{"id":2049,"date":"2021-05-09T22:03:20","date_gmt":"2021-05-10T01:03:20","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=2049"},"modified":"2021-05-10T01:36:36","modified_gmt":"2021-05-10T04:36:36","slug":"comida-china","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2021\/05\/09\/comida-china\/","title":{"rendered":"Comida china"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Esta historia me la cont\u00f3 mi amigo de la infancia, Julio Baeza. Fue lo \u00faltimo que supe de \u00e9l. Hace a\u00f1os que no lo veo. Una ma\u00f1ana, sin previo aviso, dej\u00f3 un par de cartas, escritas a mano en hojas de cuaderno, debajo de la puerta de mi casa. Despu\u00e9s de leerlas intent\u00e9 contactarme con \u00e9l, con su familia. Fue in\u00fatil. Pusieron la denuncia por desaparici\u00f3n y despu\u00e9s de un par de a\u00f1os se lo dio por muerto.\u00a0 As\u00ed de simple, como si la tierra se lo hubiese tragado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las cartas eran confusas. Las habr\u00e9 le\u00eddo unas doscientas, trescientas veces. Busqu\u00e9 mensajes entre l\u00edneas. Alg\u00fan c\u00f3digo secreto. Nada. Lo \u00fanico que mencion\u00f3 era una casa, donde iban a construir un restaurante de comida china, en pleno centro de La Serena. La casa se encuentra ubicada en el l\u00edmite del casco hist\u00f3rico de la ciudad, camino a Las Compa\u00f1\u00edas. La construyeron a principios del siglo XX. Es de esas t\u00edpicas viviendas antiguas de la clase acomodada, con murallas de adobe, techos alt\u00edsimos y patios de luz.\u00a0 Era propiedad de una extinta familia aristocr\u00e1tica de la ciudad, ligada a la administraci\u00f3n eclesi\u00e1stica y propietaria de extensos terrenos al interior del valle. La familia Alcayaga-Aguirre. Durante la epidemia de tuberculosis de principio de siglo el patriarca de la familia falleci\u00f3. Dej\u00f3 a su viuda gravemente enferma, y a su \u00fanica heredera, de veinti\u00fan a\u00f1os, a cargo del patrimonio. Despu\u00e9s de la muerte de la madre, la heredera cay\u00f3 en una profunda depresi\u00f3n y abandono. Se aisl\u00f3 del mundo. Termin\u00f3 suicid\u00e1ndose a los pocos a\u00f1os. La historia est\u00e1 registrada en un diario de la prensa local de la \u00e9poca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Extinto el linaje, el patrimonio qued\u00f3 en manos de la iglesia cat\u00f3lica. La casa, en particular, qued\u00f3 en abandono durante d\u00e9cadas, olvidada entre los campanarios cat\u00f3licos y las fachadas de estilo colonial. Existe un testimonio que se\u00f1ala que la casa se utiliz\u00f3 como centro de tortura durante la dictadura. El \u00fanico registro sobre aquello aparece en el informe Rettig, con una breve menci\u00f3n por parte de un obrero de la embotelladora CCU. Sin embargo, posteriormente fue desmentido en el informe Valech, quedando el testimonio en nada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tras hablar con un par de vecinos me contaron que, entre finales de los noventa y principios de los dos mil, la propiedad fue utilizada como casa okupa por grupos punkies de la ciudad. Varios testimonios confirman esta versi\u00f3n. Cuando entrevist\u00e9 a una vecina, particularmente vieja, cont\u00f3 que la casa estaba cargada, que adentro se reun\u00edan para realizar ritos de ocultismo, \u00abrituales sat\u00e1nicos\u00bb dijo, que en varias ocasiones vio a entrar tipos a la casa, cargando perros sobre los hombros, que iban con el hocico y las patas amarradas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nadie m\u00e1s corrobor\u00f3 esta versi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El a\u00f1o 2014 la iglesia puso en venta la propiedad. Extra\u00f1amente la casa fue comprada en pocas preguntas al par de d\u00edas, por un misterioso empresario de la zona. El empresario: un conocido narco de la regi\u00f3n. El plan: construir un restaurante de comida china que sirviera como lavado de dinero. La casa sigui\u00f3 en abandono hasta a mediados del