a transportar un televisor a una casa de La Dehesa, es asesinado por el esposo de la clienta que dispara en \u201cdefensa propia\u201d, porque si un moreno entraba a su casa seguro era un ladr\u00f3n. Esta tragedia sintetiza la desfachatez de la clase alta chilena y su <em>rechazo<\/em>. Otro texto crucial es \u201cAm\u00e9rico Grunwald\u201d, retrato de un rumano avecinado en Chile desde 1948, que pas\u00f3 su juventud como prisionero en Auschwitz. Pese a la inmensa cantidad de testimonios existentes, los recuerdos de Am\u00e9rico resultan reveladores. Confiesa que sol\u00eda contarles chistes a sus compa\u00f1eros de celda y la vertiginosa escena del escape, donde la \u201cfalta de h\u00e1bito de comida mat\u00f3 a mucha gente\u201d. Varios de sus compa\u00f1eros murieron comiendo un gulash que un due\u00f1o de aserradero sirvi\u00f3 generosamente, sin saber que probar el bocado los matar\u00eda. \u201cDe los treinta y tantos que \u00e9ramos, quedamos apenas diez vivos\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un pariente cercano de <em>Escala t\u00e9cnica<\/em> es <em>A tontas y a locas<\/em>, de Mar\u00eda Moreno. El libro re\u00fane cerca de cincuenta columnas y ensayos bons\u00e1i, escritos durante los ochentas en una secci\u00f3n hom\u00f3nima que aparec\u00eda en <em>Tiempo Argentino<\/em> y la revista <em>Latido<\/em>, donde seg\u00fan la propia autora escribi\u00f3 su autobiograf\u00eda. Pese a la \u201cvejez\u201d cronol\u00f3gica de los escritos, un car\u00e1cter fresco y revolucionario los atraviesa. Porque en este libro Moreno se dedica exclusivamente a ser Moreno, es decir, escribe con total libertad pasajes vitales, cr\u00edticas furibundas y reflexiones feministas, todo tamizado con prosa punzante y un fino humor que arranca verdaderas carcajadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Encontramos un di\u00e1logo con Freud, \u00fatiles consejos para evitar escribir alambicado, \u201cescribir bien\u201d, sobre todo las cartas: \u201cNo escriban nunca, pero nunca, cartas de escritor, de esas que contienen una sarta de verdades acerca del universo, aspirantes a ser volcadas ante los pies de la posteridad\u201d, una hilarante apolog\u00eda a la gordura que se adelanta cuarenta a\u00f1os al <em>body positive<\/em>, o un sentido texto donde postula que \u201cla flor de la edad es ma\u00f1ana\u201d, que en la vejez se encuentra la verdadera posesi\u00f3n de los d\u00edas. Moreno destella lucidez y lanza aforismos del tipo: \u201cEl amor es la \u00fanica subversi\u00f3n que no llega a institucionalizarse \u2013cuando lo logra ya no existe\u2013\u201d, mientras narra recuerdos de su \u00e9poca trotskista o cuestiona el fascismo de los \u201ccultivadores del placer fino\u201d que \u201cproh\u00edben leer saltado a Saer\u201d o comer papas fritas \u201cante una pel\u00edcula de Tarkovski\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me gusta pensar que Mario, aquel primer escritor que conoc\u00ed o cre\u00ed conocer, habr\u00eda sido feliz leyendo estos libros. Quiz\u00e1 incluso se habr\u00eda identificado con algunos pasajes. Porque en la urgencia de estos textos escritos al ritmo de las prensas, se abre un costado luminoso: la escritura como un mapa de huellas, el mapa de un cuerpo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por\u00a0<strong>Guido Arroyo<\/strong><\/p>\n<p>Foto por\u00a0<strong>Pascal Viveros<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-2058 alignleft\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/ESCALATECNICA-203x300.jpeg\" alt=\"\" width=\"272\" height=\"377\" \/> <\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Escala t\u00e9cnica<br \/>\nFrancsico Mouat<br \/>\nEdiciones Overol<br \/>\n2020<br \/>\n236 pp.<br \/>\n$13.000<br \/>\n<a href=\"https:\/\/edicionesoverol.cl\/producto\/escala-tecnica\/\">https:\/\/edicionesoverol.cl\/producto\/escala-tecnica\/<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-2059\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Mari\u0301a-Moreno_A-tontas-y-a-locas-184x300.jpeg\" alt=\"\" width=\"270\" height=\"343\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A tontas y a locas<br \/>\nMar\u00eda Moreno<br \/>\nMontacerdos<br \/>\n2020<br \/>\n258 pp.<br \/>\n$14.900<br \/>\n<a href=\"https:\/\/www.montacerdos.cl\/products\/a-tontas-y-locas#:~:text=Este%20libro%20es%20una%20recopilaci%C3%B3n,pudo%20desplegar%20muchas%20de%20sus\">https:\/\/www.montacerdos.cl\/products\/a-tontas-y-locas#:~:text=Este%20libro%20es%20una%20recopilaci%C3%B3n,pudo%20desplegar%20muchas%20de%20sus<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Son imborrables las primeras im\u00e1genes. Un animal muerto, la violencia de la marea, o el ata\u00fad que contemplamos con ojos infantiles, se vuelven fotograf\u00edas que nos acompa\u00f1an a lo largo de nuestra vida. Flashes a las que volvemos buscando revivir esa primera emoci\u00f3n. Algo similar sucede con los referentes culturales. 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