Tres poemas a la muerte de mi padre

lanzo mi amor como rocas inflamables

 

incendio rápido el barco
corto la cuerda con mis manos
se escapa hasta el centro del lago

 

el cielo arriba y abajo
resguarda un trozo de carbón nuevo

 

borra la estela de su camino

 

se vuelve irreconocible su nombre en la proa
no me escucha el crepitar de sus llamas

el velamen asciende fuera

de mis brazos

 

su nombre se quema
trago mi lengua
mi pecho, las brasas

 

 

cosas que harías, probablemente

 

tampoco dejaste un fantasma que me ronde
tu propia maña no lo permitiría
no te sentiré botando el agua de mi velador
no serás el rayo de sol refractándose junto al espejo

 

estaba bueno ya que descansaras
que apoyaras tu cabeza en una almohada por más de 6 horas
y que dejaras sin encender el fuego para recalentar el pan

 

no vuelvas, yo te visitaré aún
en tus apuntes en papel copia
repasando el viento que desordenaba tu jopo juvenil

 

y entonces de verdad serás un fantasma
hecho por el ronroneo cercano de los gatos que me acompañan
y cada atardecer rosa sobre el río inundado de pejerreyes
corriendo y alzándose sobre nuestras cabezas

 

como las mañanas que olían a pan tostado y soldadura
como tus manos tibias quitando las ciruelas en el patio
como el ronquido de mi voz al repetir tus palabras

 

inventaré tu fantasma para que marque una cruz en mi frente al ir a dormir
a ver si así descanso yo también

 

tampoco es que conozca otro hogar que rondar

 

 

conversábamos de esa vez en que quedó pasmada frente a la luz del sol que le llegaba por entre la tela del velero

 

hablaste de la muerte
bueno, no, del momento antes
de cuando sabes que morirás
y si te quedas a enfrentarla o te dejas llevar

 

y tú te ibas a ir con la corriente
y el sol como corona
dorada y ahogada

 

una virgen de las últimas horas de la tarde

 

el día en que murió mi papá estaba nublado

 

hubiera armado un halo con las ramas caídas del pino
pero se lo llevaron antes de que pudiera verlo

 

la estela brillante de su propia santidad
vino a ser la tierra gredosa del Maule
y esas piedras pequeñas
que si las mueves encuentras chanchitos de tierra
y uno que otro escarabajo veloz

 

¿cuánto tiempo demoró tu muerte?

 

como el cordero amarrado al poste de luz
buscando la sombra bajo las banderas de cocacola

 

¿sabrá acaso que lo rifan?
¿que es el premio mayor?
¿que la muerte
ahora o después
lo espera
nos espera
igual?

 

Por Soledad Acevedo R.

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