{"id":1094,"date":"2019-11-04T15:29:33","date_gmt":"2019-11-04T18:29:33","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=1094"},"modified":"2020-10-16T20:36:49","modified_gmt":"2020-10-16T23:36:49","slug":"la-suspension-del-narcisismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2019\/11\/04\/la-suspension-del-narcisismo\/","title":{"rendered":"La suspensi\u00f3n del narcisismo"},"content":{"rendered":"<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\">Desde aquel viernes de evasi\u00f3n masiva comenz\u00f3 un fen\u00f3meno particular. El colectivo, ese ente tan olvidado y ausente por d\u00e9cadas -con un par de excepciones focalizadas- volv\u00eda a asomar con una fuerza inusitada. Primero el gesto digno de los estudiantes secundarios al movilizarse contra una medida que no les afectaba directamente. Luego, el viernes por la noche, la presencia de miles de adultos, ni\u00f1os y ancianos en las calles con las cacerolas y su pulso met\u00e1lico.<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\">En las redes sociales, el lugar donde el individualismo se sacraliza a partir de la imagen del s\u00ed mismo, comenz\u00f3 a disminuir la presencia de selfies y posteos de intereses propios. Mucha gente transform\u00f3 su tribuna en una plataforma de denuncia por la represi\u00f3n desatada. De eso ya dos semanas y cada vez son menos los que se mantienen en la l\u00f3gica individualista, ya sea por convencimiento o por coerci\u00f3n social.<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\">Las paredes, esas que estaban acostumbradas a significantes ambiguos y firmas narcisas, como un perro que marca su territorio donde quiera que va, han cambiado radicalmente. El perro narciso se volvi\u00f3 el Negro Matapacos, los cientos de grafiteros se despojaron de la necesidad de firmarlo todo para alinearse con la causa, pasaron del ego a la premisa, de la constataci\u00f3n de su presencia individual a la interpelaci\u00f3n p\u00fablica.<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\">No son sido pocas -me incluyo- las personas que han podido conocer a sus vecinos gracias a este terremoto social, y miles quienes se han agrupado para realizar cabildos, asambleas, ollas comunes o intervenciones callejeras. La emergencia de colectivos, agrupaciones y comunidades es tambi\u00e9n un hecho cotidiano desde hace unos diez d\u00edas.<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\">El individuo ac\u00e9rrimo, el que ha intentado seguir como puede su vida con todo lo que est\u00e1 pasando, se refugia en el consumo p\u00fablico y privado. Mientras tanto las personas movilizadas o simpatizantes por la causa se vuelven sujetos, enredados en el acontecer del pa\u00eds, incapaces de hacer m\u00e1s que salir a la calle o hacer algo al respecto.<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\">El sujeto se desdibuja en lo colectivo, comienza a sentirse parte de algo, no tiene esa necesidad imperante de diferenciaci\u00f3n, se mezcla y est\u00e1 a gusto siendo masa. El pueblo unido y los que sobran, los patipelados e in\u00fatiles subversivos cada d\u00eda llenan la Plaza Italia y hacen de la Alameda una peatonal intoxicada por la represi\u00f3n policial.<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\">Por otro lado, las personas que quieren volver a esa ilusoria normalidad tienen verg\u00fcenza, saben que no es tiempo de molinos propios, que es una frivolidad cruel una selfie cuando hay personas muertas o que quedaron ciegos, que la plata y las oportunidades perdidas no tienen la medida de una vida. Con su silencio aportan a que el grito colectivo se escuche, aunque con su voz se podr\u00eda escuchar un poco m\u00e1s fuerte.<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\">Los depresivos se sienten acompa\u00f1ados, los t\u00edmidos con ganas de hablar, los que dicen mucho est\u00e1n llenos de duda y los rabiosos nunca hab\u00edan sido tan expresivos. Desaparece el narcicismo de instagram, la figura del <i>self made <\/i>parece obsoleta, la extrema derecha no asoma en las calles, los discursos de odio se apagan, de los suicidas del metro o del Costanera no hay noticias, los montajes en la Araucan\u00eda no existen, se habla todos los d\u00edas de la necesidad de una nueva constituci\u00f3n y el descr\u00e9dito de los pacos se vuelve sentimiento nacional.<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\">El chilean way, hijo bastardo del american dream, que ya ten\u00eda v\u00edctimas medi\u00e1ticamente subterr\u00e1neas, dej\u00f3 estas dos semanas m\u00e1s de veinte muertos y miles de heridos. 45 a\u00f1os de una siesta involuntaria -porque decir 30 es obviar la dictadura- de la que millones gritan que han despertado. Los que quieren seguir durmiendo lo har\u00e1n, dir\u00e1n que no lo vieron venir, que no escucharon la alarma cuando en realidad, hace ya muchos a\u00f1os, quisieron programarla para que no sonara nunca m\u00e1s.<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\">Por\u00a0<strong>Miguel \u00c1ngel Guti\u00e9rrez<\/strong><\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\">Foto por\u00a0<strong>Frente Fotogr\u00e1fico<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desde aquel viernes de evasi\u00f3n masiva comenz\u00f3 un fen\u00f3meno particular. El colectivo, ese ente tan olvidado y ausente por d\u00e9cadas -con un par de excepciones focalizadas- volv\u00eda a asomar con una fuerza inusitada. Primero el gesto digno de los estudiantes secundarios al movilizarse contra una medida que no les afectaba directamente. 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