{"id":1961,"date":"2021-04-14T00:43:17","date_gmt":"2021-04-14T03:43:17","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=1961"},"modified":"2021-04-14T11:14:55","modified_gmt":"2021-04-14T14:14:55","slug":"tres-reflexiones-sobre-la-sociedad-confesante-desde-la-periferia-santiaguina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2021\/04\/14\/tres-reflexiones-sobre-la-sociedad-confesante-desde-la-periferia-santiaguina\/","title":{"rendered":"\u00a0Tres reflexiones sobre la sociedad confesante desde la periferia santiaguina"},"content":{"rendered":"<ol>\n<li style=\"text-align: justify;\">Sobre una primera comuni\u00f3n en los 2000 en un rinc\u00f3n de Conchal\u00ed<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nac\u00ed en 1992. En las familias cristianas, algo habitual es (\u00bfera?) llevar a sus hijos a que realicen su primera comuni\u00f3n. El ritual de la confirmaci\u00f3n quedaba relegado para los adolescentes y, es dejado un poco m\u00e1s a la voluntad del joven en ese momento. Realic\u00e9 mi primera comuni\u00f3n a los 10 a\u00f1os aproximadamente. Tras aprender en catequesis con coordinadores dedicados a la causa de impartir las ense\u00f1anzas del evangelio, una de las \u00faltimas sesiones consist\u00eda en la confesi\u00f3n con el p\u00e1rroco. Previo a ello, realizaban un tipo de meditaci\u00f3n dentro de la capilla en que la orden era reflexionar sobre las cosas malas que quer\u00edamos que fueran perdonadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En las condiciones precarias de la capilla de poblaci\u00f3n de Conchal\u00ed no hab\u00eda confesionario. Sencillamente entr\u00e1bamos a una sala de luz fr\u00eda donde, frente a frente, un hombre de aproximadamente 40 a\u00f1os con sotana te preguntaba por tus pecados. Lo m\u00e1s significativo de esta situaci\u00f3n es que, a esa edad, el mayor pecado que pensaba haber ejecutado hasta el momento era el uso de \u201cmalas palabras\u201d, cosa que, por verg\u00fcenza, no le confes\u00e9 al p\u00e1rroco. Solamente le cont\u00e9 que era muy malhumorado y que a veces era injusto con mi mam\u00e1. No se me ocurrieron m\u00e1s cosas que decirle. \u00c9l me dijo que saliera a rezar una cierta cantidad de oraciones a la capilla. Entre mis compa\u00f1eros hab\u00eda una expectaci\u00f3n que para la mayor\u00eda de nosotros finalmente fue decepcionante. Al salir, recuerdo que sencillamente jugamos, quiz\u00e1s con cuidado de no decir malas palabras, sospecho que no hicimos mucho m\u00e1s que eso. Nadie habl\u00f3 demasiado sobre las confesiones que tuvimos, ni mis compa\u00f1eros ni, despu\u00e9s de eso, nuestros coordinadores o padres. Se sent\u00eda como un desentendimiento de lo que sucedi\u00f3 en aquel momento. Mis padres me preguntaron c\u00f3mo me sent\u00eda y yo dije que bien, sin pensarlo mucho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con mis compa\u00f1eros esper\u00e1bamos algo m\u00e1s espectacular y en nuestros padres, la expectativa era, supongo, la de un profundo arrepentimiento de nosotros, ni\u00f1os de 9 y 10 a\u00f1os. Lo que no se produc\u00eda ah\u00ed era esa interiorizaci\u00f3n de la ley moral -eso que se ha llamado una \u201cimplantaci\u00f3n perversa\u201d-, por dos razones, la primera es m\u00e1s obvia, la concreci\u00f3n de los mandatos morales no ten\u00eda un lugar tan importante para nosotros en ese momento. A nuestra edad, siendo ni\u00f1os de poblaci\u00f3n, no podr\u00edamos atribuirnos a nosotros mismos mucha m\u00e1s perversi\u00f3n que haber robado alguna cosa o decir mentiras. No hab\u00edamos tornado la culpa al escenario de nuestras acciones, en particular, la culpa sexual, el centro de la moral cristiana contempor\u00e1nea. Y