{"id":2055,"date":"2021-05-14T10:08:46","date_gmt":"2021-05-14T13:08:46","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=2055"},"modified":"2021-05-13T14:08:36","modified_gmt":"2021-05-13T17:08:36","slug":"escila","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2021\/05\/14\/escila\/","title":{"rendered":"Escila"},"content":{"rendered":"<p>Primero que todo, fue el mar.<\/p>\n<p>El mar imposible, ind\u00f3mito y sin fin. Ella vino del mar, como viene lo m\u00e1s terrible y peligroso, lo m\u00e1s importante. Yo no lo sab\u00eda entonces. Ni siquiera un atisbo. Solo las velas de mi embarcaci\u00f3n flameando y encima la sensaci\u00f3n s\u00f3lida, \u00e1spera del viento golpeando mi rostro.<\/p>\n<p>Ahora me preguntan\u2014 Si hubieses sabido\u2026 \u00bfHabr\u00edas dado media vuelta? Cambiar de rumbo, buscar otras rutas con otro tipo de peligros, unos que no duelan tanto, que no sean tan hermosos. Pero no ese, no ella.<\/p>\n<p>Me preguntan ahora, cuando ha pasado tanto tiempo ya. Respondo que no lo s\u00e9, con el sabor salado del mar a\u00fan en los labios, a pesar de los a\u00f1os. No lo s\u00e9 \u00bfC\u00f3mo saberlo?<\/p>\n<p>Es mentira. De saber, habr\u00eda dirigido el barco directamente hacia ella. Habr\u00eda reclamado todos los oc\u00e9anos para nosotras. Habr\u00edamos tenido m\u00e1s tiempo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>**<\/p>\n<p>Yo era una mujer en altamar, la \u00fanica que llegaba a ese muelle. Ella era un monstruo, de esos de los cuales los marinos contaban escalofriantes historias en las tabernas antes de partir. Los bares que reemplazaban al hogar. Las historias que nunca cont\u00e1bamos nosotras.<\/p>\n<p>Ten\u00eda m\u00e1s en com\u00fan con ella, con sus escamas y las cabezas caninas emergiendo de su cintura, que con ellos.<\/p>\n<p>Por eso escribo nuestra historia. Para que nadie m\u00e1s la cuente. Para que esta vez no se borre.<\/p>\n<p>**<\/p>\n<p>Escila, torso de mujer y cola de pez. En su cintura, seis fauces ense\u00f1ando los dientes como advertencia. A los perros parec\u00eda gustarles ver reventar las olas contra las rocas en las que Escila se apoyaba. Las escamas resplandecientes bajo el sol. Su rostro angular y el cabello oscuro cayendo como tirabuzones por sus hombros.<\/p>\n<p>Hab\u00eda un filo peligroso en su mirada. Una nota triste tambi\u00e9n. El cabello revuelto, el aullido de los perros, el gusto a sal de mar entre sus pechos.<\/p>\n<p>Los perros callaban al o\u00edrla cantar, sus hocicos apoyados en la larga cola de pez que volv\u00eda perlas las gotas de mar. As\u00ed esperaba al siguiente incauto, cantando baladas que hablaban de una vida distinta, alguna vez hace tiempo.<\/p>\n<p>Entre Escila y Caribdis, los marinos eleg\u00edan al remolino, la voluntad de la naturaleza por sobre la crueldad de sus garras.<\/p>\n<p>Todos menos yo.<\/p>\n<p>**<\/p>\n<p>Me estoy adelantando, por supuesto.<\/p>\n<p>Luego conocer\u00eda el exacto n\u00famero de escamas. Las que iban dando camino a la piel de su abdomen \u2014justo encima de los perros\u2014 y las que se endurec\u00edan en sus codos y hombros.<\/p>\n<p>La primera vez que la vi, repar\u00e9 en c\u00f3mo se volv\u00edan tornasoles bajo la luz del d\u00eda, su brillo hipn\u00f3tico junto al sonido de las olas. El eco lejano de la tormenta que era Caribdis.<\/p>\n<p>No fue suficiente el ladrido de los perros para que yo diera la media vuelta. Desde la proa grit\u00e9 con los pulmones llenos de un aire que se me hac\u00eda pesado, grit\u00e9 pidiendo permiso para pasar y ella ech\u00f3 a re\u00edr.<\/p>\n<p>Era la risa de los parias y de los condenados. La risa de todas las mujeres del mundo. Se me hizo contagiosa as\u00ed que largu\u00e9 a re\u00edr con ella. De pronto est\u00e1bamos frente a frente, tan solo separadas por la estructura de mi barco y el roquer\u00edo que le serv\u00eda de trono.<\/p>\n<p>Podr\u00eda haber sido una actriz en otra vida. Una cantante apoyada contra el piano en un bar de mala muerte, de esos a los solo va la gente triste. El cigarro rojo por el labial de su boca. La mirada en un lugar distante que no era yo.<\/p>\n<p>\u201cPodr\u00eda comerte entera.\u201d Me dijo. \u201cDespedazarte y darles los trozos a mis perros.\u201d<\/p>\n<p>Yo la llam\u00e9 mentirosa. Escila me dej\u00f3 nombrar a sus perros, rascarles tras la oreja. Aullaron contentos como si nunca hubiesen sabido de afecto.<\/p>\n<p>Nunca volv\u00ed a usar otra ruta.<\/p>\n<p>**<\/p>\n<p>Antes de ser criatura, muerte y caos, Escila hab\u00eda sido una ninfa.\u00a0 Me lo dijo una ma\u00f1ana, estir\u00e1ndose desnuda bajo el sol de verano.