{"id":1839,"date":"2021-03-14T22:58:19","date_gmt":"2021-03-15T01:58:19","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=1839"},"modified":"2021-03-15T14:16:27","modified_gmt":"2021-03-15T17:16:27","slug":"ayer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2021\/03\/14\/ayer\/","title":{"rendered":"Ayer"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Despert\u00f3 temblando aquella noche. Al sudor y el sonido de una moto a toda velocidad habr\u00eda que sumarle los gritos de personas intentando comunicarse a lo lejos. El verano trae consigo ese bullicio, aquella multitud viscosa asediada por un paisaje seco, inh\u00f3spito e irritante. Celeste decidi\u00f3 levantarse y buscar alg\u00fan libro para invocar nuevamente el sue\u00f1o. Mientras le\u00eda los diarios que guardaba desde ni\u00f1a, record\u00f3 los viajes al campo, un espacio silencioso y misterioso que tanto a\u00f1oraba y que luego de la separaci\u00f3n de sus padres no pudo volver a visitar. Con la mirada en direcci\u00f3n a las manchas que habitaban en el techo, su memoria comenz\u00f3 a desdibujarse de aquella noche de verano para permanecer en las reminiscencias que evocaban los paisajes de anta\u00f1o. En auto o en bus, lo que m\u00e1s disfrutaba de esos viajes era mirar por la ventana el tr\u00e1nsito fugaz de arboledas y casas dispersas que r\u00e1pidamente cambiaban de forma y color. Al llegar, sentir el olor a tierra h\u00fameda y la bocanada de le\u00f1a en el brasero, la textura de los tejidos de su abuela cubriendo cada espacio, la sensaci\u00f3n de frescura que tanta falta le hac\u00eda.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Cada juego, cada descubrimiento e interacci\u00f3n con la naturaleza quedaron atr\u00e1s, se perdieron entre las sombras de una tristeza infinita. C\u00f3mo volver a la infancia si no es a partir de peque\u00f1os mosaicos de tiempo se preguntaba entre sollozos. Ahora estaba sola en la habitaci\u00f3n de una ciudad que le parec\u00eda colosal y siniestra, casi desconocida. Insisti\u00f3 en aquellos recuerdos para sentir alivio, pero r\u00e1pidamente fue interrumpida por el golpeteo en la puerta codificado que hab\u00edan dise\u00f1ado con Amalia. Ella le susurr\u00f3 algo al o\u00eddo que la hizo sonre\u00edr, juntas bajaron por las escaleras, llenaron unos vasos de ponche y sirvieron pizzas que quedaron del a\u00f1o nuevo. En la televisi\u00f3n, echadas en la cama, divisaron una pel\u00edcula que llegaba a su fin: una mujer sentada en las afueras de su casa. Los primeros planos evidencian aquellos surcos acumulados por los a\u00f1os, mientras que los generales presentaban un horizonte limitado. La c\u00e1mara se despliega en una b\u00fasqueda por capturar la imagen de un hombre que trabaja la tierra, por momentos las im\u00e1genes se desenfocan como quien mira velozmente buscando algo. Los movimientos de las plantas estimuladas por el viento forman parte de la escena principal por varios minutos. Un caballo se pierde entre la vegetaci\u00f3n y la aparente sequ\u00eda. La pel\u00edcula vuelve a centrarse en la imagen de la mujer y sus manos manchadas por el barro mientras dise\u00f1a un recipiente bajo un cielo ladino.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Esas im\u00e1genes trazadas al azar parec\u00edan ser una premonici\u00f3n. Ese a\u00f1o volver\u00edan al campo de sus abuelos sin importar la sentencia de su padre. No sab\u00edan bien c\u00f3mo pero la adolescencia tiene eso de fortuito y m\u00e1gico que envuelve los deseos. Esa madrugada entre sonrisas, nostalgias y expectativas sellaron su pacto de regreso al paisaje que tantas veces dibujaron en sus cuadernos siendo ni\u00f1as.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>Amanda Cisternas<\/strong><\/p>\n<p>Fotograf\u00eda de portada por\u00a0<strong>Sally Mann<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Despert\u00f3 temblando aquella noche. 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