segundo, porque la implantaci\u00f3n del canon moral iba a llegar de todas formas, aunque en este momento de la historia chilena hab\u00eda dejado de estar en manos de la iglesia desde hace algunas d\u00e9cadas. Probablemente por uno de los impactos m\u00e1s fuertes en los que descansa esa implantaci\u00f3n: la llegada de la televisi\u00f3n el 21 de agosto de 1959 y su masificaci\u00f3n a la poblaci\u00f3n un par de d\u00e9cadas despu\u00e9s. En ese momento se desplaza la instituci\u00f3n moral por excelencia, con mucho mayor poder que en lo que fue anteriormente la radio, la prensa escrita o, incluso, la escuela. Con la implantaci\u00f3n realizada por la televisi\u00f3n, la moral se vuelve simple, incluso vol\u00e1til, se ejecuta en todas las direcciones, considerando lo atractivo que tiene la imagen en s\u00ed misma. Como observa Sontag, los mismos recuerdos toman la forma del dispositivo visual, la fotograf\u00eda se vuelve la superficie de los recuerdos, del mismo modo en que los recuerdos se tornan el dispositivo repetidor de im\u00e1genes. De esta forma, los objetos de la moral en el dispositivo televisivo influyeron en la condensaci\u00f3n y en el asentamiento de nuestra moral; lo que ya ven\u00eda realiz\u00e1ndose desde la \u00e9poca de nuestros padres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este fue el caso. Simplemente un acontecimiento masivo en una poblaci\u00f3n actualmente envejecida y\/o precarizada por las drogas -y no es que en los noventas fuese muy distinto-. La confesi\u00f3n cristiana resuena hoy en las redes sociales y la psicoterapia, siendo el actual car\u00e1cter confesante de nuestras sociedades.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los mandatos de confesi\u00f3n suponen un aparato de c\u00f3digos morales que tiene que cumplirse toda vez que alguien se confiesa. Cuando Foucault habla de \u201cdispositivos de saturaci\u00f3n sexual\u201d en el libro I de <em>Historia de la sexualidad, <\/em>se refiere a la disposici\u00f3n material y estrat\u00e9gica que hace emerger la producci\u00f3n de un ideal de sexualidad. Se analiza la ciudad, la arquitectura y el diagn\u00f3stico es severo, se observa que todo est\u00e1 plagado de sexo. La producci\u00f3n de este ideal se hace por el modo en que este aparato de c\u00f3digos morales se inscribe en la conciencia y, de forma maquinal, la produce.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El rito de la confesi\u00f3n, aplicado de manera masiva sobre una poblaci\u00f3n, sobre todo una poblaci\u00f3n pobre, no es algo menor. Es una maquinaria de producci\u00f3n del yo. Lo que habr\u00eda que clarificar al respecto de este relato es que, ni en 1992 ni menos ahora, los confesionarios institucionales funcionan de manera localizable a simple vista. Porque con la televisi\u00f3n sucede que no solo se cumple con la transmisi\u00f3n del contenido, sino tambi\u00e9n con la individuaci\u00f3n e identificaci\u00f3n del espectador con ese contenido. Hay, por lo mismo, una implantaci\u00f3n masiva de la identidad, y por lo tanto, una toma de posici\u00f3n que posee un potencial masivo m\u00e1s grande que cualquier habit\u00e1culo confesionario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el caso descrito, estos dispositivos no hab\u00edan hecho lo suyo con nosotros. Todav\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">2. Im\u00e1genes, valor e im\u00e1genes-agenciales<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En mi infancia, la imagen y, sobre todo, la imagen de las caricaturas de televisi\u00f3n eran un objeto de valor. Con la rapidez que transitaban las im\u00e1genes que pod\u00edan ser vistas solo a cierta hora del d\u00eda, resultaba imposible