{"id":1437,"date":"2020-09-04T16:05:50","date_gmt":"2020-09-04T19:05:50","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=1437"},"modified":"2020-11-08T20:06:01","modified_gmt":"2020-11-08T23:06:01","slug":"el-secreto-de-las-moras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2020\/09\/04\/el-secreto-de-las-moras\/","title":{"rendered":"El secreto de las moras"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">A estas alturas parece un privilegio haber crecido al lado de un potrero abandonado. En ese entonces era un lugar casi prohibido, nadie sab\u00eda muy bien lo que pasaba tras esa larga y delgada pandereta que separaba las casas pareadas de dos pisos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mis primeros recuerdos sobre ese campo es la historia de su due\u00f1o. Un millonario latifundista que por alguna raz\u00f3n cay\u00f3 en el alcohol perdiendo todo en apuestas y desesperadas ventas de terreno. Uno de sus hijos logr\u00f3 conservar un peque\u00f1o trozo de esa tierra maldita, abandonada a su suerte por el alcoholismo heredado de su familia. Un hombre que hab\u00eda perdido su humanidad, dec\u00eda la se\u00f1ora que atend\u00eda el negocio. A\u00fan se puede ver al hijo del due\u00f1o caminando por las avenidas de Buin, pidiendo una moneda para comprarse un pan, haciendo bailes rid\u00edculos para divertir un poco a la desconfiada gente que pasa mir\u00e1ndolo con desprecio. En esos tiempos mi imagen de \u00e9l era de un viejo destartalado y desequilibrado, de cara estoica y cejas grandes, con una escopeta en la mano rondando el campo para sacar a todos quienes estuvieran profanando su decadente propiedad. Nos dec\u00edan que si cruz\u00e1bamos el muro podr\u00edamos recibir un disparo y morir en manos del disparatado viejo del potrero. En un principio el miedo mermaba mis ganas de cruzar la pandereta, pero cuando me decid\u00ed vi algo revelador.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ten\u00eda 5 a\u00f1os y estaba terminando el verano del 99. Los veranos en el pasaje eran un parque de diversiones, m\u00e1s de 15 ni\u00f1os de edades similares inventando juegos y corriendo a pie pelado por las veredas fogosas de febrero. Las noches se convert\u00edan en grandes reuniones para ver el festival de Vi\u00f1a y pel\u00edculas de terror que daban en la RED. Nosotros ten\u00edamos prohibido entrar a la casa donde se juntaban los mayores a ver <em>Chucky el mu\u00f1eco diab\u00f3lico<\/em> y <em>El exorcista<\/em>. Nunca voy a olvidar la imagen de una virgen llorando sangre, cuando la vi fue como si me hubiera enredado en un alambre de p\u00faa y cada movimiento era un desgarro de mi joven y tierna piel. Conoc\u00ed con esa imagen el miedo. Mi hermana gozaba de poder entrar a ver las pel\u00edculas, ella ya hab\u00eda cumplido los 14 y ten\u00eda permitido el ingreso a todos los beneficios que entregaba el pasaje a esa edad. Nosotros deb\u00edamos conformarnos con los juguetes pasados de moda y las bolitas, rumiando en los pasillos estrechos de una casa con pocos muebles y una mesa redonda que sonaba como si se fuera a desplomar cada vez que alguien apoyaba su brazo contra ella. No dejaba de mirar con recelo a mi hermana por ser mayor, ten\u00eda el control de cosas que yo anhelaba, como saber saltar panderetas. Ella ten\u00eda una amiga con una casa que daba hacia el potrero. Se desaparec\u00eda tardes enteras y siempre llegaba con una bolsa de moras a la casa. Mi mam\u00e1 se las com\u00eda entre agradecida y molesta por saber de d\u00f3nde ven\u00edan, enseguida comenzaba a rega\u00f1arla por llegar toda sucia, pegajosa y con las rodillas peladas. La curiosidad se desbordaba de mi cuerpo, no lograba adivinar una imagen de ese lugar, mi cabeza giraba entre la virgen llorando sangre, el Max Steel del comercial que ven\u00eda con una bicicleta y las zapatillas que me hab\u00edan comprado hace unos d\u00edas, que seg\u00fan yo me hac\u00edan correr m\u00e1s r\u00e1pido. Despu\u00e9s de ducharse obligada se iba a encerrar a la pieza y prend\u00eda la radio. Eran tantas puertas y panderetas que no me permit\u00edan descubrir qu\u00e9 tramaba, y sin las herramientas suficientes nunca iba a lograr estar a la altura de mi hermana, me sent\u00eda frustrado, tonto por tener que quedarme jugando a la pinta mientras hab\u00eda moras, lagartijas y casas abandonadas al otro lado del muro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estuve todo ese verano intentando colarme con los mayores, sigui\u00e9ndolos a todas partes e incomodando con mi presencia a mi hermana. Siempre ve\u00eda la oportunidad para librarse de m\u00ed y dejarme en el camino. Nunca alcanzaba a cruzar los l\u00edmites permitidos a mi edad, por un extremo era el Randy, el perro de un vecino que me asustaba cada vez que quer\u00edamos cruzar al rodeo para mirar c\u00f3mo pastaban los caballos de ojos tristes que viv\u00edan encerrados en el establo, y por otro lado, ya sabemos, ese famoso peladero. Llegaban y llegaban las moras, pero mi mam\u00e1 termin\u00f3 prohibi\u00e9ndolas porque en las noticias dec\u00edan que el virus Hanta amenazaba a todos los campos de Chile, por lo que hab\u00eda que cuidarse de comer frutos de dudosa