{"id":1892,"date":"2021-03-29T14:36:25","date_gmt":"2021-03-29T17:36:25","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=1892"},"modified":"2021-03-29T15:15:28","modified_gmt":"2021-03-29T18:15:28","slug":"desde-el-llano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2021\/03\/29\/desde-el-llano\/","title":{"rendered":"Desde el llano"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em><strong>\u00a0<\/strong>\u201cAlgunos pueden asomarse al vac\u00edo. A otros les da v\u00e9rtigo\u201d<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Los llanos (2020), <\/em>Federico Falco.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cualquiera que haya atravesado una separaci\u00f3n, sabe que la desolaci\u00f3n y el vac\u00edo es el paisaje habitual del duelo. Una intemperie que es preciso afrontar para poder empezar de nuevo, para afianzar otra vez la vida, para volver a sembrar. En \u201cLos llanos\u201d (2020), de Federico Falco, ese paisaje inh\u00f3spito se llama Zapiola: \u201cUn grupito de construcciones solitarias en medio del campo, al rayo del sol. Un pueblo apaisado y amplio, un tanto inveros\u00edmil, m\u00e1s bald\u00edos que casas, m\u00e1s vac\u00edo que pueblo\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fede, el protagonista, alquila una casa cerca de este pueblo de la provincia de Buenos Aires. Es pleno enero. El sol devora el campo, la tierra se agrieta, el aire quema todo lo que toca: \u201cEn estos d\u00edas, Zapiola no es un lugar que contenga, que nutra. Zapiola se ha vuelto lo \u00e1spero, lo exigente. El campo no cede, tortura\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Leer \/ escribir \/ leer <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un hombre solo, en una casa sola, en mitad del campo, se cuenta historias que lo acompa\u00f1an, recuerda an\u00e9cdotas de su infancia, fragmentos de su vida, lee, escribe. Toda la novela est\u00e1 surcada por estos relatos y por sus lecturas. Desde Alicia Genovese, hasta Margaret Atwood; desde Virginia Woolf, hasta pasajes del \u00e9xodo de la biblia: \u201cLos llanos\u201d est\u00e1 poblada de citas, de subrayados propios, de apuntes de lecturas que relampaguean cada tanto en medio de la noche que atraviesa el protagonista. El paisaje es otra textualidad:<\/p>\n<blockquote><p>Era un espacio donde me pod\u00eda encontrar a m\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Era un espacio donde pod\u00eda leerme.<\/p>\n<p>El inicio de una conversaci\u00f3n con el paisaje<\/p><\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">El trabajo con la escritura se hace \u00e1rido, tortuoso. Se tematizan los procesos de creaci\u00f3n literaria, los problemas est\u00e9ticos, las vacilaciones, el apego a la trama&#8230; No se narra la historia de una ruptura, se narra lo roto y las fisuras, las grietas que se abren sobre la tierra, sobre el relato de su vida. Como todo, el oficio de escribir tambi\u00e9n est\u00e1 sometido a revisi\u00f3n: \u201cAntes era escritor\u201d, le dice a la moza que lo encuentra escribiendo en un bar, poco despu\u00e9s de separarse, cuando todav\u00eda viv\u00eda en un departamento que le hab\u00edan prestado unos amigos. Hay que pasar en limpio, tener paciencia, releer, esperar el momento propicio, \u201cNo pedirle a la escritura lo que la escritura no puede dar\u201d. \u00bfY qu\u00e9 puede dar la escritura? Una posible continuidad e integraci\u00f3n de las lecturas de tres textualidades: los relatos de su infancia, las an\u00e9cdotas, los recuerdos recientes; las notas \/ apuntes \/ citas de unos cuantos libros; el paisaje.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>El campo como origen y destino<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00ed, el campo representa un origen y se presenta como un destino. La novela alterna fragmentos de una infancia ligada al campo, en Cabrera (C\u00f3rdoba), con pasajes de su vida con Ciro, en la ciudad de Buenos Aires. Cabrera es campo, es origen, es la tierra en la que se afirmaron sus ancestros, inmigrantes italianos, son los recuerdos de sus abuelos, historias que el protagonista se cuenta a s\u00ed mismo y que a veces son el \u00fanico amparo que encuentra en la llanura solitaria. Atr\u00e1s qued\u00f3 la ciudad, las calles del barrio, la casa que construyeron con Ciro, los siete a\u00f1os de esa vida compartida en la que hubo proyectos, deseos, momentos dif\u00edciles, esperanzas y desenga\u00f1os. Cuando Fede decide alejarse definitivamente de todo eso para volver a rearmar su vida, despu\u00e9s de pasar un tiempo en el departamento de sus amigos, el campo se le presenta como un destino que coincide con sus or\u00edgenes: hay que volver a la ra\u00edz, sumergirse en la oscuridad de la tierra y brotar desde all\u00ed, ganar altura de a poco, crecer, aprender.