a\u00f1o siguiente, cuando comenz\u00f3 la remodelaci\u00f3n. Sin embargo, despu\u00e9s del terremoto de septiembre de ese mismo a\u00f1o, la infraestructura qued\u00f3 profundamente da\u00f1ada. Actualmente la casa sigue funcionando como restaurante de comida china. No se supo sobre ninguna investigaci\u00f3n policial, ni denuncia por homicidio, ni nada por el estilo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esto es todo lo que pude recolectar de informaci\u00f3n. No hay m\u00e1s registros, al menos no de forma p\u00fablica. El resto son las cartas de Julio Baeza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Habla Julio:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Mat\u00edas. Soy el Julio. Te escribo esta carta para dejar un registro. Hay cosas que necesitas saber. Lo m\u00e1s probable es que no nos volvamos a ver. Espero que me entiendas. Todo parti\u00f3 un par de semanas atr\u00e1s, antes del terremoto. La verdad es que no me renovaron contrato en el liceo donde hac\u00eda clases, no te quise contar porque me daba verg\u00fcenza. He sobrevivido haciendo clases particulares por aqu\u00ed por all\u00e1. Pero no alcanza. Un d\u00eda, de la nada, lleg\u00f3 mi primo, el Kevin, ofreci\u00e9ndome pega. Hace rato yo hab\u00eda notado que le estaba yendo bien. Lleg\u00f3 en su camioneta nueva. Vest\u00eda ropa de marca. Me cont\u00f3 de qu\u00e9 iba el asunto. Al parecer llevaba un par de meses trabajando para un nuevo empresario de la zona. Eso me dijo: un <em>empresario<\/em>. Me cont\u00f3 que su jefe hab\u00eda estado bien activo en la reconstrucci\u00f3n de casas en la poblaci\u00f3n Baquedano, casas que el tsunami arras\u00f3. Es buena gente el tipo, me dijo, aunque anda corto de gente, por eso te necesito primo. Lo mir\u00e9 desconfiado, desde cu\u00e1ndo los empresarios andan buscando profesores de historia, le dije en broma. \u00c9l rio amable. El asunto es que el jefe estaba instalando un local de comida china en el centro y, con el terremoto, necesitaba gente de confianza para ordenar y limpiar los escombros del recinto. Al principio le dije que no, un poco ofendido, motivado quiz\u00e1s, en mi calidad de docente, por un cierto rechazo hacia los trabajos manuales. Luego me dijo cu\u00e1nto pagaban. Harta plata, varios sueldos de profesor, como para vivir sin grandes lujos durante un par de meses. En el mejor de los casos no ser\u00edan m\u00e1s de seis o siete d\u00edas de trabajo intensivo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No vi nada raro, no sospech\u00e9.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Acept\u00e9, enceguecido por la promesa de dinero r\u00e1pido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El local estaba hecho mierda. Los muros de adobe, de m\u00e1s de medio metro de ancho, trizados a lo largo de la habitaci\u00f3n. Apenas cruc\u00e9 la puerta pens\u00e9 que las murallas pod\u00edan derrumbarse en cualquier momento. Quiz\u00e1s mi primo vio el miedo en mi rostro. No se van a caer, tranquilo, me dijo. En una habitaci\u00f3n, al fondo de la casa, un muro se hab\u00eda derrumbado por completo. Hab\u00eda harto trabajo que hacer. Los primeros tres d\u00edas fueron de arduo esfuerzo, de tirar pala y empujar carretilla. El Kevin supervisaba y, cada ma\u00f1ana, llegaba acompa\u00f1ado de dos o tres viejos, siempre distintos, que nos ayudaban. Al final de la jornada les pagaba en efectivo a los viejos, y juntos, \u00e9l y yo, \u00edbamos a alg\u00fan bar a tomarnos una cerveza. Yo quedaba reventado al final de cada d\u00eda. A la ma\u00f1ana siguiente lleg\u00e1bamos temprano, hechos mierda, a repetir la operaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed hasta el cuarto d\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esa ma\u00f1ana el Kevin lleg\u00f3 solo. Todos los viejos se hab\u00edan hecho humo. Llam\u00f3 al jefe y este le orden\u00f3 que se pusiera en contacto con el chino que ir\u00eda ser el administrador del restaurante. As\u00ed lo hizo. Hablaba un espa\u00f1ol