poseer la imagen. Habr\u00eda tenido que fotografiar la televisi\u00f3n, pero la fotograf\u00eda an\u00e1loga ten\u00eda un valor monetario al que ni yo ni ninguno de mis amigos pod\u00eda acceder. De esa forma, las calcoman\u00edas u otras fuentes impresas pose\u00edan un valor importante para nosotros como infantes. Esa falta de posesi\u00f3n de la imagen la mistificaba; la volv\u00eda un objeto valioso por su contenido ic\u00f3nico. Los objetos que conten\u00edan la imagen de Gok\u00fa o de nuestros personajes de televisi\u00f3n m\u00e1s queridos eran un foco de profundo celo. Principalmente en las l\u00e1minas de \u00e1lbumes que costaban 100 pesos en ese momento. De ese modo, se cre\u00f3 en nosotros, como infantes, la compulsi\u00f3n del coleccionista. A partir del valor t\u00e9cnico de la imagen y por ser dif\u00edciles de encontrar, la consider\u00e1bamos algo valioso; por presentarse a s\u00ed con el valor del tesoro que, a diferencia del juguete, s\u00f3lo exist\u00eda para ser contemplado con detenimiento, en todos sus detalles, del mismo modo que la obra de arte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este recuerdo aflora en m\u00ed en 2019, luego de encontrarme un d\u00eda con una calcoman\u00eda de un personaje de <em>Dragon Ball<\/em> pegado en un computador. Pens\u00e9 en lo mucho que hubiera valorado en mi infancia una imagen tan n\u00edtida, tan colorida. Me detuve a mirarla y me pregunt\u00e9 si esa experiencia era accesible para los infantes del 2021. Probablemente lo sea menos que a nosotros, porque el flujo de im\u00e1genes en el que se desenvuelven los ni\u00f1os en la era digital le resta valor a este objeto por su completa disponibilidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al respecto es preciso notar al menos dos cosas: primero, que no es el caso que los infantes de 2019 no le otorguen ning\u00fan valor a la imagen, los <em>wallpapers, <\/em>por ejemplo, contin\u00faan siendo un objeto de valoraci\u00f3n est\u00e9tica para las personas y ser\u00eda absurdo negarlo. Segundo, la rapidez con que las im\u00e1genes pierden el valor, no obstante, viene gest\u00e1ndose desde hace bastante m\u00e1s tiempo que en los a\u00f1os noventa. Por ello tendr\u00edamos que reconocer que debido al banco de im\u00e1genes pr\u00e1cticamente infinito al que se puede acceder mediante el internet y que se encuentra al servicio de quien la desee en todo momento, se ha acelerado un proceso de p\u00e9rdida de valor de la imagen. Quiz\u00e1s del estrato m\u00e1s profundo de la imagen que Benjamin llam\u00f3 el <em>aura<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El car\u00e1cter reproductivo del arte griego estaba pensado para existir por la eternidad, a diferencia del trabajo t\u00e9cnico y que se vuelve reproductivo realizado desde el dise\u00f1o de monedas. La obra de arte ten\u00eda un valor espec\u00edfico porque representaba a los dioses y, por lo tanto, su valor era el m\u00e1s alto. La reproductibilidad, en t\u00e9rminos simples, la capacidad de ser reproducible de la obra de arte, nos lleva a su potenciamiento como objeto de consumo y a ocupar un lugar m\u00e1s dentro del mercado. Aqu\u00ed habr\u00eda que hacer la separaci\u00f3n del valor de la imagen y de la imagen con valor, quiz\u00e1s apuntando a un compromiso ontol\u00f3gico seg\u00fan el cual hay un valor de la imagen en s\u00ed misma, que ser\u00eda el contenido m\u00e1s profundo de la imagen, como algo que no se intenta plantear como medio de nada, ni siquiera como medio de conocimiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por otra parte, el car\u00e1cter reproductivo de la obra de arte no tiene sentido si no se considera antes el concepto de <em>masa<\/em>, sin el cual no tiene sentido la esfera limitada, -pero potencialmente ampliable- de objetivos a los que apunta dicha obra reproducida. El p\u00fablico dentro de la masa, el \u201cp\u00fablico objetivo\u201d de la jerga del marketing, es objeto del ofrecimiento masivo en la pantalla cambiante, del flujo, en el que la imagen hipostasiada al objeto art\u00edstico m\u00e1s querido, tambi\u00e9n es el objeto art\u00edstico m\u00e1s difundido y, parad\u00f3jicamente, con menos valor. El concepto de valor que opera en este plano es dif\u00edcil de ubicar. \u00bfCu\u00e1l es el valor que subyace donde la imagen es apreciada como la fuente de conocimiento, en la forma de esquemas y gr\u00e1ficos, por sobre, por ejemplo, el gusto o el tacto? Sin embargo, por otro lado, al convertirse la imagen en lo m\u00e1s difundido, menos impacta. Existe, as\u00ed, un elemento que podr\u00eda parecernos parad\u00f3jico de la constituci\u00f3n de la imagen dentro de la esfera del valor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El car\u00e1cter <em>aur\u00e1tico <\/em>de la imagen que observaba Benjamin en uno de sus ensayos m\u00e1s famosos se inscribe dentro de aquello que no pod\u00edamos asir como ni\u00f1os en ese entonces, y que respond\u00eda a la m\u00edstica que exist\u00eda detr\u00e1s de la imagen de esas figuras heroicas. Didi-Huberman, a su vez, en <em>Lo que vemos, lo que nos mira, <\/em>se refiere al modo en que el mirar es siempre un \u201cser mirado\u201d, toda vez que el <em>aut\u00e9ntico<\/em> mirar devela un v\u00ednculo de quien mira y que es captado por la imagen. Por lo mismo existe una separaci\u00f3n propia de la fotograf\u00eda cada vez que observamos im\u00e1genes habituales, cuerpos y objetos cercanos que se asocian a quien los mira m\u00e1s como una posesi\u00f3n que como una imagen como tal. Fuera de la pulsi\u00f3n acumulativa que explica nuestra compulsi\u00f3n fotogr\u00e1fica de hoy en d\u00eda, lo que resulta interesante de la idea de Didi-Huberman es el modo en que la imagen -la real imagen- se delega a un terreno de misterio casi hierof\u00e1nico, del modo en que la imagen, en tanto que imagen, nos interpela.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00ed es donde Didi-Huberman hace un corte de la descripci\u00f3n fenomenol\u00f3gica de la imagen, en que la aparici\u00f3n supone la muestra de algo en una forma espec\u00edfica, distinta de la aparici\u00f3n en carne propia (<em>leibhaftigkeit, <\/em>es un concepto t\u00e9cnico en la fenomenolog\u00eda de Husserl) con elementos sensibles propios<em>. <\/em>El caso es que, en sus postulados, aquello que nos est\u00e1 dado en la imagen termina siendo aquello que es lo m\u00e1s lejano, porque es la imagen que no podemos \u201ctener\u201d. Varios fil\u00f3sofos dentro del <em>giro digital<\/em> de la teor\u00eda de la imagen han tratado este tema. Sontag ya refer\u00eda al modo en que el car\u00e1cter compulsivo de la imagen funcionaba como una separaci\u00f3n de la experiencia misma de la obra de arte, impidiendo enfrentarse de cara al objeto art\u00edstico, posibilitando con ello apuntar a lo que esa obra pudiera \u201cmirar dentro de quien mira\u201d, en el sentido m\u00e1s existencial de la palabra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el terreno masivo de anuncios en que nos encontramos, el acceso a im\u00e1genes es tan avasallador que la imagen devaluada de su potencial de interpelaci\u00f3n, de llamar, impide esa m\u00edstica de la imagen. La vida muchas veces se ha tornado ic\u00f3nica en el modo de la pantalla digital. Esto se viene pregonando hace ya alg\u00fan tiempo, y quiz\u00e1s habr\u00eda que decir que probablemente la relaci\u00f3n con la