{"id":1852,"date":"2021-09-03T10:37:13","date_gmt":"2021-09-03T13:37:13","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=1852"},"modified":"2021-09-01T19:13:42","modified_gmt":"2021-09-01T22:13:42","slug":"al-final-la-ultima-carta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2021\/09\/03\/al-final-la-ultima-carta\/","title":{"rendered":"Al final: La \u00faltima carta"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">El imaginario de las cartas regresa en esta \u00faltima pel\u00edcula en forma de imagen. La imagen mental de una carta al interior de una botella se representa como aquella antigua historia que habita en los recuerdos de la infancia. No vemos la imagen de la botella en la pel\u00edcula, pero la cineasta nos cuenta sobre ello durante los primeros segundos de filmaci\u00f3n: <em>este documental, al igual que la carta que viaja en una botella, es una carta hacia el futuro<\/em>. La proyecci\u00f3n de un paseo por el mar es capturado con un rollo en blanco y negro abriendo paso a la \u00faltima pel\u00edcula que organiza la trilog\u00eda de cartas visuales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una de las producciones m\u00e1s \u00edntimas de Panizza se proyecta en esta \u00faltima carta dirigida a su hijo Vicente. Producida en 2012 y con una duraci\u00f3n de treinta minutos, <em>Al final: la \u00faltima carta <\/em>se forja entre un formato a color mezclado con proyecciones en blanco y negro, dando forma a una estructura de im\u00e1genes entrelazadas con la poes\u00eda melanc\u00f3lica de las frases enunciadas. La carta se pronuncia como un contenedor de recuerdos, no solo de los que intenta coleccionar para su hijo sino, tambi\u00e9n, como una necesidad de retener el tiempo para s\u00ed misma. La cineasta vuelve a retomar el ejercicio del interior\/exterior, los paisajes comunes, las calles y la naturaleza, regresa al relato sobre los puntos cardinales y el misticismo que sugiere Atahualpa, tambi\u00e9n la contingencia nacional y los maniqu\u00eds con letreros que unos a\u00f1os m\u00e1s tarde s\u00f3lo reducen frases para decir lo mismo: <em>todo para el enfermo<\/em>. Se evidencia una intenci\u00f3n de detener el tiempo y guardarlo en estos contenedores de cartucho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entre las grabaciones de un ni\u00f1o sin memoria, se concibe tambi\u00e9n, el recuerdo de aquellos que ya no pueden recordar. Esto \u00faltimo hace referencia a sus abuelas y la propia Panizza lo intenta registrar, no solo en im\u00e1genes de ellas habitando cuartos oscuros, recostadas con la asistencia de una enfermera o en compa\u00f1\u00eda familiar, sino que tambi\u00e9n a trav\u00e9s de la voz en off en una comparaci\u00f3n constante con la imagen de su hijo: <em>Hoy mis abuelas habitan un tiempo sin memoria y mi hijo a\u00fan no puede conservar recuerdos (\u2026) Caro m\u00edo, vives en un tiempo sin memoria (\u2026) \u00bfun tiempo sin memoria es tiempo?<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si bien las proyecciones en blanco y negro se las dedica al recuerdo de sus abuelas, el color se lo concede a realzar la figura de Vicente. Aquellas im\u00e1genes, junto a la voz en off de Panizza no solo dan espacio a las cosas que la cineasta quiere ense\u00f1arle a su hijo, o las im\u00e1genes que quiere que conozca y entienda sobre el tr\u00e1nsito del tiempo y la memoria, sino que tambi\u00e9n se disponen los espacios simb\u00f3licos (interior\/exterior) donde se ponen en juego las contradicciones existenciales y la complejidad de la realidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al transcurrir los primeros minutos en la pel\u00edcula, Tiziana Panizza nos hace recorrer su casa, un lugar que habita y que parece ya no ser el hogar de sus padres, sino la construcci\u00f3n de un espacio propio e \u00edntimo donde habita ahora su familia. Las primeras im\u00e1genes nos recuerdan las tomas al sol del labrador que aparece en <em>Remitente<\/em>, Atahualpa, representado ahora como el amigo de Vicente. Continuando con los fotogramas a color, Panizza le presenta a su hijo -mediante la voz en off- la casa de su Nonna. Volvemos a captar un registro sintom\u00e1tico de las extremidades de su hijo, las peque\u00f1as manos de un ni\u00f1o, conociendo a trav\u00e9s del tacto los objetos por primera vez. Los incipientes pasos de Vicente se corresponden con las representaciones de las tomas en blanco y negro de mujeres ancianas que ya no pueden desplazarse con seguridad. Durante tres minutos la pel\u00edcula es un fluir de im\u00e1genes con un sonido difuso, tosco, met\u00e1lico, imposible de definir, asistido con peque\u00f1os retazos que en forma de intert\u00edtulos nos presenta la pel\u00edcula. Unos segundos m\u00e1s tarde, la voz en off de Panizza se hace presente: <em>\u201cEste momento, ahora. Este momento, ahora. Soy la \u00fanica que recordar\u00e1 este momento. Filmar este momento, filmar ahora\u201d, <\/em>mientras son proyectadas en blanco y negro la imagen de un hombre y Vicente caminando por un puente hacia el mar. El sonido que gu\u00edan estos primeros fotogramas se hacen visibles ahora como campanas a lo lejos, al mismo tiempo que se percibe el sonido de un proyector de celuloide en marcha.