procedencia. El Hanta fue motivo de castigo para mi hermana porque sigui\u00f3 cruzando a pesar de la estricta prohibici\u00f3n de mi mam\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Uno de los gemelos del otro pasaje nos cont\u00f3 que hab\u00eda una casa abandonada con un s\u00f3tano como los de las pel\u00edculas, que la casa estaba llena de ropa amontonada y unas cajas de libros y revistas llenas de hongos. Nos dijo que alguien hab\u00eda deshojado una revista pornogr\u00e1fica por el bosque y estaba lleno de fotos de mujeres mostrando las tetas. Tambi\u00e9n que hab\u00edan hecho una pista para bicicletas, que estaba lleno de lagartijas y hab\u00eda un bosque de moras. Nos cont\u00f3 que en una ocasi\u00f3n vieron al Rond\u00edn con su escopeta y que los sali\u00f3 persiguiendo, que hab\u00eda un colch\u00f3n abandonado y estaba lleno de botellas y cajas de vino repartidas por todas partes. Mi curiosidad se intensific\u00f3 al punto de que abandon\u00e9 todas mis entretenciones y programas de monitos de la tarde para intentar cruzar. Estaba todo planeado, pero ninguno de mis amigos me quer\u00eda acompa\u00f1ar, el mito del peladero hab\u00eda calado hondo en todas las casas de la villa. Aprovech\u00e9 un d\u00eda en que nos invitaron a la piscina de pl\u00e1stico de un vecino para cruzar. Su madre nunca estaba atenta de nosotros as\u00ed que propuse la idea, pero nadie quiso. Salt\u00e9 la pandereta solo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estando en el otro lado inmediatamente me di cuenta que no hab\u00eda pensado en un plan para saltar la pandereta de vuelta. Ya estaba ah\u00ed, ten\u00eda que seguir. Fue la primera vez que entend\u00ed ese gusto a hacer algo indebido, esa adrenalina efervescente que a cada paso inundaba mi cuerpo. Estaba pisando la maleza que poblaba mi imaginaci\u00f3n, sent\u00eda la tierra deshacerse en mis pies. No estaba seguro a d\u00f3nde ir, solo ve\u00eda basura y pasto seco, no hab\u00eda casa abandonada, no estaba la pista de bicicletas ni el Rond\u00edn con su escopeta. Segu\u00ed caminando en silencio y lo \u00fanico que encontraba era basura, latas de cerveza y vidrio roto. A la distancia vi la casa, estaba demasiado lejos y el im\u00e1n de la pandereta me estaba comenzando a atraer de vuelta. A la derecha hab\u00eda un hoyo gigante, era como un cr\u00e1ter de los meteoritos que extinguieron a los dinosaurios. Mis calcetines blancos ya estaban negros de tierra y sudor, me picaba la maleza dej\u00e1ndome ronchas en mis piernas. Comenc\u00e9 a escuchar el sonido de la carretera y segu\u00ed en esa direcci\u00f3n pensando que podr\u00eda salir por ah\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0La casa era gigante, ten\u00eda 3 pisos, era una casa americana como la de las pel\u00edculas. Estaba llena de rayados con spray y la puerta estaba en el piso. Sent\u00ed olor a agua estancada. Encontr\u00e9 el s\u00f3tano, pero estaba inundado, el agua tapaba casi todos los pelda\u00f1os y escuchaba un eco, un vac\u00edo aterrador y punzante que me hizo salir r\u00e1pido. Me alej\u00e9 corriendo de la casa como si alguien me persiguiera y a lo lejos distingu\u00ed las moras. Era un enorme laberinto de arbustos afilados. Sobre las antip\u00e1ticas espinas estaban las moras, rojas y dulces. Fue un momento de paz aunque mi coraz\u00f3n segu\u00eda latiendo como si quisiera escapar de ese eco potreroso. Sent\u00ed una risa de mujer seguido de peque\u00f1os movimientos de hojas. Camin\u00e9 silencioso por el laberinto, me hab\u00eda entrenado todo el verano jugando a la escondida as\u00ed que mi camuflaje era casi perfecto, nunca era pillado y esta no iba a ser la excepci\u00f3n. Doblando por un arbusto, las risas se sent\u00edan cada vez m\u00e1s cerca, el eco cruzaba mi cuerpo como espinas de mora. Me agach\u00e9 para pasar por una reja de alambre oxidado y vi a dos mujeres agachadas frente a frente, estaban en cuclillas. Primero pens\u00e9 que estaban jugando a las frutillitas con las palmas porque sus brazos se cruzaban haciendo una X. Sus manos se pasaban por debajo de la falda de la otra, se estaban tocando, una de ellas era mi hermana. Me fui sin ser visto, no logr\u00e9 descifrar lo que hac\u00edan, no calzaba con nada de lo que hab\u00eda visto ni con las historias que me hab\u00edan contado en todo ese verano, pero se estaban riendo as\u00ed que no sent\u00ed preocupaci\u00f3n. Sin saberlo realmente, sab\u00eda que era un secreto, un secreto de las moras, nunca se lo cont\u00e9 a nadie. Hace unos a\u00f1os construyeron un condominio sobre el potrero, el cartel de la inmobiliaria dec\u00eda \u2018SIGUE CONSTRUYENDO TU HISTORIA SOBRE ESTA NOBLE TIERRA LLAMADA BUIN\u2019. Cada casa cuesta UF3.564, unos 100 millones de pesos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Texto y foto por <strong>Rodrigo Vergara<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A estas alturas parece un privilegio haber crecido al lado de un potrero abandonado. En ese entonces era un lugar casi prohibido, nadie sab\u00eda muy bien lo que pasaba tras esa larga y delgada pandereta que separaba las casas pareadas de dos pisos. 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