quebrado y su trato bordeaba una formalidad inc\u00f3moda, rid\u00edcula a ratos, una distancia empaquetada por decirlo de alg\u00fan modo. A eso del medio d\u00eda llegaron dos j\u00f3venes chinos, probablemente menores de edad y familiares del administrador, para ayudarnos en la faena. A esa altura de la jornada los salones frontales ya estaban libres de escombros y ordenados, por lo que nos mandaron, a m\u00ed y a un chino a ordenar la pieza de al fondo. Empec\u00e9 a despedazar el muro con un mazo mientras mi compa\u00f1ero despejaba los escombros. El terremoto hab\u00eda abierto la tierra y se ve\u00edan las diferentes composiciones del terreno. El plan era pavimentar el lugar, y para eso, ten\u00eda que despejar el sitio. Tom\u00e9 la pala y comenc\u00e9 a despejar la gravilla, la tierra, los restos de construcci\u00f3n, y entre esa mezcla geol\u00f3gica encontr\u00e9 un peque\u00f1o sedimento amarillo. No le di mayor importancia. A medida que segu\u00ed excavando con la pala siguieron apareciendo sedimentos. Los reun\u00ed sobre mi mano y los mir\u00e9 largos segundos; cuando entend\u00ed lo que eran una lengua helada me recorri\u00f3 la columna: las falanges de una mano, una mano humana. Segu\u00ed cavando la tierra en silencio. Encontr\u00e9 el resto de la mano, el brazo y un par de costillas. Eran evidentemente huesos. Solo eso, sin restos de carne ni otros tejidos. De la nada, por alguna asociaci\u00f3n misteriosa de mi cerebro, pens\u00e9 en las momias diaguitas de El Olivar, las momias que hab\u00edan encontrado recientemente en ese tremendo cementerio ind\u00edgena a un par de kil\u00f3metros de distancia de la ciudad. No s\u00e9, quiz\u00e1s fui ingenuo, lo admito. Me vi como un arque\u00f3logo, empu\u00f1ando una pala y desenterrado los restos f\u00f3siles de alguna cultura antigua. Lleg\u00f3 el chino joven y le cont\u00e9 sobre mi hallazgo, le expliqu\u00e9 mi teor\u00eda. No entend\u00eda mucho espa\u00f1ol, pero al menos se comunicaba mejor que el administrador. Mientras le explicaba \u00e9l miraba atento y mov\u00eda la cabeza. Se me sali\u00f3 lo profesor; le comenc\u00e9 a hablar sobre la cultura diaguita, y c\u00f3mo los incas los conquistaron, y empec\u00e9 a divagar en eso, cuando vino a mi cabeza una pregunta, como un mazo quebrando un muro. \u00bfY si no fuera el esqueleto de diaguita, sino de un chileno? Ahora que lo pienso, era lo m\u00e1s obvio. Los huesos eran muy viejos, se notaba, pero el sentido com\u00fan obligaba a pensar de forma m\u00e1s realista. Entonces record\u00e9 lo que me dijo un profesor de la universidad, en plena pe\u00f1a de fiestas patrias. Estaba cocido como tuna, pero era sabio el viejo, un marxista vieja escuela respetado por colegas y alumnos. Aqu\u00ed mataron gente, dijo el viejo y se tom\u00f3 una pausa, en toda esta ciudad culi\u00e1 mataron gente, lanz\u00f3 una mirada de asco y liquid\u00f3 el vaso vino de un trago. Se refer\u00eda a la dictadura, aunque \u00e9l nunca mencionaba esa palabra. Claro, era sabido que al viejo lo agarraron los de la CNI cuando joven y lo dejaron dado vuelta. Qued\u00f3 cagado para siempre. Siempre repet\u00eda de la nada, quiz\u00e1s cu\u00e1ntas cosas pasaron piola, cu\u00e1ntas cosas no se van a saber nunca, y todos sab\u00edamos a lo que se refer\u00eda. Volv\u00ed a mirar los huesos y sent\u00ed terror.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El chino me miraba y parec\u00eda no entender la situaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con la mayor calma posible, le di una orden al chino y me escabull\u00ed de la habitaci\u00f3n. Me acerqu\u00e9, con pasos de ninja hacia mi primo, y le cont\u00e9 la situaci\u00f3n. \u00c9l me miraba, a ratos se tomaba la cabeza con ambas manos, y segu\u00eda escuchando en completo silencio. Volvimos juntos al lugar de los restos, disimulando la mayor discreci\u00f3n posible. El Kevin mir\u00f3 los huesos y dijo son antiguos, quiz\u00e1s de la colonia o algo as\u00ed. Lo mir\u00e9 nervioso y dije \u00bfEst\u00e1i