<\/p>\n<p>\u201cFui castigada.\u201d La punta de sus dedos en mi cabello enmara\u00f1ado. Como una canci\u00f3n de cuna, la ira de su voz me era familiar. \u201cHicieron un monstruo de m\u00ed y tuvieron la osad\u00eda de sorprenderse.\u201d<\/p>\n<p>\u201cMe gustan los perros.\u201d Respond\u00ed torpemente. \u201cTambi\u00e9n las escamas.\u201d<\/p>\n<p>Escila se puso a re\u00edr, pero sin la crueldad que hac\u00eda a los barcos naufragar. No me importaba que lo hicieran. Era su derecho, el enojo leg\u00edtimo de su coraz\u00f3n maltrecho por la injusticia.<\/p>\n<p>\u201cFue la envidia la que envenen\u00f3 mis aguas. Pero la envidia de ella brot\u00f3 antes, de otros lugares. Era la envidia de los hombres. Era el odio de este mundo\u2026\u201d<\/p>\n<p>\u201cMe dijiste que Circe te hab\u00eda transformado \u00bfBuscaste vengarte de ella?\u201d<\/p>\n<p>\u201cA ella no la culpo. Ella me entristece.\u201d<\/p>\n<p>\u201c\u2026 Si, es un poco triste. Hacer eso por celos de un pobre bastardo.\u201d<\/p>\n<p>\u201cMi pecado fue no querer a un hombre.\u201d Una pausa.\u00a0 \u201cMi pecado ahora es amarte a ti.\u201d<\/p>\n<p>Que f\u00e1cil habr\u00eda sido elegir.<\/p>\n<p>**<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Un d\u00eda, los Dioses dijeron que era peligrosa.<\/p>\n<p>No porque fuera tormenta y tempestad. No por la colecci\u00f3n de barcos destruidos, huesos amontonados que yac\u00edan bajo la gruta en la que viv\u00eda. No por su voz, ni por su risa. Ni siquiera por su ira.<\/p>\n<p><em>Los pobres navegantes<\/em>, se justificaron. Miles de voces como una sola. <em>Y ella all\u00ed<\/em>, <em>acechando por el estrecho de Mesina.<\/em><\/p>\n<p>Pero los dioses no sab\u00edan de preocupaci\u00f3n ni misericordia. Aquello que les espantaba era que amara. Era el amor la fuerza m\u00e1s peligrosa de todas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>**<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Escila me lo advirti\u00f3. Me dijo que vendr\u00edan, que esto no durar\u00eda. Hay cosas que una prefiere no escuchar, mentiras que esperas que te digan, aunque sea por cordialidad.<\/p>\n<p>Ella no sab\u00eda de amabilidad, tan solo una sinceridad abrumadora como el simult\u00e1neo ladrido de seis perros hambrientos. Yo pens\u00e9 que de poder con los perros, podr\u00eda con todo lo dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Los colmillos eran lo de menos.<\/p>\n<p>\u201cEstaba aterrada\u201d Me confes\u00f3. \u201cEl d\u00eda en que me transform\u00e9 en lo que ves aqu\u00ed. Pens\u00e9 que arrojarme al mar era mejor que esta existencia. Me alegra haber estado equivocada. Me alegra haber vivido para conocerte.\u201d<\/p>\n<p>Sonaba a despedida, pero yo era torpe y joven, sin palabras a\u00fan.<\/p>\n<p>\u201cAdem\u00e1s, a m\u00ed tambi\u00e9n me gustan los perros.\u201d<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>**<\/p>\n<p>Los navegantes que vinieron despu\u00e9s juraban o\u00edr el rugido de las olas contra la roca. El aullido de alguien fuera de este mundo.<\/p>\n<p>Yo siempre o\u00ed una canci\u00f3n.<\/p>\n<p>**<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Llegaron los Dioses y la hicieron roca. Una estatua inm\u00f3vil en el mar, cubierta de sal y conchitas de colores.<\/p>\n<p>La hicieron roca porque la roca es muda. Pero me qued\u00e9 yo\u2014de carne viva, sangrante y fresca abierta de par en par. Me qued\u00e9 yo para contar su historia. No s\u00e9 bien para que m\u00e1s.<\/p>\n<p>Escila nunca odi\u00f3 a Circe. Escila maldijo a este mundo, pero me am\u00f3 a m\u00ed. El amor triunfa por sobre la roca, especialmente si esta sigue cantando.<\/p>\n<p>Esa no es muerte, le grit\u00e9 a los Dioses. Levant\u00e9 mi rostro al cielo y los maldije con los pu\u00f1os apretados y el sabor de la sal de mis l\u00e1grimas mezclado con la sangre.<\/p>\n<p>Ella me besaba con sabor a mar y en el mar se qued\u00f3.<\/p>\n<p>Yo nunca cambi\u00e9 mi ruta y cuando veo brillar las rocas por el rabillo de mi ojo, recuerdo c\u00f3mo se sent\u00edan \u00e1speras sus escamas bajo mis manos, el sol sobre nuestras espaldas desnudas, los perros dormidos, el sonido del mar de fondo.<\/p>\n<p>La memoria es nuestra victoria.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>Valentina Lizama<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Primero que todo, fue el mar. El mar imposible, ind\u00f3mito y sin fin. Ella vino del mar, como viene lo m\u00e1s terrible y peligroso, lo m\u00e1s importante. Yo no lo sab\u00eda entonces. Ni siquiera un atisbo. 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