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Una huerta, un ritmo<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esa inmensa extensi\u00f3n de tierra que es Zapiola implica resistencia, esfuerzo, constancia, pero permite un nuevo comienzo o, al menos, la posibilidad de un comienzo: \u201cEra un espacio donde me pod\u00eda encontrar a m\u00ed mismo\u201d. Fede trabaja en su huerta, se aferra a ese rect\u00e1ngulo de tierra que delimita con cuidado y cultiva una y otra vez, incansable. La novela est\u00e1 repleta de una gran variedad de lechugas, acelga, kale, tomates, remolacha, pimientos, zanahorias, berenjenas. La cosecha que se obtiene cada d\u00eda depende del clima, de la voracidad de bichos y p\u00e1jaros. Federico Falco lleva muy bien el ritmo de la narraci\u00f3n, que est\u00e1 marcado por los per\u00edodos de siembra y de cosecha, por la sequ\u00eda, las heladas, las lluvias. \u201cCada ma\u00f1ana, algo parecido a la desesperaci\u00f3n. Me repito una y otra vez que hay un tiempo para cada cosa. Un tiempo para la siembra. Un tiempo para la cosecha. Un tiempo para la llovizna. Un tiempo para la sequ\u00eda. Un tiempo para aprender a esperar el paso del tiempo\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">* * *<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En \u201cLos llanos\u201d hay una conversaci\u00f3n \u00edntima entre la hostilidad de la tierra y la desolaci\u00f3n del protagonista que, a sus cuarenta y dos a\u00f1os, se encuentra haciendo un balance de su vida que le lleva tanto esfuerzo y dedicaci\u00f3n como la huerta. Sobre esa conversaci\u00f3n, a veces sutil o exasperada, se escribe esta novela en clave de diario. Al final, las cosechas mejoran un poco, se recupera la templanza y todo hace pensar que lo m\u00e1s duro ya ha pasado. Quiz\u00e1, lo m\u00e1s dif\u00edcil de terminar una relaci\u00f3n, no es separarse del otro, sino de uno mismo, de quien ha sido uno con ese otro. Por eso el vac\u00edo, la tierra hostil. Por eso la vastedad de la llanura tiene la extensi\u00f3n del duelo y guarda en su profunda oscuridad la semilla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por\u00a0<strong>Hern\u00e1n Diez<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Sobre Federico Falco:<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Federico Falco naci\u00f3 en 1977 en General Cabrera, provincia de C\u00f3rdoba, Argentina. Ha publicado las novelas <em>Cielos de C\u00f3rdoba <\/em>(2011) y <em>Los llanos <\/em>(2020), que result\u00f3 finalista del premio Herralde de Novela. Adem\u00e1s, public\u00f3 los libros de cuentos <em>222 patitos <\/em>(2004), <em>00 <\/em>(2004), <em>La hora de los monos <\/em>(2006) y <em>Un cementerio perfecto <\/em>(2016). Varios de sus cuentos han sido inclu\u00eddos en diferentes antolog\u00edas; entre ellas, <em>La joven guardia <\/em>(2005). Su poes\u00eda fue publicada en <em>Aeropuertos, aviones <\/em>y <em>Made in china<\/em>. Obtuvo numerosos reconocimientos por su obra y, en 2005, accedi\u00f3 a una beca del Fondo Nacional de las Artes. En 2012, particip\u00f3 del reconocido International Writing Program de la Universidad de Iowa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-1894 size-medium alignleft\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/be19655e6a770ca5f339c3275f53f8d7b7454b50-191x300.jpeg\" alt=\"\" width=\"191\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/be19655e6a770ca5f339c3275f53f8d7b7454b50-191x300.jpeg 191w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/be19655e6a770ca5f339c3275f53f8d7b7454b50-653x1024.jpeg 653w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/be19655e6a770ca5f339c3275f53f8d7b7454b50-768x1204.jpeg 768w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/be19655e6a770ca5f339c3275f53f8d7b7454b50-980x1536.jpeg 980w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/be19655e6a770ca5f339c3275f53f8d7b7454b50-1306x2048.jpeg 1306w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/be19655e6a770ca5f339c3275f53f8d7b7454b50-1040x1631.jpeg 1040w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/be19655e6a770ca5f339c3275f53f8d7b7454b50-1200x1881.jpeg 1200w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/be19655e6a770ca5f339c3275f53f8d7b7454b50-scaled.jpeg 1633w\" sizes=\"auto, (max-width: 191px) 100vw, 191px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los llanos<br \/>\nFederico Falco<br \/>\n2020<br \/>\nBarcelona: Anagrama.<br \/>\n135 pp.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u201cAlgunos pueden asomarse al vac\u00edo. 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