imagen se ha tornado cada vez m\u00e1s \u201cagencial\u201d; caracter\u00edstica que inserta a la imagen dentro del terreno de lo pol\u00edtico, como observ\u00f3 en su momento Deleuze en sus trabajos sobre el cine. Frente a ello es probable que la experiencia del \u201cavatar\u201d en el videojuego haya tenido un rol importante para la configuraci\u00f3n del espacio medial como un espacio de im\u00e1genes, y al mismo tiempo, un espacio de im\u00e1genes que se parece espacial y temporalmente al espacio perceptivo y -cada vez m\u00e1s- al espacio p\u00fablico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En este sentido la imagen en su sentido m\u00e1s radical, el modo en que las im\u00e1genes <em>miran<\/em> a quien mira, se distingue de la forma de ver como un \u201ctener\u201d, que es a lo que refiere Didi-Huberman. El modo en que \u201ctener\u201d designa un t\u00e9rmino de \u201cpropiedad\u201d, al mismo tiempo que la \u201ccapacidad de asir\u201d algo. El \u201ctener\u201d que se ha configurado en torno a la experiencia medial de la propiedad, como acceso a la imagen, es pr\u00e1cticamente ilimitado con una conexi\u00f3n de internet b\u00e1sica, pero al mismo tiempo es interesante el modo en que \u201ctener\u201d una imagen al mismo tiempo supone la capacidad de hacer cosas con ella, de moverla, de manipularla espacial y temporalmente. Supone en \u00faltimo t\u00e9rmino una forma de poder sobre ella.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El poder sobre la imagen, para qui\u00e9n la recibe, y las tecnolog\u00edas que la \u201csostienen\u201d, el poder sobre el \u201csoporte\u201d ic\u00f3nico y la compleja tecnolog\u00eda que la atraviesan, supone el triunfo de un tipo de sensaci\u00f3n que afirma Didi-Huberman, nos podr\u00eda retrotraer a la observaci\u00f3n de nuestra propia mortalidad. En este caso, termina generando una brecha que ya no es solamente el ensimismamiento de perderse de la imagen en su posesi\u00f3n, en la compulsi\u00f3n archiv\u00edstica, sino tambi\u00e9n de tratarla con semejanza a la capacidad f\u00edsica: de <em>agenciar la imagen<\/em>, de modo que la sensaci\u00f3n de agencia sobre la imagen t\u00e9cnica, podr\u00edamos decir hiper-secularizada, termina transfiriendo una seguridad \u00faltima que duplica la distancia con el olvido de la propia vulnerabilidad y, con ello, la propia muerte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por otra parte, esta imagen-agencial es comprensible examinando el modo en que se ha masificado un tipo de relaci\u00f3n de s\u00ed que se ha tornado deseable a partir de los dispositivos mediales. Esto es el modo de confesi\u00f3n de s\u00ed, ampliamente difundido en las sociedades neoliberales y que han hecho posible la aparici\u00f3n misma de los dispositivos mediales que constituyen al <em>mass media<\/em>. Los filtros de Instagram sobre el que las personas \u201cposan\u201d sus caras modifican los espacios y aparece el tratamiento de s\u00ed y un tipo de curiosidad sobre la acci\u00f3n en relaci\u00f3n a la apariencia propia, sobre la superficie que tiene aparejada una forma de identidad espectral del agente que interact\u00faa con la plataforma. La idea del avatar que se explota en los reg\u00edmenes neoliberales de subjetivaci\u00f3n, tiene el rol de motivar la experiencia medial como quien se relaciona de un modo especial con las disposiciones espaciales y temporales de un sistema de reglas dado, es decir, con una experiencia del juego. Quiz\u00e1s eso explica el nivel de seriedad que ha tomado cada vez m\u00e1s el videojuego en personas j\u00f3venes durante las \u00faltimas tres d\u00e9cadas, por lo menos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De un modo