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La cineasta revive nuevamente la imagen de las monta\u00f1as <em>como monstruos dormidos <\/em>y las sugerencias sobre la preponderancia del Este como punto cardinal que guiar\u00e1 su camino. Posteriormente Panizza escribe sobre la imagen f\u00edlmica: <em>dentro de un nudo est\u00e1 detenido el tiempo<\/em>, seguido de un breve corte en negro para volver a incorporarse a la representaci\u00f3n de im\u00e1genes que ahora registran -en varias tomas continuas- a su hijo balance\u00e1ndose sobre un columpio que un hombre instala en el patio de la casa. Luego de esta acci\u00f3n la cineasta acelera el tiempo y despliega en peque\u00f1os recortes el crecimiento paulatino de Vicente sobre el columpio que permanece meci\u00e9ndose, mirando a la c\u00e1mara, a su madre y la naturaleza que lo rodea. El sonido de los p\u00e1jaros y la frase: <em>Un nudo contiene tiempo <\/em>concluye este proceso de intervenir un per\u00edodo de crecimiento. Panizza se apodera de las posibilidades de la c\u00e1mara para capturar y expandir un recuerdo que ser\u00eda imposible de reconstruir tan fielmente en la memoria, como lo hace en este proceso de registro f\u00edlmico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Llama la atenci\u00f3n que cada vez que la cineasta filma a sus abuelas, no intervienen ni los intert\u00edtulos ni la voz en off, solo irrumpen en la escena los sonidos que se desarrollan en los mismos espacios donde se graba. Una preocupaci\u00f3n sobre esta condici\u00f3n de silencio y mero registro podr\u00eda sugerir que Panizza en esta \u00faltima carta ya no pretende dar espacio a recuerdos activos de sus abuelas, \u2013como realiza en <em>Dear Nonna <\/em>y <em>Remitente<\/em>\u2013 sino filmar aquella inercia y disposici\u00f3n casi l\u00fagubre de sus cuerpos reposados, como una decisi\u00f3n que trasciende las estrategias formales del lenguaje cinematogr\u00e1fico, y que tienden a una captaci\u00f3n contemplativa de la muerte futura, pero a la vez imprecisa. De forma casi continua, es posible identificar que los sonidos de campanas que se orientan de forma constante en las escenas devienen de un recuerdo que Panizza va articulando sobre un paseo con Vicente, que a sus dos a\u00f1os de edad, tras escuchar las campanas de una iglesia, se entristece cuando termina, pidi\u00e9ndole m\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo experimental en esta pel\u00edcula se logra identificar transcurridos varios minutos de filmaci\u00f3n. El sonido casi irrepresentable e irreconocible podr\u00eda sugerir una elaboraci\u00f3n tecnol\u00f3gica -y que es reproducida constantemente en la pel\u00edcula-, pero m\u00e1s evidente es cuando Panizza se decide a evidenciar la imagen f\u00edlmica justamente cuando el rollo comienza a expandirse, consumiendo los\u00a0 recuerdos de otros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De este modo la cineasta vuelve a introducirnos a la t\u00e9cnica de metraje encontrado y nos interpela en la b\u00fasqueda -como espectador- de aquellas im\u00e1genes que describe como recuerdos n\u00f3mades, recuperadas del mismo galp\u00f3n Biob\u00edo, repitiendo el mismo ejercicio cinematogr\u00e1fico que utiliza en <em>Remitente<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En <em>Al final: la \u00faltima carta <\/em>las nociones sobre la cualidad de poseer la memoria se hacen constante. Di\u00e1logos que articula para Vicente pero que determinan reflexiones tan \u00edntimas como lo son los espacios que habitamos, y que son elaborados a partir de la voz en off cuando se\u00f1ala: <em>la casa de mi abuela la demolieron. Sus espacios eran mi tiempo ah\u00ed (\u2026) Filmar para olvidar lo que film\u00e9, lo que est\u00e1 entre tomas, la elipsis invisible entre tomas que esconde el corte. El espacio es tiempo, nada se olvida<\/em>. <em>Pero algunas cosas se recuerdan<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De esta forma Panizza va dando t\u00e9rmino a lo que organiz\u00f3 en la trilog\u00eda de cartas visuales: postulados sobre la memoria, el recuerdo, el olvido y el tiempo condensados en un ejercicio de im\u00e1genes, intert\u00edtulos, sonido y voz en off que van alineando el imaginario est\u00e9tico del arte de la correspondencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por\u00a0<strong>Luciana Zurita<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El imaginario de las cartas regresa en esta \u00faltima pel\u00edcula en forma de imagen. La imagen mental de una carta al interior de una botella se representa como aquella antigua historia que habita en los recuerdos de la infancia. 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