{"id":1065,"date":"2019-10-17T17:39:56","date_gmt":"2019-10-17T20:39:56","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=1065"},"modified":"2019-10-17T17:39:56","modified_gmt":"2019-10-17T20:39:56","slug":"apuntes-sobre-traslado-de-televisores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2019\/10\/17\/apuntes-sobre-traslado-de-televisores\/","title":{"rendered":"Apuntes sobre Traslado de Televisores"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">En una de las salas semi circulares que conectan dos pasillos del Museo de Bellas Artes hab\u00eda -estuvo desde el 25 de julio al 22 de septiembre- una instalaci\u00f3n que en primera instancia abruma por todos los est\u00edmulos sensoriales que genera. Desde el techo baja un alambre de p\u00faas ennegrecido, de \u00e9l cuelga un televisor cuadrado de la d\u00e9cada del 70 cuya pantalla deja ver una secuencia de olas en alta mar (sin rompientes) vistas desde arriba. Adem\u00e1s el televisor emite constantemente el sonido de un helic\u00f3ptero. Tanto la imagen como el sonido est\u00e1n en una repetici\u00f3n infinita.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La obra se llama Traslado de Televisores y es parte de la \u00faltima exposici\u00f3n de Carlos Altamirano titulada \u201cO si no\u201d. Si como espectadores pasamos r\u00e1pido y solo vemos el televisor con esa imagen y sonido, nos evoca un evento espec\u00edfico: los desaparecidos que colgaban de helic\u00f3pteros militares para luego ser tirados al mar, bajo la orden dictatorial de no dejar rastros de desaparecidos y ejecutados. Esto no es casual, dicha orden militar fue tipificada como el caso Retiro de Televisores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, la televisi\u00f3n y el alambre de p\u00faas es solo la parte superior de la obra. Si bajamos nuestros ojos encontraremos en el suelo, mirando hacia arriba, una pintura del mar dentro de un marco dorado con distintos relieves. A esa pintura le caen gotas desde el televisor que oscurecen su imagen y forman una especie de peque\u00f1o pozo. La (in)verosimilitud de que caigan gotas de un televisor a una pintura no parece muy distinta al hecho de que caigan cuerpos de un helic\u00f3ptero al mar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La vertiente pol\u00edtica que alude a la dictadura (tal como casi toda la obra de Altamirano) parece ser la totalidad significante de Traslado de televisores, as\u00ed lo explican los gu\u00edas del Bellas Artes y los cat\u00e1logos. Sin embargo, si Altamirano tiene un especial cuidado en la elecci\u00f3n de los materiales con los que trabaja, tambi\u00e9n lo tiene en la relaci\u00f3n que estas materialidades establecen.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la televisi\u00f3n est\u00e1 la imagen del mar calmo, quiz\u00e1s el mismo que fue retratado en la pintura. El horror lo entrega principalmente el sonido con su incesante traquetear. Como si esa imagen, la del mar calmo, no pudiese encontrarse nunca m\u00e1s sin ese ruido. La misma relaci\u00f3n se puede hacer entre el mar de la televisi\u00f3n y el de la pintura. Mientras la primera contiene un video viejo de colores opacos, la otra tiene una bella representaci\u00f3n del movimiento de olas y rompientes. Al respecto se puede pensar en c\u00f3mo la imagen actual que tenemos del mar, la televisiva, se relaciona con la representaci\u00f3n que ten\u00eda de este la pintura, que le otorgaba un sitial importante dentro de lo bello. El mar, as\u00ed como fue representado en la pintura, es inaccesible para nosotros, una imagen permeada por el goteo televisivo y el horror de la historia reciente. El mar ya no como una imagen cercana a la belleza sino como un lugar casi desprovisto de colores y movimiento que tiene sobre s\u00ed, constantemente, el sonido del helic\u00f3ptero, el horror.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo anterior tambi\u00e9n permite pensar la relaci\u00f3n de los nuevos medios con los tradicionales. Tanto la televisi\u00f3n como la pintura tienen elementos que denotan el cuidado de su puesta en escena. La forma en que la imagen en movimiento opaca del mar gotea a la imagen quieta tambi\u00e9n incluye al sonido, que proviene de la televisi\u00f3n. Es decir, la imagen audiovisual en movimiento goteando a la pintura a partir de un t\u00f3pico com\u00fan, el mar, como si le dijera \u201cmira todo lo que puedo comunicar\u201d. Como si un medio como la pintura no pudiese dar cuenta, por s\u00ed solo, de la complejidad y profundidad de un hecho como el que se relata. Altamirano propone en cambio que sea el \u00faltimo recept\u00e1culo de un goteo que comienza all\u00e1 en el techo, un goteo que no puede contener y que lentamente se acumula, desbordando esa imagen quieta con el movimiento del agua, ti\u00f1endo para siempre la inmortalidad de su representaci\u00f3n. Ni la pintura ni la televisi\u00f3n se la pueden con todo esto, y \u00bfEl arte? Pareciera que Altamirano, al combinar\u00a0estas materialidades, dice incluso mucho m\u00e1s, algo que aun no puedo digerir del todo y que por tanto elijo compartir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Por\u00a0<strong>Miguel \u00c1ngel Guti\u00e9rrez\u00a0<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En una de las salas semi circulares que conectan dos pasillos del Museo de Bellas Artes hab\u00eda -estuvo desde el 25 de julio al 22 de septiembre- una instalaci\u00f3n que en primera instancia abruma por todos los est\u00edmulos sensoriales que genera. 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