lejano, en la experiencia de nuestra relaci\u00f3n ic\u00f3nica con las im\u00e1genes hemos pasado a tener una relaci\u00f3n l\u00fadica con las im\u00e1genes. Nuestras im\u00e1genes, que en su momento nos miraban con su propio valor dado por nuestra imposibilidad de \u201ctenerlas\u201d, en la doble acepci\u00f3n de la palabra, ahora se han tornando juguetes. En aquello que permite sublimar nuestra identidad sobre ellas, de generar una hip\u00f3stasis identitaria -en el avatar- que tambi\u00e9n implica una p\u00e9rdida y un arrojo sobre esta forma de visualidad que supone el poder sobre la imagen. Sobre la p\u00e9rdida de la muerte propia para pervivir en las formas ic\u00f3nicas de experiencias que pretenden datarlo todo y captar la totalidad de la vida en historias de <em>Instagram<\/em>, <em>Facebook<\/em> o <em>Tik Tok<\/em>, donde se agota nuestra agencia en la reglamentaci\u00f3n del juego y, por lo mismo, donde se pretende agotar la totalidad de la identidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">3. Afuera del bar de Giannini<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En un interloquio del libro <em>La reflexi\u00f3n cotidiana<\/em> de Humberto Giannini, el fil\u00f3sofo chileno analiza la cuesti\u00f3n de la cantina como espacio de confesi\u00f3n. Si bien la perspectiva de Giannini es la de una hermen\u00e9utica heredada de <em>Ser y tiempo<\/em>, y habiendo desarrollado la cotidianeidad del entorno dictatorial en que se encontraba durante los 80s; es preciso atender a ello como una pr\u00e1ctica local en el contexto que se estaba llevando a cabo. Su an\u00e1lisis se erige a partir de una observaci\u00f3n de los espacios. En \u00faltimo t\u00e9rmino, de los espacios entendidos en su constituci\u00f3n fenomenol\u00f3gica. Ellos fundan el aparato existencial en que transcurre la vida. El espacio del bar descrito por Giannini es el de la dispersi\u00f3n, analiza el tumulto y el refugio de ese espacio simb\u00f3lico para el trabajador que transita desde su trabajo, pasando por la calle San Pablo hasta su hogar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se presenta al sujeto en su habitar y su transitar. Ah\u00ed es donde Giannini encuentra su ontolog\u00eda. Hay un elemento cin\u00e9tico que determina los asentamientos de la subjetividad; los esquemas interpretativos del an\u00e1lisis se fundamentan desde all\u00ed. La espacialidad del bar, como lugar de tr\u00e1nsito permite la disgregaci\u00f3n de los focos de disciplina. Es lo que observa Marx cuando muestra la <em>huida a la cantina<\/em> como una forma en que el humano se pierde a s\u00ed del tormento que representa el trabajo que deber\u00eda realizar lo m\u00e1s profundo de su naturaleza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es en ese sentido que resulta relevante que Giannini vincule la conversaci\u00f3n en ese espacio con la confesi\u00f3n de un \u201cespacio confesional\u201d en que Marx ubica a la religi\u00f3n a un lado de la cantina, identificando en ambos espacios la latente posibilidad del abandono. Este abandono es de todas formas, el abandono de otro abandono. En la plegaria y en el estupefaciente el humano se olvida que su naturaleza est\u00e1 siendo olvidada. El alcohol es al cuerpo lo que la plegaria es a la mente. As\u00ed, el religioso es comparable con el alcoh\u00f3lico y viceversa. En ellos recae el mayor de sus olvidos que es, para Marx, que su relaci\u00f3n con los objetos se encuentra mediado por \u201cel objeto\u201d por excelencia: el dinero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Teniendo esto en consideraci\u00f3n, hay que hacer esta salvedad: la iglesia y la cantina son espacios de declaraci\u00f3n de la verdad. La