seguro? \u00bfC\u00f3mo sab\u00eds? Se pas\u00f3 una mano por el rostro, suspir\u00f3 hondo y dijo estoy seguro, seguro, no s\u00e9. Empezamos a discutir en voz baja sobre los posibles escenarios, sobre qu\u00e9 hacer, sobre las consecuencias, cuando escuchamos un ruido que proven\u00eda desde la parte frontal de la casa. Reaccionamos veloces, fuimos, y encontramos al administrador con el celular en la mano, junto a los dos j\u00f3venes chinos. Estaba enterado de la situaci\u00f3n. Vamos a llamar a la polic\u00eda dijo, y mostr\u00f3 el celular en forma de amenaza. Kevin estall\u00f3 en c\u00f3lera. Intercambiaron un par de palabras furiosas, sin mucho \u00e9xito, hasta que el administrador se cans\u00f3 y comenz\u00f3 a manipular el tel\u00e9fono para realizar la llamada. Entonces el Kevin, aterrado, se abalanz\u00f3 contra el viejo. Le quit\u00f3 el celular y lo rompi\u00f3. Los dos chinos j\u00f3venes se lanzaron contra \u00e9l. A m\u00ed no me qued\u00f3 m\u00e1s alternativa que unirme a la pelea. Los chinos eran peque\u00f1os y delgados, pero sab\u00edan pelear. Ahora, mir\u00e1ndolo con distancia, entiendo que el Kevin estaba protegiendo a sus jefes, les deb\u00eda lealtad. En fin, todo ocurri\u00f3 demasiado r\u00e1pido. Un chino le conect\u00f3 un pu\u00f1etazo en la mand\u00edbula a mi primo, derrumb\u00e1ndolo sobre el piso. Yo los intent\u00e9 repeler lanzando patadas, pu\u00f1etazos, lo que fuese. El administrador segu\u00eda en shock por la destrucci\u00f3n de su celular. Entonces, sin previo aviso, el Kevin se levant\u00f3 del piso empu\u00f1ando una pesada pala y, de un solo garrotazo, le desencaj\u00f3 la cabeza al administrador. Quiz\u00e1s fue la adrenalina o alg\u00fan instinto de supervivencia primitivo, no le hallo otra explicaci\u00f3n. Se hizo un silencio aterrador. Los chinos retrocedieron y se miraron entre s\u00ed. Un par de gotas de sangre hab\u00edan saltado al rostro de mi primo. De la nada los chinos huyeron del lugar, se hicieron humo, como venados en fuga por el bosque. El Kevin se apoy\u00f3 sobre una pared y se desliz\u00f3 hasta quedar sentado sobre el suelo. Ten\u00eda la cara cubierta por un manto de sudor. Su pecho sub\u00eda y bajaba al ritmo de la respiraci\u00f3n agarrotada. Sac\u00f3 un celular del bolsillo y realiz\u00f3 una llamada. Intent\u00f3 explicar la situaci\u00f3n como pudo y, despu\u00e9s, permaneci\u00f3 largos segundos en silencio, escuchando la voz, inaudible para m\u00ed, al otro lado de la l\u00ednea. Poco a poco su rostro comenz\u00f3 a palidecer. Al final solo dijo \u00abok\u00bb y cort\u00f3 la llamada. No me dijo nada. Se levant\u00f3 como pudo y nos fuimos del lugar. Yo estaba desesperado, le inquir\u00eda preguntas, le exig\u00eda respuestas. \u00c9l estaba como ausente, incapaz siquiera de mirarme a la cara. Se despidi\u00f3 de m\u00ed, se subi\u00f3 a su auto, y sin decir nada, desapareci\u00f3. As\u00ed de simple. Durante la noche pas\u00e9 por fuera de su casa y el auto no estaba. Entend\u00ed que ten\u00eda que actuar r\u00e1pido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Escribo esta carta como un \u00faltimo registro. Lo m\u00e1s probable es que mi primo haya perdido la protecci\u00f3n de sus jefes. Y sin lugar a dudas los chinos van a buscar venganza. Para qu\u00e9 hablar de la polic\u00eda. Espero que entiendas mi posici\u00f3n. No te puedo contar m\u00e1s al respecto. Siempre fuiste un buen amigo, gracias por eso. Espero sepas entenderme Mat\u00edas. Entender porque te eleg\u00ed a ti como confidente. Ni se te ocurra contarle esto a nadie, menos a mi familia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cu\u00eddate mucho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tu amigo, Julio Baeza.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por <strong>Mat\u00edas Parra<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Esta historia me la cont\u00f3 mi amigo de la infancia, Julio Baeza. Fue lo \u00faltimo que supe de \u00e9l. 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