confesi\u00f3n, de por s\u00ed, supone la mostraci\u00f3n del car\u00e1cter constitutivo de la palabra en el propio sujeto-enunciador. En <em>Obrar mal, decir la verdad<\/em>, Foucault se refiere a la forma que toma la confesi\u00f3n en la instituci\u00f3n psiqui\u00e1trica. Uno de los elementos principales que observa el autor es el modo en que un objetivo principal de la confesi\u00f3n es lograr que esta sea voluntaria. En t\u00e9rminos simples, es imposible que una confesi\u00f3n sea arrebatada a la fuerza; que el loco diga \u201cestoy loco\u201d por medio de la tortura es, sencillamente un chantaje, mientras que el objetivo es para el psiquiatra, lograr que el paciente pueda identificarse a s\u00ed mismo como parte del entramado de saber y poder que diferencia locura de sanidad mental. \u00bfQu\u00e9 se consigue con eso?, inscribir a la confesi\u00f3n dentro de las acciones libres y, por lo mismo, dentro de la l\u00f3gica de la responsabilidad de la que est\u00e1n impregnadas nuestras pr\u00e1cticas confesionales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfLa cantina de Giannini es distinta de la cantina del siglo XXI?, \u00bfes distinta del <em>after<\/em> o de la disco gay?, me parece que habr\u00eda que pensar cada uno de estos espacios si nos importara hacer una fenomenolog\u00eda de los espacios de distensi\u00f3n en la ciudad de Santiago. Para no perder el foco de estas reflexiones habr\u00eda que decir que el contexto de poder de las declaraciones confesionales es distinto del contexto del que Giannini alguna vez habl\u00f3. Y, con esto, vuelvo a la tesis que orienta estas tres reflexiones: habr\u00eda que mencionar que los espacios en que la declaraci\u00f3n de s\u00ed se torna confesional se han propagado cada vez m\u00e1s. El espacio de privilegio de la cantina tal como la menciona Giannini pierde su exclusividad, su car\u00e1cter p\u00fablico y al mismo tiempo transgresor que tiene en el r\u00e9gimen totalitario se difumina o quiz\u00e1s, estalla a la red social, se expande a los murales, se ampl\u00eda el espacio p\u00fablico a los rincones de la vida privada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin querer caer en el moralismo en que Marx ciertamente cae, hay tambi\u00e9n elementos de la propia subjetividad que son admisibles en la espacialidad del bar que no lo son en otros espacios, y esto es probablemente, lo que tenga de com\u00fan el bar de Giannini con el bar en el siglo XXI, s\u00f3lo un ejemplo de ello es la disco gay como aparato productivo de un tipo de sexualidad que aparece confinada a la periferia de las pr\u00e1cticas sexuales, que adem\u00e1s se escapan de los c\u00e1nones de belleza o de la exclusiva cobertura de clase alta que tiene la homosexualidad en el <em>mass media <\/em>centralizado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Son muchos m\u00e1s los elementos que se podr\u00edan extraer de este espacio de la ciudad. No obstante, lo que me interesa aqu\u00ed es c\u00f3mo el bar es siempre un espacio pol\u00edticamente estrat\u00e9gico. Esto quiere decir que el bar, adem\u00e1s de ser un espacio relevante de declaraci\u00f3n de s\u00ed, un espacio confesional, es tambi\u00e9n un espacio con un rol funcional en el entramado pol\u00edtico. Es en el bar en que ocurren, de manera reglada, las expresiones del \u00e9xtasis, y en ello estar\u00edan de acuerdo Marx y Giannini; porque en la inscripci\u00f3n moral del resto del espacio de la ciudad no tiene lugar tanto \u00e9xtasis, tanto abandono de s\u00ed. El bar es funcional como lo era el carnaval para los medievales, como el espacio en que es admisible esa entrega, el bullicio y tambi\u00e9n las expresiones sexuales; fuera de \u00e9l, no tanto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La funcionalidad del bar, tal como describir\u00eda Marx, supone la condensaci\u00f3n de las fuerzas en la espacialidad cerrada de \u00e9ste. Ah\u00ed el \u00e9xtasis no es tan ex-t\u00e1tico. No hay una exteriorizaci\u00f3n tan grande si no se estalla en el afuera. No se muestra en el exterior y, quiz\u00e1, por eso tenga sentido el auge de las discos gay desde los 90\u2019s en el fervor que ven\u00eda gest\u00e1ndose en la revoluci\u00f3n sexual de los 60\u2019s y que se transforma en funci\u00f3n de la revoluci\u00f3n capitalista que tiene lugar en los 80\u2019s. Porque los espacios de distensi\u00f3n resulta mejor reproducirlos antes que ejercer sobre ellos un poder represivo. Sin ello, sencillamente iban a encontrar otras formas de manifestarse en el espacio p\u00fablico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esto explica no solo la promoci\u00f3n de una \u201cespacialidad festiva\u201d que se amontona en el imaginario publicitario del alcohol y la sociabilidad como formas de relajo, sino tambi\u00e9n a la idealizaci\u00f3n de los espacios de \u201cplenitud\u201d y al fetichismo de la felicidad en los medios de comunicaci\u00f3n. No es accidental que, en la filmograf\u00eda infantil contempor\u00e1nea, aparezca como un elemento central la fiesta. Es un elemento presente en las pel\u00edculas de Dreamworks y Pixar, los animales antropomorfos celebrando en fiestas con m\u00fasica y baile, y en series como <em>Friends<\/em> o <em>How I Met Your Mother <\/em>que ahora habitan nuestras casas en los servicios de <em>streaming<\/em> y antes en la televisi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El elemento com\u00fan de estas producciones es la centralidad impl\u00edcita que tiene la fiesta y la socializaci\u00f3n como lugares de liberaci\u00f3n para los personajes que interact\u00faan en dicho espacio. Se promueve el tiempo de la festividad. Como un tiempo cualitativamente especial, siempre necesario, como un momento de descanso, pero tambi\u00e9n habitualmente como un momento concluyente de la trama, como un momento de juventud eterna, como lo que todo el mundo deber\u00eda buscar. Ah\u00ed, los personajes antropom\u00f3rficos y los personajes de la serie se encuentran y viven, m\u00e1s que nunca, su final feliz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El bar de Giannini, como espacio de mostraci\u00f3n se ha expandido hasta el lugar de un bar que se quiere el mundo completo. Es la fiesta el lugar en que aparentemente todo se soluciona, donde hay una sanaci\u00f3n de los estados mentales que aquejan al s\u00ed-mismo; donde las personas se encuentran entre s\u00ed y, continuamente, a s\u00ed mismas. Nuestros c\u00f3digos sociales acerca de lo que podr\u00eda ser el buen vivir tienen por elemento teleol\u00f3gico la festividad, como una demanda de todo momento, as\u00ed como tambi\u00e9n lo es la demanda de la diversi\u00f3n en cada aspecto del habitar cotidiano. Supone hoy en d\u00eda un mandato de festividad hostigante: \u00a1Celebra! Del mismo modo en que en la psiquiatr\u00eda la salud mental est\u00e1 relacionada con la voluntad de hablar, nuestro tiempo, demandantemente festivo, est\u00e1 relacionado con el mandato constante de la expresi\u00f3n de s\u00ed.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>por <strong>Diego M\u00e1rquez Arancibia<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sobre una primera comuni\u00f3n en los 2000 en un rinc\u00f3n de Conchal\u00ed Nac\u00ed en 1992. En las familias cristianas, algo habitual es (\u00bfera?) llevar a sus hijos a que realicen su primera comuni\u00f3n. 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